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jueves, 25 de agosto de 2011

El antagonista de Aladino

Tenía un gran post confuso sobre el episodio vivido hoy en una tienda de accesorios con una vendedora muy extraña que me interrogaba en la caja sobre un comercial de burguer king, mezclado todo con el cumpleaños de Jane y mi desconcierto antes las tallas en las que compro la ropa últimamente, sin mencionar que descubrí que el señor coordinador se parece mucho a Jafar, pero después vi las fotos del perrito que colgaron del asta bandera en Ciudad Neza y como que ya nada parece tener mucho sentido o caso. Era un cachorrito negro, peludo y rastudo... y lo colgaron del cuello del asta bandera.

Ahora tendré que abrazar a Rito hasta que el pobre se harte y me haga a un lado con su patita, con su permiso.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Insalubridad

Sentada en el camión de regreso a mi casa, pensaba en el cheque que traía bien guardado y extrañamente no sentí nada al respecto. Nada. Me pasé el camino leyendo un libro de lo más perturbador que tal vez debí haber dejado para después. ¡Oh Dios mío, violaron a alguien con una mazorca como resultado de un desafortunada incursión en el territorio de vendedores furtivos de whisky! 
Lo raro es que desayuné un yogurth, se supone que iba a darme energía. Debería haber estado contenta, supongo, como la otra vez. "Gané dinero yo solita con lo único que sé hacer, yay." A lo mejor todavía no se me moría el alma. ¿Fue el ataque del fin de la vida? No sé. Tengo mi cheque, que es lo que quería. Total, me aventé a hacer esa cosa que supuestamente es una tesis (¿cuál es mi tesis? quién sabe, ya destruí el índice original) para que me dieran dinero: cash.

Eso, precisamente eso es lo que nunca entenderá la investigadora del lunar sobre el labio que sin importar qué tantas ganas le eche a su "atuendo" seguirá siendo una cosa demasiado perturbadora para observar.
La señora tuvo el gran detalle de pasar a visitar el archivo buscando al señor de la barba de Madero pero se quedó a narrar un evento que hubo ayer. "Estaba no sé quién y no sé quién más, había muchísima gente... ¿que no te invitó la Dra?" me preguntó. Ja, pues claro que no me invitaron si no fui, aunque de todos modos, andar en el centro en la noche sí me daría miedo, pero ese no es el punto. Todo mundo cree que me "quiero pegar". ¿A qué? Ni que hubiera chance. ¿Lo hay? ¿en qué? Yo no puedo dar clase ni aunque mi vida dependa de ello.  Es imposible, no puedo manejarme en situaciones así. En cuanto me parara en el pizarrón me pondría a temblar y ahí se acabaría toda posibilidad de control sobre el grupo.

¿Qué creen que hago ahí? Mi chamba, que se acaba en diciembre, y eso es todo. Yo supongo que debería estar planeando un poco mejor mi futuro pero lo único que quiero sacar es el título, que a estas alturas del partido creo que sí sirve. Ya ve usted, a Miss Crawford la contrataron muy rápido y aunque le dijeron que por no tener experiencia ganaría un poco menos que los demás, en realidad gana 3 veces más que Jane con la mitad de horas. ¿Por qué no estudié en una de esas universidades que te dan el título nada más con el 100% de los créditos y el servicio social? Por ingenua y arrogante. "Ay sí, me creo mucho por eso quiero estudiar". De haber sabido... nada, seguro habría hecho lo mismo.

¿A quién engaño? con título o sin él lo veo difícil, pero creo que lo único que quiero es la constancia de que sobreviví a todo el asunto. Sí, sobreviví y tengo la prueba colgada en la pared.  Lo malo es que ni siquiera he tenido la energía de ponerme a trabajar. Me pasé la tarde buscándole pulgas a Rito como una desquiciada (que no encontré) y recorriendo las páginas del último libro que me dio Mrs. Boss sin leer ninguna realmente. ¿No les ha pasado? Las páginas avanzan pero la cabeza no está registrando nada. El silencio. Me quedé despierta hasta las doce para recuperar el cachito de radiodrama de hoy y por alguna razón que no comprendo no salió. De haber sabido habría apagado esta madre antes de que la ansiedad me atacara. Si la hubiera apagado no habría tenido todo prendido cuando llegó mi hermana a portarse extrañamente, como ha pasado muchas veces desde hace un tiempo. Ya se nos deschabetó y desde hace unos días mi padre y yo platicábamos lo mal que se nos está poniendo.
¿Qué creen que hice? Abrir mi gran boca, por supuesto. Lo único que le dije fue que me preocupaba que "estuviera perdiendo el piso", que es más amable que el término original que discutían mis padres, "soberbia enfermiza", para ser exactos.  Me mentó la madre. Ni me dio tiempo de meter las manos, me fui de boca, como en bicicleta sin rueditas. Eso fue lo único que dije. La peor parte es que aproveché la visita porque no me ha dejado hablar en un par de semanas y ni en la red social consentida de todos me responde.
Oh bueno, supongo que me lo merecía. Ja, me acordé de un momento particularmente destructivo de la vida donde me preguntaron "¿Qué mereces?" Chale, no sé. Supongo que la gente siempre se merece lo que le dicen o lo que le pasa, de ahí viene el remordimiento y la culpa. Lo malo es que por más que se quiera nadie puede cambiar quién es y las cosas qué hace, y después de un tiempo sólo queda dejar de disculparse y mudarse del pueblo. "Me podría quedar a luchar en el lodo y defenderme de las pedradas pero prefiero irme a mi casa, gracias, mi perrito me espera".
Que es lo que no entienden en el archivo. ¿Creen que quiero pelearles algo? No, no quiero ser famosa, ni me encanta tener gente alrededor escuchando toda mi enorme sabiduría, prendados de cada palabra, vaya, ni siquiera intentaría pelear por la mesa con la conexión. Yo no quiero nada ni con ellos, ni con el departamento ni con nada que tenga gente trepando unos sobre otros. 
Soy Edward Ferrars, sólo quiero una parroquia, criar gallinas y dar sermones aburridos.  Sentada en la oficina del contador, escuché como su secretaria/ayudante le hablaba al señor de la barba de Madero para que fuera a firmar su contrato. Pude haberme preguntado ¿cuál contrato, consiguió la plaza, es el de honorarios, lo logró o se lo fastidiaron otra vez? pero la verdad es que no quiero saber. Me cae que no tengo el estómago. 

Ahorita mejor me preocupo por el coordinador infernal, ya después veré si me acostumbro a la gente ojete o huyo a la playa a aprender a tocar el ukulele y vivir de cocos. Hoy leía en el metro que son muy nutritivos y si está anunciado en el vagón debe ser verdad, no lo dudo.

jueves, 18 de agosto de 2011

Escitalopram



It's just another manic monday!

Bueno, no es lunes, pero me da igual qué día sea, con el fin de temporadas todos los días se parecen. Lo estaba considerando, ya sabe usted, aquello de regresar al loquero. Hasta había pensado que podría escurrirme sin que nadie se enterara, pero descubrí que mi tarjeta del seguro médico familiar expiró el 8 de agosto y mi gran plan chupó faros.  ¿Qué hacer?  La maldita regresó! Aunque en realidad no se había ido, sólo se había calmado a últimas fechas, era cuestión de tiempo para que reapareciera a la primera oportunidad. Las señales están ahí: Los ataques de angustia, la falta de hambre, el mal sueño, la culpa, la vergüenza, la ansiedad, el dolor/malestar de estómago-pecho inexplicable, la imposibilidad de escuchar música o leer un libro sin sentirme atacada, los estallidos espontáneos de llanto, la desesperanza, falta de energía y el miedo permanente. ¿A qué le tengo miedo? No sé, sólo siento que algo horrible pasa a mi alrededor y que no puedo hacer nada para solucionarlo. No poder estar quieta ni tranquila es espantoso.
Pero si el malestar no fuera suficientemente malo, aparte de todo tengo que disimular un poco el desmadre, al menos un poco. Mi pobre padre estaba muy preocupado la semana pasada, imagínese usted que me habló dos veces en un día, cuando fui al archivo, nada más para preguntar cómo estaba. No quiero preocupar a nadie, de verdad, en especial porque estoy completamente segura de que es temporal, como ha sido siempre. Alguna vez me dijeron que yo siempre estoy al borde de una crisis y es verdad, a veces la evito y a veces me pega sin que pueda meter las manos siquiera, pero es normal y ya no quiero abrumar a nadie con ellas. Ya que logramos identificar que esto es idéntico a episodios anteriores, pero con diferente color, no queremos abrumar a nadie. Yo sé que en cualquier momento, cuando menos me lo espere, me sentiré bien y podré disfrutar algunas cosas sencillas como la comida o ver al abogado idealista perder exactamente los mismos casos una y otra vez (no he prendido el DVD desde hace una semana, más o menos y apenas lo noté hoy). También podré parecer persona de nuevo. Ayer fue cumpleaños de Miss Crawford y aunque le hablé, preferí no ir a comer pastel porque sabía que habría gente y no creo poder resistir mucho tiempo en compañía. Ya desconfío de todo y de todos. ¿Qué hacer? Mejor llevé a la perra que vive con mi abuela al veterinario. Creí que caminar una distancia considerable con ella era buena idea y funcionó, pero fue temporal. En la tarde regresó el efecto de esa persona infernal que vive en mi cabeza.
Ayer, en uno de esos puntos en los que uno le echa ganas para salir solito me senté en el patio (por aquello del aire) a repetirme una y otra vez que todos esos pensamientos que me están atacando no son reales, son todos una ilusión y no estoy pensando lúcida ni acertadamente. "Es temporal, es temporal y se va a pasar".  Y de eso he tratado de convencerme pero no está funcionando tan bien como esperaba.
Entre algunas soluciones pensé en hablarle a la Sra. Doc pero la verdad es que no quiero confesarle que en lugar de mejorar cuando dejé de verla me puse peor. No la quiero decepcionar. ¿Entonces, quién? La verdad es que las elecciones de mis padres nunca fueron afortunadas, entre la psicóloga de la UVM que escogió mi señora madre y la psiquiatra de hospital que encontró mi papá y que me diagnosticó bipolar en media hora para recetarme alegremente como si mi inocente ser de 18 años fuera una amenaza al orden público, prefiero no arriesgarme. 
Por cierto, planeo mandarle una postal a la Sra. Doc diciéndole que estoy bien, es decir, mintiéndole descaradamente, aunque la parte en la que le doy las gracias y le mando todo mi afecto es completamente cierta, entonces está equilibrada. 

Pero estábamos en otro asunto. Dejemos a un lado la opción de ir a consulta, de todos modos, lo más probable es que me manden medicamentos y ya sé qué es lo que me van a mandar. Si ya lo sé podría ir a comprar cualquiera de los que me funcionaron antes, pero hasta mi amor por la automedicación tiene sus límites y como han pasado varios años me pregunto si todavía los venderán sin receta. Ademas ¿los necesito? No, no los necesito porque se va a pasar, sé que se va a pasar. Hoy está mejor que ayer y es cuestión de unos días para que esté tranquila de nuevo. Yo lo sé.

