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domingo, 15 de abril de 2012

Al servicio de la comunidad

Decía mi amigo/amor platónico Van Gogh que se puede ser joven o viejo pero que siempre habrá momentos en los que se pierda la cabeza, por eso, considero mi deber contarles cómo me va con cualquier medicina que me receten sólo en caso de que un día de éstos, cualquiera de ustedes, mis amables lectores, pierdan la razón y empiecen a tomar antidepresivos y/o antipsicóticos atípicos y demás bondades por el estilo.
Sobre la nueva medicina que apenas probamos el viernes  cuando la obsesión empezó a acechar (Inveda) puedo decirles que nos madreó de forma espantosa. Nada más me tomé la mitad de la pastillita de 6 mg., es decir, unos 3 mg., pero nos dio un sueño terrible y después (al día siguiente alrededor de las tres de la tarde cuando por fin nos pudimos mover) unas nauseas espantosas mezcladas con mareo, dolor de cabeza y esa fea sensación de no poder estar a gusto de ninguna forma, ni de pie, ni acostado. Al final me quedé en posición fetal un buen rato hasta que al menos los brazos y las piernas me respondieron y me pude mover para comer algo, que salió peor, porque me pasé el resto del día sintiendo que iba a reventar y padeciendo un malestar tan generalizado que ni la pantalla de la computadora podía ver, me brillaba, me mareaba y quería llorar. ¡Fue espantoso!
Lo malo es que no sé qué me da más miedo, si la locura o los efectos secundarios, entonces opté por probar con la cuarta parte de la pastilla hoy, el pedacito más pequeño que pude cortar con un cuchillo para ver si mejora el asunto, tengo que averiguar si me pegó tan feo por ser la primera dosis y si existe posibilidad de que me acostumbre y mejore o si debo negarme terminantemente a seguir las instrucciones de la Dra. Pills cuando la vea el miércoles.  Si para entonces nos seguimos sintiendo tan mal, dejaremos la decisión en sus manos, total, es la profesional calificada.
Y con esta evaluación me despido quién sabe por cuánto tiempo porque si esa madre me pega tan duro como el viernes voy a quedar incapacitada por los siguientes dos días y no les podré contar las novedades, que en realidad no hay muchas. Podemos resumir que Jane se fue de vacaciones con su familia y Mr. Bingley se enojó porque se tardó diez minutos en contestarle el teléfono y se hizo el digno hasta el punto de hacerle creer a Jane que todo se había terminado. Ya parcharon las cosas, pero me asombra lo berrinchudo que es ese hombre. ¿Todos son tan berrinchudos y chantajistas o nada más es él? Por eso, ya no me quejaré de quedarme soltera. Sí, seré una solterona y tal vez las personas (¿quién, mis tías y primas? no sé) concluyan en algún momento que soy lesbiana o que me pasó algo de chiquita, después de todo me la vivía de un lado para el otro con la misma amiga y como no estoy deforme no hay razones para que no me case, pero supongo que es mejor que agregarle otra fuente de malestar que no puedo manejar a esta vida que me cuesta tanto trabajo vivir.  ¿La tesis? Pues ahí anda, en manos de esas personas a las que debo empezar a molestar en cualquier momento. Que piensen lo que piensen, me critiquen si quieren, me da igual. Ya me angustiaré cuando los tenga enfrente, ahorita no veo para qué. Y me pregunto en qué momento empezaré a sentir los efectos, si es que los siento que yo creo que sí. Tecnicamente tome un pequeño miligramito y medio.
Y si me angustio, siempre puedo recurrir a Jane Austen. Esa es la novedad que sí que vale la pena presumir: ¡Tengo un tarot de Jane Austen! ¡Existe y tengo uno! Todavía no sé leer las cartas pero eso es lo de menos.  Jane nos enseñará.

jueves, 12 de abril de 2012

Lentes

Bien, inauguremos un nuevo periodo de sangre libre de medicamentos, ya llevamos 48 horas. No me imagino cómo serán los próximos días pero ya me cansé. Mientras, hay que buscar formas de llenar los días, es como estar parados a la mitad de la nada, el desierto si quieren llamarle, o alguna calle desconocida, en uno de esos momentos en los que ya se caminó mucho y sólo se quiere descansar. No sé por donde ir, ni nada, lo único que quiero es sentarme un momentito.
En algún momento le pregunté a la Dra. Pills: ¿Estás perdiendo tu tiempo conmigo? Ya ni me acuerdo qué me dijo, aunque recuerdo que me sugirió que tome clases de tejido o que me vuelva bartender. Le dije "no tengo remedio" y aunque ella dice que sí lo tengo, me pregunto si no será que me vio muy decidida a mandar al carajo todo el asunto. Es que no tengo remedio ¿apara qué desperdiciar más tiempo y dinero? 
Total, veré cómo sobrevivo todo este molesto asunto de la titulación.  Rito y yo podemos sobrevivir juntos, o al menos lo intentaremos.
Tengo un compañerito fiel y unos lentes nuevos. Puedo enfrentarlo todo, hasta a la gente de los restaurantes a los que les pregunté dos veces si la lasaña de berenjena tenía algo de carne, y que me dijeron que no, sólo para descubrir que la salsa sí tenía. Ni modo, no me la comí y me quedé con hambre, pero considerando que gracias al medicamento mágico subí tres tallas creo que el hambre es lo más sabio justo ahora. Yo era una talla dos, ahora soy cinco y tengo los muslos del tamaño de un jamón.
No sé si mejoro, empeoro y/o voy a algún lado pero justo ahora lo único que debo hacer es perder kilos y ver My big fat gypsy wedding hasta el cansancio.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Nothing, nothing, nothing at all


Por un momento (tres días) volví a perder la cabeza, pero creo que ya regresamos a la realidad. Hoy retomaremos el régimen que suspendimos para recuperar el piso y tal vez mañana volveremos a ser felices. Extraño la felicidad. Me pregunto si habrá más opciones para remediar mi locura. La primera opción, que es la que de veras funciona, tiene un montón de efectos secundarios y ya vimos que la segunda no curó ni el insomnio ni las obsesiones. A lo mejor será cuestión de arreglar la dosis pero me pregunto si en el fabuloso mundo de la farmacia no habrá una tercera vía. 
Acabo de ver a dos perritos callejeros rascar el asfalto en la vana búsqueda de comida, arriesgándose a ser atropellados en cualquier momento por cualquier camión irresponsable como en el que iba regresando de ver al último sinodal. Y uno anda navegando, entre la duda, la ansiedad, la vergüenza, la tristeza y la desesperanza que aunque van mejorando no terminan de curarse. Supongo que regresar a la facultad a hacer todo el trámite de los sinodales no ayudó. Ya ven, de repente todas las obsesiones viejas se dispararon y enloquecieron. Ojala se fueran, me gustaría poder estar segura de las cosas y no sufrir sin motivo. Sufrir por la mera posibilidad no tiene sentido, la sospecha, el miedo y la pregunta. Yo no sé, por el momento sólo canto. Cantar y ver tele.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El misterioso caso del robo de la toalla y la carrera en paños menores

