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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Para el alivio del ardor e irritación

No es como si a alguien le importara pero quisiera presumir que veo mejor que cualquiera. Ja! Pero de todo el episodio (aparte de haberme ido yo solita con muchos trabajos porque no quiero que mi mamá esté presionando a Jane para que no me deje sola) es el doctor. No vi al doctor que me operó, ese ya se fue a ser mamón con sus amigos gringos, me revisó el otro, que de repente me hizo sospechar: ¿será gay? Traía una argolla de matrimonio, entonces yo supongo que sólo tiene moditos muy extraños y muy elegantes. Será que de pronto me desconcertaba la voz y aquel movimiento teatral de manos que es particularmente inusual en un señor grandote y fornido.

En las buenas noticias, aparte de que veo bien, es que al menos ya no hay peligro en que me moje la cara, por lo que no será tan incómodo intentar bañarme, y será más difícil que salga de la regadera segura de que traigo un montón de shampoo y acondicionador a medio enjuagar en el pelo. Y ahora, ya que por fin tengo las gotas que se me habían acabado ayer y que me tuvieron muy adolorida todo el día, y la noche (imagínese usted, hasta dejé mis impuestos sin cobrar como una jugadora irresponsable), voy a arreglar esas pequeñas molestias que me da por andar escribiendo aquí... pero no entiendo, maldita sea.

lunes, 30 de agosto de 2010

Dexametasona

Ay maldición, ¿por qué tengo que escribirle a los arrogantes de mis ex- compañeritos de Historia? Ah, claro, porque la Sra. Boss necesita otro becario... ¿que no le soy suficiente? Intenté explicárselo de forma bonita, le dije algo así como que "no me quedé con muchos conocidos de la carrera", ni modo que le dijera que no tengo ni un amigo porque las viejas me hacían el feo la mayor parte del tiempo y los únicos que supuestamente eran mis cuates, o tenían una idea equivocada de la amistad (no, un amigo nunca dejará de ser sólo un amigo, lo siento) o me dejaron de hablar inexplicablemente.

Y me arden los ojos y creo que ya me salió otro derrame. Se suponía que descansara, no que anduviera en el metro, supongo, pero Dios compensó mi esfuerzo con un pequeño cheque. Ahora le escribía tres, incluyendo a la que me borró de su lista de amigos, pero supongo que ninguno me responderá, y entonces tendré que decírselo a la señora. ¿Qué le hago?
Y me pasé de largo como por mi casa de camino a las cárceles y el joven vendedor de boletos para la exposición de los castigos intentó detenerme pero apenas si le puse atención, con eso de traer lentes de sol permanentemente me limité a informarle que "yo voy al fondo" y que su exposición no me podía importar menos. Qué bonito es deslindarse de la cortesía. Ese infeliz me trataría mal si pudiera, entonces no veo por qué no tratarlo sin amabilidad. Y yo iba de un lado a otro, que bien podría ser la causa de mi derrame nuevo. Pasé a la biblioteca y no estaban las copias por lo que la Sra. Boss interceptó a la directora para reclamarle, y mientras discutían cortesmente (aunque se pudiera ver la animosidad femenina flotando por los aires) yo no podía dejar de pensar al ver a la otra señora que insiste en disfrazarse de adolescente coqueta: "andas con el administrador, andas de adúltera con el administrador", cosa que fue muy agradable porque le salió a la Sra. Boss con que "pues todos sienten que su trabajo es el más importante", cosa que a mí se me hizo una grosería pero la señora jefa optó por seguirle la corriente.

Y no me gusta la idea de que uno de los ojetes de la facultad, con sus aires de ser el hijo mexicano de Heródoto y Ranke, parido por las musas, y adoptado por el que ande de coordinador (todo envuelto en huevo), invada mi sagrado territorio. Ya me los imagino con sus disertaciones historiográficas y sus gestos de exasperación ante la gente tonta que ve tele y no comprende la responsabilidad que representa poseer una verdadera capacidad de análisis e introspección.