Por el momento, tenemos vitaminas (el público cae botado de risa en las butacas del teatro). ¿Para qué chingados me sirven las vitaminas? No sé. También está el periodo de 24 horas de espera para enterarme de los siguientes diez minutos de la historia de la desaparición de una Mariana, que seguramente no se merece que se tomen tantos trabajos por ella. Mientras, compré ropa. No sé por qué pensé que necesitaba ropa un poco más decente si tendré que enfrentarme a la gente del archivo de forma diferente y mi madre financió generosamente la búsqueda. Ya no son mis cuates, ya no puedo llegar con mi facha de "me acabo de levantar pero tuve la decencia de ponerme una playerota de el monstruo comegalletas y mis huaraches oaxaqueños de siempre porque estamos en confianza chavos". 
No se puede confiar en nadie, yo lo sé. Es increíble pero la totalidad de la raza humana es maligna. ¿Cómo es posible? 
Pues ni modo, pase lo que pase, me aguantaré y me gusta pensar que será desagradable pero llevadero. Me echaré porras todo el camino. Total, no es la primera vez que me entero que algún ojete me echa tierra, no es pa' tanto. Después de todo, fui a una primaria de monjas para niñas (insisto, los 5 uniformes azules no cuentan y la prueba está en que 20 años después sus perfiles me confirman que no son hombrecitos. ¿Qué clase de hombre le dice "prechus" o "amoris" a su novia? Si yo fuera su padre lo mataría a palos de la vergüenza). Ningún historiador en este mundo será jamás tan intrigoso como una escuincla preadolescente en uniforme.
De eso me acordaré mañana. Después de las monjas y las compañeritas de primaria no puedo toparme con nada peor. Las niñas de uniforme podían destruirte socialmente y expulsarte de todo medio ambiente aceptable, hacer de tus mañanas un infierno y asegurarse de que tú y todas aquellas personas que apreciaras cayeran contigo. 
¿Qué pueden a hacer en el archivo, quitarme la beca? Go ahead! I'll survive, I always do.
Ya hasta siento la mejoría acercarse lentamente por la ventana.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Is that alright?

¡Cargué un bebé, cargué un bebé, cargué un bebé! Por fin cargué uno y fue... interesante. No lloró en un rato, me apretaba los dedos y se restregaba alegremente mientras intentaba meterse el puño a la boca. No podía creer la fuerza con la que sus deditos se envolvían en mi dedo y apretaba y se quejaba y se reía. Estaba pesada. Miss Crawford se burla de sus piernillas regordetas y le dice manatí.  Yo nada más me asombraba tanto como la bebé... ¿por qué estaba asombrada? el ruido, la gente, yo que sé.
Carajo, sí quiero uno de esos. ¿Oyó usted ese ruido? Es mi reloj biológico reventando. Ya sé que siempre me defiendo del acoso de las personas argumentando que no necesito un güey para ser feliz porque no sabría que hacer con él si lo tuviera (llorar, tal vez), pero hoy descubrí que sí necesito uno si quiero uno de esos bultitos de carne felices de grandes ojos que se revuelcan en los brazos como si no supieran todo lo mal que está el mundo a su alrededor.  ¡Malditas trampas de la naturaleza! Bien, en algún punto, si consigo un sueldo decente alguna vez, reclutaré un padre. Lo único que necesito es buen material genético. ¿Dónde encuentro las listas de premios nacionales de matemáticas? También necesito altura y un buen corazón, con eso me conformo. Total, puede ser todo lo pobre y vicioso que quiera porque no tiene que quedarse. Que haga su trabajo y desaparezca. No me caería mal pedir un historial médico por si las dudas, ahora que lo pienso. Digo, con mis antecedentes familiares no quiero agregarle más peligros al pobre niño. Necesito una historia libre de cáncer y diabetes, acepto enfermedades mentales y alcoholismo, puedo lidiar con eso.
Claro, también está la posibilidad de que no me sirva de nada buscar donante. Hace un par de días mi madre regresó con noticias de la hija de la vecina, la que fue la mejor amiga de mi hermana por varios años. Después de años en tratamientos de fertilidad ya se resignó y decidió adoptar. Están a punto de darle al niño pero no saben qué será ni de qué edad será. No saben nada. ¿Les he contado de ese miedo inexplicable e irracional que tengo desde hace unos años de ser estéril? Digo, es muy común, más de lo que usted creería y no tengo forma de saberlo, jamás he ido a un médico dedicado a asuntos femeninos y probablemente jamás lo haré.  Digo, sé qué tengo un útero y un par de ovarios (¿si eran dos?) pero no sé si funcionan. Espero que sí porque la adopción la veo muy difícil para mí, aceptémoslo, no le dan niños a madres solteras.  Tendría que hornearlo.

(Momento de silencio en el que se regresa a la realidad)

¿De qué diablos estoy hablando? No tengo un trabajo ni esperanzas (o propósito) de conseguirlo. Ya sin contar con la madurez emocional de un adolescente emo que me cargo. Es más, ni siquiera he podido llevar a vacunar a Rito, así de pobre ando y ya estoy hablando de bebés. Ja! No sé qué me pasó, creo que fue la emoción de cargar al retoño de Miss Crawford.
Disculpe usted, fue tan sólo un caso de locura temporal. Todo regresará a la normalidad en cualquier momento.
Ya.

viernes, 29 de julio de 2011

A las tres de la mañana

No puedo dormir... no puede ser. Lo he estado intentando casi dos horas y nada, lo único que logré fue acordarme del video de callejerito. ¿Por qué me haría algo así mi cabeza? No sé, de repente la imagen estaba ahí, supongo que fue porque ya pasaron dos años. Y no puedo dormir. La peor parte del asunto es que hoy tuve una conversación de lo más frustrante con mi señora madre. Decía que quiere un perrito bebé, un cachorrito. Casi me muero. De veras es capaz de conseguirlo. Le pedí que por favor no lo hiciera. Le dije que ya sé que para ella los callejeros son asquerosos y los quiere matar pero que al menos no empeorara todo comprando cachorritos. Creo que no me escuchó, lo único que explicó fue que "los de la calle están sucios". ¿Qué decir? ¿pa' qué? Yo siempre le hablo a la nada.
¿Me ponen en mute, verdad? Creo que sí. Eso explicaría muchas cosas. 

Ahora me duele la cabeza.
¡Por favor, ya dispárenme de una vez!

jueves, 14 de julio de 2011

En caso de úlceras

Desperté como a las 4:30... y ya no pude volver a dormir. Extraño, me dolía la espalda y pasé una mañana bastante estéril en el archivo. Si es de interés de alguien (creo que no) en 1850 un doctor francés le dio la estafada de su vida al Ayuntamiento. ¿En serio le pagaron tanto dinero por un método curativo misterioso? Así es "misterioso". Es decir, nunca dijo en qué se gastaba el dinero o qué supuesta medicina contenían los baños del tratamiento. Eventualmente le mentaron la madre por no curar nada pero la parte positiva es que ya me sentí mejor por todos los pesos y moneditas que no puedo evitar soltar cada vez que alguna señora se me acerca a la salida del metro con el cuento del asalto. 
Oh bueno, si es mentira, que es lo más probable... no pasará nada, iba a decir que Dios se encargaría sabiamente del asunto pero es muy poco probable. 
¿Vamos a confiar en las probabilidades? Me gusta pensar arbitrariamente (en el desvelo, tal vez, no puede ser que me haya dormido casi a las dos y despierte a estas putas horas de la mañana!) que no hay razones para suponer grandes cambios en un futuro próximo. El supuesto cuñado que me quieren colgar me parece la persona más lacra del universo, él y toda la familia parecen ser una de esas joyas que de veras ruego a Dios nunca tenga nada que ver con la mía. ¿De veras hay que emparentar con semejantes corruptos y cocainómanos? Me gustaría decir algo: "aguas, no seas confiada", pero me evaden. No tiene sentido intentar prevenir a una mujer que está convencida de todo aquello del "amor". ¿En serio? Ay, que Dios nos agarre confesados. ¿A quién se le ocurre? ¿usted ha visto un hombre "enamorado"? ¡Yo no! Claro, creen que están enamorados, pero en realidad aman a un señora tanto como aman a su coche o cualquier otro artículo de lujo que se le parezca. Después, uno lee cartas como la de la alumna de la Facultad que denunció al profesor de literatura con el que andaba y pasa un par de días pensando: Qué lugar tan espantoso puede llegar a ser la Facultad, a veces. Lo peor es que no hay nada que hacer. Al final del día, ellos ganan, todos ganan menos el underdog. ¿Así funciona, verdad? ¿No se sienten a veces en una novela de Dickens donde la carroza del noble y rico le pasa encima a un niño y todavía tiene el valor de echarle la culpa y largarse?
Que conste que no estoy amargada porque no me pagaran en casi 7 meses por pura flojera burocrática y mamonería de gente ojete que se siente más importante por negar un sello o un papel. Al final todos somos campesinos. Me pregunto si llegan a sus casas pensando "soy un chingón le hice la vida difícil a un desconocido". Probablemente. A veces, recordando el entusiasmo y enamoramiento estúpido que desarrollé por la Universidad cuando tenía 15 años (la edad tiernita para enamorarse, claro) me pega feamente la amargura porque a estas alturas, la mera idea de tener que ir a hacer un trámite más, aguantarme que la secretaria retrase mi registro 3 meses y luego ella y el coordinador pongan cara de desconcierto y digan que eso no es cierto y no es posible cuando lo mencione, me dan ganas de mandar al carajo  todo. Eso es, tomar el enorme montón de hojas que he acumulado sobre un tema que a nadie le importa y que seguramente un montón de desconocidos que creen que lo saben todo comerán y vomitarán  cuando lo lean, y botarlas directito a la basura. No quiero título, no quiero nada, ya me cansé de rogarles. ¿Cuanto tiempo llevo peleando con la Facultad? Ya fue mucho de estar peleando por algo, por copias, por descubrir cómo diablos se hace un reporte de lectura, de qué hablaban en las clases de español o qué era lo que se suponía que debía encontrar en las lecturas, cómo sobrevivir que un profesor te miente la madre, conseguir un espacio en las materias optativas o recibir ataques extraños de gente que jamás he visto en mi vida por algo que hice y que nunca supe qué fue. Ya, váyanse al carajo. La otra vez, cuando la Sra. Boss preguntaba porqué no tengo novio y no lo supe explicar se lo atribuyó a que en mi Facultad "no había mucho de donde escoger"... pues no sé si haya o no, pero de las pocas y muy malas ofertas que tuve, no hubo uno que no se diera el lujo de aderezar sus seguramente numerosas cualidades con un insulto de regalo para mí. La verdad es que mis padres me dejaron crecer  mamona y delicada, ni modo. No soporto que me hablen feo, por eso dejé de nadar a los diez años, no estaba "castigando"a mi madre, como dice ella, lo que pasa es que me cambiaron de nivel con un tipo ojete que creía que podía gritarnos como quisiera... y obviamente eso no iba a pasar. Gracias, prefiero seguir fantaseando con el abogado filantrópico que regala su dinero a los pobres  en el programa cancelado que ha tomado residencia permanente en mi dvd.  
Puedo recluirme en mi cama al menos en los próximos días, compré un edredón nuevo. ¿Para eso sobreviví a las monjas? Para ver La ley y el orden a las 5:40 de la mañana pensando en llenar el día siguiente. Compraré algo. No quiero pensar ya en lepra. ¿Cuantos días se pueden pasar metido hasta los codos en amputaciones, llagas y cocimientos de tarántula? De todos modos, me la van a cortar, bueno, eso si veo a Mrs. Boss en un futuro próximo. Ya no sé qué pasa. Tal vez no me harán devolver el dinero si no la termino. Y de todos modos ¿sirve de algo? Debería invertir mi tiempo en algo más productivo como llenarme los pulmones con la mayor cantidad de humo posible y al menos tener una buena razón para morir joven. ¿Saben cuantos años de vida le dieron a mi prima? Cuatro... nada más cuatro. No les voy a mentir, ya sé que por lo general reniego de mi familia y demás allegados sanguíneos pero mi hermana llegó a contarme que había escuchado llorar a mi abuela por horas sobre el asunto y me puse a chillar como la damita delicada que soy. ¿Cuatro años? ¿Qué haces con cuatro años? Acaba de tener un bebé. En comentarios anexos, mi abuela no pudo evitar el concebir todo el asunto como un castigo de Dios y hasta se sugirió el echarle la culpar al pobre chamaco que acaba de nacer. Como si las teorías del castigo divino por los pecados de los padres no fueran suficiente, hasta salieron con uno de esos atinadísimos comentarios que ya se me hace el colmo de la locura: ¿Por qué ella, que es tan débil y no mi hermana que es la más fuerte de todos los nietos?

