¿Saben qué es lo bueno de envejecer? Que se va perdiendo la vergüenza y eso es bueno. Tengo que confesarles algo que sospecho que nunca les había dicho: Soy fan de Gossip Girl. Yo sé, es increíble que no haya salido al tema, en especial si tomamos en cuenta que no paro de soltar aquí un montón de cosas que jamás le diría a las personas del archivo, por ejemplo, como el asunto de las feas obsesiones que de repente atacan mi cabeza o mis visitas a la Dra. Pills. Creo que mi afición a las desgracias de los jóvenes del Upper East Side, es una de esas cosas que, por cotidianas, de repente se me olvidan, como el comprar zapatos (nota: hoy compré los zapatos más cómodos del mundo, es como caminar en almohadas).
Pero justo ahorita me acordé cuando me regodeaba en el capítulo más nuevo y me caché que estaba disfrutando especialmente la nueva y bella relación de Blair y Dan. No están ustedes para saberlo, pero originalmente Blair es la manipuladora mejor amiga de la protagonista rubia que todos aman, especialmente Dan, el joven escritor en proyecto que no encaja en la escuela ni en ninguna parte de todo el lugar donde habitan los personajes. En cuatro años todo mundo ya pasó por todo mundo, el joven escritor en proyecto terminó y regresó cuarenta veces con la protagonista rubia que por supuesto se embolsó a un montón de personajes más en el proceso mientras su mejor amiga estaba atorada en una relación muy extraña y a veces abusiva con un joven millonario aficionado al chantaje, el dinero, las prostitutas y demás drogas recreativa. Paulatinamente, y con ayuda de extraños acontecimientos donde tuvieron que unir fuerzas para hacer justicia en el mundo, este par se fue haciendo cada vez más cercano hasta que se encontraron, sin que nos diéramos cuenta o lo pensáramos posible. ¡Terminaron juntos! ¡Nunca lo vi venir! Se desagradaban tanto y de repente se descubrieron a través de películas viejas y documentales extranjeros. ¡Los amo!
¿Cómo es posible que la tele nos de tantas alegrías? Es como si la hubieran inventado para suplir todas las carencias que padecemos en la vida real... Oh, esperen, probablemente la inventaron para eso. ¡Gracias televisión!




