Yo no sé si alguien responda, pero yo ya cumplí.

Ya más tranquila, con mis papeles firmados, mi cheque, y mis ojitos adoloridos, me fui a platicar con Marina, sólo para descubrir que por alguna extraña razón ella pensaba que no tenía papá. ¿Cómo que no tengo papá? Lo tengo, y mucho. Con razón estaba muy preocupada por mí, creyó que tendría "daddy issues".
Ahora entiendo por qué me preguntaba tanto qué hacía mi mamá. Pues, va a clases de yoga y pintura, y organiza comidas con sus amigas, y entonces Marina me veía con cara de pregunta. Pues claro, estaba pensando "¿pues de qué viven entocnes?"
Qué cosa tan rara. No señora, no se apure, en todo caso, si vamos a remontarnos a los traumas ocasionados por mi señor padre, podría platicarle que toda su familia estaba esperando que yo naciera hombre, cosa que no pasó, y que tal vez por esa extraña razón, siempre fui una niña muy poco femenina y que mi idea de felicidad era empolvarme toda en el parque. Tampoco voy a negar que la Thatcher argumenta que soy su consentida, cosa que no niego es bastante probable, aunque piense que cada vez que le hablo como merolico me ve como si fuera una curiosidad, pero como él dice, no soy rara, soy "especial". Cierto que no le había platicado mucho de él, y me pregunto por qué, no sé si tendrá que ver con que a final de cuentas los padres no suelen pasar mucho tiempo en la casa (vigilando, como las madres), o con la precaución que me parece conveniente tomar considerando que resultó que la señora del museo es amiga suya, y si hay algo que me da horror es que me vayan a destruir el lugar que con tanto trabajo me construí como visitante regular del archivo y termine en calidad de "vamos a consecuentar a la niña porque su papá es mi cuate". Recordemos la dirección de literatura, y esa eterna sensación de estar desperdiciando mi tiempo, como tener seis años otra vez y quedarte en el jardín de la casa a donde hayan invitado a tus papás a comer, atrapada con los otros niños que te ven con cara de obligación pero que al final son niños, y encuentran una forma de explicarte que no van a compartir sus juguetes y que no juegan con niñas.
 Podría ser eso, o habrá sacado esa conclusión porque me niego a la idea de que necesito conseguir un novio, conocer la vida, el amor o [—inserte cliché aquí—]. ¿Como para qué? Necesito unas botas de lluvia, y una tele nueva, eso sí, la mía empieza a sacar unas rayitas sospechosas de repente y me temo que vaya a tronar en cualquier momento.
¿Qué será de mí sin mi tele? ¡Que me arranquen el corazón de una vez!

sábado, 28 de agosto de 2010

Como los vampiros

Sobre caminar eternamente con lentes de sol:
No me siento elegante. Lo mejor es la gente ¿qué, nunca habían visto a alguien caminar con lentes obscuros adentro de Plaza Satélite a las ocho de la noche? pero de repente tengo esta paranoia de proteger mis ojos, mis precioso ojos, y ahora sí que son preciosos porque salieron caros, como la nariz. ¡A la cara no! Si me van a golpear pueden hacerlo en las costillas o pisarme, pero a la cara no. O al menos eso le decía a la gente que intentaba asesinarme en los pasillos abarrotados, personas que quién sabe qué diablos andaban haciendo ahí aparte de andar echando novio como bestias adolescentes. Yo necesitaba un regalo para mi madre, la mujer que me dio el ser (el mismísimo SER), tengo excusa. Y de repente, hace ratito mientras me ponía las gotas, descubrí que he estado tan ocupada con el adiós a mi ceguera que se me olvidó que me comprometí estúpidamente a hacer una tesis la semana pasada, y que tengo que llevar más papeles, firmar más papeles, regresar los primeros papeles, y luego, morir.