¿QUÉ PUTAS FUE ESO?

Y no lo dijeron una vez, lo he escuchado en tres conversaciones diferentes.
Tal vez ahí estaba la verdadera causa del insomnio. La parte más extraña es que todavía no lo puedo creer. Es como si no creyera que efectivamente va a morirse. ¿De veras? No es posible, se ve demasiado absurdo. ¡Es absurdo!  En algún punto algún médico descubrirá que todo fue un error o en lugar de deteriorarse rápidamente, se convertirá todo en una molestia manejable. Esa persona, esa señora tan correcta y piadosa no se puede ir así. Cada vez que pienso en ella la veo saliendo de la cocina en alguna cena de navidad o año nuevo vigilando que cada cuernito de la abundancia tenga todas las uvas y que nadie haya estado espiando en los regalos.
Cuentan que hasta el momento se está portando muy valiente y muy madura. ¿Qué hacer con un límite de 4 años de vida?
Ser la mejor persona nunca le ha servido de un carajo a nadie.

domingo, 29 de mayo de 2011

Darlin'

La realidad me persigue. Lo único que iba a hacer con mi mañana era llevar a Rito a que lo raparan y bañaran... y después me iba a rapar yo. Bueno, no literalmente, pero al menos tenía que cortarme unos cuantos centímetros de las trenzas que empezaban a verse medievales. El veterinario estaba ocupado y en lo que esperaba apareció un gran perro blanco de la nada, juguetón y cariñoso que por un momento temí que pudiera morder a Rito jugando pero que lo único que quería era atención. Tenía un collar y una plaquita de vacunación pero cuando pregunté de quién era me dijeron que no era de nadie, que la de la farmacia lo cuidaba pero que vivía por ahí, en la calle.
¿Qué tengo yo con los perros solitarios sin hogar? Y yo que pensé que cerrando mi cuenta de fb le estaba poniendo una distancia saludable a tanto albergue, causa, manifestación, asociaciones y luchas por los derechos animales que nunca nadie va a ganar, en las que no puedo participar de forma alguna porque yo misma vivo con estatus de larva y que al final lo único que hacían era torturarme todos los días con casos espantoso y rescates urgentes de emergencia que me recordaban constantemente mi falta de huevos y aquello de que es una verdad indiscutible que no vale la pena vivir.
Y todo para que a 5 minutos de mi casa, me encuentre con otro perro juguetón que me sigue. Ah, porque nos siguió. "No, no, vete perro, debes saber que soy una mala persona, que soy justo el tipo de persona egoísta y cobarde que voltea hacia otro lado y que jamás, bajo ninguna circunstancia planea andar caminando en la calle con otro espécimen como tú pensando que tendrá que ponerlo a dormir o regresarlo a la calle porque no tiene lugar para él. Lo mejor que te puede pasar es una muerte rápida, de hecho es lo mejor que le puede pasar a cualquiera, sea perro o no". Tuve suerte con Dolores pero los golpes de suerte no suele repetirse.
Resulta que el veterinario estaba muy ocupado para atender a Rito y por más que intenté perder al nuevo amigo nos siguió hasta que llegamos a nuestro hogar. Era un perro de lo más amable que sólo quería jugar pero me aterraba pensar qué iba a decir mi mamá si me veía llegar con el otro perro detrás, entonces agarré a Rito en brazos desde la veterinaria y corrí. Cuando llegué a mi casa me dolían espantosamente los brazos y ya no tenía aliento. 
Creo que el perro regresó a sus rumbos, eso espero... no queremos que alguien tome el teléfono para llamar al antirrábico otra vez.
¿Qué putas pasa con la vida y el mundo? Verá usted, de los eventos del último año, con mención especial toda la aventura de Dolores, lo único que aprendimos es que es completamente necesario vivir lo más lejos posible de la realidad.
¿No ven que intento retirarme a la pequeña vivienda interior (condominio 6-A) que existe en mi cabeza?
¡Por favor, no me des donde pega Señor!

jueves, 26 de mayo de 2011

Fondo documental sin transporte interno

No les voy a mentir, regresar a la Facultad, aunque fuera un ratito, fue espantoso, de veras. Vamos a ponerlo así, al final del día me había pasado quién sabe cuántas horas ahogada en depresión, lágrimas y una extraña sensación de completo auto-odio. Mi hermana me trajo suspiros de nuez (esos pequeños pedacitos de gloria azucarada) y ni así se solucionó el asunto. Terminé escribiendo locamente alrededor de las dos de la mañana en algún tipo de "grupo de ayuda" para desgraciados con fobia social como yo. Nadie me respondió, no me sorprende. No podía superar la actitud de asco del señor coordinador. Ya se me había olvidado por completo lo que te podía hacer esa Facultad y todos sus habitantes, la clase de personas que son... cómo hablan y esa actitud de superioridad mezclada con asco que parece decir "sufro y siento nauseas por la existencia de tanta ignorancia en este mundo de ciegos donde sólo yo puedo ver". Seguida de un silencio confuso con el que se supone que se despida al estudiante sin doctorados que no es más que un pobre siervo porque no tiene los méritos suficientes para dirigirse a "su Señoría!", o algo así. 
Preferí regresar rápido a mi casa, pero antes verifiqué que el supuesto tianguis de libros estaba en verdad carísimo y que no tenía nada comprable más allá de unas hojas decoradas para escribir cartas que nunca enviaré, pero que dejaré estrictas instrucciones de entregar en manos de sus destinatarios si muero atropellada uno de estos días.
Llegué a mi casa a aprovechar que mi mamá festejaba su aniversario no.33 y me empiné media botella de vino de un jalón. Así de mal estaba el asunto. Supongo que me atacaron las dudas infernales, vi todo demasiado grande, demasiado difícil, vaya... hasta imposible. No sé escribir, no sé qué chingados es un verbo transitivo y dudo mucho poder escribir nada medianamente decoroso. Me empecé a atormentar pensando en los enormes libros del Hospital con sus miles de recibos, oficios y presupuestos que no sé si pueda interpretar. ¿Dónde meter las quejas de los leprosos? Primero les doy la razón y luego me arrepiento y luego encuentro otra cosa que sugiere lo que ya había descartado. ¿Qué guardo, con qué me quedo y dónde lo pongo? Nunca iba a poder. Me imaginé a todos los sinodales interrogándome con la misma actitud que la del señor coordinador  y entré en pánico. Siempre habrá algo que no sepa, algo que esté asumiendo sin fundamentos y un montón de cosas que no consideré. El terror, los nervios, el miedo y la sensación de no poder controlar el temblor en las manos. Ese señor fue mi profesor en 1° semestre de Historia, las inseguridades y la frustración de no entender absolutamente nada de palabras, funciones, verbos o el uso básico de la lengua seguía ahí, todavía no había aprendido a mentir descaradamente en los trabajos, adornar los reportes y pretender saber qué diablos estaba diciendo, y él lo sabía, seguramente aún lo sabe. Cuando revisaba mi formato de registro con los datos del proyecto podía ver esa cara que ponen las personas cuando están pensando "¿esto qué?"
¿Todo eso de una visita de 10 minutos a la puta facultad? 

Y entonces regresé al archivo. Con razón se me había olvidado lo que era sentirse demolido. Es como regresar de entre los muertos. Imagínese usted que de repente emerge de las profundidades de la tierra y a la salida de la cueva se encuentra con una cara amable que en cuanto lo ve levanta la mano para llamarlo y contarle que algo muy malo pasa porque la jefa está de mal humor y anda muy especialita. Luego, aparecen más personas que no parecen notar que está usted ensagrentado, con la ropa hecha jirones y completamente cubierto de tierra. Le preguntan si tiene el archivo del inventario que hizo hace un par de años y que no lo encuentran, mientras que otra cara familiar le enseña una carta antigua muy graciosa con la que seguramente se va a reir.
Ayer estaba hasta el mero fondo de la fosa común.
Llegué, saludé en la entrada y como no encontré a Marina me fui al archivo, me senté y de pronto entró la Sra. Coordinadora: "uy, el trío dinámico", el señor pegaba un legajo roto con un poco de resistol blanco que al final no sirvió de mucho y el señor de la barba de Madero se sentía mal, está de luto porque su abuelo murió la semana pasada y tal vez para llevar la conversación nos contó con cierto tono de melancolía del perro de su papá, cómo había tenido perritos y ahora él se había quedado con uno de los perritos ya de tercera generación.  Yo estaba desvelada, la locura me fastidió la noche. Después llegó Mrs. Boss y con todo el conflicto de registro me dio el contrato. La parte graciosa es que la Sra. Coordinadora y ella ni se saludaron, se ignoraron olímpicamente como si no estuvieran en la misma habitación. ¿Es este el mundo real, verdad? El señor de la barba de Madero y ella platicaban en confidencia. Diablos, creo que sí la ama. Y no sé si fue cosa del libro perturbador (fucking mind-grenade), pero la calle, el archivo y mi cuarto se sienten sospechosos. Sí, fue cosa del libro que estuve a punto de abandonar en el estante porque estaba muy caro y el vale que me regaló mi hermana se quedaba ligeramente corto. ¡Dios bendiga las tarjetas de débito supuestamente reservadas para emergencias! O tal vez me jodió y en unos años me daré cuenta. ¿Por qué  me dejaste toparme accidentalmente con Jane Austen cuando tenía 15 años, Señor? Estaba muy tiernita como para que no me afectara (no mientas Jismena, ya estabas grande cuando te echaste Northanger y Mansfield Park, no culpes a la adolescencia).
Y me pierdo, me pierdo y me pierdo.
Mientras ellos hablaban, yo leía mi contrato y descubrí que me estaba comprometiendo a un montón de cosas: "Claro, voy a entregar esa tesis y agradecerle a la Dirección general por su apoyo". También se supone que les tengo que dar una copia. No puedo recibir otro apoyo o ingreso y si me cachan me pueden mandar al carajo. La angustia me habría abrumado, pero Mrs. Boss se veía tan tranquila que de pronto el humor se me pegó. En observaciones le puso "La Srita tal. con promedio tal y que elabora tal cosa bajo mi tutela". Ah, esa soy yo o al menos eso dice en alguna parte.

