martes, 31 de agosto de 2010

Caja con frasco gotero

¿Quién diablos pagaría por ver reunida a la Onda Vaselina? O al menos eso me preguntaba en algún momento de ocio porque fue una estúpida idea salir a pasear ayer y hoy de plano pensé que tendría que quedarme en la cama a descansar mis ojitos y compensarlo... pero entonces vi que mis ex-compañeritas de primaria estaban muy emocionada por el asunto y me dije: "Oh, claro, ellas son el tipo de persona que harían eso", con razón nunca nos entendimos bien. Ellas también son el tipo de personas que le dicen a sus amigas "te quiero mil, nena", juran y perjuran que aman su trabajo a morir y que no pueden evitar ser tan workaholic, pero ponen pequeños pedacitos de canciones nacas para ventilar sus problemas amorosos todo el tiempo o se dedican a describir sus movimientos a cada momento del día en lugar de estar de veras trabajando. Ya sin contar que les gusta describir que tan borrachas están, siendo solteras liberadas de Sex and the city cada viernes y/o sábado cuando salen de fiesta y sienten la necesidad de contárselo al mundo porque son taaaaaaan salvajes.

Y mientras las veo, no puedo dejar de pensar lo que dijo Carla gran pelo de una de ellas: "¿no se te hace que cada vez se parece más al pingüino de Batman?" Dios mio, tenía tanta razón. 

Y a manera de conclusión, podemos aumentarle un puntito a mi cuenta para el infierno.

Centro de adopción

Pero qué fea es la vida, y en general, todo. Y supongo que al final de todo el proceso es cuestión de ver desde afuera  la colección de pequeños factores que se atraviesan para llegar a una definición. Recuerdo que en eso insistían en la escuela, en no exagerar con la especulación, aunque siempre fuera irresistible aventurar una o dos suposiciones.

Lo que hay es una sensación muy extraña de aceptación y desprendimiento, pensando que lo que solía ser todo el mundo ya no existe, como si hubieran tirado la casa de tu niñez, o la de tu abuela. Claro, si yo tuviera recuerdos de infancia relacionados con mis abuelas, pero a una no la conocí hasta que estaba en secundaria y empecé a ir a escondidas a su casa, y de la otra lo qué más tengo es esta fea sensación de angustia antes de ir a verla, sabiendo que tengo que estar preparada y preguntándome qué será en lo que me encuentra en falta esta vez. Supongo que eso me faltó, gente. Me hubiera gustado tener primos de mi edad, o alguna tía que yo supiera que podía ser algo mío, pero no pasó, y la única vez que me permití alimentar esa fatua ilusión salí bailando, y huyendo de su casa a la mitad de la noche rescatada por mi papá. En esta familia siempre se ha insistido en la necesidad de vivir en la reserva, somos nosotros cuatro, y afuera no hay nadie más. Las respectivas familias son extraños hostiles y mis padres realmente no tienen amigos. La Thatcher jamás ha tenido un novio que en verdad lo sea. Últimamente recuerdo a Estela, la amiga de mi mamá, y ahora me pregunto si habré ido a su funeral, porque uno de mis recuerdos confusos se relaciona con ella, inmóvil, de pie, aunque ahora que lo considero podría haber estado acostada. ¿O habré ido a ver al hospital? Pobre Estela, se merecía haber tenido una vida mejor, igual que se me merecía más tiempo, una oportunidad para que le cambiara la suerte, pero tampoco pasó. Se murió joven, muy joven, probablemente antes de los treinta años, todavía  decepcionada por un cabrón, y todavía con la presión de que su mamá estaba enferma y no había quién pudiera mantenerla. Y su cirugía pudo haber salido bien, pero tampoco pasó. Y me pregunto quienes son las señoras que hablan diario, y a las que siempre le tomo recados que darle a mi madre en cuanto llegue. Son una ocupación. No puedo culpar a mi mamá por vivir tan pendiente de mí, creo que en verdad soy su única compañía, y creo que ella llegará a ser lo mismo para mí. Es cuestión de tiempo, no de que pierda la esperanza, que ya la perdí, sino de esperar a que me acostumbre. Por el momento ya no me duele tratar de reconciliarme con lo que siempre supe que pasaría conmigo, al consumirse el tiempo de gracia y  una vez jugados los años de tolerancia que podía tener. Los dolores ya no están, sólo queda esta fea sensación de abrir los ojos, por fin, y ya sin la necesidad de lentes, enterarse de cómo está la realidad. Ya que la vi, puedo aceptarla como sea, y tratar de sacar pequeños momentos que justifiquen el día.

Recuerdo que cada vez que la Thatcher y yo nos enfrascábamos en nuestros viciosos pleitos mi mamá insistía en que teníamos que encontrar la forma de resolver todo porque al final sólo nos tenemos la una a la otra, de por vida. Aterrador, cierto, pero supongo que hay resignarse, como cada vez que se le tiene que dar la razón a los demás. No hay nada más. Que no es que me queje del desierto, como que siempre supe que era mi elemento natural, siempre quise vivir en Egipto.