Mi querido lector, no lo va a creer pero hoy me vi obligada a correr en público en paños menores. ¡Oh sí! Fue tan horrible como suena, pero no se asuste, con "paños menores"  me refiero a mi enorme traje de baño que de hecho es un poco más grande que las cosas que usan las señoras en los gimnasios, pero les aseguro que fue igual de horrible. ¡Es que una señora me robó la toalla! 
Nadaba alegremente cuando el señor amable con el que compartía el carril (uno de esos abuelitos de vacaciones que me contó como su hija le dejó a sus nietos en lo que se iba de vacaciones y le sacó un pase de algunos días para que nadara o hiciera ejercicio y no se aburriera) me preguntó si la toalla en el segundo gancho era la mía. Claro que era la mía pero ya no estaba, lo único que había era mi solitaria llave colgando como evidencia del robo. 
¿Qué putas? El mismo señor y el encargado de la alberca me dijeron que se la había llevado una señora en traje de baño gris que decía que era suya y que mejor la buscara o me la iban a cobrar. ¡Darle dinero extra a los deportistas, nunca! Y salí corriendo a localizar a la malviviente que me había despojado de una herramienta tan necesaria para resguardar el pudor. Claro que sin toalla tuve que echarme a correr en traje de baño y puedo asegurarles que no fue agradable. Ah, pero todavía fue peor cuando encontré a la mencionada señora en el vapor. La descubrí porque vi la gorra blanca y el traje de baño colgado afuera, lo que debió indicarme que al entrar me encontraría a una señora de mediana edad completamente en cueros sobre mi toalla.
 (EWWWWWWWWWWWWWW)
Ya no quería la toalla de vuelta, entonces cuando aclaramos el error en la toalla me dijo que seguramente la suya era la que estaba en el segundo gacho pero del otro lado de la alberca. Ofreció irme a llevar la toalla en cuanto se vistiera pero preferí salir y quedarme con la otra, al menos podía estar segura de que ninguna desnudez había estado en contacto con ella. Sólo así pude regresar a la alberca con un poco de paz espiritual, claro, después de haberme visto forzada a salir corriendo en traje de baño como si no existiera el decoro en este universo. (No puedo verte a los ojos, querida Jane Austen, no puedo).
Necesitaba un poco de relajación, por supuesto, y como tenía tiempo antes de visitar a la Dra. Pills decidí meterme un rato al vapor. No van a creer lo que escuché ahí. Unas señoras platicaban alegremente de la próxima visita de una de ellas a un temazcal. Según lo que escuché, se trataba de un viaje de fin de semana organizado por el hermano de una de ellas, un "doctor en psiquiatría" (favor de leerse con tono formal) que según esto está casado con una señora "muy alta, rubia y de ojos claros, entonces imagínatela ahí bailando con los aborígenes, las van a querer sacrificar" y todo terminó en una explosión de risas. Quiero aclarar que eso último es una cita textual. ¡Eso dijo!
¿Ven por qué la gente como yo necesita terapia? 
Y por eso me fui a ver a la Dra. Pills, que me asegura que no me volveré una especie de drogadicta perdida nada más por tomar tres medicamentos distintos al día. Hey, si ella lo dice, quién soy yo para desmentirla. Y en un último giro misterioso del destino, me encontré a la prima de Fanny afuera de la casa de la Dra. Pills, parece que vive en la misma calle. ¿Puede usted creerlo? Los encuentros son como extraños recordatorios de que el mundo está habitado, efectivamente está habitado y hemos vivido en él. Como caminar por la calle y reconocer calles y avenidas, donde la vida se mueve normalmente sin relación alguna con el mundo de nuestras cabezas.
 Como la semana pasada que me encontré a la mamá de Miss Crawford en la alberca. Sí, así es. Un rato después descubrí que la mamá de Miss Crawford, que es mi madrina de primera comunión, sospecho que un par de años más grande que mi madre y que hace poco se recuperó de un aneurisma que la tuvo en coma un par de meses, nada más rápido que yo. Bueno, empiezo a creer que cualquiera nada más rápido que yo, pero al final quiero hacerle un favor a mi autoestima y pensar que lo importante es el estilo, no la velocidad (aplíquese a todo en la vida).
Y ahora, los dejo mis queridos compañeros, para ir a dormir como cualquier persona feliz que tenga un frasquito de milagroso rivotril entre sus manitas. 
Que descansen.