Y firmé. Tal vez me pagarán por pedazos, si es que me pagan algún día, dice la Sra. que irá a hablar con no sé quién, pero ahí estaba firmando cuando ayer de veras estaba pensando que tal vez lo mejor sería que desapareciera todo el asunto. ¡FIRMÉ! Ahora me pregunto cómo diablos saldrá eso. Todo iba tan bien cuando no estaba pensando, cuando después de todo aquello de matar la red social me quedé solita con mi cabeza. Era como estar pasando una temporadita en el leprosario... ¿ya enloquecí verdad? Creo que empieza a afectarme pero de verdad me empecé a sentir como si estuviera en otro lado, como si fuera  uno de esos retiros espirituales a los que nos llevaban las monjas. Entre los libros elegantes que valieron cada peso, los baratos a los que debería pagarles en diamantes rosas por haber sobrevivido en caminos misteriosos y dejar que los tomara en mis manitas, y los horóscopos de TvNotas, terminé en lugares muy extraños. Yo ya no me sentía yo, la que tiembla en la facultad, aunque realmente no existía. Supongo que fue parte de la gloria del anonimato. Es oficial... esta cuenta se cierra y yo ya no existo. Fue una especie de muerte pública, como tomar el velo o algo así. Como las monjas que se supone que mueren y renacen como esposas de Dios. Ay, sería tan feliz metida de monja si no me quisieran obligar a trapear y cortarme el pelo. Señor mío soy esclava de la vanidad y las cosas brillantes, ¿qué le puedo hacer?

El lugar era un convento en Cuautla y creo que ya les he contado de aquella vez en que sospecho me pegó una insolación muy gacha porque a la mitad del acto mariano me dio una especie de fiebre extraña y la monja me sacó y me llevó a una celda a que durmiera. Qué padre, me salvé del acto mariano y terminé en una celda solita, no en el dormitorio que se suponía iba a compartir con Miss Crawford y sus amigas. Todo parecía muy agradable hasta que me despertaron unos ronquidos en plena madrugada. En la cama de al lado había una monja roncando. Me levanté en chinga, me puse los tennis e intenté regresar a los dormitorios pero todos los edificios del convento se veían iguales y no supe cuál era. Regresé a la celda y al otro día la monja me regañó por no saber tender mi cama.
El encierro, es cierto, aunque aterrador, también puede ser muy pacífico. Claro, se está sometido a la autoridad y no se puede tomar decisiones básicas sobre uno mismo, como los leprosos, que se comen lo que les sirven, no pueden salir y están atrapados porque no tienen otro lugar a dónde ir y se supone que los están cuidado de caridad y buena fe, qué mas podrían hacer afuera? Adentro, claro, te llevan y dirigen como ganado, de un lado a otro con instrucciones y reglas. Te dicen qué comer, qué hacer, a dónde ir, cuánto tiempo tienes para bañarte. Así, terminas de armar tu cajita de cartulina, la adornas y lo que sigue es llevarla a la capilla y ofrecérsela a la virgen. ¿Les he contado de aquel tiempo eterno que pasamos en la capilla en uno de esos retiros en lo que siempre me pasaba algo espantoso? Fue eterno, no debió haber sido tanto, pero el único sonido era el agua corriendo de una fuente y se suponía que estuviéramos calladas, rezando en silencio o también ofrecíamos el silencio, ya no sé. 

En uno de esos lugares me perdí. Me hubiera gustado que fuera en Mi Legado, pero no... fue en el volumen 2306 y en  mis propios recuerdos traumáticos de monjas. 
Que no me estoy quejando, al contrario, ojala pudiera regresar pronto, con todo y mis vendas, estaba de lo más a gusto.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Por un formato

Me tragué mi enorme orgullo y toda temblorosa y roja de miedo fui a la Coordinación a enfrentar al profesor que más odio de la carrera, a quien pensaba haber estado salando con el mal de ojo durante mis 4 años de carrera pero que seguramente se fortaleció místicamente con mi odio porque lo hicieron coordinador. Le expliqué el caso, mi desgracia... ¿y saben que respondió? "Es absurdo y dígale exactamente a su asesora" Lo seguí intentando, expliqué el asunto una y otra vez aunque estaba temblando y la sangre se me había ido a la cabeza, es más, hasta intenté poner cara de "soy linda y estoy desvalida en este cruel mundo burocrático de la investigación", después expliqué que yo también lo veía difícil pero que esas eran mis instrucciones y hasta me ahorré la verdad cuando le expliqué que había estado tramitando mi registro desde agosto pero que salió en Octubre y lo negó (ustedes leyeron cada visita y llamada que hice a la coordinación, queridos lectores, son ustedes mis testigos) y salí del paso con cortesías del tipo "algo pasó", "a lo mejor fue mi suerte", en lugar de decirle "porque a usted no se le hinchó la gana firmar en tres meses y su secretaria perdió mis papeles". Lo intenté. ¿Cuáles son mis opciones?  No gané nada. No se puede y ya. De todos modos que les hable mañana, pero la petición no tiene sentido. Me despedí toda linda pero no intenté darle la mano siquiera, en lo que mí respecta, ese hombre es la encarnación de Satanás.
Y de ahí terminé llorándole a mi hermana por teléfono en el escalón del estacionamiento de visitantes.  No se lo voy a decir a mi mamá obviamente ¿recuerda usted que solía defenderme con esa beca de los cargos por estar desperdiciando mi vida y no conseguir un esposo?
Well, I'm screwed!
Y encima de todo trabajé gratis 6 meses... por un número en un papel!

En las buenas noticias, ya no tengo prisa por hacer tesis. Menos trabajo pa' mí, está bien. Supongo que tampoco tengo ningún compromiso con nadie. Ayer pensaba que vivir en Mérida sería bonito. ¿Qué le parece a usted el plan? Solo huir muy lejos y empezar a trabajar como hostess del angus, o algo de indecoroso.
Total, a lo mejor es una señal de Dios.


viernes, 20 de mayo de 2011

El lavadero

Cada año el mundo se ve un poquito más feo, me pregunto si se volverá insoportable en algún punto. La gente se mueve por motivos muy extraños y muy chafas. Creo que ya no les conté esa maraña de chismes que me llegó un día de estos. Al parecer todos los hombres del mundo tienen una señora (que no es su esposa) con la que andan alegremente sin importar que sea 20 años más joven o también esté casada. Invariablemente el tipo en cuestión es casi grotesco, ya sea porque nació así, ni modo, o porque tenga la edad para ser el hermanito mayor de Munra. A su vez, estas señoras disfrutan comodidades que yo no creo que compensen tener que aguantarse el asco pero que el señor del archivo dice que sí. ¿Dinero? ¿En serio? Y aquel doctor ancianito anda con su secretaria, 30 años más joven, que a su vez anda con el chofer, a quien le regaló el coche que el viejito le había regalado en primer lugar. Según el señor del archivo todas son capaces (incluyéndome, me ofendí mucho por esa aseveración), como la del servicio social que estuvo antes de mí y que terminó casada con otro doctor que le lleva unos 20 años.Yo argumentaba que semejante arreglo era una estupidez, en especial porque el dinero no ameritaba el sacrificio y en segundo lugar porque es una chamba de corta duración. Pasados los 25 se releva a la involucrada por un modelo más nuevo, eso todo mundo lo sabe. En ese tipo de negocios entre más joven, mejor, de preferencia recién salidas de la adolescencia.

Mientras tanto, el señor de la barba coquetea hasta extremos incómodos (para mí, por supuesto, que preferiría desaparecer de la habitación porque me dan un poco de asquito) con la investigadora perra que ya dijo nuestra secretaria consentida que efectivamente es liosa y que a ella le cae mal porque se cree mucho y siempre anda intentando mover hilos como si ella se las supiera todas... o algo así. 

¿Ya vieron como el mundo se va quedando desierto? Por todos lados hay personas en las que no se puede confiar, es como si no existiera nadie que salga a la calle con la intención de solo vivir su vida sin fastidiar a las personas. Todo mundo quiere meterse en los pantalones de alguien, como si fuera importante, quedar mejor que alguien frente al jefe del que se puede obtener algo, aplastar a quien ande desprevenido y encima de todo, quedarse con el dinero de cualquier otro alguien.
Y me cuenta el señor del archivo que el administrador lo invitó a la cantina nada más para contarle que se estaba embolsando alegremente a la investigadora brasileña que trabaja en la oficina de la Sra. Boss, sí, al mismo tiempo que a la directora de la Biblioteca, a la que corrieron. Como si la indiscreción no fuera suficiente, el calvo de los lentecitos decidió hablarle a la señora en cuestión y ponerla en altavoz para probarlo. ¿Qué ganaba con divulgarlo? El señor del archivo se lo contará a su esposa, al señor de la barba de Madero, a mí y tal vez a uno que otro de mantenimiento, su esposa se lo contará a su hermana, que le pone los cuernos a su marido con el subalterno del administrador, de ahí llegará la noticia a  la secretaria que fue la alcahueta de ese romance y que ahora resiente la influencia de la nueva movida de su jefe, y así seguirá la historia, hasta que todo mundo sepa y la señora extranjera camine tranquilamente  por el palacio sin enterarse de que todo mundo sabe lo que hace con sus horas libres, igual que todo el mundo sabe que al doctor ancianito su amantuca de repuesto le pone los cuernos con el chofer, que al final es el ganón de todo el cuento. 