Es feo, creo que ya lo mencioné, desconocer. Es como pararse afuera de una de la escuelas donde pasé la mayor parte de mi vida, y encontrar esta enorme distancia que se nota en la falta de experimentar emoción alguna. Y muchas veces quise pasar frente a mi primaria y poderme probar algo, poder relacionarme con la niña del uniforme que se paraba sobre las banquitas a ver la calle, ganar, tal vez, pero desde hace unos años que no puedo. Es como si nunca hubiera estado ahí.
También me río un poco de mi misma. ¿Quién no quiere pertenecer a algún lugar, a algún grupo o alguna persona? Vivir acompañado, creo que ya entendí que no es una situación que este proyectada para mi, y ahora sí, me prometo que no volveré a intentarlo, como decidí que no volvería a intentar tener lo que me promete la tele y que parece resultarle tan sencillo de obtener a todas las personas. No me gustaría perder esta nueva tranquilidad, el mundo, sea como sea, está en orden, y el silencio es una constante. Ya no hay ni angustias ni preocupaciones ni malestares ni ahogos. He cambiado mucho, me asombra haber dejado de ser la persona que era hace unos meses, pero me pasó y como que me encuentro más verídica, más acorde con la que solía ser cuando todavía usaba uniforme. No me gusta, pero está bien porque es cierto, y lo único que vale la pena es la verdad, por más desagradable que suene. Agradezco la honestidad, sin importar que me haya convertido en esto, sea lo que sea que esté sentado aquí, todavía con la mitad de la ropa de ayer y el cabello revuelto, es necesaria y buena.

Tampoco hay emoción, ni ganas de ser mejor de lo que soy, ni fe, ni esperanza de que el bienestar llegará envuelto en palabras. Ya no hay nada, pero es un lugar real, seguro y mío.

Vivir de prestado no puede durar, en algún momento hay que desprenderse de las cosas. Y si la otra señora historiadora, la única que respondió (y que de cierta forma me da gusto que haya sido ella y no uno de los otros dos), en verdad se decide y toma la beca, supongo que perderé mi gafete invisible y mi pequeña exclusividad, pero de alguna forma también sabía que no podía durar para siempre, esperaba que al menos fueran unos meses más, pero  ni modo.
Qué infantil es la necesidad de sentirse especial.

lunes, 30 de agosto de 2010

Dexametasona

Ay maldición, ¿por qué tengo que escribirle a los arrogantes de mis ex- compañeritos de Historia? Ah, claro, porque la Sra. Boss necesita otro becario... ¿que no le soy suficiente? Intenté explicárselo de forma bonita, le dije algo así como que "no me quedé con muchos conocidos de la carrera", ni modo que le dijera que no tengo ni un amigo porque las viejas me hacían el feo la mayor parte del tiempo y los únicos que supuestamente eran mis cuates, o tenían una idea equivocada de la amistad (no, un amigo nunca dejará de ser sólo un amigo, lo siento) o me dejaron de hablar inexplicablemente.

Y me arden los ojos y creo que ya me salió otro derrame. Se suponía que descansara, no que anduviera en el metro, supongo, pero Dios compensó mi esfuerzo con un pequeño cheque. Ahora le escribía tres, incluyendo a la que me borró de su lista de amigos, pero supongo que ninguno me responderá, y entonces tendré que decírselo a la señora. ¿Qué le hago?
Y me pasé de largo como por mi casa de camino a las cárceles y el joven vendedor de boletos para la exposición de los castigos intentó detenerme pero apenas si le puse atención, con eso de traer lentes de sol permanentemente me limité a informarle que "yo voy al fondo" y que su exposición no me podía importar menos. Qué bonito es deslindarse de la cortesía. Ese infeliz me trataría mal si pudiera, entonces no veo por qué no tratarlo sin amabilidad. Y yo iba de un lado a otro, que bien podría ser la causa de mi derrame nuevo. Pasé a la biblioteca y no estaban las copias por lo que la Sra. Boss interceptó a la directora para reclamarle, y mientras discutían cortesmente (aunque se pudiera ver la animosidad femenina flotando por los aires) yo no podía dejar de pensar al ver a la otra señora que insiste en disfrazarse de adolescente coqueta: "andas con el administrador, andas de adúltera con el administrador", cosa que fue muy agradable porque le salió a la Sra. Boss con que "pues todos sienten que su trabajo es el más importante", cosa que a mí se me hizo una grosería pero la señora jefa optó por seguirle la corriente.

Y no me gusta la idea de que uno de los ojetes de la facultad, con sus aires de ser el hijo mexicano de Heródoto y Ranke, parido por las musas, y adoptado por el que ande de coordinador (todo envuelto en huevo), invada mi sagrado territorio. Ya me los imagino con sus disertaciones historiográficas y sus gestos de exasperación ante la gente tonta que ve tele y no comprende la responsabilidad que representa poseer una verdadera capacidad de análisis e introspección.

Yo no sé si alguien responda, pero yo ya cumplí.

