lunes, 31 de octubre de 2011

La hora violeta

Ya le agarré el gusto a esto de ser la señora que reparte los dulces. Me acaba de tocar un minilobo de menos de un metro de altura de los más chistoso que se fue diciendo "mira papi, me dieron muchos dulces". ¿Qué puedo decir? Me dio mucha ternura. En general, me dan ternura. ¿Oyeron eso? Es mi útero desperdiciado explotando. Yo entiendo que no tendré chamacos por aquello de mi imposibilidad para entablar relaciones interpersonales, la absoluta repugnancia a que  me toquen, esta fobia que le tengo a los patanes abusivos que parece que son los únicos que se interesan en mí y las altas probabilidades de que terminaría criando monstruos de comportamiento criminal a los que no tendría cara para exigirles nada mejor. Lo entiendo, de verdad y supongo que es una sabia decisión el no intentarlo siquiera. Puedo satisfacer todos mis instintos maternales fallidos atosigando a niños extraños con azúcar.
 Son encantadores todos ellos; las minibrujas, piratitas y diablos a escala que andan gritando muy valientes por la calle y a la mera hora de acercarse en la fila para recibir los dulces se vuelven muy tímidos. He hecho tanto ejercicio hoy que podría comerme todos los dulces yo y probablemente desquitaría todas y cada una de las calorías. Caminé desde el mercado de naucalpan hasta el bosque de los Remedios cargando tantas bolsas que a la mitad del camino pensé que me iban a vencer en peso, pero lo logré y llegué hasta donde me esperaba mi señora madre para darme un aventón. Sudé como albañil, estoy segura de que usted quería saber eso. Al final, los días son un cúmulo de pequeños esfuerzos para evitar la autoflagelación mental. Tengo que recordarme a cada momento lo que dijo Jane: todo lo exagero de forma estratosférica. Lo que me atormenta no es tan grave como yo lo veo, de hecho es chiquitito. De ahí me acuerdo de la canción ochentera de Lupita D'Alessio que seguramente todas las madres se saben: "Para no sufrir, por cosas tan pequeñitas". Son pequeñitas, lo sé y si logramos seguir ocupando el tiempo en algo simpático como repartir dulces, vamos a estar bien. Ya verán, vamos a estar bien.
Uno de los niños dijo "gracias señora" y me dio tanta ternura, que le di unas palomitas de más.
¡Que vengan todos los chamacos pronto, que vengan!

sábado, 29 de octubre de 2011

El 28

1.- Justin Bieber me asusta. En algunos años, cuando toda la locura haya pasado, Selena Gómez mirará hacia atrás y dirá "¿en qué diablos estaba pensando?"

2.- Tengo que recordar que las cosas no son como yo la veo y que tiendo a exagerar todo enormemente. Yo lo veo todo espantosamente más grave de lo que es. Yo quiero ser feliz, de verdad y tengo muchas razones para ser feliz. Fijar mi atención de forma permanente en pequeños eventos y repasarlos una y otra vez hasta convencerme de que no me merezco ser feliz por una u otra cosa sacada de proporción debe terminar.

3.- Cuando se sienta solo, vulnerable y confundido... compre algo para encontrarse a sí mismo. Tenía mi cheque, ya casi el último que recibiré, supongo que en mucho, mucho tiempo. Después de todo ¿conseguir trabajo? No sé cómo se hace eso. Ay, lo que me recuerda, debí comprar vestidos serios, pantalones de oficinista y tacones soportables para los tiempos tumultuosos que se acercan. Supongo que es necesario algo de eso para empezar a sufrir decepciones en la vida laboral, pero estaba en un momento extraño. Por eso, en lugar de comprar algo útil, compré mis primeras combat boots. Las traerán hasta el próximo viernes, pero ya son mías. Me he convertido en una persona que usa combat boots. I'm tough. 

4.- Regresaba de depositar a mi madre con mi tía cuando un señor viejito me ayudó a salir del estacionamiento. Cojeaba, me dio ternura y le di lo que traía. Entonces me dijo "es para comer, no se vaya usted a creer", me dio la mano y me preguntó cómo me llamaba.  No desconfío del señor, de veras. Desconfío de todo y todos, pero hoy pensé que confiaba en el señor, hace mucho que no me pasaba. Manejé un rato en la noche, pensando que hace mucho, mucho tiempo no lo hacía, fue muy extraño.
Señor Alejandro (que así se llamaba), no pienso que vaya a usted a malgastar lo poco que le di, confío en usted. No se lo dije, pero lo pensé. A propósito, quiero agradecerle  por regalarme el primer momento en la semana en el que no pensé que todo el mundo debería irse al carajo porque nada ni nadie valemos ni tres pesos con dos corcholatas. Ya sabe usted, por unos dos o tres minutos dejó de sonar en mi cabeza la canción deprimente de un señor cualquiera con guitarra donde al final no hay nada, ni Dios, ni amor, ni esperanza, ni gentileza alguna. Yo no conozco nada, pero quién sabe, a lo mejor hay algo por ahí, pero yo no lo conozco.