Sin mencionar las mentiras, es increíble la capacidad de la gente para agarrar pose de intelectual inalcanzable, que no debería quejarme, yo también miento todo el tiempo, sólo que yo me inventé a un persona amable, cooperativa y relajada... "linda" pues, cosa que no soy. Y a la hora de mentir se deja de lado todo lo que no queremos que el mundo sepa, en el archivo no existe historial alguno. Somos lindos, de cabellos largos y sonreímos. "Risitas".
Debería saber que la gente debe estar mintiendo tanto como yo, pero a veces se me olvida. Y recuerdo a la escuincla de la otra vez que llegó con toda autoridad a explicar que estaba estudiando la colonia pero su tesis la iba a hacer de la gran epidemia de mediados del siglo XIX. Como no estaba el señor del archivo nosotras nos metimos, la Sra. fea le soltó uno que otro libro general y como yo de veras soy crédula le pregunté si ya había revisado dos o tres que hablaban exactamente del asunto del que ella decía que ya tenía 3 capítulo de tesis.  Y conforme se los decía los pasaba por alto como si nada, parecía que ponía cara de "ah, sí, pero eso no". Estaba muy confundida, a mí se me hacían muy útiles, ya sin mencionar que el mismo título llevaba todo su tema... ¿de veras no le había servido? ¿Tres capítulos? Yo apenas me metí al cuarto hoy y llevo meses invirtiendo buena parte de mi vacía vida a describir  tubérculos y fiebres en la computadora. La escuincla iba a la mitad de la tesis y ni siquiera había terminado con los créditos, yo estaba muy asombrada. Por eso me sorprendió todavía más cuando uno de los libros que le mencioné me dijo que "no la había dejado muy convencida". ¿En serio? Ahora que lo pienso mejor alguien debería advertirle que no diga esas cosas en el archivo, hay orejas en todos lados, y como lo escribió el papá de la coordinadora si la escucha se puede ofender, entonces sí que se la comen. Ahora me pregunto si sería verdad y empiezo a dudarlo. ¡Es que está muy raro!

Que a manera de chisme agregado resultó que el papá de la coordinadora anda con la hermana del jefe de departamento, aunque él es viudo, entonces la cosa no es tan grave.

Al final, es asombroso que la gente se relacione con tantas personas tantas veces en su vida. ¿Cómo le hacen para no sufrir todo los días por eso? Las relaciones interpersonales son un boleto gratuito al dolor de entrañas, en todas sus variedades. De verdad me sorprende que este mundo no se haya acabado, ya sea por suicidios masivos o crisis de procreación. Esterilizar es la respuesta, yo siempre lo he dicho.

Por otro lado, empiezo a creer que tienen razón, la Universidad es en realidad una vecindad grandota.

martes, 17 de mayo de 2011

Falta de exactitud en las cuentas

¿Saben qué me gusta de los papeles? Que me dan las versiones oficiales. Me gusta saber la interpretación más sensata, por eso son maravillosos. Aparte del olor, supongo que es una cosa de las palabras. Hay frases y enunciados muy claros que no se prestan a la confusión. Uno puede vivir confundido por enormes periodos de tiempo, creyéndose ilusiones y fantasías que en realidad no existen, interpretando emociones en las cortesías básicas que se otorgan como mero buen humor, pero las palabras que han quedado asentadas  no se pueden desprestigiar. Por eso me gusta releer mis documentos, mi pequeño archivo personal, ese que si estuviera en papel quemaría cuando la muerte por angina de pecho me ataque. Cada vez que la soledad y la tristeza lo invada (y piense "de esta no me voy a levantar"), le recomiendo ampliamente releer sus archivos. La claridad regresará a su vida y verá todo tal como es, o como fue.  La parte fea es que después pensará: "caray, qué tonto soy", pero en cuanto se pase, podrá reconciliarse con el estado del mundo y las cosas. Aprender a aceptar lo que no se puede cambiar, dicen los de AA.
Es agradable poder remitirse a la nota al pie de página que dice exactamente dónde encontramos esa idea tan loca. ¿Que el director iba a renunciar al hospital? ¿Que efectivamente renunció 5 años antes de que lo clausuraran? Parece una locura, en especial porque sabemos que se quedó en el puesto. Lo mismo con el administrador al que quisieron lavarle la mancha que causó la publicación de una nota que decía que maltrataba a los enfermos. La comisión encargada de la investigación publicó "aquí no pasó nada, son calumnias" y efectivamente no sé si lo eran, lo que sí sé es el número de volumen y de expediente donde dice que lo corrieron por tranza varios años después, aunque él dijera que era el Ayuntamiento el que le debía  mucho dinero. Si maltrataba a los leprosos, al menos se tardaron muchos años en pagárselo. No hay confusión ahí.
Repasar el archivo es la solución, hasta que pueda repetir de memoria las partes más tristes del documento.  Puede parecer masoquismo, pero a la larga es un recurso terapéutico de lo más exitoso.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Trapos viejos y sumamente rotos

¡Rito tiene hipo! Ah, y mi mamá quiere que "busque ayuda" (otra vez) para "superar tantos traumas y tabús"... ¿con qué objeto? Supongo que traerle mucha gente alegre y un novio/esposo en proyecto para que sea útil y cambie focos entre otras tareas que seguramente lo pondría a hacer.¿Qué hay con la gente que necesita interacción social para ser feliz?
 Parece que de plano está muy mal ser yo y le preocupa muchísimo que me vaya a marchitar y morir sola. Me encanta la forma sutil en la que introduce el tema, tan a gusto que estaba pasando la tarde con mis apuntes sacados del libro de limosnas cuando de repente, de la nada, me cae encima. Hace ratito estaba muy enojada, me entró una especie de furia retroactiva y quería aventar algo contra la pared y gritar "¡NO ME JODAN!" con lujo de violencia, pero ya pasó. 
 ¿Qué putas quiere decir "buscar ayuda"? Ah, claro... atención psiquiátrica porque no soy normal y eso es mi culpa porque no quiero resolver mis problemas para dejar de estar sola y ser feliz. ¿Cuáles problemas? Vaya, esto definitivamente se relaciona con el hecho de que mi pobre madre esté a punto de promocionarme en volantes o ponerle una bomba de tiempo al siguiente San Antonio al que ponga de cabeza  a manera de amenaza. ¿Qué es normal? ¡Tener un trabajo de verdad, con gente joven, no viejitos como en mi museo,un novio adecuado y muchos, muchos amigos que le llenen la casa de alegría! Vaya, no he sido normal desde que cumplí 13 años porque no es normal que una niña no tenga amigos y no hable, cosa que nadie notó que estaba sucediendo desde que cumplí los 10.  ¿En serio?  Es que resulta que "todavía estoy a tiempo". Bueno, al menos tiene una esperanza, mi papá de plano cree que estoy perdida y no tengo remedio.Ah, pero que nadie mencione a la Sra. Doc, porque "esa mujer no era profesional". ¿Era poco profesional porque no soltó prenda cuando se hizo esa llamada para preguntar cómo iba mi tratamiento, frase clave para averiguar que estaba diciendo en las sesiones confidenciales que no se supone que sepa nadie más que el paciente y el doctor?  La verdad es que esa es la única "ayuda" que sí me ha servido. Antes de la Sra. Doc tenía una especie de delirio en la que no era persona, era un ente sin conexión alguna con la gente, y ya de ahí la cosa mejoró y a veces hasta parezco persona. Digo, se lo vendo a las personas del archivo, creo que hasta la gente de Historia me lo creyó, eso tiene que significar que funcionó algo. ¿Entonces, quién? Tal vez otro doctor como la psicóloga  de la UVM que en realidad quería financiar sus clases de guitarra en el rockservatorio poniéndome a comparar el mundo con una casa porque ese era su método curativo y si le preguntaba algo a todo me decía lo mismo “es que esto es Gestalt”, sin mencionar que me puso a leer un libro ilustrado de Marilyn Manson como terapia. ¿Ya mencioné que tenía 13 años? Ahí empezó mi romance con el prozac. Chochitos de amateur. O tal vez preferiría algo como la terapeuta familiar que de pronto organizó una especie de programa de Cristina y describió en detalle todo lo que me molestaba en la vida. No, ya sé… vamos con la psiquiatra ochentera que me metió Zyprexa y me puso gorda. La peor parte de esa señora era su pasividad ante mi angustia. Engordaba sin razón alguna hasta que un día los pantalones que usaba para ir de gala simplemente dejaron de cerrar sin explicación alguna y a mis preguntas al respecto me daba recetas para preparar verduras. En esa época mi vanidad ocupaba un enorme puesto en la lista de prioridades, lo que hizo todo el asunto mucho más trágico. ¿En serio señora, qué le parecería analizar un poquito el diagnóstico de bipolaridad que se aventó en cuetsión de media hora? ¿Eso quiere que intente? Sí, por favor, justo ahora que ya que probé las glorias de pedir ropa en talla chica, vamos a drogarme para que me ponga enorme, me deprima y empiece a vivir en pants de los Pumas preguntándome por qué no puedo mantenerme despierta.
No, lo siento, no volveré a meterme un psicotrópico que lo arruine.
¿Qué opciones nos deja eso?

No sé, tal vez podría seguir con mi vida como va. Yo no lo veo tan mal. Supongo que soy la única que todavía vive en la ingenuidad juvenil pero me niego a terminar metida en relaciones interpersonales de diversos tipos basadas en la comodidad  y una base de sólida y predecible desconfianza.  Sería como ponerle sustituto de crema a un café quemado de Sanborns... gracias, pero prefiero comer vidrio.

lunes, 9 de mayo de 2011

La vida bajo el mar es mucho mejor que el mundo allá arriba

Cuando todo se ve aterrador, solitario y difícil lo único que se puede hacer es intentarlo. Estar solo, completamente solo, en la calle, se ha convertido en una cosa muy normal. Hoy en la mañana pasé otra vez por el archivo desconocido y creí que me iba a acobardar. De hecho me acobardé un rato. Me daba miedo. ¿Por qué? Quién sabe, supongo que por solo ser yo. ¿Tiene eso sentido? Un día uno se encuentra con que uno nada más es uno (valga la redundancia). No, nadie me espera afuera y esta vez no entraré en compañía de la Sra. Boss, que se encargara de facilitar todo el trabajo, dar las explicaciones, pedir los catálogos y dejarme "encargada" para que me ayuden. Esperé los minutitos que toma consumirse un cigarro frente a los aparadores de vestidos de novia y quinceañeras a ver si algo mágico pasaba y me convencía de entrar. Entonces pensé que podía ir paso a paso. Primero tenía que entrar al edificio, total, supuse que lo difícil vendría después, pero no, efectivamente lo difícil fue atravesar la puerta, preguntar por el archivo y registrarme. Lo demás fue incómodo, pero no difícil.  Me la creí y me dispuse a venderle mi cara de seriedad/amabilidad a la señora que me recibió. 
Necesito una carta para que me dejen consultar cualquier cosa, pero el catálogo me lo aventé y entre otras muchas cosas, parece que hasta el momento el mentado archivo cotizado promete muchas y muy buenas bondades si logramos entrar. Falta que consiga esa puta carta. La Sra. Boss está desaparecida misteriosamente y sé muy bien que en la coordinación es muy poco probable que quieran.
De pura suerte traía una pequeña libretita que me sirvió para anotar algo, ahora esperemos que las referencias estén bien y que consiga esa carta. Claro, hasta el miércoles será porque la mentada festividad hipócrita del día de las madres se nos atravesará en el camino. Odio el día de las madres, de veras lo odio. ¿Les he contado del día en el que le agarré un odio garrafal? 

Atención: A continuación se relatará el recuerdo traumático de la infancia que me llevó a odiar el día que se festeja a los úteros de todo el mundo y que tanto dolor le causaba a María Isabel (exactamente como todos los años).