Ya más tranquila, con mis papeles firmados, mi cheque, y mis ojitos adoloridos, me fui a platicar con Marina, sólo para descubrir que por alguna extraña razón ella pensaba que no tenía papá. ¿Cómo que no tengo papá? Lo tengo, y mucho. Con razón estaba muy preocupada por mí, creyó que tendría "daddy issues".
Ahora entiendo por qué me preguntaba tanto qué hacía mi mamá. Pues, va a clases de yoga y pintura, y organiza comidas con sus amigas, y entonces Marina me veía con cara de pregunta. Pues claro, estaba pensando "¿pues de qué viven entocnes?"
Qué cosa tan rara. No señora, no se apure, en todo caso, si vamos a remontarnos a los traumas ocasionados por mi señor padre, podría platicarle que toda su familia estaba esperando que yo naciera hombre, cosa que no pasó, y que tal vez por esa extraña razón, siempre fui una niña muy poco femenina y que mi idea de felicidad era empolvarme toda en el parque. Tampoco voy a negar que la Thatcher argumenta que soy su consentida, cosa que no niego es bastante probable, aunque piense que cada vez que le hablo como merolico me ve como si fuera una curiosidad, pero como él dice, no soy rara, soy "especial". Cierto que no le había platicado mucho de él, y me pregunto por qué, no sé si tendrá que ver con que a final de cuentas los padres no suelen pasar mucho tiempo en la casa (vigilando, como las madres), o con la precaución que me parece conveniente tomar considerando que resultó que la señora del museo es amiga suya, y si hay algo que me da horror es que me vayan a destruir el lugar que con tanto trabajo me construí como visitante regular del archivo y termine en calidad de "vamos a consecuentar a la niña porque su papá es mi cuate". Recordemos la dirección de literatura, y esa eterna sensación de estar desperdiciando mi tiempo, como tener seis años otra vez y quedarte en el jardín de la casa a donde hayan invitado a tus papás a comer, atrapada con los otros niños que te ven con cara de obligación pero que al final son niños, y encuentran una forma de explicarte que no van a compartir sus juguetes y que no juegan con niñas.
 Podría ser eso, o habrá sacado esa conclusión porque me niego a la idea de que necesito conseguir un novio, conocer la vida, el amor o [—inserte cliché aquí—]. ¿Como para qué? Necesito unas botas de lluvia, y una tele nueva, eso sí, la mía empieza a sacar unas rayitas sospechosas de repente y me temo que vaya a tronar en cualquier momento.
¿Qué será de mí sin mi tele? ¡Que me arranquen el corazón de una vez!

sábado, 28 de agosto de 2010

Como los vampiros

Sobre caminar eternamente con lentes de sol:
No me siento elegante. Lo mejor es la gente ¿qué, nunca habían visto a alguien caminar con lentes obscuros adentro de Plaza Satélite a las ocho de la noche? pero de repente tengo esta paranoia de proteger mis ojos, mis precioso ojos, y ahora sí que son preciosos porque salieron caros, como la nariz. ¡A la cara no! Si me van a golpear pueden hacerlo en las costillas o pisarme, pero a la cara no. O al menos eso le decía a la gente que intentaba asesinarme en los pasillos abarrotados, personas que quién sabe qué diablos andaban haciendo ahí aparte de andar echando novio como bestias adolescentes. Yo necesitaba un regalo para mi madre, la mujer que me dio el ser (el mismísimo SER), tengo excusa. Y de repente, hace ratito mientras me ponía las gotas, descubrí que he estado tan ocupada con el adiós a mi ceguera que se me olvidó que me comprometí estúpidamente a hacer una tesis la semana pasada, y que tengo que llevar más papeles, firmar más papeles, regresar los primeros papeles, y luego, morir.


¿Qué putas? ¡NO PUEDO HACER UNA TESIS!

Maldita sea, ya les firmé. Las cosas que hago por no decepcionar a la Sra. Boss, y en una segunda instancia, ganar dinero, me sorprenden. Bueno, son dos causas muy nobles.

viernes, 27 de agosto de 2010

La luz al final del laser

Oficialmente, puedo ver.
Pero me estoy adelantando, permítanme comenzar por un lugar más adecuado, por ejemplo, esa anoche horrenda donde no pude dormir. Los nervios, verá usted, me estaban carcomiendo, y eso que me había esforzado en mantenerme ocupada todo el tiempo. Yo supuse que la pelea con el joven de la tienda para que encontrara la falda perdida que sería el regalo perfecto (¡perfecto, maldita sea!) para Jane, me habría agotado lo suficiente. Ya sin contar con las cervezas, la peluquería de Rito y el rato en el parque. Resulta que Rito puede ser un perrito valiente no sólo cuando está en su territorio, lo hubieran visto gruñirle al perro enorme que empezó a acosarlo muy a su disgusto. Claro, en cuanto se fue el gran perro, Rito se subió a mi falda de un brinco y se escondió entre nosotras hasta asegurarse de que no hubiera otro extraño enemigo, como Masiosare... perdón, creo es un chiste local. ¿En qué estaba? Ah sí, en no poder dormir.

Para ser agradecidos, nuestra estimada Miss Katherine Bennent, a la que nos referiremos en adelante como Kitty (yay, por fin le encontramos sobrenombre a Maribel), fue de mucha ayuda, después de todo ella ya lo había pasado. Me habló de las maravillas de no tener que andar buscando los lentes, poderte poner lo que quieras en la cara y poder nadar a gusto. A mí me gustaba mucho nadar, quién sabe qué pasó.
Claro, no me mencionó los detalles aterradores.

¿Estaba muerta de nervios? Pues claro, más que de costumbre, no podía calmarme y dejar de temblar. Eran las siete de la mañana y la clínica estaba llena, y eso que no habían llegado las señoritas recepcionistas. Mientras esperaba mi formita, una señora (¿qué hay con las personas que se ponen a platicar entre ellas sin conocerse?) le dijo a mi papá que ni me emocionara con salir rápido, que seguro iba a ir entrando a las doce o más. Ah, bueno, falta mucho (pensé, en ayunas a las siete de la mañana), mejor me relajo, y lo intenté, pero nada: que de madrazo salen por nosotros, porque éramos tres. Una señora gordita que yo creí que debía estar más ciega que yo para ponerse unos pants tan poco favorecedores, un escuincle con cara "esto no puede ser, soy muy cool para usar lentes" y yo. Nos dieron ropa de hospital, gorrito y a los vestidores muchachos, adentro, cuando ponía todo en el locker le di un beso de despedida a mis lentes. Chale, me gustaban mucho.