5.- Los días de San Judas Tadeo en el metro siempre son interesantes. ¿En qué otra ocasión se puede viajar con un la imagen de un santo en tamaño natural?
 Disculpe usted que la foto esté tan borrosa pero me dio miedo que uno de los reguetoneros que llevaban a San Judas secuestrado me viera sacándole fotos. Digo, el metro no es un buen lugar para morir.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Todo este tiempo

"Entonces un espanto invencible se apoderó de mi cerebro y ya no lo abandonó. Tenía el presentimiento de una catástrofe próxima, y tal como la más audaz imaginación no hubiera podido concebirla. Una idea, primero vaga, incierta, se transformaba en certidumbre en mi espíritu. La rechazaba, pero volvía con obstinación. No osaba formularla. Sin embargo, algunas observaciones involuntarias determinaron mi convicción."

Viaje al centro de la tierra, Julio Verne

El detalle del día



Hoy tomé una decisión ejecutiva sobre las paredes del baño. Específicamente, la regadera. ¿Qué les parece? ¿es una locura? Supongo que combinar estrellas con margaritas puede ser una locura pero ya lo hice y ni modo. No sabía a quien llamar. Claro, uno siempre quiere que le digan "adelante" no que pongan voz de duda. Mi hermana no quedó feliz, dice que se ve feo, y creo que Jane todavía duda de mi pequeña idea pero ya ni modo. Lo comprado, comprado está.
Hay cuatro cajas de estrellas, cuatro de margaritas y tres de color blanco esperando allá afuera. Ahora sólo espero habitar aquella casa algún día porque si deciden venderla dudo mucho que los azulejos sin combinar del baño le gusten a alguien.
Hice todo lo posible para disfrutar mucho el evento y creo que lo logré. Tengo que recordar vivir y disfrutar cada momento del día, no puedo vivir en la reinterpretación/mezcla/obsesión con el pasado, es feo y está mal. A ver ¿de qué me sirve sufrir? ¿puedo cambiar algo, puedo solucionar algo? No, sólo puedo seguir con la vida. Total, lo que haya pasado ya pasó y lo que vaya a pasar me caerá encima me haya preocupado por ello o no. Ya viví varios años después de la escuela y he tenido momentos buenos, puedo volverlos a tener. ¿No? Y por eso respiré y puse manos a la obra.Vamos a disfrutar las ventajas de la vida. No importa si me merezco o no las cosas, las disfrutaré y ya que sea lo que Dios quiera.

martes, 25 de octubre de 2011

Steady

Creo que lo estamos logrando, ya casi. Hoy, nos sentíamos mejor.
La angustia todavía no se va del todo, aunque ya se calmó, he dormido y he estado comiendo bastante bien. La comida no me da asco y hoy desayuné un mamut. A lo mejor un día de éstos ya salimos bien de todo este episodio de locura y paranoia  en el que andábamos. Claro, al calmarse una obsesión surge otra, un nuevo peligro y una nueva posibilidad, pero intento controlarlo pensando que en este mundo lleno de gente, yo no puedo existir.  Nadie va a tomarse cinco minutos de su vida para dañarme públicamente ¿cierto? la gente tiene cosas más importantes qué hacer y espero que cualquier "enemigo" (siempre me recuerda al himno nacional) o persona a la que le haya hecho algo en algún punto de la vida tenga suficiente buen corazón como para olvidar por completo mi maldad, o al menos me conformo con que no tengan tanto tiempo libre o creatividad para usar internet. Las cosas que se me ocurren son absurdas, tengo que eliminarlas. No es posible que me haya pasado algo terrible. Ahora entró el temor de no recordar que no recuerdo algo espantoso que pudo haberme pasado sin que yo lo supiera en mis pocos años de juventud. ¿Entendieron eso? ¡No tiene sentido! ¿Qué diablos? Estoy muy enferma, tengo que controlarme.
No puedo, no voy a permitir que este acceso irracional de locura me impida disfrutar las cosas buenas. De alguna forma, con mucho esfuerzo y mucha dedicación mataremos estas obsesiones que me cortan los pies.
Esta es la parte bonita, la de las correcciones y las ilustraciones de tesis, aparte de disfrutar la etapa final en la construcción de aquella casa que mis padres tienen más de diez años construyendo en lo alto del cerro. Más de diez años, muchos más. Mi papá y mi hermana son tan felices con la casa aquella que no voy a permitir que mi locura lesarruine la felicidad. Voy a cooperar, a ser optimista y a hacer las cosas que ellos no puedan, porque trabajan. ¡Y maldita sea, lo voy a disfrutar!
¿Qué hago? Respirar y rezar, es lo único que puedo hacer. Tengo ya unos años viviendo lo más alejada posible de la gente, eso tiene que contar. Espero...
Mi locura no se va a interponer en las cosas importantes. De cualquier forma me fui al archivo para intentar enfrentar todo aquel miedo de que se enteren algún día de mi hipocrecía, que en realidad no les he mentido, mi vida es muy aburrida, pero uno nunca sabe. ¿Por qué siento que de pronto saldrá a la luz los crímenes contra la humanidad que cometí en mi oscuro pasado como oficial nazi y me correrán del pueblito de América del Sur donde he estado viviendo tan cómodamente los últimos años?
Nadie me va a echar a pedradas, espero, pero de todos modos, entré al archivo con precaución. Ya que la secretaria consentida de todos me abrazó supe que por el momento estoy segura y la ayudé a decorar la oficina para el día de muertos. Entonces sacó una catrina y dijo "mira, eres tú" y me estuvo haciendo burla un rato con la catrina que bailaba y era idéntica a mí. Caray... ¿debería preocuparme? Yo todavía me veo panza.
Y ahora imprimiré los últimos capítulos y se los llevaré a Jane tan pronto como pueda. ¿Pueden creer que ya se aventó la mitad del cuento de mis leprosos? Supongo que también debería llevárselos a Mrs. Boss, que ya me dijo que en cuanto estén bien listos le avise, pero siempre es más emocionante cuando los lee alguien que uno quiere. Ahora sólo esperemos que  Mr. Bingley II no la convenza de casarse e irse a vivir con su madre y hermana enferma. Si viviera por los rumbos de TvAzteca con su suegra ya no la podría ver con tanta libertad y sería una cosa de lo más triste. Pobre Jane, desde que empezó todo mi episodio la he estado acosando con mi locura hasta tres veces por semana. Me asombra que no me haya dejado de hablar, yo lo habría hecho.
Por cierto, estábamos sentadas desayunando chilaquiles en su negocio cuando escuchamos un ruido afuera. Mucho rato después descubrió que le habían robado algo.
¡Qué rápidos y sutiles son los rateros hoy en día!