¿Qué putas? ¡NO PUEDO HACER UNA TESIS!

Maldita sea, ya les firmé. Las cosas que hago por no decepcionar a la Sra. Boss, y en una segunda instancia, ganar dinero, me sorprenden. Bueno, son dos causas muy nobles.

viernes, 27 de agosto de 2010

La luz al final del laser

Oficialmente, puedo ver.
Pero me estoy adelantando, permítanme comenzar por un lugar más adecuado, por ejemplo, esa anoche horrenda donde no pude dormir. Los nervios, verá usted, me estaban carcomiendo, y eso que me había esforzado en mantenerme ocupada todo el tiempo. Yo supuse que la pelea con el joven de la tienda para que encontrara la falda perdida que sería el regalo perfecto (¡perfecto, maldita sea!) para Jane, me habría agotado lo suficiente. Ya sin contar con las cervezas, la peluquería de Rito y el rato en el parque. Resulta que Rito puede ser un perrito valiente no sólo cuando está en su territorio, lo hubieran visto gruñirle al perro enorme que empezó a acosarlo muy a su disgusto. Claro, en cuanto se fue el gran perro, Rito se subió a mi falda de un brinco y se escondió entre nosotras hasta asegurarse de que no hubiera otro extraño enemigo, como Masiosare... perdón, creo es un chiste local. ¿En qué estaba? Ah sí, en no poder dormir.

Para ser agradecidos, nuestra estimada Miss Katherine Bennent, a la que nos referiremos en adelante como Kitty (yay, por fin le encontramos sobrenombre a Maribel), fue de mucha ayuda, después de todo ella ya lo había pasado. Me habló de las maravillas de no tener que andar buscando los lentes, poderte poner lo que quieras en la cara y poder nadar a gusto. A mí me gustaba mucho nadar, quién sabe qué pasó.
Claro, no me mencionó los detalles aterradores.

¿Estaba muerta de nervios? Pues claro, más que de costumbre, no podía calmarme y dejar de temblar. Eran las siete de la mañana y la clínica estaba llena, y eso que no habían llegado las señoritas recepcionistas. Mientras esperaba mi formita, una señora (¿qué hay con las personas que se ponen a platicar entre ellas sin conocerse?) le dijo a mi papá que ni me emocionara con salir rápido, que seguro iba a ir entrando a las doce o más. Ah, bueno, falta mucho (pensé, en ayunas a las siete de la mañana), mejor me relajo, y lo intenté, pero nada: que de madrazo salen por nosotros, porque éramos tres. Una señora gordita que yo creí que debía estar más ciega que yo para ponerse unos pants tan poco favorecedores, un escuincle con cara "esto no puede ser, soy muy cool para usar lentes" y yo. Nos dieron ropa de hospital, gorrito y a los vestidores muchachos, adentro, cuando ponía todo en el locker le di un beso de despedida a mis lentes. Chale, me gustaban mucho.

Ahí es cuando la cosa se empezó a poner extraña. Creo que fui la que más me tardé cambiándome y quedé al último. Ahí estábamos, sentados en esos sillones que supuestamente son relajantes con nuestras cobijitas verdes, haciendo de cuenta que no nos iban a machetear los ojos. Entonces llegó la pastillitas, que yo no sé que me dieron pero me sirvió de un carajo. La señora me tuvo que tomar la presión dos veces porque parece que tengo la muñeca muy huesuda y me desinfectaron la cara. Llamaron a la señora, y ya de ahí esperé y esperé. Salieron los dos primeros, como hot cakes, y yo pensaba "cuánta lana se acaba de embolsar el doctor en cuestión de un ratito?, yo no gano eso ni en tres años.