Aunque usted no lo crea, alguna vez fui una niña entusiasta de 6 años y planifiqué festejar a mi madre con un desayuno sorpresa como sugería la revista de Barbie. Para eso pedí que me compraran puré de papa instantáneo y colorantes vegetales. El mero día me levanté muy temprano, cocí huevos que rebané a la mitad y rellené con el puré de papa instantáneo de colores, lo puse todo en una charola y se lo llevé. Probó los huevos y casi los escupió, "sabían a rayos", me dio las gracias, qué linda soy, y luego pasó el resto del día relatando el incidente a mi abuela y a todo el que quisiera escucharlo con lujo de hilaridad porque "estaban espantosos", "saladísimos", "horribles" y "los tuvo que tirar a la basura". Supongo que sí estaban espantosos pero pudo haberlo disimulado un poquito.
Aquí va una lección de vida importante: Mentirle a los hijos es bueno y necesario.
Supongo que por eso no tengo grandes esperanzas respecto a conseguir un regalo que realmente impresione a alguien. El problema es que ando gravemente pobre. ¿Qué podía hacer? Ya más tranquila por haber pasado por la primera visita incómoda al archivo ese que se siente tan especial, caminé un poco por los alrededores esperando encontrar algo que pudiera sacarme del siguiente problema. Fue entonces cuando me llamó el brillo de muchas pulseras. Bueno, es repetitivo, pero considerando que usa las mías supongo al menos parecería que lo intenté. Compré una (misión cumplida) y estaba a punto de seguir mi camino cuando vi un par de ojitos que me decían"no te vayas todavía, ven por mí". ¿Me hablaba a mí? Sí, eso hacía. ¡Era un pulpo!
A lo mejor mañana opino que en realidad está espantosa, pero hoy en la mañana la vi como la cosa más simpática de la tierra.  Sentí que había conseguido una pieza de utilería robada de la adaptación en Cinemascope de un libro de Julio Verne. 


¡Es como un pequeño monstruo!
Tal vez debería ponerle nombre a mi nuevo amigo compañero, algo así como "Agapito". Tendría que ser un nombre que sugiera la calidez de una mascota que en sus tiempos libres elimina gente de acuerdo a mis sabios consejos. Lo que me recuerda: En Sense and sensibility and sea monsters, si Elinor no sabía que Lucy Steele era una bruja marina, bien podría haber intentado lanzarla al mar para que muriera a manos de uno de las numerosas criaturas que amenazaban las costas mutantes de Inglaterra. ¿Hasta dónde llega la propiedad de una dama? ¿es acaso una descortesía el eliminar a quien amenaza la felicidad de un caballero tan amable y sensible como Mr. Edward Ferrars cuando la propia naturaleza así lo ofrece? Lo mismo con Willoughby. ¿Acaso no tenía el coronel Brandon muchos y muy útiles tentáculos para encargarse de él?




Ah, de ninguna manera, habría sido un deshonor para el coronel y una exhibición imperdonable de vulgaridad para Elinor. Por otro lado, de haberlo intentado, Lucy Steele podría haberla asesinado antes de que se descubriera su verdadera naturaleza.¡Qué contrariedad! Por eso necesitamos un pulpo mascota. Si Agapito cobrara vida sería una cosa de lo mas útil, aunque tendría que enseñarle a moverse por cañerías porque en estos suburbios agua no hay.

Pobre Agapito, bueno, al menos tiene un nombre. Es una tragedia que los pobres monstruos no se merezcan un nombre nada más porque quieren matar gente y destruir al mundo, como la pobre criatura de la laguna negra. Nunca le dieron uno. 

¡Eso es lo que yo llamo una verdadera tragedia... una monstruosidad!

viernes, 29 de abril de 2011

El viaje de Ribbentrop

¿Recuerdan que había prometido dejar de portarme como una maniaca en cuanto a Dolores se refiere? Bueno, parece que es una de esas promesas que no puedo cumplir, igual que limitar las entradas a una por día. 
Ya la operaron, ya me despedí de ella y seguramente a estas horas ya se fue. Y por supuesto no pude manejarlo con un poquito de elegancia. ¡No! Y de veras lo intenté, tenía todas las intenciones de ser razonable, calmarme y no llorar. ¿Usted cree que se pudo? ¡No! ¡Lloré como fuente! Y claro, primero el veterinario me veía con cara de espanto y extrañeza y luego la señora que adoptó a Dolores me veía igual. Hasta me abrazó. Es que despedirme fue... la pura tristeza.  Parece que la gente no reacciona bien al llanto descontrolado, ponen cara de desconcierto. Lo mismo con los dos sujetos que se encargan de bañar a los perros y a los que pasé alegremente por alto cuando me metí como por mi casa a buscar a Dolores. La vi en la jaula y empezó a brincar y a tratar de abrir la puerta con la patita mientras que yo intentaba acariciarla un poco con la mano y ella me daba lenguetazos y movía la cola. ¡Se puso toda loca! Dolores no se olvidó de mí, aunque no la había visto en varios meses (y fue a propósito,  porque sabía que estaba mal encariñarme con ella aunque al final la precaución no sirvió de nada), se acordó de mí. ¡La quería abrazar pero pensé que si la sacaba de la jaula me iba a costar más trabajo irme entonces esperé hasta que se cansara un poco y regresara a lamerse la herida de la operación. Entró el doctor y me fui. Ya no la voy a volver a ver. ¡Y por eso chillo! Porque ya se fue y aunque sí estoy contenta porque lo logramos, encontró una casa, creo que no la voy a volver a ver... lo más probable es que no la vuelva a ver y se siente refeo. Le dejé la cama y la cobija a la señora, y me fui. Claro, seguí chillando todo el camino de regreso y todavía llegando a mi casa, me habría ido a alguna otra parte a esparcir públicamente mi miseria pero tenía que cargar mi estúpido teléfono para mandarle un mensaje a la señora con mi número. ¡Es que todavía no me lo sé, es ridículo! Como excusa le dije a mi mamá que todavía me sentía mal, claro, no iba a confesar lo que había estado haciendo. Ya sabe, andar perdiendo el tiempo por culpa de esos "roñosos y pulgosos animalejos callejeros que tanto asco dan".  Y mejor ni confesar nunca lo que gasté en el asunto, que no fue tanto, considerando que el veterinario no me cobró la pensión aunque él se retrasó en el operación entonces fue asunto suyo. Al menos ya está operada, si se va y se escapa o se pierde al menos no terminará sola, en la calle, con una camada de perritos que algún ojete tiraría a la basura o algo así. La gente está enferma, por eso no me gusta. No, no se va a perder, va a dormir cómoda y abrigadita para siempre. Y ya no le va a llover ni va a tener hambre. ¿Y si se pelea con la otra perra de la señora? ¿la echará a la calle? No, no va a pasar. Todo va a salir bien... Carajo!

¡Adiós Dolores!
No sé si ya estará en su nueva casa o dónde dormirá, pero quiero pensar que el Conde tiene razón. "Confiar y esperar"... Ya no puedo hacer otra cosa. 
Se fue.

jueves, 14 de abril de 2011

Con libro pero sin rosa

¿Sabían que había fiesta del libro? Yo no, por eso cuando iba caminando rumbo a la biblioteca descubrí que había sido una decisión muy idiota haberme gastado lo que tenía tan estúpidamente. En serio ¿necesito otro puto vestido de flores? ¡NO! De hecho es lo último que necesito, podría ahogarme en flores si quisiera. Tiene que ser un hábito muy poco saludable no poder dejar de comprar. Algunas cosas valieron la pena, por supuesto, como el portaretratos más bonito del mundo.

¡Oh! Una pequeña alegría inesperada que tendría que desperdiciarse. Ni modo, me fui a buscar a los leprosos.  Sobre todo el asunto de la hemeroteca digital tengo dos dudas:

1.- ¿Cómo putas esperen que guarde lo que vaya encontrando? ¿con la magia de mi memoria?
2.- Si la única solución es imprimir lo que encuentres... ¿no sería deseable que la señorita a la que se le puede preguntar fuera amable y explicara bien cómo tienes que pedirlo? No, decirte que leas la página principal no es una solución, en especial cuando ahí dice que le pidas la información a ella. ¿Sería mucho pedir que me diera una hojita o formatito? Que ni siquiera tenía que imprimir nada porque las notas eran chiquitas y las pude copiar en mi libreta de princesas pero de haber tenido que sacar algo habría sido una experiencia muy desagradable.

¿Valió la pena? Pues en realidad fue mucho menos cansado que ir al archivo pero no puedo evitar sentirme en territorios hostiles. Supongo que cuenta como avance, nada más para aligerar la conciencia y no sentir que ando vagando sin hacer nada.  Hoy averiguamos que al administrador le robaron el reloj... de su propio cuarto, que ya hacia el final de los tiempos estaban vendiendo la piedra de las columnas en el aviso oportuno y que la celda de castigo era macabra, macabra, inhumanamente macabra, casi de Castillo de If. Pobres desgraciados. No sé qué pensar de mi amado Dr. Lucio, si de veras era capaz de usarla tan ojetemente, cómo podré seguir amándolo?
Pero cuando la conexión empezó a fallar cedí a la tentación y me fui a la otra fiesta.
Hasta ahí estábamos emocionados. No tenía mucho dinero pero decidimos dar una vuelta, fue inevitable.
Creo que no fue lo mejor. El sol asesino y el gentío estaban en su máximo esplendor, no se podía ver nada y si no me pegaban con una gran mochila de estudiante yo terminaba empujando a un inocente con mi gran bolso. La parte simpática fueron los dos personajes sobre el escenario que contaron leyendas y las cantaron con particular emoción y encanto. Hasta había disfraces. Lo único que me da miedo de ese tipo de representaciones es que quieran involucrar al público, en cuanto la bruja bajó del escenario a pasear entre la multitud me fui.

Abrumador y extraño, pero lo peor fue el final, cuando tuve que tomar una de esas decisiones extrañas que indican que estamos a punto de dejar morir lo que nos queda de alma. Tenía en las manos un libro con portada malvada de cuentos góticos  y uno infantil que tenía de protagonistas a un niño y su perrito callejero. ¿Les he contado que amo con desesperación los libros infantiles? Cuando estaba a punto de convencer a Miss Crawford de ir a buscar libros para su pequeño retoño, la niña se adelantó y ya ve usted... decidió llegar al mundo. ¡Cuarentena! Y yo que no tengo más niños que agarrar de excusa. "Es que no es para mí, no soy una persona extraña con problemas emocionales en la sección infantil. No me robaré a nadie, no soy "un robachicos." 
Si de mí dependiera los coleccionaría sin parar, pero son muy caros y me hacen sentir culpable. Nada más son bonitos y probablemente no los leeré más de una vez. De hecho creo que el único cuento que sí releo es Piel de oso... que por cierto me parece muy perturbador, pero ese viene en uno de los pocos libros de juventud que se salvaron de los huérfanos rateros, es clásico y si tiene un pacto con el diablo y villanas que se suicidan puedo decir que estoy buscando arquetipos de la religiosidad indoeuropea y como tal es un tema serio e importantísimo. 