lunes, 24 de octubre de 2011

Billy Crudup - Una verdad para no olvidar

Clockwise

Y hoy, en la comida, me explicaban que el problema de la adopción son los genes. Ya saben "hay de gente a gente" y uno nunca sabe cómo salen los niños. "Delincuentes", decían, y yo me sonrojaba pensando que no soy una buena persona, sana, y por eso soy una hipócrita. Dice Jane que exagero, ojala pudiera creerle. Luego platicaron de dos orfanatorios en los que van a repartir regalitos en fechas especiales. Uno lleno de niños bonitos y otro con unos niños "pero de veras feos". Ya saben. ¿En qué punto estoy que ya no opino nada? Sólo sé que Dios no le da hijos a la gente equivocada por una razón. ¿Se imaginan qué clase de personas criaría yo? Monstruos perdidos, de esos que terminan saliendo en "Intervention" o algo así. ¿Saben qué sé yo sobre las cosas, el bien y el mal, o lo que hace a alguien buena o mala persona? Nada. No tengo autoridad moral para criticar nada ni saber nada.
Luego le hablaron al capitán de meseros para que corriera al señor cantante que intentaba ganar algo con su guitarra en la calle pero que no nos dejaba platicar a gusto. Sólo dije: "Somos personas terribles". Y lo somos. Todas, por diferentes motivos, pero todas lo somos.

Nebulosa

Yo sé perfectamente bien cuándo empezó mi problema de paranoia y terror a la gente. ¿De dónde saqué que la gente me observaba y quería hacerme daño de una u otra forma, principalmente con habladurías y cosas por el estilo? A ver, yo sé de dónde viene. Viene exactamente de tener diez años y contagiarse de una enfermedad que se caracteriza, entre otras cosas, por los delirios paranoides. Y al salir del colegio tenía que caminar hasta la esquina porque nos escondíamos y tenía prohibidísimo hablar de cualquier cosa con las niñas del colegio, que estaban a la expectativa de enterarse de cualquier cosa sobre nuestra vida para ir a contársela a sus mamás. Debería haberlo superarlo, pero supongo que esta crisis tan extraña en la que estamos sólo puede significar que no lo hemos logrado.
Y la verdad es que... yo solita lo hice parte de mi vida y por eso me cuesta tanto trabajo controlar la angustia, los temores, la continua reevaluación del pasado en busca de resultados que pude haber omitido o de los que pude no haberme enterado pero que en cualquier momento amenazan con surgir. Tengo que entender que este miedo y angustia por todo lo que pudo haber resultado de socializar, realmente muy poco, o al menos intentarlo, hace muchos años, no es real. No, nadie tienen guardados planes macabros para hacerme daño. No, los historiadores no impedirán que me titule ni surgirán de los pasillos  el día de mi examen para cubrirme de sangre de cerdo frente a mis sinodales.
Tengo que respirar y controlarme. Algún día tengo que superar el miedo irracional, la paranoia y la inseguridad. Si no tengo razones para suponer algo ¿por qué le temo a peligros imaginarios? el "pudo" y "qué tal que..." no puede ni debe ser un argumento para no disfrutar la vida. 
Es que cuesta trabajo. 
¿Qué podemos hacer? ocuparnos en algo. Hoy no tomaré la mitad de pastilla, intentaré aguantar la noche viendo luchas, con películas seleccionadas e inofensivas que no me hagan pensar en mi estúpida juventud y tal vez, sólo tal vez, lo logremos. Es que funciona como un interruptor, de repente recuerdo algo y viene el cambio en el estómago, la sangre en la cara y el llanto. No, hoy intentaré controlarme, para eso tengo mucho té, bueno, son infusiones porque desde que empezó todo este asunto dejé el café y el té para no empeorar la ansiedad. Pequeños detalles. Mañana, me sentaré un ratito en la calle hasta que  el frío me congele la cara y la punta de los dedos. Luego, iré  a buscar qué es un electro galvanómetro y después voy a buscar en todas las gacetas algo coqueto para empezar a meter ilustraciones. En unos años más, espero que en unos años más toda la angustia se habrá olvidado. Aunque ya ven, uno pensaría que no se le puede tener miedo a la misma gente que probablemente ni se acuerda de mí después de casi cuatro años de haber dejado la escuela... ¡Sorpresa!