Me tocaba, ni modo, y fui. ¿Pues qué les digo? No me moví, y fue un milagro. La experiencia fue una cosa mitad Naranja Mecánica y mitad Odisea del espacio. Les voy a ahorrar los detalles aterradores, como aquel donde te abren los párpados con los instrumentos infernales esos que tienen cara de araña torturadora, o la poco agradable certeza de que te están abriendo el ojo, no sé qué me hicieron, lo que recuerdo es haber apretado al muñequito ese de peluche que me dieron hasta el cansancio y el haber pasado por todo el asunto de la anestesia en gotitas, ver desaparecer la luz, preguntarse qué diablos es eso con lo que parece que levantan o quitan algo, y luego ver fijamente la lucecita mientras me llegaba el olor a quemado del laser.

¿Qué he hecho?

Al salir, agarrada del brazo de mi papá y con mis pocos atractivos goggles, una señora me detuvo para saber cómo era la operación porque su hija acababa de entrara. Le mentí, por supuesto, y le dije que era sencillísima y que no se sentía nada. No se trataba de preocupar a la señora. Yo sólo quería ir a mi casa. Después me ardían los ojos horriblemente, pero no podía apretarlos, y ya en mi cama opté por dormir toda la mañana hasta que fuera hora de ir a la consulta. Parece que todo salió bien. Hoy fui otra vez, y todo sigue bien. Según el señor doctor, para ser la más nerviosa fue la que salió mejor. Dice que me porté bien, yo creía haber estado particularmente fastidiosa, en especial a la hora en que te abren los parpados con el instrumento de Satanás.

Ahora, puedo ver, y no sé si extrañaré andar por el mundo con la posibilidad de quitarme los lentes, ver todo borroso y sentir que podía desaparecer. Por el momento no lo he sentido, de todas formas ya no puedo hacer nada. ¡Puedo ver!
Como detalle simpático, cuando esperábamos en los sillones y las personas platicaban de sus respectivas dioptrías, escuche que nada más tenían dos o tres, mientras que yo (con mi 6.75) pensaba: pfffff principiantes.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Muestra médica no negociable

¿Para qué quiero ver? La verdad es que pienso que "no quiero ver a nadie", o "preferiría no haber visto eso", muy seguido, en todo caso hay pocas cosas en las que me detenga, especialmente cuando traigo los lentes sucios, o me fijo por donde voy o me detengo a ver los colores de la vida, que en realidad, para hacerlo, tendría que acercarme mucho, casi pegando la nariz, entonces ya me entero de cómo son bien las cosas, y es bonito, claro que si, las pequeñas variaciones en la textura de las cosas, por ejemplo, no es lo mismo ver una gran mancha morada, que acercarte, mucho, y ver que no era una mancha y que no era morada, sino que era roja y las manchitas azules y rosas que se van desprendiendo, como si fuera puntillismo, me mentían.  También es complicado leer, pasa que después de un rato, los lentes de contacto ya se desacomodaron, y al pestañear, me recuerdan que después de todo se trata de pedazos de plástico, hule (no sé) que están adheridos al ojo, y que después de un rato, se van a intentar salir.  Con los de armazón está el peligro de romperlos, te acomodas de lado, pones la cabeza en la almohada, y madres! También puede ser que se me haya olvidado dónde los puse, y de repente, descubrimos que alguien durmió quién sabe cuántas horas sobre ellos. Ni modo, ahí estamos en tercero de secundaria otra, con la perra de la Miss Maggy interrogándome: ¿dónde están mis lentes? carajo, me cachó, sabe que no puedo ver el pizarrón y que he estado copiando lo que puso del cuaderno del pendejo de al lado.  Debí inventar algo, pero estúpidamente dije la verdad, "se me rompieron", y se burló de mí hasta que se cansó.