sábado, 10 de marzo de 2012

El cuento de la manada feliz

Estoy de vacaciones. ¿Qué puedo hacer? ¿Les conté que ayer fui a fastidiar a las de servicios escolares con mi copa del certificado? Oh, sí que lo hice. Es más, como fui tan valiente me di un premio. El día en que pueda despegar mis manitas de cualquier vestido que tenga encaje y/o lunares, se habrán acabado las leyes de la naturaleza como las conocemos. El vestido en cuestión tenía ambas cosas. Lo tenía todo, encaje, lunares y un gran moño. Ni modo que lo abandonara. A veces se me olvida que soy pobre pero me lo merecía. ¡Fui a acosar a las de servicios escolares! Y me senté en la fuente de la biblioteca a recordar con una taza de café de lo más necesaria, ya saben, aquello de los sabores que disparan extrañas sensaciones de bienestar y alegría. Me senté y en una señal de Dios, un par de pajaritos del tipo Cristopher Pedro decidieron darse un baño en la verdosa y muy descuidada fuente. Se bañaban y sacudían y bailaban. Bueno, tal vez no estaban bailando pero sí se remojaban y sacudían. Por un momento creí que tal vez todo va a estar bien.
Para confirmar la sospecha, en la parada del camión me encontré a Ana, la señora de mantenimiento que antes trabajaba en el archivo. Ah, recuerdo con ternura todas aquellas veces en que me hice mensa cuando se preguntaba de dónde salía tanta ceniza tirada en el piso (si se sabe responsable, cambie el tema). Tal vez no la recuerdan, era la señora que esperaba algún día trabajar con niños, ser maestra de kinder o algo así. La que me contó que la vida estaba tan mal que tuvo que aceptar la plaza de mantenimiento porque no había ninguna de asistente educativo y que casi se puso a llorar cuando le dieron su trapo y su cubeta. Creo que fue tema de uno de esos escritos deprimentes que terminan con "todo el mundo está mal y toda la gente sufre". Pues bien, ayer me la encontré saliendo del kinder que está por servicios médicos. Se cambió, se inscribió como voluntaria para dar visitas guiadas a niños en el palacio y de ahí pidió su cambio al kinder de la universidad, todavía no es asistente educativa pero está en la cocina y ya está trabajando con niños. Se veía feliz. En otras noticias, también hizo examen para estudiar servicio social. Si todo sale bien, trabajará y estudiará al mismo tiempo, después conseguirá su plaza y la vida dará un vuelco feliz. 
Tal vez, solo tal vez, esta vida no es hueco de desesperación y miseria donde todos deberíamos arrojarnos masivamente de un barranco. Tal vez hay mucho mundo y mucha vida por delante. ¡Puede pasar! Por eso compré el vestido y sigo a dieta estricta. Los medicamentos son buenos, brilla el sol, se abren las plazas de asistente educativa y en una de esas Rito y yo terminamos huyendo al caribe con  Lázaro, Benito, Mina y Lucy. 
Será un cuento que podríamos llamar "las aventuras de la manada feliz". Mientras, esperamos Mi gran boda gitana y leemos sin restricción de tiempo. A ver qué pasa mañana.

jueves, 8 de marzo de 2012

El mundo de los sueños

Vamos a saltarnos la cara de confusión de la Dra. Pills cuando le contaba toda mi saga como acosadora consumada de un escritor inocente que supongo que jamás sabrá que empecé a sentarme en la fuente de la biblioteca especialmente para ubicar su entrada y salida de la Facultad. Claro, también era un lugar maravilloso para cotorrear la onda con Fanny, pero como puesto de vigilancia era inmejorable. Sobre mi tendencia a perseguirlo y luego salir corriendo sin voltearlo a ver ni dirigirle la palabra, la Dra. Pills considera que el asunto hasta tiene algo de "fóbico". ¿Eso es malo? ¿No es normal salir corriendo en cuanto tienes el peligro enfrente? ¿No lo hace todo el mundo? ¡Qué otra cosa hace la gente ante el peligro de ser espantosamente humillado y/o ver destruido todo ápice de rectitud, pureza, comodidad y esperanza en sus vidas? ¿Se tiran de pancita? ¡No lo sé!
Por otro lado, según ella, mi infancia de veras estuvo muy mal y no es normal que los niños se queden olvidados en las escuelas, que tengan que huir de conspiraciones monumentales o luchar contra el diablo y las personas que viven en los espejos. Ella dice que crecí "sintiéndome perseguida". No sé qué habrá querido decir con todo, pero entre mi infancia jodida y esta incapacidad para enfrentarme a las personas como la gente normal hay una sola cosa importante: Soy una farmacia andante.
¿Quién creen que tiene rivotril? ¡YO!
¡Es como navidad! 
Salí repleta de cajas de risperdal y con el bonito regalo de una receta médica, completamente en regla para comprar rivotril y partir al maravilloso mundo de los sueños cuando se me hinche la gana. Parece que igual que no es normal buscar datos personales de un semi-desconocido en internet usando las placas de su coche tampoco es normal dormir menos de cinco horas o despertar varias veces en plena noche convencidos de que Dolores, la perra, se está comunicando a través de sueños. ¿Lo pueden creer? Es que de veras me desperté convencida de que Dios se comunica a través de los sueños y que debía averiguar cómo está Dolores. Tal vez era la misma Dolores comunicándose. Claro, eso no tiene sentido ahorita, a la mitad de la tarde pero hace un par de días a las 2:48 de la mañana tenía todo el sentido del mundo.

Tal vez debería estar preocupándome por soltar con tanta honestidad lo mucho que me desagrada el señor coordinador. Es una de esas cosas cuando se habla mucho con alguien, de repente se me olvida la prudencia y hablo de más pero no puedo evitarlo. Fui a ver a Mrs. Boss para regresarle los boletines que usé para el trabajo que me encargó y que hoy me pagó felizmente(¡tengodinerostengodineros!) y cuando le contaba que el señor me cambió sinodales, me quitó uno, me regañó por un malentendido y me interrogó sobre las carreras de todos los sindales propuestos, de alguna forma todo terminó en lo mucho que me desagrada ese monstruo. Ya ni modo. 
Una enorme ventaja de la vida como está ahorita es que nada importa. El día se va a acabar en algún punto y dormiré. ¡Dormiré y será maravilloso! Ya mañana todo será diferente y la próxima semana no importará nada.
Una actividad a la vez, de lo demás nos preocupamos luego.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Colores

¿Qué creen? ¡Estoy mejorando! Tanto que ya me cambiaron el medicamento y si en una semana todo sigue bien, ya sólo veré a la Dra. Pills cada quince días y después cada mes, hasta que sea una persona tan funcional que la veré una vez al año. ¿Sienten eso? Es el sabor glorioso de la normalidad. Estoy muy cerca de que se me declare gente confiable, ya saben, ese tipo de persona a la que cualquier pareja dejaría cuidando a sus hijos una noche sin temor a que salga corriendo con todo y escuincles como parte de un delirio o crisis paranóica. Ahora me dieron "Risperdal". A ver, busquemos algo sobre nuestro nuevo amigo:

RISPERDAL® está indicado en el tratamiento de pacientes con esquizofrenia, incluyendo primer episodio de psicosis, exacerbaciones esquizofrénicas agudas, esquizofrenia crónica, trastornos bipolares y otras condiciones psicóticas que cursen con signos positivos tales como: alucinaciones, delirios, ilusiones, alteraciones del pensamiento, hostilidad y/o síntomas negativos, como por ejemplo: aplanamiento afectivo, abandono emocional y social, disminución de la expresión, pobreza en el lenguaje.
Hey! ¡Yo no presento disminución de la expresión ni pobreza en el lenguaje! ¡Todo lo demás sí, pero pobreza en el lenguaje, jamas! Nada más no le pregunten a la gente con la que estudié letras, quién sabe qué les digan. Les aviso que los hispanistas ofrendan su corazón  a alguna deidad obscura poseedora del secreto de las reglas gramaticales tan pronto entran en la carrera y en esas circunstancias no son de fiar.
Pero regresemos a los efectos secundarios que es lo que me interesa.