domingo, 23 de octubre de 2011

Pequeño descuido

Ahorita que revisé si ya me habían respondido los del albergue de perros a quienes les escribí para preguntar por su número de cuenta descubrí que el "asunto" del texto tenía una falta de ortografía muy fea... me sonrojé. Chale, ya ni modo.
Estimadas personas del albergue, me apendejé y escribí la palabra con doble 'c', en lugar de 's' y luego 'c', espero me perdonen, es que estaba distraída y estaba pensando en otra cosa.

sábado, 22 de octubre de 2011

Tonta Emma



Me pregunto si Emma se torturó durante años por la declaración del Sr. Elton. Si se sintió tan sorprendida (en shock) y tan maltratada como para sentir un retortijón en el estómago nada más de acordarse, sin importar cuánto tiempo pasara. ¡La quería besar! ¿vieron? Gracias a Dios Emma se soltó a tiempo del caballero ese. "Caballero", nótense las comillas. Mr. Elton era un párroco arrogante y grosero que se creía mejor de lo que jamás podría llegar a ser. Claro, Emma jamás había visto al Sr. Elton como un posible candidato para ella (jamás, ni por error!) y aunque cualquier admiración suele agradecerse, hay algunos casos que no lo ameritan, al contrario, se ganan el asco y el odio nada más, lo bueno es que no les importa. No era la forma de decírselo, así, tan burdamente, como si ella no se mereciera un poquito de consideración o respeto. No la fue a visitar a visitar a Hartfield, claro que no, aprovechó cuando la vio sola. ¿Por qué creyó que sería correspondido? ¿fue culpa de ella? ¿ella lo provocó? ¿falló en algo? ¿hizo algo mal? ¿por qué creyó eso? Bueno, la vida está llena de malos entendidos, la pobre creyó que Mr. Elton era su amigo... ja, as if!! Cuándo se ha visto un hombre que tenga suficiente buena opinión de una mujer como para considerarla una amiga. No, cualquier mujer no es otra cosa que un dulce en potencia, hasta las más feas. Emma debió haberlo sabido, debió haberlo sabido. ¿No fue culpa de Emma por no darse cuenta, verdad? Lo único que podía hacer era alejarse lo más posible de Mr. Elton. Pobre Emma, es brutísima. Por suerte para ella, después de rechazar llanamente al Sr. Elton sólo cometió la estupidez de coquetear con la idea del señor Churchill antes de tener la buena suerte de que Mr. Knightley la rescatara de sus propias metidas de pata. ¿Les he contado que el libro me lo compró mi tía cuando fui a pasar con ella mis quince años a Querétaro? Me preguntó qué quería que me comprar y en la primera librería a la que entramos vi el libro, de la misma señora que había escrito Orgullo y Prejuicio. Se sorprendió cuando le pedí eso nada más, supongo que esperaba que pidiera algo caro. Cada libro de Jane tiene su encanto, aunque a estas alturas no pueda ver las películas ni leer nada de ella porque me regresen a una época muy mala en la vida. Justo la que combato ahorita. Emma es una terrible persona, pero la aprecio, a pesar de todo, no tiene mal corazón, sólo es egoista y se mete en problemas por creer que se las sabe todas. En general, debió haber sido más inteligente, más responsable, menos ingenua y menos temeraria. 
Lo bueno de Jane es que todos y cada uno de sus personajes tienen un buen final.

viernes, 21 de octubre de 2011

Pain parade



Junto a la canción debería poner fotos de cachorritos empapados por la lluvia y niños huérfanos en asilos grises y victorianos o algo así de triste, digo, para aderezar el desfile de la desolación. ¿No han oído de él? Pasa cada determinado tiempo y dura meses, a veces hasta años. Hay gente que se pierde en el gentío o muere atropellada por las multitudes que corren desesperadas detrás de alguno de los carros alegóricos que traen a la reinas de belleza. O si quieren noticias sórdidas siempre podemos incluir episodios todavía más tristes, de esos que hacen llorar, como perros quemados vivos o cómo tratan a los orangutanes que se quedan sin hogar a causa de la tala de la selva para conseguir aceite de palma en Borneo. Si van a la ciudad a conseguir comida para sus crías los apedrean, golpean o intentan ahogar. También puede ser que agarren a una orangután, la rasuren, la maquillen y la tengan "trabajando" siete años en un burdel. Sí... yo también me horroricé. No se engañen, los clientes sabían que era un orangután pero eso sólo lo hacía todo más divertido. Y esa es la gente, la famosa gente. ¿Por qué alguien le haría daño gratuitamente a otra persona o peor aun, a un animal? Porque así es la gente y cuando pienso en eso, mis temores ya no parecen tan infundados.
¿Esucharon eso? Es una llamada al suicidio masivo. Realmente ¿pa'qué esforzarse? Veo a la gente del metro y me pregunto qué los motiva a arrastrar sus grandes paquetes por grandes distancias con los huaraches rotos y el sombrero carcomido en las orillas. Supongo que alguien lo espera, no me imagino otra razón para aguantar. Supongo que cuando tienes a alguien que te conoce y así te acepta, que sabes que te cuida la espalda, es más fácil salir al mundo y decir "ok, hit me", y que sea lo que Dios quiera. Pero si no, pues no hay ni cómo, aunque de todas formas haya que salir, con el miedo, la inseguridad y la sensación de estar vulnerable y muy solo a que sea lo que Dios quiera.