Tantos armazones, ¿como olvidar los de colores, los flotantes, los de pasta rectangulares y en especial, los primeros, los de aro, con los que me veía más ñoña? Creo que voy a extrañar mis lentes, mucho. Claro, cuando todavía no era elegante ser un ñoño, traer lentes era  diferente, me hacían sentir especial, aunque  supongo que no ayudaba a la poco atractiva imagen marginal  aderezada con pantalones enormes y sudaderas de hombre que llevaba en secundaria. Luego la gente no me cree. "Quién me viera", pensé hoy cuando andaba por la facultad, con vestido, mallas caladas y tacones, de repente vi que una vieja se detuvo en la escalera a barrerme y me sorprendió que fuera tan cínica. Hacía mucho que no me barrían, me sentí especial.

Extrañaré mis lentes, me voy a sentir rara, tal vez me desconozca, como cuando me operaron la nariz, también fue muy raro verme en el espejo, aunque supongo que al que no reconoceré bien está vez será al mundo (¡EL MUNDO!), no a mí. Ya pasaron once años desde entonces. 
Me pregunto qué tal será ver todo el tiempo, me imagino que será más claro o más definido, o algo así. No lo sé.  Odié a mi doctor, por mamón parido por Zeus, pero ni modo. 
¿Estoy nerviosa o estoy emocionada? No sé distinguir bien la diferencia. No sé por qué, toda la idea de los ojos me da mucho miedo, es como el lugar perfecto para empezar si vas a torturar a alguien. No puedo dejar de pensar en que me van a levantar una capita de cada ojo (¿no aman mi terminología anatómica?) y me van a tatuar la graduación, o algo así entendí, y eso del primer doctor, porque el que hará todo mañana no me dijo nada. Se limitó a informarme que la anestesia es local, con gotas, sin agujas, a menos que quiera algo extra e intravenoso, que en cualquier otra circunstancia habría pedido con particular entusiasmo, pero el hecho de que la Thatcher vaya a pagar todo me puso más coda de lo que ya suelo ser, y decidí que no iba a pagar a un anestesiólogo extra nada más porque su hermanita la mensa no puede controlar sus nervios, ella dijo que estaba bien, pero yo digo que no está pensando claramente. ¡Alguien tiene que hablarle de economía a la Thatcher! De todas formas, el señor doctor dijo que él no creía que fuera a necesitarlo, y el tacaño que vive en mi cabeza y me susurra constantemente al oído me dijo "tiene razón", y yo lo apoyé. 

Ahora sólo debo quedarme tranquila, no moverme y no echar nada a perder, que en realidad es lo que más me da miedo, no sé por que tengo un talento para arruinar las cosas sin querer, metiendo la pata donde y cuando no debía. 

Tal vez Jane tiene razón, y el asunto de ver bien es parte de lo que ella cree tiene que ser  un buen año. "Ya nos ha ido muy mal" dijo, cuando aprovechamos el dos por uno en las cervezas para festejar un poco que por fin cumplió 25 años y ya me alcanzó. ¿Hay algo más decadente que meterse al bar de un sanborns a aprovechar la hora feliz rodeadas de oficinistas, parejas clandestinas y señores retirados con un cantante en el teclado a manera de música de fondo? Espero que no, ese era el punto. También esperábamos a que Rito saliera del salón de belleza.
Los cumpleaños, ya pasaron diez años desde que estábamos sentadas en unos quince años preguntándonos ¿cuánto falta para poder huir?

Al final, terminamos en un parque, como siempre, y decidí que sí voy a extrañar la ventaja (aunque en teoría sea lo contrario) de no tener que ver lo que pasa alrededor. ¿Quiero fingir que no estoy aquí, como por ejemplo, las filas en el patio del colegio? Me quito los lentes!
Ya no se podrá, bueno, quién sabe, veamos si no me muevo y lo arruino, esperemos que no.

¿Qué es eso? Tengo una especie de sensación extraña en el estómago, se parece a regresar a la escuela, creo que son nervios. Qué cosa tan desagradable, qué bueno que ya no tengo que ir a la escuela, que me piquen los ojos todo lo que quieran, pero escuela no.