RISPERDAL® es generalmente bien tolerado y en muchos casos ha sido difícil diferenciar los efectos adversos de los síntomas propios del padecimiento. Los efectos secundarios observados en asociación al uso de RISPER­DAL®, se enlistan a continuación:
Comunes: insomnio, agitación, ansiedad, cefalea.
La sedación ha sido más frecuentemente en niños y adolescentes que en adultos.
Menos comunes: somnolencia, fatiga, mareos, problemas de concentración, constipación, dispepsia, náusea/vómito, dolor abdominal, visión borrosa, priapismo, disfunción en la erección, disfunción en la eyaculación, disfunción orgásmica, incontinencia urinaria, rinitis, rash cutáneo y otras reacciones alérgicas
Oh bueno, en estos momentos me alegra no haber nacido hombre. Lo que no entiendo es si tengo un transtorno de ansiedad (me encanta que le digan TOC, suena comiquísimo), ¿de qué me servirá una madre que me cause ansiedad e insomnio? Esos son mis problemas. Bueno, también están las obsesiones pero esas ya se fueron, gracias a Dios. De cualquier modo me tomaré mis pastillas. De acuerdo con la Dra. Pills me he portado muy bien, ya saben, tratando de salir del último derrumbe. He ido a nadar, he tomado mis medicamentos, he procurado salir a la calle y hablar con amistades. Vaya, el viernes hasta regresé a nuestra hostería consentida con Jane. Originalmente también iba a acompañarnos Kitty pero nos plantó y al final quedamos Jane y yo, como siempre. Es chistoso como al final nada más quedamos nosotras y cuando ella se case, ya sólo quedaré yo. Solita. Claro, ya después de dos cervezas no pude evitar que se saliera el odio que he comenzado a sentir por Mr. Bingley II.¿Pueden creen que la estuvo llamando desde que llegamos? Yo nada más oía que Jane le decía "¿qué te pasa, estás bien, por qué estás triste? ¿quieres que vaya por ti?" y luego llegó la avalancha de mensajes chantajistas. Dos cervezas después, Jane confesó que él no paga todo y que si se casaran ya no podríamos salir porque seguramente la querría de regreso a las nueve.
Este mundo es cruel. ¿Ven por qué necesito medicamentos? ¿De qué otra forma se puede vivir en un mundo donde Jane termina trabajando 12 horas al día para regresar a atender a sus suegra, cuñada y platicar eternamente de la gente del trabajo con un patán que se la vive hablando de su ex-novia? De veras no lo sé. Ni modo, ya será cosa de Dios.
 

domingo, 19 de febrero de 2012

Los mares de la tranquilidad

Después de cuatro días medicada tengo que aceptar, con todo el dolor de mi corazón, que el zyprexa se llevó la angustia, la paranoia, la ansiedad y la desesperación descontrolada. Por más que busco entre mis detonadores no pasa nada, esa certeza de que la gente está hablando mal de mí y conspirando para dañarme no aparece por ningún lado. Pienso en mis obsesiones y no puedo creer que me consumieran al grado de quitarme el sueño, el hambre y la capacidad para disfrutar las cosas más sencillas que llenan los días. ¿Qué diablos? ¿Qué estaba mal conmigo, por qué ahora no tengo ningún dolor apretujado entre el estómago y el pecho?¡Carajo! Digo, se siente padrísimo andar tan groovy pero tener que darle la razón a la Dra. Pills me duele en el alma. Lo malo es que sé que me duele pero no siento que me duela, es como estar anestesiado, "ah, si, acaban de abrirme el paladar o me están cincelando la nariz y aunque lloro realmente no estoy sintiendo". No siento. ¿Dónde están los sentimientos de vergüenza, la certeza de que mi vida se acabó, la culpa por haber hecho todo mal en mi vida y ser completamente responsable de este fin tan desolador? ¡Nada! Sólo ando por la vida, como autómata, me cuesta trabajo hilar conversaciones y las ideas no se me arremolinan en la cabeza, ni para bien ni para mal, pero no es malo. Esta ausencia de malestar me tiene muy confundida. ¡Carajo! Si tan sólo hubiera otro medicamento con los mismos buenos resultados pero sin los efectos secundarios sería de lo más feliz. Bueno, ya sé, vamos a hacer esto. Lo tomo hasta el miércoles que vea a la doctora Pills y rezo por que me de otra cosa igual de buena que no vaya a convertirme en una de esas personas que engordan hasta el grado de vivir atrapadas en sus camas y bañarse con esponjas. 
¡Maldición, por qué tenía que ser efectivo! ¡No es justo!
Creo que me molesta saber que todos mis malestares y desgracias son causados por un mero asunto técnico en mi cabeza, me molesta no estar provocándomelos yo. ¿Tiene sentido? Es que me cae muy mal saber que la señora doctora tiene razón cuando dice que tengo un desequilibrio. Me molesta tener que darle la razón después de un mes de estar negándome a tomarlo. Me gustaba pensar que era cosa de fuerza de voluntad y crecimiento, ya saben, ser razonable y sana, no dejarme llevar por los malos pensamientos, madurar, ser valiente, comer bien y hacer ejercicio. "Yo solita saldré." Si sólo era un defecto de carácter podía corregirlo yo sola, en cambio, si es mi cerebro el bienestar depende de las medicinas y me cae muy gorda la noticia. No me gusta. No me gusta estar loca. Una cosa es ser "original" y otra cosa es estar enfermo. Ser una de esas personas excentricas que se alejan de la norma por haber tenido una infancia extraña y vivir el mundo desde perspectivas rebuscadas está bien... ser un enfermo que se forma en camisón y pantuflas para recibir las medicinas que se esconde debajo de la lengua para llevarle la contraria a los doctores, escapar y terminar como víctima de un capítulo de La Ley y el Orden no está divertido, es triste. Lo primero se presume, mientras que lo segundo causa vergüenza y mejor se esconde.
La verdad es que estaba esperando sentirme igual de mal con esta madre que con el antidepresivo carísimo ese que no sirvió de un carajo. De verdad esperaba que fallara para poder decirle "¿ya vio? lo intenté y nada", pero carajo, sí sirve y ahorita ando flotando en el país de la tranquilidad como si no hubiera nada que me preocupara o afligiera en el mundo.
¡Me carga el payaso y me lleva el tren... no, me lleva la tranquilidad!