Ahí es cuando la cosa se empezó a poner extraña. Creo que fui la que más me tardé cambiándome y quedé al último. Ahí estábamos, sentados en esos sillones que supuestamente son relajantes con nuestras cobijitas verdes, haciendo de cuenta que no nos iban a machetear los ojos. Entonces llegó la pastillitas, que yo no sé que me dieron pero me sirvió de un carajo. La señora me tuvo que tomar la presión dos veces porque parece que tengo la muñeca muy huesuda y me desinfectaron la cara. Llamaron a la señora, y ya de ahí esperé y esperé. Salieron los dos primeros, como hot cakes, y yo pensaba "cuánta lana se acaba de embolsar el doctor en cuestión de un ratito?, yo no gano eso ni en tres años.

Me tocaba, ni modo, y fui. ¿Pues qué les digo? No me moví, y fue un milagro. La experiencia fue una cosa mitad Naranja Mecánica y mitad Odisea del espacio. Les voy a ahorrar los detalles aterradores, como aquel donde te abren los párpados con los instrumentos infernales esos que tienen cara de araña torturadora, o la poco agradable certeza de que te están abriendo el ojo, no sé qué me hicieron, lo que recuerdo es haber apretado al muñequito ese de peluche que me dieron hasta el cansancio y el haber pasado por todo el asunto de la anestesia en gotitas, ver desaparecer la luz, preguntarse qué diablos es eso con lo que parece que levantan o quitan algo, y luego ver fijamente la lucecita mientras me llegaba el olor a quemado del laser.

¿Qué he hecho?

Al salir, agarrada del brazo de mi papá y con mis pocos atractivos goggles, una señora me detuvo para saber cómo era la operación porque su hija acababa de entrara. Le mentí, por supuesto, y le dije que era sencillísima y que no se sentía nada. No se trataba de preocupar a la señora. Yo sólo quería ir a mi casa. Después me ardían los ojos horriblemente, pero no podía apretarlos, y ya en mi cama opté por dormir toda la mañana hasta que fuera hora de ir a la consulta. Parece que todo salió bien. Hoy fui otra vez, y todo sigue bien. Según el señor doctor, para ser la más nerviosa fue la que salió mejor. Dice que me porté bien, yo creía haber estado particularmente fastidiosa, en especial a la hora en que te abren los parpados con el instrumento de Satanás.

Ahora, puedo ver, y no sé si extrañaré andar por el mundo con la posibilidad de quitarme los lentes, ver todo borroso y sentir que podía desaparecer. Por el momento no lo he sentido, de todas formas ya no puedo hacer nada. ¡Puedo ver!
Como detalle simpático, cuando esperábamos en los sillones y las personas platicaban de sus respectivas dioptrías, escuche que nada más tenían dos o tres, mientras que yo (con mi 6.75) pensaba: pfffff principiantes.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Esas personas embellecedoras de perros siempre me sorprenden. Cuando creí que nada podría superar  la bufanda azul de Mauricio Garcés, me lo entregaron patriótico.

Muestra médica no negociable

¿Para qué quiero ver? La verdad es que pienso que "no quiero ver a nadie", o "preferiría no haber visto eso", muy seguido, en todo caso hay pocas cosas en las que me detenga, especialmente cuando traigo los lentes sucios, o me fijo por donde voy o me detengo a ver los colores de la vida, que en realidad, para hacerlo, tendría que acercarme mucho, casi pegando la nariz, entonces ya me entero de cómo son bien las cosas, y es bonito, claro que si, las pequeñas variaciones en la textura de las cosas, por ejemplo, no es lo mismo ver una gran mancha morada, que acercarte, mucho, y ver que no era una mancha y que no era morada, sino que era roja y las manchitas azules y rosas que se van desprendiendo, como si fuera puntillismo, me mentían.  También es complicado leer, pasa que después de un rato, los lentes de contacto ya se desacomodaron, y al pestañear, me recuerdan que después de todo se trata de pedazos de plástico, hule (no sé) que están adheridos al ojo, y que después de un rato, se van a intentar salir.  Con los de armazón está el peligro de romperlos, te acomodas de lado, pones la cabeza en la almohada, y madres! También puede ser que se me haya olvidado dónde los puse, y de repente, descubrimos que alguien durmió quién sabe cuántas horas sobre ellos. Ni modo, ahí estamos en tercero de secundaria otra, con la perra de la Miss Maggy interrogándome: ¿dónde están mis lentes? carajo, me cachó, sabe que no puedo ver el pizarrón y que he estado copiando lo que puso del cuaderno del pendejo de al lado.  Debí inventar algo, pero estúpidamente dije la verdad, "se me rompieron", y se burló de mí hasta que se cansó.

Tantos armazones, ¿como olvidar los de colores, los flotantes, los de pasta rectangulares y en especial, los primeros, los de aro, con los que me veía más ñoña? Creo que voy a extrañar mis lentes, mucho. Claro, cuando todavía no era elegante ser un ñoño, traer lentes era  diferente, me hacían sentir especial, aunque  supongo que no ayudaba a la poco atractiva imagen marginal  aderezada con pantalones enormes y sudaderas de hombre que llevaba en secundaria. Luego la gente no me cree. "Quién me viera", pensé hoy cuando andaba por la facultad, con vestido, mallas caladas y tacones, de repente vi que una vieja se detuvo en la escalera a barrerme y me sorprendió que fuera tan cínica. Hacía mucho que no me barrían, me sentí especial.