Payasadas

No tengo nada de qué preocuparme. Todo está bien. Todo está bien y tranquilo, no hay razón para tener ataques.

Ya son las 9:55 y adivinó usted, me tomé la mitad de la pastilla. Después de pasar la mañana con Jane, tenía paz mental, pero la del estómago estaba a punto de rebelarse. Es muy agotador pasar el día controlando las malas sensaciones. Pensé "bueno, es viernes, me lo merezco" y me la tomé. Tenía un par de días al menos aguantando con aquello de dirigir los pensamientos a cosas más productivas pero ya estaba cansada.  Después bajé y metí todas las fotocopias y exámenes y demás cosas que pude encontrar a la basura. Por suerte salvé la constancia del taller de redacción y de una cátedra extraordinaria, espero no haber tirado nada importante. Mientras tiraba todo me venían a la cabeza las clases, maestros, gente y demás cosas como lecturas, exámenes y trabajos de la Facultad.  Ni modo, ya se acabó. La terminé, mal, accidentadamente y tal vez con un gran letrero que dice "choque de trenes" prendido con foquitos rojos en la cabeza, pero ya no hay nada que pueda hacer. Hice lo que pude, mal, muy mal y supongo que mi paso por ese lugar no puede ser nada más que vergonzoso pero ya se acabó, ya lo que pasé lo pasé y si en el momento lo pude sobrevivir supongo que después de unos tres años ya se habrá pasado cualquier consecuencia que tuviera que enfrentar. Ya nadie se acuerda de mí, no hay razón para suponerlo y puedo terminar con el mero trámite que me falta y desaparecer. Hacer cualquier cosa, agarrar una maleta e ir a meterme al Sneffels, nada me lo impide. 
No quiero que la Facultad, lo que pasé ahí y en la persona en la que me convertí sea lo único que defina mi vida. A lo mejor, todavía queda algo por hacer. Una época mala, complicada, fea, angustiante, pero que se acabó y espero que ya no regresé. Salí hace unos años y de repente regresó todo, la angustia, la mortificación, la vergüenza y el miedo. Como si hubiera salido ayer, pero no. Ya salí hace mucho y tengo que recordar el tiempo en el archivo y la época de la Sra. Boss como lo inmediato, lo bueno.
Recordar la parte buena y dejar de sufrir. Ya no quiero sufrir. Ya fue hace mucho, todo  pasó y a nadie le importa. Enterrado.
Se siente refeo no tener a alguien a quien preguntarle nada. Sólo estoy yo, en mi cabeza. 

jueves, 20 de octubre de 2011

Agregarle un cero a la cuenta

Por favor, dispárenme. Como si no tuviera suficiente culpa, habla mi abuela en pleno delirio religiosos y se pone a quejarse de toda la familia que no quiere sentarse a rezar el rosario para purgar nuestros pecados por aquello de la enfermedad de mi prima, que por supuesto es castigo por los pecados de los padres. La peor parte es que según ella, la única que no está mal en la familia, la que está cerca de Dios, soy yo... Ay Dios mío, aparte de todo soy una hipócrita, lo que me faltaba. ¿Qué hacía? Ponerme a llorar. Soy una hipócrita y una mentirosa. Si se descubre mi defectuoso carácter y comportamiento  la caída será doble. Cualquiera que haya leído el blog anterior lo sabe, todo.
¿No puedo sólo desaparecer de la faz de la tierra? No sé, irme a cavar pozos para leprosos o algo muy lejano muy pero muy lejano. Recluirme en alguna cueva o en el bosque y hacer mi propia ropa de raíces y plantas, ese tipo de cosas.
Y ni me quiero acordar de cómo me llamo. Hoy me encontré a una persona que recuerdo vagamente de alguna clase. Podría estar paranóica. Dios mío, no quiero regresar. Mrs. Boss no ha escrito, tal vez no deba decirle que acabé, tal vez debería alargar el asunto, pero no sé si será mejor hacer todo lo contrario para acelerar el proceso y que se acabe ya. De todas formas me falta imágenes ¿no? Y la introducción y las conclusiones... ah, y averiguar qué es un galvanómetro. Me metí a los diccionarios en la bibliotecas pero no quedé feliz. Sólo tengo que respirar y aguantar lo mejor que pueda, un día a la vez. Tengo que intentar disfrutar un día a la vez. Respirar, suprimir los pensamientos y recuerdos que hagan daño. Pensé darme una vuelta por la hemeroteca pero me empezó a atacar la sensación de estar en peligro y tuve que correr. La facultad... ojala nunca hubiera entrado. Hace más de dos años que dejé de ir a clase, creo, pero el miedo regresa y los recuerdos, el recuento de mi desastroso paso por ese lugar. ¿Por qué no fui más lista, más madura, más responsable? Ya ni modo. Tengo que regresar.
Creí que regresando a la escena de mis crímenes todo se calmaría, pero el temblor va y viene. Me aterran todas las posibilidades de todo lo que podría pasar, surgir, brincar de la nada. En las preocupaciones menores, de repente me aterran los sinodales. ¿Y si me asignan a alguien de la Facultad y no del departamento? No, no, tengo que pensar lo peor. También me pregunto si hacen varios exámenes al día o si sólo hay uno. Y si son varios... me podría encontrar a alguien. No, todo está bien, no me voy a adelantar. En todo caso, falta mucho y ya le hice prometer a Jane que no me dejará sola y que ahuyentará a cualquier persona horrible (¿vieron qué insegura soy?).
El examen profesional del hermano de Jane fue espantoso. Al final le dijeron que había sido un alumno deficiente pero que cumplía los requerimientos mínimos para aprobar.  ¿Y si me dejan suspendida? Qué humillación... bueno, una más de todas las que ofrece generosa y gratuitamente ese lugar.  Ojala nunca hubiera entrado.
¡Falta mucho! ¡Salí de clases hace mucho, fui una estudiante/persona reprobable hace mucho y todavía falta mucho para tener que regresar! Qué feo es el tiempo distorsionado. Ahora oscilo entre tomarme la pastilla o no. Mejor no, si la cosa se pone insoportable no quedará de otra, pero lo vamos a intentar. Aquello de superar la angustia con fuerza de voluntad y autocontrol, la forma sana y correcta. 