miércoles, 1 de febrero de 2012

Un acumulador más

La cosa está así: Si no me medican pronto con algo parecido al zyprexa o al abilify parece que en algún momento "voy a tronar". Por otro lado la doctora ya no nos dio tan duro como esperábamos, de hecho fue amable y comprensiva, con todo y que hubo un pequeño malentendido sobre la hora de la cita. Ella me la dio a las cuatro, se los juro. Por eso en cuanto entré y me dijo "llegaste una hora tarde" no lo podía creer. ¿Una hora tarde? No puedo ser, yo nunca hago eso, de hecho recuerdo perfectamente que me dijo a las cuatro y que pensé "caray, voy a salir bien tarde", ya ven que prefiero no estar fuera de mi casa después de las seis de la tarde. No sé si me creyó o si revisó su agenda porque al final dijo que sí había agendado dos citas a la misma hora pero la otra persona llegó media hora tarde entonces al final no hubo gran problema. Ya decía yo, aunque cuando esperaba en el jardín estaba a punto de salir corriendo. De veras lo pensé pero estaba cerrado con llave porque ahora fue en su casa, no en el hospital. El pronóstico es el mismo: Tendré que medicarme de por vida y se siente horrible. Nunca voy a ser normal. 
Lo bueno es que la doctora tiene una interpretación muy amigable sobre el porqué no salgo de mi casa a independizarme y ser un adulto. Ella dice que no es que sea una floja y una comodina que quiere que la mantengan, es que mi función siempre ha sido cuidar a mi mamá y mantener a mis padres juntos, entonces si creciera y saliera a ser un adulto echaría a perder mi papel. ¿Vieron eso? Yo todavía no me lo creo, sospecho que nada más soy chafa, pero no me opongo a explorar el extraño origen de mi parálisis emocional. Lo malo es que parece que no dejaré de asignarme culpas y vivir en la autorecriminación sin medicamentos. Me da pena estar loca, sigo pensando que tal vez con actividades y fuerza de voluntad podré mantener las obsesiones a raya pero tampoco quiero ser como uno de esos esquizofrénicos que se niegan al tratamiento y terminan viviendo en departamentos forrados con papel de estaño para impedir que los extraterrestres los espíen. No hay nada que quisiera más que ser normal y poder disfrutar la vida como toda la gente. Creo que hasta me he alejado de Jane porque me da pena estar loca. Por otro lado, no puede ser tan malo ni extraño estar enfermo. Nada más estoy enferma, como un diabético cualquiera. Mi cabeza trae un desequilibro muy grave y hay que controlarlo, eso es todo. 
Chale...
La señora va a buscar algún antipsicótico que no me convierta en el Pingüino de Batman y mientras debo doblar la dosis del antidepresivo. Parece que esto ya es "depresión resistente". ¿Qué no todo el mundo se cansa de vivir y tiene ataques de pánico frente al futuro negro, vacío y sin esperanzas? ¡Parece que no, imagínense! Y eso que no le conté qué tan graves habían estado las obsesiones y la melancolía. Intenté verme compuesta y no parecer tan grave. Hasta me vestí como adulto, es decir, usé zapatos y saco a cuadros sin ningún muñequito a la vista. Sonreí, conté las cosas ligeramente y evité tirarme al drama.
No sé qué pasará pero hoy me conformaré con abrazar a Rito. Se detuvo la construcción de la casa nueva, sigo sin buscar trabajo ni hablar con gente y cada vez me parezco más a los acumuladores que coleccionan basura hasta terminar en un programa de televisión sufriendo ataques de pánico cuando alguien intenta tirar sus envolturas y periódicos viejos, pero todo está bien. Abrazo a Rito y todo está bien. Mañana iré a nadar. En algún punto, algo pasara, ya sea conmigo o con el mundo, pero quiero pensar que el limbo no es para siempre.
Nada es para siempre. Quién sabe, en una de esas escribe Mrs. Boss y tengo que ponerme a perseguir sinodales.
Mientras, disfrutaré lo que queda del día... viendo capítulos nuevos de Gossip Girl! Oh Dios, Blair se casó con el príncipe aunque todavía ama a Chuck y al final de la fiesta descubre que su nuevo marido es un malvado y huye con Dan! Tengo que ver eso.

domingo, 29 de enero de 2012

Dreaming is free

Soñé con la doctora Maldad... fue horrendo.

domingo, 15 de enero de 2012

Dancing

Tengo que pelear con estas obsesiones. La otra posibilidad es la obesidad y esa no es una opción. Bien, vamos extableciendo algunas cosas, nada más para controlarnos:
1.- Todo está bien, no hay ninguna amenaza inminente acechándome.
2.- No hay nada que me impida ser feliz.
3.-No tengo nada que temer.
4.-Mis acciones no son tan malas como las veo.
5.- No voy a ser víctima de un crímen violento.

Estamos empujando las obsesiones, se van a ir. Si respiro y me distraigo se van a ir. ¿Saben qué descubrí? Hablar con alguien las suprime. Por suerte encontré a Mrs. Palmer y me despejó mucho ponerme a hablar con ella. Ayer pensaba que la extraño. Creo que tengo ganas de ver gente.

lunes, 2 de enero de 2012

Fin de año

Vamos a resumir: Tuve una navidad asquerosa y el año nuevo en compañía de la familia de mi madre en Querétaro no fue mejor. Digo, no hubo llanto ni gritos, pero pasé mucho tiempo de calidad con Paula la nazi, lo que me hace pensar que es todavía más triste todo lo que pasó la semana pasada, antes de que terminara el año. Veo a Paula la nazi, haciendo berrinche y pasando un enorme coraje porque hizo trampa en el intercambio para que a mi hermana le tocara darle un regalo y poder aprovecharse de su generosidad (claro que nosotras boicoteamos sus esperanzas porque mi hermana si es muy dadivosa... pero no con todo el mundo, nomás con quien se lo merece) y vuelvo a preguntarme cómo chingados se supone que funciona esta vida tan mierda. La única que mandó un mensaje de feliz año fue nuestra querida Miss Kitty y tenía mucha razón en sus observaciones; especialmente en esa que dice "despidamos un año de mierda y vamos a recibir otro año de mierda". Por favor, no se dejen llevar por el desaliento, todo tiene una explicación:

[Post no publicado en su momento, disculpen el retraso]
Este año acabó, casi, y  hubo dos muertes inesperadas. No sé, en realidad, si eran esperadas o no. En las enfermedades siempre se sabe que en algún punto va a pasar, pero un muchacho de 17 años y una mujer de 65 con familia y amigos por quienes vivir se me hace injuto y triste, espantosamente triste. Nunca había visto a Jane tan triste, la conozco desde hace más de diez años y sólo la había visto llorar unas tres veces. No lloró, pero se le notaba que había estado llorando. Fue su sobrino, tenía distrofia y se fue el lunes en la noche. No me esperaba una noticia tan triste. Es que fue tan triste, tan triste. Por Jane, su hermana, su mamá y sus otros sobrinitos. De acuerdo con la señora psiquiatra se llama "tristeza externa", la tristeza que viene de otro lugar, no de adentro, como dijo cuando le conté que los ataques de llanto habían desaparecido con excepción de la noticia de Alan. Se llamaba Alan. Me imaginé que Jane debía tener el corazón roto y le mandé mensajes, ya sabe usted, torpes, como es una, para que supiera (en caso de que sirviera de algo) que la quiero mucho y también para saber si necesitaba algo, le pregunté si quería que llevara flores o las mandara o si necesitaba algo (parece que no tengo más palabras), entonces dijo "si quieres ven". No sabía cómo funciona el proceso cristiano, pero al final confié en mi hermana y sus instrucciones y conseguimos flores. Cuando la vi me asombró (si todavía es posible) lo fuerte que puede ser Jane, que sobre la hinchazón de los ojos y la tristeza se puso una playera amarilla y rubor.  El dolor estaba mezclado con la certeza de que él no tuvo que luchar por salvarse y llegó directamente a manos de Dios. Para él ya no hay dolor.
Y sin embargo queda la pregunta: ¿por qué él? ¿por qué un niño de 17 años que a pesar de estar enfermo siempre tuvo mejor humor y carácter para mejorar la vida de su familia? ¿por qué no le dan enfermedades destructivas a la gente lacra que no merece vivir? A ver ¿por qué no se muere el tipo que nos asustó en el bosque a Jane y a mí, o los torturadores de perros de Nayarit? No, el sobrino de 17 años de Jane y la mamá de la Sra. Weston.
¿Recuerdan que les contaba que Mrs. Weston quería que fueramos por café y que yo creí que iba a presumirme algo? No, su mamá se fue hace dos meses de cancer de higado.
¿La mamá de la Sra. Weston? "No puede ser, yo la acabo de ver".  No sé si les conté que hace un tiempo me los encontré afuera de la iglesia, y ayer que llegué a casa de la Sra. Weston por el café vi a su papá muy flaco pero como según yo los acababa de ver jamás me lo imaginé. Todavía aplaudí cuando iba en el coche con la Sra. Weston y me dijo "tengo novedades", yo crei que se iba a casar o algo así. No, su mamá falleció. Todavía se ve irreal. A la Sra. Weston se le quebró la voz y se le salieron algunas lágrimas. A ella nunca la había visto llorar.
¿Cómo y cuándo pasó? En los escenarios de siempre. No en los hospitales, esos son los pequeños lugares donde acaba la historia. Pasó en realidad en la cocina donde se consumieron grandes partes de adolescencia y la casa en la que todavía cuelga el pequeño oleo, copia de la portada de un disco de Matchbox 20, que hizo Jane hace unos ocho años, o tal vez más. Todo sucedió mientras yo me entretenía en mi locura egoista de siempre. La Sra. Weston dice que en el sepelio, lo que descubrió fue que todas las salas estaban llenas y que toda la gente, estaba viviendo historias y sucesos en sí mismos, que uno ni se imagina.

La Sra. Weston tiene razón.

[Fin del post no terminado y no publicado en su momento]

Cuando terminé de escribir eso no lo pude publicar, vaya, creo que ni siquiera terminé de pensar nada, no sé por qué, falté gachamente a mi compromiso de contarles todo y no sé cómo fue que los días se siguieron pasando en automático. Jane está muy triste, todavía el viernes en un conjunto de mensajes me contó que el hermanito de Alan dijo en el entierro que antes de morir estaba emocionado porque iba a recibir muchos regalos y que Dios le dio el mejor regalo de todos, llevárselo con él.
...

viernes, 23 de diciembre de 2011

Los sentimientos más recónditos en mi tierno corazón

¿Saben qué es chistoso? Es como si no pudiera ni quisiera pensar. Es raro, muy raro andar por la vida pensando única y exclusivamente en una cosa inmediata. Al manejar rumbo a algún lugar lo que hay en la cabeza es "qué tráfico" o "que no se me pase la salida". Ningún recuerdo que no viene al caso ni el repaso de la historia de mi vida por secciones. Nada. Es como si todo lo pasado en verdad quedara atrás. Imagínense, pienso en episodios que me avergonzaban, como, no sé, aquella vez en que "alguien" mezcló demasiadas bebidas, salió corriendo y terminó vomitando el alma escondida detrás de un coche en alguno de los circuitos de Satélite o el baño de un Instituto de Investigaciones de lo más serias, y nada más pienso "ah caray, la juventud" en lugar de "soy una alcohólica asquerosa que no merece vivir". No, el recuerdo es efímero y lejano, no se siente como si hubiera pasado hace ratito y existieran 200 000 personas observando. El pensamientos se queda ahí unos segundos y después regresa a su cajón. No se va a ningún otro lado de paseo y no adquiere tintes ni  significados "fatalistas" como dijo la señora doctora de la otra vez. Igual que en alguna rara ocasión me acuerdo de repente del susto del bosque, pero en lugar de que me ataquen una serie de miedos, paranoias y preguntas ociosas, lo dejo ir rápido. Claro, se me ocurre un "ay, qué feo" pero nada pasó y ahora el susto se ve muy lejos, entonces lo descartó rápido y sigo mi camino, como los sustos automovilísticos, esos cuando vas en el coche y un cabrón borracho se te cierra y casi te cae encima pero con ayuda de buenos reflejos,  logras cambiar de carril correctamente para evitar una desgracia. ¿Ya saben? Ese exabrupto del corazón cuando en un chingadazo ves aparecer el coche, bajas la velocidad un poco, ves el espejo y das el volantazo.  El pendejo sigue corriendo como si llevara mustang y uno se queda murmurando por lo bajo "puto" o si se trata de Jane, gritándole  "pendejo" sólo para seguir felizmente el camino. Nadie se sienta a llorar porque "casi se estrella y me pudieron haber destrozado la defensa y entonces el coche se habría volteado y me habría quedado atorada con el cinturón de seguridad y cuando lo jalara me habría quedado paralítica y por eso estoy segura de que estoy condenada a chocar". ¿Quién en sus cabales piensa eso? Nadie. Sólo yo, porque estoy loca.
Fiu...
Regresas a tu casa, el coche está intacto y todo lo demás se queda atrás. ¿La tesis? Ya está, ya tengo sinodales y en lugar de que me acosen todo los pensamientos que solía tener (me van a suspender, nunca me repondré de la humillación, no voy a poder hablar, mejor lo cancelo) de repente no siento ninguna angustia, dolor de estómago, nervios, inquietud ni ataques de llanto al azar.De repente hasta se me hace una pendejada. Digo, la tesis la hice yo, debo acordarme.
Los anoté todos y me puse a hacer las preguntas que me quedaban por hacer. En el asunto de los sinodales pasó una cosa divertida. Cuando hacíamos la lista, Mrs. Boss de repente vio dos nombres y dijo "no, estos no los podemos poner juntos", porque resulta que fueron "amantes".  Pero no sólo eso, los dos estaban casados con otras personas cuando tuvieron su movida y cuando el esposo de la señora los cachó agarró al otro a golpes y al final fue un pleitazo de todos contra todos.
 ¿Creerán que me sentí decepcionada? Sí, me decepcioné, pero no de la historia sórdida de lo que ocurre entre académicos respetables, sino por no poderlos invitar. Soy capaz de boicotear mi examen profesional en aras de mi amor por el chisme. ¡Soy capaz!
Pero no.
No sé si en algún tiempo me arrepentiré, pero hasta el tercer día de medicación creo que no tengo mayores quejas que el dolor de cabeza. A ver cómo nos tratará la mañana.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Camino a Puebla