Extrañaré mis lentes, me voy a sentir rara, tal vez me desconozca, como cuando me operaron la nariz, también fue muy raro verme en el espejo, aunque supongo que al que no reconoceré bien está vez será al mundo (¡EL MUNDO!), no a mí. Ya pasaron once años desde entonces. 
Me pregunto qué tal será ver todo el tiempo, me imagino que será más claro o más definido, o algo así. No lo sé.  Odié a mi doctor, por mamón parido por Zeus, pero ni modo. 
¿Estoy nerviosa o estoy emocionada? No sé distinguir bien la diferencia. No sé por qué, toda la idea de los ojos me da mucho miedo, es como el lugar perfecto para empezar si vas a torturar a alguien. No puedo dejar de pensar en que me van a levantar una capita de cada ojo (¿no aman mi terminología anatómica?) y me van a tatuar la graduación, o algo así entendí, y eso del primer doctor, porque el que hará todo mañana no me dijo nada. Se limitó a informarme que la anestesia es local, con gotas, sin agujas, a menos que quiera algo extra e intravenoso, que en cualquier otra circunstancia habría pedido con particular entusiasmo, pero el hecho de que la Thatcher vaya a pagar todo me puso más coda de lo que ya suelo ser, y decidí que no iba a pagar a un anestesiólogo extra nada más porque su hermanita la mensa no puede controlar sus nervios, ella dijo que estaba bien, pero yo digo que no está pensando claramente. ¡Alguien tiene que hablarle de economía a la Thatcher! De todas formas, el señor doctor dijo que él no creía que fuera a necesitarlo, y el tacaño que vive en mi cabeza y me susurra constantemente al oído me dijo "tiene razón", y yo lo apoyé. 

Ahora sólo debo quedarme tranquila, no moverme y no echar nada a perder, que en realidad es lo que más me da miedo, no sé por que tengo un talento para arruinar las cosas sin querer, metiendo la pata donde y cuando no debía. 

Tal vez Jane tiene razón, y el asunto de ver bien es parte de lo que ella cree tiene que ser  un buen año. "Ya nos ha ido muy mal" dijo, cuando aprovechamos el dos por uno en las cervezas para festejar un poco que por fin cumplió 25 años y ya me alcanzó. ¿Hay algo más decadente que meterse al bar de un sanborns a aprovechar la hora feliz rodeadas de oficinistas, parejas clandestinas y señores retirados con un cantante en el teclado a manera de música de fondo? Espero que no, ese era el punto. También esperábamos a que Rito saliera del salón de belleza.
Los cumpleaños, ya pasaron diez años desde que estábamos sentadas en unos quince años preguntándonos ¿cuánto falta para poder huir?

Al final, terminamos en un parque, como siempre, y decidí que sí voy a extrañar la ventaja (aunque en teoría sea lo contrario) de no tener que ver lo que pasa alrededor. ¿Quiero fingir que no estoy aquí, como por ejemplo, las filas en el patio del colegio? Me quito los lentes!
Ya no se podrá, bueno, quién sabe, veamos si no me muevo y lo arruino, esperemos que no.

¿Qué es eso? Tengo una especie de sensación extraña en el estómago, se parece a regresar a la escuela, creo que son nervios. Qué cosa tan desagradable, qué bueno que ya no tengo que ir a la escuela, que me piquen los ojos todo lo que quieran, pero escuela no.

martes, 24 de agosto de 2010

El futuro no espera

Levantarse al cuarto para las cinco y desayunar café negro (bien cargado), takis y coca de dieta, es un reto que asumí hace rato a manera de compromiso personal, y ahora puedo decir que el haberlo superado me ha hecho una persona más fuerte.
Quisiera ser una inspiración para la juventud y su futura gastritis. Que el miedo no los detenga muchachos, si quieren chile y cafeína en cantidades obscenas a las cinco de la mañana, es posible. ¡Nunca dejen de soñar!

Ahora sí, ya podemos empezar a sacar otro día que probablemente estará lleno de muchos vacíos, frustración, silencios, y  algunos ratos de  amargura. ¡Vamos ya!

lunes, 23 de agosto de 2010

Hundir un barco no era tarea fácil

Gracias a unas estudiantes de medicina ojetes que decidieron que necesitaban unas 700 copias y como la señora las mandó esperar porque tenían mucho trabajo optaron por reportarla con su jefa, llegué hoy, y no estaban las copias de la Sra. Boss.  Ni modo, no es culpa de la señora, que como me uní a sus quejas contra las escuinclas ya me trata mejor, y de salida hasta se despidió y todo. Señora, estoy de su lado, es usted mi amiga! 
 Claro, la mañana fue extraña e incómoda, había demasiada gente, fue confuso, no pude aplastarme a cotorrear la onda con Marina como siempre, esperé un ratito a ver si las personas se iban pero nada. ¿Qué podía hacer? aprovechar el tiempo y trabajar.
Ahora, al final del día, después de haber decidido que no voy a ponerme nerviosa por aquel asunto de abrir los ojos y  poder ver, si es que no me muevo, nos distraemos preguntándonos: ¿por qué?
No puedo evitar la curiosidad... ¿y a qué se debe? ¿qué hay detrás de todo el asunto? algo, obviamente. Nadie da paso sin huarache. Bueno, supongo que ya lo descubriré.