Paréntesis: Me limpiaba las orejas (detalle que seguramente quería saber) y el cotonete salió lleno de sangre. Eso es malo ¿verdad? Oh bueno, si voy a convertirme en zombie este es el mejor momento.

9:56 He estado resistiendo, de verdad. Me sudan las manos y las preguntas van y vienen sin control.
10:53 Ya, ya me calmé. Las cosas que se me ocurren no son posibles. No es viable lo que me preocupa. Nadie se acuerda mí, nadie se ha ocupado de qué hago y no hago, mucho menos va a publicarse nada al respecto. Todo está bien... espero.
1:10 Todo en orden, más o menos.

Términos

"Realizar operaciones menores, entre ellas sangrías y poner sanguijuelas o caústicos". Suena horrible, todo suena horrible, pero si no lo hago no sabría qué más hacer.
Para vivir en el aislamiento más absoluto pienso demasiado en la gente. No me relaciono con la gente. "La gente" ¿quién es "la gente"? La gente de la Facultad, de la escuela, la primaria, las monjas, las amigas y los personajes sórdidos que van y vienen más como un símbolo que como personas reales.  Tal vez no sufriría tanto pensando en mí misma si hubiera más gente por quien preocuparme, pero no hay nadie. Supongo que nunca la habido, me he hecho ilusiones pero al final son mentiras de mi propia cabeza. Caray... qué negro se ve todo. Debo ver a Rito y seguir, hasta que los ojos (que ya me duelen) dejen de funcionar y me sienta a salvo, pueda dormir y funcionar. Quiero mentirme y quiero creerme. Sería bonito. ¡LA OBLIGACIÓN! ¡LA MORALIDAD! ¡La RESPONSABILIDAD! Y la reprobación. ¿Se supone que se midan los actos por las consecuencias? Ninguna, más allá de la posibilidad. Y me aferro a mi única ventaja moral, esa que no planeo soltar nunca sólo para estar segura de que  he hecho algo bien. Lo más difícil para la gente normal se me hizo muy fácil.
Algo, al menos algo que no perdería porque si lo hiciera... entonces sí que ya no podría vivir. Tal vez, algún día lejano si me extendieran las placas y me firmaran contrato pero no de otra forma. Y de ahí al círculo vicioso de merecer. Hay gente que va por la vida convencida de que lo merecen todo: amor, respeto, felicidad, que alguien se acuerde con una sonrisa. Hay gente que no.
Los secretos y la búsqueda perpetua por tratar de mantenerse vivo un día más. Mi hermana intenta consolarme diciendo que mis faltas son mínimas, que por cierto, encuentra absurdas. Dice que ella y toda la gente han hecho cosas peores. Claro, peores y sin embargo viven bien consigo mismas. ¿Por qué nadie tiene esta sensación de estar viviendo sin derecho a... ser, tener, cualquier otra palabra o cosa? Como estar metido ilegalmente en el cine, sin pagar boleto o meterte a una conferencia de una escuela a la que no vas.
Otra vez se está en primaria, subida en las banquitas con manchas de frutsi en la camisa y la sensación de que no hay mucha diferencia entre estar vivo o muerto. ¡Estoy en falta, en falta! Pero no voy la iglesia, con todo y que mi mamá me intentó llevar a huevo cuando era joven pero nunca pegó. Me decía por qué rezar y por qué pedir hasta que le pregunté si Dios escucharía mis oraciones si no eran mías. Falta mucho para que sea cuarto para la una y empiece a sonar la canción que anuncia el final del día. Y luego más vida que no es vida.
Los primeros cinco capítulos son de 138 páginas. Faltan los últimos dos. Creo que el seis es de 38 y el siete de 19. ¿Cuántas son? Nunca he sabido contar. Creo que ya enloquecí. Tengo que respirar y dejarlo ir.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Tori Amos - Smells like teen spirit (HQ)

Desgracia caminando en dos piernas

¿Por qué será que todo se ve mucho mejor y más fácil en la mañana?