¡Es que ya acabé! Está bien, el capítulo siete, que es la parte en la que precisamente se supone que voy al punto está algo flojo y muy cortito, pero ya no sé qué más ponerle o explicarle.
Chale. ¿Les dije que toda mi etapa universitaria salió mal? Mal, mal, mal. Tanta ilusiones que se tienen a los 18 años sobre la universidad y ya ve usted, desde el momento en el que pisé la Facultad no paré de fallar una y otra y otra vez. Desde que entré y hasta que salí. Me asombra.
Mañana es la última revisión y el martes le escribo a Mrs. Boss pa' que sea lo que Dios quiera.

martes, 8 de noviembre de 2011

Regresiones

Supongo que debí hacer algo útil, pero como he decidido dedicarme en serio a entregarle la tesis lista  Mrs. Boss como primer acto oficial de mis 27 años, decidí quedarme. Lo que resultó fue una escena de esas que me regresó a mi más tierna infancia.
Ahhh, mis padres, tan encantadores ellos. Al final, es un círculo vicioso. La casa aquella absorbe grandes cantidades de dinero, entonces se necesita más dinero, esa barda no se va a construir gratis, lo que lleva a la necesidad de cuidar el puesto a fuerza de grandes periodos de ausencia, desapariciones y estrés. Lo que lleva a sospechas y sentimiento heridos que se van acumulando hasta que los métodos pasivo-agresivos para dejar claro que se han cometido ofensas, terminan en una confrontación durante el desayuno. 
Oh Dios, a esta edad todavía me da el retortijón de estómago cada vez que mis señores padres se pelean. Dios mío, tengo la madurez emocional de una niña de diez años. El miedo... y ya que llega el asunto a la petición de "honestidad", y el asunto de quién ya no quiere a quién y si "te quieres ir dímelo", entra la señal de alerta roja en la que hay que intervenir para mantener el orden y la paz.  Si no se aligera el momento de una u otra forma, todo escalará y pasaré el resto de la semana con el hombro de la pijama empapado con lágrimas y mocos maternos después de hacer grandes esfuerzos para calmar a una y convencer al otro de que sea compresivo con la primera.
En este último acceso de locura personal en el que me llevaron al médico, resultó que el señor había atendido a mi papá en alguna (ya ni sé cual) de todas sus interrupciones matrimoniales y cuando tratábamos el asunto de "mi depresión" preguntó "¿tus papás están separados, no?" y yo me quedé como "ah, pero ya no, eso hacen pero siempre regresan" como si fuera muy gracioso, pero puso cara de preocupación y sugirió que tengo asuntos sin resolver. "Asuntos sin resolver". Los tengo, claro que sí, porque de pronto me sentí de diez años otra vez, sentada en el mismo lugar de la escalera donde me ponía a escuchar lo que pasaba abajo y me enteraba si nuestra vida estaba a punto de terminar o no. Bueno, vamos a ver si esta terapia pública ayuda, aquí vamos:

El punto es que la mayor parte de mi infancia -no, mi vida- se ha tratado de mantener a mis padres juntos, como una de esas películas de Disney. ¿Yo por qué? No sé, creo que tiene que ver con que soy la preferida de los dos y no soy agresiva como mi hermana. Cuando ella se mete todo termina peor de cómo empezó. Por otro lado, supongo que desde el principio las madres tienen la mala costumbre de afrontar los conflictos de pareja jalando a los niños de su lado, como pequeños trabajadores del partido. No creo que lo hagan a propósito, sólo lo sienten así porque al final los hijos salimos directito y sin escalas de su propia carne, como tejido extra, mientras que los padres son físicamente lejanos, creo.
Lo malo es que hay madres más intensas que otras y mi mamá tiene esa noción de la vida como un “todo o nada”, que por cierto yo heredé. Y ese “todo” incluía esposa, casa e hijos. Con el paso del tiempo ya se hizo a la idea de que eran cosas diferentes y que el problema del matrimonio no tenía nada que ver con nosotros y algunos meses después de la primera ruptura pude establecer una rutina en la que veía a mi papá todos los fines de semana pero el principio no fue tan sencillo. Sí, por lo general a los niños les dicen "tu papá y yo nos vamos a separar pero eso no significa que no los queramos", a mí me dijeron "tu padre nos abandonó a todas", y de ahí quemamos su título profesional y le hice vestidos a mis Barbies con sus corbatas. (Es un milagro que no haya desarrollado daddy issues como las strippers que andan buscando la figura paterna en hombres casados de mediana edad.)
 Veinte años después puedo ver que si un padre te mantiene, te busca, te llama y te manda regalos y cartas, técnicamente no hubo “abandono”. El "abandono" es cuando los padres se van y desaparecen, pero cuando eres chiquita no lo puedes diferenciar y por eso es más confuso todo el proceso. ¿Saben cuál es uno de los momentos más tristes que recuerdo? Ver a mi papá tocando el timbre en la reja y no poder salir. No porque me lo impidieran físicamente, era una cosa moral del tipo "no puedo hacerle esto a mi madre". Supongo que eso no fue saludable. ¿Ven por qué odio todo esto del "frente femenino"? Yo sólo quería ver a mi papá, pero no podía porque lastimaría a mi mamá... ¿qué clase de persona deja a su mamá llorando para irse a la feria con el papá consentidor? Un engendro ingrato, como yo, que al final le hablé a mi papá a escondidas para que fuera a buscarme.  Claro, no se imagina usted la culpa. Estaba convencida de que Dios me castigaba por hacer sufrir a mi madre al ver a mi papá, eso pensé cuando se me murió el hamster que él me regaló esa vez que me llevó a patinar o cuando  me enfermé del estómago horriblemente la única vez que intenté quedarme con él el fin de semana en el departamento pinche que rentó por la colonia Roma pero que no tenía tele ni cocina. ¡Dios me castigaba!
Ahora que lo recuerdo, no había nada que me aterrara más que los accesos en los que me mi mamá me abrazaba fuerte -fuerte al extremo de la asfixia como en las caricaturas- y decía que teníamos que vender la casa e irnos para alejarnos de la multitud de gente que quería vernos sufrir. ¡Qué puto miedo! Claro, ahora veo que sólo eran comentarios al aire, pero cuando se es joven uno tiende a creerle a los padres y me mataba de miedo el tener que mudarme, dejar mi casa, la escuela... que digo, las monjas no eran lo máximo pero era todo lo que conocía.
Ya después se reconciliaron, viajamos  y fuimos felices otras vez, hasta que empezó el círculo de estrés de nuevo.  En la siguiente crisis, cuando tenía como 14 años o algo así,  yo fui la culpable directa de esa segunda ruptura. Cuando iba a ver a la Sra. Doc intentábamos resolver que no fue mi culpa y que yo no tenía nada que ver, pero está cabrón convencerse de otra cosa.
Les cuento lo de mi culpa;  ¿Ya ven que soy una bocona no? Y que me da por decir las cosas más imprudentes en voz alta, bueno, pues como veía sufrir tanto a mi madre que decía diario y a todas horas que mi papá ya se quería ir y que lo mejor era que lo hiciera pronto, se me ocurrió decirle a mi papá que no prolongara el sufrimiento de todos si de veras quería la separación. Y lo hizo. Hablando de momentos traumáticos, lo ayudé a empacar. ¡Es que lo ayudé a empacar! Supongo que fue estúpido el creer que era lo más saludable. A estas alturas de la vida ya entendí que la gente no quiere decir realmente las cosas que dice. Cuando alguien dice “qué se vaya de una vez” no significa que quiera que se vaya de verdad, pero según estaba leyendo para no sé qué clase extraña que tomé alguna vez los adolescentes todavía no tienen bien desarrolladas las funciones no sé de qué madres y por eso son bastante tontos para muchas cosas. Lo aprendí a la mala, en especial cuando entendí que había destruido a mi familia como la víbora desgraciada que soy. Mi papá dice que efectivamente fue lo más saludable y que fue bueno y la vida y la chingada, pero yo me sigo sintiendo culpable.
Bien, ya confesé. Se supone que a partir de aquí viene la sanación y todas esas mamadas que dicen en la tele. Gracias a Dios no se divorciaron y se reconciliaron otra vez o me hubiera muerto de la culpa.  Las peleas no son buenas, claro, pero la separaciones son peores, es como si acabara el mundo.
Yo creo que por eso se puso tan rara la cosa cuando Jane terminó con el primer Mr. Bingley y parecía que era el único evento importante en todo el infinito universo. Me aterra que la vida se detenga de pronto sólo porque él (sea quién sea) se vaya. ¿Me estaré intentando probar a mí misma que es posible ser feliz y funcional estando sola? ¿le estoy probando algo a mi madre en un nivel muy subconsciente?
¿Vendrá de ahí toda esta extrañeza ante los eventos que desencadenó la ruptura de Jane y Mr. Bingley I? "Ok, se fue con la insípida de la iglesia, vamos a superarlo" aunque ahora sé que eso no es posible, una vez que dejas que un hombre entre en tu vida, es pa' siempre y es irreversible. Ya ven, Jane no estuvo mucho tiempo sola antes de Mr. Bingley II. Es como si se comenzara un ciclo que ya no se detiene nunca en el que la felicidad queda ligada permanentemente a la presencia de otro personaje. ¿Ven por qué no puedo permitirlo? Conociéndome lo llevaría todo al extremo y en cuanto se fuera me cae de madres que me tiraría de un puente. No podemos permitirlo. [Fin de la autojustificación]
 Sin contar con los discursos del tipo "duro y contra ellos" que he escuchado toda mi vida de boca de mi madre y tías, una cosa muy del tipo "los hombres son monstruos desgraciados que quieren destruirte y luego largarse con otra vieja", todo musicalizado con el soundtrack de Mentiras, la película ochentera de Lupita D'Alessio y Juan Ferrara. [Fin de la distribución de culpas]
 Caray, es otro milagro que no haya crecido lesbiana, aunque mucha gente lo crea. En la versión que se maneja sólo he tenido un novio de tres días hace como siete años, andaba pa’ todos lados con la misma amiga todo el tiempo y por lo general hablo muy mal de todo el asunto “romántico” de la vida cuando digo que los hombres siempre “aman” a la más buena y las mujeres siempre “aman” al que tenga más prestigio social. No los culpo. Dice mi hermana que es el discurso de la lesbiana, aunque yo lo saqué de Jane Austen. Ah, también compré combat boots, supongo que eso no puede ayudar pero ya ni modo, me gustan mucho.
Oh bueno, supongo que tendré que acostumbrarme y dejar que se especule lo que la gente quiera. Sólo Richard, el de Raising the Bar, y yo sabremos lo que hay en mi corazón.  
¡Es que es alto y le dio todo su dinero a los pobres! ¡A los pobres!

Ahora debo buscar el mejor precio en mármol avejentado. Necesito diez metros.