Carajo ¿por qué es imposible confiar en las personas?  aparte de aquel detalle donde todos somos monstruos traicioneros de maldad engendrados en el seno de Satanás y sus demás secuaces. Se trata de fingir un poco  mientras no podemos creer el grado de indiferencia al que hemos llegado, ya ni siquiera me peleo con  la gente, sin reparar en las decepciones y los desengaños, tenemos que atravesar la puerta provisional (mientras restauran la entrada elegante), sacar nuestra credencial y sonreír más. Si no fuera una hipócrita, si no le echara tantas ganas, no saldría y me diría el señor vigilante que ni necesitaba el gafete, y resulta que hasta la consentida del palacio soy.  "Claro, en cualquier momento fingirán no conocerme", pero sonrío, claro, y le digo algo como "ay, mil gracias". Y supongo que al final nace de la familiaridad que si uno fuera estúpido podría confundir por sinceridad legítima, un resultado de ponerle un poco de amabilidad y sonrisas a cosas sencillas, como decirle dónde anda el señor del archivo, si he visto o no a su jefe, o  quedarme a atender usuarios mientras él y los demás de mantenimiento se llevan al señor del archivo a discutir los pormenores de un bautizo.  Tiene razón la señora de las copias y me uno a su indignación, saludo de lejos a mi ex jefa para asegurarme de mantener la ilusión de entusiasmo sin ponerme en una situación en la que quiera enterarse a través de mí en qué condiciones anda el proyecto de mi nueva señora jefa y hago lo posible por mantenerme eficiente y a distancia. Una cortesía por otra, mientras se respeten esos códigos, estaremos bien, aun si quiero regresar a mi casa, con mi perro y alejarme lo más posible de la gente. No les creo nada, pero supongo que esta constante práctica de poner buena cara sirve de algo. ¿Funcionará en otro reencuentro de personajes de la infancia que Dios sabe de dónde surgió? No lo sé. En el archivo todavía me lo pregunto, pero ni modo, tengo que seguir practicando, lo lograré, hasta el momento ha funcionado y sigue funcionando.

Sonrisa - comentario sobre el clima - sonrisa - pregunta sobre el estado de sus vidas/trabajos/esposas/hijos/nietos- chistorete - sonrisa.

Es fácil, debe serlo.

¿ME OYES, MUNDO? ALGÚN DÍA SERÁ FÁCIL! 

domingo, 22 de agosto de 2010

Notas

1.- Debería contestar el mail con el anuncio del embarazo.

2.-Mis tías andan en Puerto Vallarta... ¿por qué sospecho que en algún momento se va a hablar mal de nosotros? 

3.- Con cada boda que sale publicada llega un vestido de novia todavía más feo que el anterior. ¿De veras, se ponen plumas en la cabeza justo el día en el que todos las estarán viendo? 

4.- Mi sucesora en el servicio social parece que nunca va y que quién sabe en qué actividades anda metida que hasta fue a pedir las instalaciones para organizar un evento. Ja! Y yo que me sentía culpable por quedarme con los clips antiguos que me regalaba el señor de prensa, aquella se dio el lujo de pedir prestado el mismísimo palacio, ahí nomas. La verdad es que me da gusto, estaba celosa, me preguntaba si sería mejor que yo, pero ahora lo dudo mucho. En mi antiguo nido tiene un montón chiquitito de recortes de periódicos nada más, aparte de que ha estado usando mi catálogo de gacetas. A ver, que me gane, ya sin contar que tiene el nombre más pinche del mundo. Ha de ser terrible tener nombre de caricatura, pero a mi me hace sentir mejor.

5.- Probablemente el palacio es nuestro lugar preferido, pero no sé si sea el mejor lugar para casarse, como la hija del jefe de departamento, digo, aventarse el primer baile junto al patio de castigos no se me hace romántico, pero de esas cosas yo no sé nada. Insisto, hasta la fecha yo no he visto nada interesante, aunque Marina podría tener razón, y si  me encontrara un inquisidor enfrente ni siquiera me enteraría.

Tofu

Pues yo tenía grandes planes para hoy, claro, a menos que las mujeres con las que vivo  le pusieran intensidad a su pequeña guerra y tuviera que repasar mi deprimente infancia con la Thatcher en lugar de tirarme al piso a revolcarme como protesta. Algo hice en la mañana, por supuesto, cuando embosqué a mi papá y me preguntó "¿vas a estar chingando diario, verdad? ya te caché." No intenté negarlo.

Mi plan tenía que ver con una protesta pacífica, que es la forma elegante de decir que me iba a quedar en la cama, sin moverme ni bañarme, pero creo que dos días ya eran mucho porque de pronto dije "dios, tanta grasa no puede ser buena", y ni modo, me bañé. El plan siguió fallando, la Thatcher necesitaba desahogarse. ¿Ven por qué es malo guardar cosas? Qué bueno que yo sí fui a mi terapia, a todas ellas, incluyendo a la psiquiatra malvada que me diagnosticó mal, de alguna forma uno lo saca. Tal vez por eso no puedo dejar el blog, es la costumbre, tenía trece años cuando empecé con el asunto de ir a contarle qué hice con mi vida y cómo me siento a un completo extraño, tal vez si la Thatcher lo hubiera hecho no estaría tan acongojada, pero ella tiene la costumbre de no admitir que le lleven la contraria, y hoy de plano se reventó la presa, y después de una visita al salón de belleza que al parecer salió mal para ambas señoras, me la llevé a caminar para que llorara a gusto.
Lo que yo digo, es que al final cada quien va a estar seguro de que es el protagonista de la historia, que las injusticias le tocaron a él, y que el resto de los personajes secundarios actúan como una bola de egoísta que van arrinconando al protagonista con sus fechorías hasta que ya no pueda más. Ninguno va a cambiar de opinión. 