¿En qué estaba? Ah, sí, en el librito del niño y el perro. En cualquier otra circunstancia lo habría comprado, pero hoy tenía que elegir y pensé que es un buen momento para empezar a matar esta poco saludable conexión con los perros callejeros que sólo me ha traído problemas, dolores y desfalcos innecesarios. Volví a soñar a Dolores, esta vez no era ella la que llegaba a la reja, era yo, pero ya no estaba y no sabía a dónde se la habían llevado. ¿Qué putas con el veterinario que no la opera?
Me pregunto si aquello que decía la Sra. Doc sobre la identificación y todo aquello de las carencias afectivas tendrá la culpa, pero sea como sea tiene que morir. No importa si es  una cosa de tripas o sólo está en mi confundida cabeza, tiene que morir.

Es más, muchas cosas tienen que morir. Me encontré otra ex-compañerita de primaria, pero a diferencia de las otras terminé platicando con ella por alguna razón. Ah, sí, ella empezó...
El punto es que me dijo una cosa muy extraña, me recordó esa época en la que estaba enferma, o al menos yo creía estar enferma, si lo estaba o no, es irrelevante. La época en la que "faltaba mucho a la escuela" y siempre traía suero o té o cosas de esas que no le podía dar a nadie porque eran medicina, pero no le podía decir de qué estaba enferma. Le inventé algo gracioso, no me iba a poner a explicarle la verdad sobre la depresión infantil y la gran ruptura con el mundo cuando mis padres decidieron suspender su matrimonio de la peor manera posible. Le dije que era la hipocondria y que no le podía decir para no echar de cabeza a mi mamá y al doctor que me echaban la mano con justificantes falsos. Que no es mentira, es completamente cierto, pero no radica ahí mi locura o aquello de andar llorando por los rincones de la escuela aterrorizada porque toda la gente me está observando y quieren disfrutar mi sufrimiento. A veces de verdad creía estar enferma y a veces de verdad tenía ganas de no ir a la escuela. En las mañanas, convencía a mi mamá de ir a desayunar o pasar a la iglesia a rezar un ratito antes de ir a la escuela. Mi esperanza es que se distrajera o se dejara llevar por el misticismo el tiempo suficiente para que me cerraran la puerta y tuviera que regresarme a la casa. A veces funcionaba y a veces no. Chale, de todo lo que se han acordado hasta ahora (la nueva mamá que se acuerda de aquel asunto con la egiptología, la que habla de travesuras que yo no recuerdo o la de las fotonovelas de Alondra), tenía que haber una que se acordara del gran colapso nervioso de mi joven mente. Lo que me recuerda...

Petición especial a todas aquellas madres que estén atravesando un proceso de separación:
Hablen con sus hijos, aventar ropa por la ventana no se traduce como "tu papá y yo vamos a pasar un tiempo separados pero no significa que ya no nos queramos o que no los queramos a ustedes". Lo mismo con las hogueras y las amenazas de muerte, absténganse. Es más, les voy a dar un consejo, cuando los niños (que no se supone que sean metralla) estén alrededor, mientan y sean todo lo hipócritas que puedan. Gracias.

Y 20 años después, cuando parezcan escena de "Escuela de Vagabundos" tengan la decencia de no preguntarse qué salió mal con sus hijos. ¡Y por eso compro!

Pero es momento de regresar al  problema de los libros infantiles y el porqué es una de esas cosas que he decidido matar junto con mi obsesión poco saludable por agarrar en brazos perros callejeros y echarme a correr a un lugar seguro. No hay lugares seguros y lo mejor que puedo hacer por el pobre es dejarlo ir. Lo único que nos queda es rezar porque la muerte sea rápida y que si lo agarran, no lo torturen mucho. Por eso no podía soltar el libro del perro y el niño, pero al final lo hice. No más libros infantiles, sin importar lo bonitos y conmovedores que sean.
Me pregunto si esa última resolución tendrá que ver con la sospecha que nos ha estado atacando últimamente: ¿y si tengo quistes en lo ovarios?
Todo mundo los ha tenido, Mrs. Palmer, Miss Crawford... y seguramente muchas personas más.
¿Puedo tener quistes en los ovarios? No sé, pero si los tengo ahí se quedarán porque antes de ir a un ginecólogo prefiero masticar vidrio.  Aparte no tengo ninguno de los síntomas que google dice que me deberían preocupar y supongo que ya después de haberlo leído todo no tengo buenas razones para creerlo, nada más allá de una extraña inquietud que me atacó de repente. ¿Nunca les ha pasado, estar seguros de que hay algo mal con el cuerpo sin mayor razón ni motivo?

Tal vez no le mentí del todo a la ex-compañerita de primaria. Creo que sí soy hipocondriaca.

domingo, 30 de enero de 2011

¡Ah, qué cuchitril tengo!

Estaba en una limpieza loca de mi cuarto cuando de pronto apareció un mail extraño. "Ah caray, y este quien es?" Ah, claro, el hijo de la señora.  La verdad es que dejé para después el asunto de mandarle las putas fotos porque había maratón de Forenses al extremo. Wow, esa señora ya se había casado, tenido un hijo, falsificado seguros de vida, matado al marido y escapado con el cómplice antes de los 25 años, eso es rapidez.
Hay prioridades. La parte agradable es que ya no me enojé. Estuve pensando que no tenía caso, lo mejor es darle la vuelta... es que tuve mucho tiempo muerto porque me desperté temprano pero Rito no se quiso levantar hasta las once y no encontraba el control remoto. El punto era: tengo un plan, seré amable, linda, y mandaré las fotos con recadito de pura amabilidad peeeero no mandaré ninguna mía. Ja! No me van a promocionar señoras. ¡No soy un embutido en descuento!
El cuate sacara la conclusión inmediata de que debo ser fea como un orco, digo, llegar a los 26 años con un sólo novio de tres días (y dos primeras y únicas citas/desastre como casos aislados en los siguientes seis años), es una cosa muy rara. Yo creo que por eso me ven como causa social. 
Me gustaría explicar: tengo severos, severos problemas sociales, ya ni hablemos de la timidez enfermiza, de esa que te reduce las facultades mentales. La inseguridad, la incomodidad y ese terror a salir a la calle y ver gente, esa que me impedía ir a centros comerciales y restaurantes cuando estaba a punto de entrar a secundaria. Claro, esas cosas se arreglan a madrazos, del tipo donde te cambian de escuela, de golpe y sin avisar, a otro colegio completamente desconocido, sin uniforme, repleto de hombres, menos de una docena de viejas ojetes en competencia y ni un alma en quien apoyarse... pero como estamos siendo positivos, vamos a dejarle en que ya fue un triunfo haber aprendido a hablar con la gente, ir a la escuela, y hasta ser parte de una pequeña tribu que jamás me imaginé que fuera posible lograr.
Supongo que nunca podré explicar qué difícil fue lograr esas cosas que a la gente le parecen tan normales. Eso no significa que vaya a hacerle caso a una revista que dice que debo  callarme la boca y dejar de vestirme como la "tía Tere" ( que mis tías no se visten así, la única que parece tía Tere sería yo, con mis faldotas de gitana y playeras de monitos, no puedo evitarlo, me hacen feliz) para salir a la calle a "mezclarme" y conocer gente. 
Lo mismo aplica para cuando mi mamá quiere que busque nuevas amigas. Gracias, no. Puedo ser amable, prestarle mi lupa a alguna escuincla que se vea medio perdida en el archivo, pero no quiero nuevas amigas, no las necesito. ¡Gente nueva!

Admito que me he estado apoyando mucho en Miss Crawford, pero no tengo ninguna expectativa de sinceridad, creo que fue una cosa muy consciente, igual que sé que en cuanto nazca el bebé se irá, pero no me preocupa, para entonces ya estaremos sanos. Lo mío es necesidad, y ella está empollando sola, parece que de veras hay peores amigas que yo en el mundo, digo, está esa que le dijo "qué hueva me da tu vida", y la que la odia porque el francés con el que se quiere casar no viene a verla y  como Miss Crawford se regresó, ya no podrá caerle en su hogar europeo para hacerle más fácil el traslado. Chale, no soy tan mala, verdad de Dios. Tampoco niego que me dejo llevar con la emoción de las camisetitas de bebé y los ultrasonidos... son tan chiquitos.
Al final, por pequeño que sea, supongo que un afecto genuino,  pequeño, irracional, y ya muy viejo, que data del primer día en el kinder cuando ella lloraba y yo todavía no sabía que la escuela era tan mal lugar, siempre será reconfortante.

Una gran ayuda, por eso unas pocas horas semanales me parecen muy buenas, pero no me imagino multiplicando el trance, mucho menos en compañía de señoras desconocidas, no confío en la gente, por eso  no tengo necesidad de salir a buscar un montón de viejas con quienes andar tomando café y perdiendo el tiempo. ¿Cómo pa' qué? mientras tengas mis recortes, fotos (¿y recuerdos? cantaría Selena) puedo vivir para siempre pegando cosas en mi scrap book. Chale, ya me puse sentimental... ¿he bebido algo hoy? No, oh por Dios, ni siquiera café.
Eso tiene que arreglarse.

¿En qué estaba? Ah, sí, los planes de mi mamá. Es que me quedé pensando cuando se lo platicaba a Miss Crawford, ella estaba botada de risa y decía que en lugar de enojarme me debería divertir con los intentos desesperados de mi pobre madre que ya no halla qué hacer conmigo.  ¿Pa' qué me enojo? El pobre infeliz seguramente está igual de incómodo que yo. No tiene caso, y hago berrinche y suelto mi disertación extravagante sobre la vida y no sé qué babosadas que me invento, sin sentido alguno. Ella lo va a seguir intentando, y seguirá poniendo a San Antonio de cabeza hasta que la cuenta de cuatro santos rotos aumenten a cincuenta. Mejor me divierto y busco cómo salirme con la mía.
Lo siento señoras, ni fotos ni detalles, en lo que al joven respecta yo no existo, esto no es catálogo de novias rusas (¿ya se imaginaron la cara de frustración de la señora Alma? Ja!!). Si el cuate piensa que soy fea  como el hambre, probablemente correrá por su vida, porque eso es lo único que un hombre no aguanta, y hará bien. Todos seremos felices otra vez y Rito y yo podremos retirarnos a ver tele. Por cierto, ya encontré su cepillo.

Rito es extraordinariamente feliz cuando le cepillan el pelo, no sé por qué. Hasta se calma, deja de ladrar y se retuerce y estira el cuello. Ha de ser la felicidad de tener cabellos sedoso. Me pregunto si debería cortarme el pelo, ya está medieval, en cuestión de cinco centímetros me llegará a la cintura y mi madre aparecerá en mi cuarto con unas tijeras en cuanto me haya dormido. Bueno, tal vez no haría daño una despuntada. 

Todo sea por preservar mis trenzas, en sentido literal y figurado, como Adelita.

viernes, 7 de enero de 2011

Cualquiera de las tres clases de enfermos

Las mentiras que lo alcanzan a uno. Esto de ver tanto a Miss Crawford me trajo una preocupación... en algún punto mi mamá se va a enterar de que fui a la despedida de soltera y a la boda, es cuestión de tiempo.