Claro, eso fue en la mañana. A estas horas todo se pone igual que ayer. Ya llevo dos días sin pastilla para la ansiedad, es que no quiero que se acaben en caso de que esto se ponga peor. Hay niveles para todo y a veces es insoportable pero creo que hoy logramos modular un poco todo lo que se atraviesa en la cabeza. Ya son casi las diez. Hoy comí, hice ejercicio, revisé el capítulo cinco otra vez, manché un poco el coqueto dibujito de un perro y cuando regresó la angustia salí a pasear con Rito. Lo bañé y corregí lo que saqué de la biblioteca hace un par de días. Me tengo que controlar y pensar en cosas que no sean dañinas. A ver, ahí va todo lo que tenemos que repetirnos: No soy un criminal, no lo soy y tengo que controlarme para no seguir pensándolo. No soy la peor persona que se ha visto y no he hecho nada excepcionalmente malo. Nadie tiene que saber absolutamente cada error que he cometido, nunca he hecho nada irreversible o definitivo ni le he hecho daño a nadie. Tengo una buena vida y todo está bien. Para los estándares de la vida normal de la gente soy una cosa muy ñoña. Tengo que poner mi vida en perspectiva y entender que todos tenemos que pasar por muchos caminos y procesos raros para convertirnos en personas. Todo está bien, todo está bien y todo va a estar bien. No ha pasado nada y no me puedo dejar llevar por lo que sólo ocurre en mi cabeza. Otra cosa, tengo que controlarme y aprender a callarme. No puedo seguir arrastrando a mi hermana y padres en esta vorágine de culpa, en especial porque van a pensar que es más grave de lo que es por la reacción loca que me está atacando y no queremos que se imaginen cosas espantosas. Supongo que nunca podrán entenderlo. Al final no se trata de hechos, es una cosa distinta. No sé de dónde viene la culpa que, por cierto, no está localizada. Las dos horrendas sensaciones, culpa y vergüenza, saltan de un lado a otro, a diferentes momentos y con un montón de excusas. Lo que me atormenta a ratos desaparece después, se cierra ese cajoncito y de pronto hasta pienso "ay, estoy loca, cómo exagero", hasta que vuelve a aparecer. Una nueva obsesión.  
Hay que respirar, sólo respirar y hacer todo lo posible para mantener la mente ocupada. Total, nadie se muere de culpa y autoreprobación. ¿Ahora qué más haré?


martes, 18 de octubre de 2011

Tecnicismos

Mi querido lector: creo que estoy en problemas. Creo, sospecho, parece que tecnicamente hablando acabé la tesis. Claro, falta la introducción, las conclusiones, las fotitos y... ah, si, un glosario, le pondré un glosario.

¿QUÉ PUTAS?

Sí, eso es el capítulo siete, el último. Ya clausuraron el hospital, ya lo fraccionaron, ya descubrieron en bacilo, mudaron a los leprosos, redescubrieron el textito original y coqueto de nuestro amigo el doctor y llegamos a la frase cursi del final. Oh mi Dios.  Los subtítulos todavía no me hacen feliz.
A ver qué opina usted. En el capítulo siete, que va después del escándalo que hago en el seis sobre las maravillas que hace el doctor protagonista de nuestra historia sin que nadie lo note (describe un tipo de lepra de la que nadie supo nada durante miles de años, 20 años antes de que identificaran el bacilo que causa toda la enfermedad, imagínese, se me hace una cosa de lo más simpática), llega un doctor extranjero con un "método curativo milagroso y secreto" que obviamente fracasa. Esa parte se llama "Las promesas del doctor fiasco" (uso el nombre del médico, no la palabra "fiasco" pero no me gustaría que por andar buscando al personaje alguien llegara a este blog).  Eso lo puse junto con la decadencia final que se supone que sea un gran contraste con las mejorías, limpieza y estabilidad que ya habían logrado todos trabajando como amigos, Ayuntamiento y doctores, todos siendo felices. ¿Cómo le pongo al siete? Debería llamarse "El último jalón" pero sospecho que me acusarían de falta de seriedad académica. Ya usé "los últimos años del hospital", entonces, ¿qué queda?
a) Los últimos esfuerzos del Ayuntamiento de la Ciudad de México en el Hospital de... (no me gusta, nada más de escribirlo ya me dio hueva)
b)  Los últimos años del hospital (ya lo usé y aunque podría cambiarlo tampoco me gusta)
c)El Ayuntamiento de la Ciudad de México hace un último intento por curar la lepra (nombre, me gusta menos)
Pero la tercera parte de ese capítulo, lo que vendría ser el 7.3, ya se llama "la clausura", ni modo que repita. Además, el capítulo empieza por otro lado. A ver ¿qué pasa ahí? Que la cosa se jode. Todo está bien, el director se va de licencia, regresa, meten al francés estafador, les ve la cara, se decepcionan, el doctor renuncia, no me atrevo a afirmar que sea por el asco que le ocasionó el franchute y no lo pongo pero me imagino. A mi también me daría coraje que le soltaran tanta lana a un extranjero que ni siquiera se digna a decir qué diablos tienen sus famosos baños.  Es más, no me atrevo a afirmar que renuncie porque me caen las autoridades encima que dicen que se quedó ahí 17 años, aunque el archivo diga que renunció, entonces pongo que encontré la renuncia, que la aceptaron y que en 1859 el que llegó con la comisión a declarar sobre las movidas del administrador, era el otro señor. Incluyo nombramiento pa' que no se dude de mi palabra y ya que saquen las conclusiones que quieran.  El doctor se va, el hospital se ensucia y fastidia de nuevo, caen las leyes de Reforma y lo clausuran.
¿Cómo se llamó la obra?
Ni modo, son los últimos años en verdad, aunque sea cursísimo y un lugar de lo más común, pero ya a estas alturas ya no me importa. ¿Cómo le ponemos al capítulo cinco? Lleno de reglas higiénicas y pleitos con los ojetes de limpia que van a tirar la basura con los leprosos porque a  nadie le importa.
"Leyes y reglamentos para suplir la falta de costumbres salubres". Había puesto "A falta de buenas costumbres, reglamentos" pero Mrs. Boss siempre me corrige las construcciones confusas y rebusacadas y la verdad es que intento arreglarlo pero de repente se me olvida. Simplicidad, dijo. Bien, lo intentamos. ¿Y si ponemos "Leyes y reglamentos a falta de costumbres salubres"? Ay, ya no sé.