La verdad es que hasta yo me confundo,  en especial cuando escucho la historia en tres versiones diferentes y cada vez que uno de ellos me la explica tiene todo el sentido del mundo. Al final todos preguntan: "¿qué más quieren que haga?" y la verdad no sé, pero de alguna forma saco discursos interminables que ni siquiera sé si me creo o no, y lo peor es que lo repito varias veces nada más cambiando algunos datos, o será que estoy repitiendo algo que escuché en la tele y que curiosamente tiene palabras que no usaría de no haber estado leyendo una traducción toda la mañana. ¿No les pasa con los libros traducidos? de repente uno empieza a decir "emparedado", "autobus", "el maletero", "los fósforos", etc.

Creo que ya está más tranquila, si me hicieran caso, todos serían más amables y en consecuencia más felices, claro que si alguien me hiciera caso  mi mamá dejaría de tratar de venderme una pechuga de pollo como "soya" cuando hace falta ser imbécil para no saber la diferencia y luego atacarme con el argumento de la salud (No vas a lograrlo mujer! Me dejé intimidar a los quince años por la nutrióloga amenazadora, pero ya no más).
Y ya que estamos en eso, podrían dejar de esconderme las cocas (las voy a encontrar madre!) o sugerirme que haga limpieza general porque ya ni se puede caminar en mi cuarto... y nada más en caso de que Dios esté escuchando, también podrían aprobarme el proyecto de una buena vez para que pueda hacerme mensa un año y jamás tendría que volver a preocuparme porque el bibliotecario infernal decida que no va a dejarme trabajar porque tiene tiempo para acosarme un poco. 
Vincent Cassel caminaría por las calles del centro todo el tiempo, los perritos callejeros tendrían derechos, se acabaría el hambre, la enfermedad y el reino de Satán llegaría a su fin... 
Desafortunadamente este mundo es un lugar imperfecto, como diría Bender, y ya me conformo con que no me dejen ciega el jueves. Espero no moverme, espero no hacer una pendejada a la mera hora y que me tengan que retrasar todo el asunto.
Eso si de veras me operan el jueves, ya ni sé. Por lo pronto creo que podré llenar los días hasta entonces.

¿Qué haremos para el cumpleaños de Jane? Cada vez que le planeo un cumpleaños algo pasa, siempre llueve, y luego terminamos empapadas frente a un restaurante que yo no sabía que había cerrado, o en McDonalds, eso hasta que se vaya la luz, y entonces sí sea un cumpleaños todavía peor que el del año pasado.

Chocolate amargo, ya después, todo saldrá natural, creo.

sábado, 21 de agosto de 2010

La peor catástrofe sectaria de la Historia

Después de mucho chantaje, y abusando un poco de la preocupación que traían mis padres por mi estado anímico, creo que he ido suavizando la postura negativa de mi madre hacia los perros. Fue hace unas semanas que percibí esa pequeña luz de esperanza en uno de esos momentos en los que uno cree que todo está normal hasta que se descubre que todavía se trae puesta la ropa del día anterior, duelen mucho los ojos (que están hinchados), y se tiene mucha hambre porque en algún punto se pasó por alto el asunto de la comida.

Mi mamá llegó a mi cuarto a ver cómo estaba, y en una de esas comentó que tenía que pensar en el perro que todavía podía tener. Me dije: "aja! te tengo güera!", y me levanté en chinga, a partir de entonces me he esforzado en ser una persona domésticamente responsable.  "No se notará que hay un perro aquí", y empecé a rastrear el estado del patio (y otra área que parece preferir como medio de expresión) para asegurarme de haber limpiado cada episodio gastrointestinal del pobre.  Claro, no contaba con que Rito tiene un sistema digestivo muy activo, demasiado activo, y que cada vez que limpio siente la extraña necesidad de adornar el panorama de nuevo y antes de que me de cuenta. 

No importa, un detalle así no me va a detener, y hace un par de días, durante uno de esos momentos de presión maternal que insistía en obligarme a comer carne (con trampas primero, y luego con todas esas amenazas a la salud y la fregada que se le pudieron ocurrir) terminó conmigo planteando dos opciones que me parecieron muy razonables, "o sigo sin comer carne o adopto un perro, tu decides mujer". Sí, ya sé, mi capacidad para usar el chantaje contra la mujer que me dio la vida no tiene límites, pero la causa es buena. Realmente tengo muy poca conciencia para la mayor parte de las cosas, pero éste es un asunto diferente. Todo saldrá bien, si suplico y me arrastro lo suficiente podré lograrlo, digo, esas personas tienen que comprender que tengo un corazón desperdiciado y que mis instintos maternales deben estar al borde de la explosión considerando que todas mis contemporáneas están casadas y embarazadas. Mi vida se malogró, si no deposito mi atención en alguien voy a reventar.

¿No sienten el dolor de mi útero vacío?

¿Es la alfombra más importante que la desgracia de mi estéril situación? Probablemente lo es, pero no puedo hacer otra cosa. Arrastrarme y suplicar, y si no funciona, seguir suplicando. Que sería más fácil si Rito me ayudara un poquito.