Ni modo, ya confesé. Otra decepción. ¿Saben que eso me afectaba mucho cuando era joven? El asunto de "me decepcionaste". Ni grito ni regaños, nada más la cara de decepción. Hubiera preferido que me castigaran, que me gritaran y me agarraran a nalgadas hasta que aprendiera, pero no, mis padres tenían ese método de "la decepción". Es peor, es todavía peor que cualquier castigo. Una vez me dio por decirle a mi mamá que quería ser monja y se enojó tanto que cuando bajé a comer me dijo que no podía, si quería ser monja tenía que saber cómo era el ayuno. Claro, ella esperaba que dijera "ay no, ya me arrepentí, no quiero ser monja" y me sentara muy contenta a comer y callarme la boca, no contaba que ante el castigo es muy fácil decir ¿ah, sí, crees que eso basta? pues verás  ni me afecta. Y no comí. Al ratito se le olvidó y ya me llamaba a comer como todos.
El correctivo calculado no funcionó... ahhh, pero que no me diga "me decepcionaste" porque entonces me hago lodo. La decepción y la indiferencia, no la soporto, me come, termino cediendo, me tiro al piso y suplico perdón. ¿Es una habilidad de las madres, saber dónde dar, o es que ellas nos formaron para saber cómo ganarnos? No lo sé. ¿Dónde está mi cinismo? Uno queda exhausto después de esforzarse y esforzarse y no dar una nunca pero es como si no pudiera parar. Tengo que intentarlo. No queda de otra más que seguir bateando hasta que nos manden a la banca o de plano nos quiten el bat con lujo de violencia. 

Por eso prefiero la compañía de  mi perro, es el único con el que no me puedo equivocar, ni siquiera por traerle croquetas de dieta. "Obesity"... qué poca madre, podrían disimularlo al menos, no les cuesta nada ponerle "Light pet" o "Special Puppy". ¿Cuándo se ha visto que en los cereales de dieta pongan "Para obesas"? No se va a vender.

A nadie le importa la autoestima de las mascotas, a nadie. Este mundo está cada vez peor.

miércoles, 5 de enero de 2011

Soon you will know that you are sane

Me senté en el consultorio y la señora doctora (general) se me quedó viendo como esperando que le explicara qué diablos anda mal conmigo.
¿Qué me pasa? Ah pues fíjese le cuento, la verdad es que la melancolía me atacó espantosamente hace unos meses y me dolía el alma hasta extremos nunca antes vistos porque debo serle sincera, ni en mis años de juventud más confusos había sentido tanto dolor y tristeza sin remedio, la desesperanza y la melancolía me estaba matando lentamente y comer y dormir era practicamente imposible. Por suerte ha estado mejorando conforme pasa el tiempo y aunque ya no estoy tan confundida y dejé de sentirme culpable al fin creo que en realidad fue por pura suerte, tengo que admitir que las curaciones aplicadas con cierta regularidad en forma de las visitas nocturnas de Jane y sus múltiples y nuevas aventuras, en combinación con el regreso de Miss Crawford que está aburrida empollando y las salidas al cine y a tomar café  han sido reconfortantes, me despejan un poco esa sensación de vacío y pérdida completa de dirección. Es increíble darse cuenta de que uno ha depositado todo su sentido del amor propio y valor de la vida y el mundo en una sola opinión, y el derrumbe emocional que puede ocasionar. ¿Sabe usted? El desconcierto, la negación y la certeza inconsciente de que yo sola no puedo hacer nada, desde las cosas pequeñas como decidir un color hasta el proyecto, que se sigue viendo imposible, de sacar al menos un capítulo de esa tesis que me come y que sospecho no podré entregar. Negación, pura negación. ¿Cómo podría si me quedé sin corazón? Aunque diga que Rito es todo mi corazón, ya no es el asunto de la angina de pecho, se trata de cómo el pobre órgano terminó aplastado y embarrado en la calle. Como un perrito atropellado.

Aunque si la pregunta es una cosa física pues me duele la cabeza horriblemente desde ayer, justo atrás de la nariz y siento que no puedo mover la cabeza. ¿Era esa su pregunta? Sí, me duele la cabeza y cuando toso me duele todavía más, creí que se iba a quitar pero hoy amanecí peor y por eso la vine a ver.

No, no soy alérgica a nada, deme lo más fuerte que tenga señora. Ya estuvo, cuatro pastillitas y esperemos que todo mejore en las próximas ocho horas. Si no, tendré que hacer mi testamento otra vez. ¿Quién se quedará con el abrigo azul? Jane o Kitty... qué complicado. 
De todas formas me parece ofensivo gastar en antibióticos, si me hubieran dado algo más divertido estaría bien, pero los antibióticos no son mis amigos, a menos que alguna de todas estas madres me ayude a dormitar un poco, en ese caso podría perdonarlos.

Eso me trajeron los reyes, antibióticos.

domingo, 2 de enero de 2011

Buenas noches, año nuevo

Mi hermana tiene un montón de rituales para cada año nuevo, está convencida de que el resto de los días tienen alguna especie de relación con lo que estés haciendo en la noche del 31 y por eso se pone a correr como maniaca con maletas mientras prende velas y engulle uvas. En ese caso yo no sé qué significará el haber pasado una noche muy confusa  metida en mi cama con un montón de cobijas que me ponía y me quitaba conforme pasaba del tiritar de dientes a la fea sensación de que la piel me quemaba, la ropa quemaba.
¿Cómo putas pasó?

Supongo que el episodio tiene mucho sentido.  No sé, que yo recuerde no me sentía mal. Lo más gracioso es que la semana pasada me había quedado muy preocupada por otra enfermedad, no me imaginé que me iba a dar a mí, mucho menos en año nuevo.
¿Cuando pasó? ¿quién fue el responsable? A lo mejor fue el bosque, quién sabe qué virus andaría flotando en sus aires malsanos.
Fui a caminar con mi papá en la mañana y luego, como lo único que se me ocurrió para sobrevivir el día fue limpiar compulsivamente mi cuarto, supuse que el polvo me había hecho daño o algo así, lo cierto es que cuando llegó Jane yo creo que ya había empezado a delirar... abrí la ventana, me moría de calor y no sé qué tanto le decía a la pobre porque le cambiaba la versión a cada rato y luego me puse a llorar. Y entonces yo lloraba y Jane lloraba y ni sé por qué, nomas llorábamos juntas, creo que yo lloraba por la gallinita de esponja y ella lloraba porque en mis delirios la hice sentir mal por los sentimientos de su amigo entusiasmado. Entró risueña y salió  confundida, sólo yo logro eso. Tengo que ser la peor amiga del Estado de México, no sé si del país o del mundo, pero al menos de Satélite y sus alrededores. A lo mejor fue castigo divino porque el dolor de cabeza no se iba y yo seguía abanicándome porque no podía respirar.

La cosa ya iba en declive, pero todavía pensé que no era tan grave, con todo y que el dolor de cuerpo se iba poniendo más gacho, me bañé, vestí, peiné y agarré a Rito para acompañar a mi mamá a la iglesia, en el camino se fue todo al carajo. No podía mantener la cabeza arriba y parecía que no podía soportar el frío (¡EL FRÍO!), no dejaba de temblar y entre más me escondía adentro del abrigo más temblaba. Me senté dos minutos en la iglesia y tuve que salir corriendo, no podía pensar, no es que se necesite pensar para rezar pero ya estaba balbuceando. Descansar la cabeza era lo único que quería, no soportaba el cuello, la espalda y la cintura, no podía estar de piel y no tenia nada de hambre, es más, la comida me daba mucho asco y necesitaba agua y una cobija, pensaba en la botella de agua mineral que me estaba esperando y quería que se acabara  la búsqueda de comida de emergencia el 31 de diciembre a las nueve de la noche para regresar a dormir. ¡Que se detenga el frío por favor!
No sé qué pasó, intenté acostarme en el sillón para no perderme de la cena pero la verdad es que pasé toda la noche a medias, entre dormida y perdida porque recuerdo haber estado contestando y hablando pero no sé qué decía o si tenía sentido.  Eso fue el 31.
Chale...
Hoy no sabía si era lunes o domingo (pero creo que es domingo). 
De pronto, cuando dejó de doler tanto tragar me moví un poco de la cama y me dije "Dios mío, huelo mal", cosa que no me sorprende, recuerdo haber despertado varias veces  con el cabello enredado en sudor y el camisón pegado a la espalda.
Bueno, no creo que haya sido tan grave, qué son uno o dos graditos de más, nada, pero hace mucho que no me pasaba y ya van a ser dos días de habitar en mi cama sin levantarme. Tenía que hacer algo, por eso me bañé y busqué algo de comer. Fue desagradable tener que masticar y tragar, pero supongo que con un poco de comida estaré como nueva para mañana y así evitaré todo el asunto de ir al doctor.

No sé qué día es, si cambiamos de año o no, ya todo es lo mismo. Igual que cancelé mi cumpleaños. Podría ser 2005, 2000, 1992 o 2012 ya no importa.

Lo único que me consuela es la promesa del fin de los tiempos.
¡Apocalipsis, estamos listos para ti!

jueves, 23 de diciembre de 2010

El árbol de pera y demás cuates

¡PERDÍ, PERDÍ, PERDÍ! Ni modo, mi tía se salió con la suya. Me apendejé y contesté el teléfono.  ¿Qué le decía? Yo creí que si le decía la verdad (no quiero pelearme con tu marido pero creo que será inevitable porque es un imbécil y lo odio... bueno, no se lo dije así) se ofendería, me mentaría la madre y me colgaría... pero no. Se aguantó las ganas de mentarme la madre estoy segura, demasiada amabilidad y afecto desconocidos para nosotros.

Chale... 

Sospecho que he sido arrinconada.
 
Ahí van mis planes de terminar de cenar a las diez, repartir regalos e irnos a ver la tele.  Putísima madre. 
Ahora que si quieren escuchar un poco más de mi deprimente navidad parece que yo no tendré regalos.  Yo dije hace una semana "¿para qué gastamos a lo baboso?" y mis padres salieron con que ellos iban a comprar regalos quisiera o no. Fui, me aventé todo el numerito y ahora resulta que mi mamá me compró lo mismo que a la vecina y a mi papá se le fue el tiempo y no compró nada.  A mi hermana le cancelaron el vuelo, no sé si llegará.

Creo que empiezo a sentirme en una de esas películas cómico-navideñas. Nada más falta que se funda la instalación eléctrica de toda la cuadra por culpa de nuestro árbol, que mi papá sufra diversas y divertidas aventuras mientras busca el regalo prometido en la euforia de las compras de emergencia  y mi hermana encuentre coloridos y valiosos personajes  que le enseñen lecciones de vida mientras pide aventón en la carretera para llegar  a casa para navidad.

También puede ser una experiencia desagradable en general. No sé, yo prepararé rusos blancos desde que amanezca, ya traje la leche evaporada. 

Llegó el momento de los tacones.

Qué tristeza.


Nota: Whoa, el deportista malvado acaba de besuquear al muchacho elegante de Glee. ¡Estoy impactada!