¿Dios mío, Rito, pues qué demonios comiste y cómo le hiciste para ensuciar hasta la pata de la silla y la pared? 

Es que mi mamá había decidido caminar sola, en la noche, hasta el Oxxo, y como salí corriendo detrás de ella se me olvidó sacarlo como medida precautoria. Ya limpiamos, pero si Rito sigue con sus tácticas de terrorismo intestinal va a estar muy difícil llegar con otro perro sin que nos corran. Recordemos qué complicado estuvo andar vagando como indigentes en parques públicos cuando adoptamos a Sibila y mi mamá no nos dejó entrar.

Me gusta tener agua caliente y una cama cómoda y suavecita. Un techo también es importante.
Rito, coopera, por favor!

viernes, 20 de agosto de 2010

Producción en masa

¿Qué diablos? Está embarazada! Va a producir un pequeño humano. ¿De veras? ya la boda había sido muy grave pero ahora está embarazada, hablamos de un pequeño granito de arroz, en sus propias palabras. ¿Qué putas? Ayer teníamos cuatro años.

Es muy raro como funciona el ir y venir de las personas. Resulta que habían planeado esperar al menos un año, pero ya ven, sorpresa.

No sé si la volveré a ver, probablemente no, pero al final eso es lo de menos, yo necesito saber, es una de esas dependencias afectivas que nomas no se mueren. Si la vuelvo a ver, si gana y convence al futuro padre de que vivan aquí, será la cosa más extraña del mundo. ¿Se imaginan? Hace poco vi la foto de una de las escuinclas de primaria que también tiene como dos años de casada y que justo ahora tiene una panza bastante interesante. Esa persona está embarazada. ¿Y ahora? supongo que si de todas formas se tiene uno que fletar la vida, todas las horrendas décadas que tiene uno que soportar y encontrar una forma de financiar aunque los días sean una prueba constante y al final no haya más satisfacciones que abrazar compulsivamente a Rito, lo mejor es jalar a una criatura contigo, una que no se pueda escapar, y qué mejor método que concibiéndolo. A ver, que te mande al carajo el escuincle. También me imagino que la sensación de un par de manitas regordetas que te jalan la ropa con toda la angustia del mundo porque genuinamente piensan que puedes salvarlos de todo, sólo con cargarlos, ha de ser una experiencia particular. "Esta persona cree que soy todo el mundo". Qué impresión.

No conozco muchos niños, de hecho nunca había visto bebés de cerca hasta que entré al archivo y conocí a Santiago, el nieto de Marina, la secretaría, y al pequeño Alberto, el hijo del archivista de la barba de Madero. En realidad el señor tiene dos, pero el mayor tiene unos seis años y a esa edad ya saben que lo mejor es no andar cotorreando la onda alrededor de extraños, pero el más joven no. Yo lo había visto en carriola pero ya camina, y el martes lo vi otra vez. Estaba muy interesado en jugar con una liga y aunque también parecía muy interesado en soltarme un ligazo, por el momento creí que no sería tan grave. Y corría y se iba y regresaba, luego decidió que picarme la cara con su dedito embabado sería divertido y yo no le dije lo contrario, sólo intentaba evitar que fuera a meter las manos al cenicero.  ¿Qué hay con los niños que dan ganas de abrazar? en especial porque no suelo soportar que la gente me toque, no me gusta, pero los niños chiquitos y los animales son otra cosa, como que dan ganas de evitar que se rompan la cara, aunque si se caen por andar como chivas locas, se levantan con tanta soltura que da envidia.  Yo nada más evitaba que anduviera jugando con el cenicero.

Al final su papá se lo llevó, se fueron con el oftalmólogo insoportable que no entiende que no me caen bien sus comentarios fuera de lugar: "Señor, está usted haciendo el ridículo y me da asco".  Marina dice que eso le da miedo de mi, teme que llegue un señor como ese o como el archivista que me "hable bonito" y me la crea.

JA!

Querida Marina: no te preocupes por mí, la verdad es que llevo mucho tiempo engañándolos, esa persona que les vendí para que me quisieran no existe, lo inventé todo al paso de los días y  la realidad es que a la mera hora soy imposible y tiendo a resultar perjudicial. Es más, yo creo que la situación empeoró y ahora estoy  muy decidida a darle la razón a mi abuela cuando dice que "no quiero a nadie".

No quiero a nadie.

Dicho en voz alta suena mal, pero estoy convencida de que es uno de esos procesos donde se muere las buenas convicciones que existían y ya nada más queda la cruda realidad. Sucede y está bien, hay menos angustia y menos culpa. Uno puede caminar más suelto, con todo y tacones, ya nada importa, ya no hay nadie, y por eso se puede uno mover con puras mentiras: "Sí, claro que puedo hacer una tesis, cómo no", como si no supiera que es muy poco probable que eso suceda. ¿Saben qué voy a hacer? una porquería, eso si me aprueban el proyecto. Me queda la satisfacción de que cumplí. No sé que vaya a pasar, pero yo hice lo que me pidieron. Si me lo regresan y me mandan al carajo pues diré: Está fuera de mis manos.

Y después habrá más mentiras, como por ejemplo: 
1.- No tengo tiempo para tener novio.
2.- Me gustaría dedicarme de lleno a la investigación.
3.- Es interesante conocer gente nueva.
4.- ¡Qué gusto verte!
5.- Me interesa tu opinión.
 

Mentiras, puras mentiras, pero hagan lo que hagan, favor de no confundirnos con el musical.


Bean

Por cierto, Carla great hair está embarazada!!!!