Ahora va el seis. La verdad es que está dedicado a lo padres que son los señores decimonónicos cuando de amor a la ciencia se trata. Necesito un título más. ¿Estará muy mal que empiece a usar frases al azar de Julio Verne para ponerle nombre a todo? Ya no me importa.  Mejor me volé la frase de otro señor que tenemos ahí citado, el que dice que el hospital es peor que los presidios de la costa: "Un tratamiento científico para la lepra". Doctores elegantes de sombrero de copa e instrumentos elegantes. La pura vanguardia.
Sospecho que este trabajito trae un aire de lo más steampunk.

Apenas son las 4:39 y ya empezó la incertidumbre. La culpa. ¿Por qué? Here comes the self loathing! No, no, vamos a intentar pararlo. Vamos a pensar en cosas agradables y lugares buenos en nuestra mente como la playa, una hamaca junto al mar, sombreros, Richard, Rito siendo bonito en las mañanas. ¿Qué me pasa? Vamos a intentar controlarla. Ya no sé qué más hacer. ¡Bibliografía, eso es! Servirá.

7:52
Creo que logramos suprimir el malestar, al menos por el momento. Por otro lado, escribir introducciones siempre es una mamada. Mi verdadera introducción debería ir más o menos así:

"El siguiente trabajo es el resultado de la oportunidad y se realizó por el motivo más noble de todos, dinero.
Las fuentes son básicamente todo lo que encontré en cualquier lado que no me obligara a ir al archivo grandote donde sí que podría encontrarme a alguien que no quiera volver a ver. Las enormes cantidades de información de archivo se deben en primera instancia a mi profundo amor por el chisme y las anécdotas escandalosas. A continuación, me vi obligada a encontrar una forma de vincular los montones de pedazos y fusiles que agarré de todos mundo y que hasta el momento me pregunto si tendrán conexión o se notará que los pegué como pude. No se sorprenda usted, lector especializado, si hay errores en el aparato crítico y grandes lagunas en esos detalles que no entendí bien, especialmente en cuanto cabildos, juntas de salud y otros detalles concernientes a regidores y demás personajes que no supe bien ubicar en ninguna jerarquía. Sobre las leyes se notará que evité meterme en problemas lo más que pude, mencionando apenas algunos pequeños datos tomados de aquí y allá que le dieran legitimidad al párrafo sin comprometerme a explicar el asunto, como podría ser el caso de policía como ramo y sus obligaciones. Si ve que le di mucha importancia a los relajos que armaban los leprosos... tendrá usted razón. Escribí como alma que lleva el diablo y me hice de la vista gorda en la cuestión de un  texto cuya numeración no tengo exacta (porque lo saqué de otro lado) pero que era demasiado importante como para eliminar. Prometo que en cuanto tenga ganas haré un último esfuerzo por localizarlo y si todo falla me aventaré el bendito apud y confesaré dónde estaba.
A lo largo de la exposición se pondrá de manifiesto la funesta relación que existe entre soledad y tiempo libre, al producirse más de 200 páginas en un periodo de alrededor de un año a falta de otra cosa qué hacer. No estoy muy segura de cuál será la tesis que se prueba, si es que hay una, pero les suplico ver el siguiente trabajo como el esfuerzo de una persona que va a cumplir 27 años y se pregunta todos los días qué ha hecho con su vida y qué hará después, porque no queda de otra más que vivirla, aunque se meta la peta una y otra vez en el proceso."

Ya después pensaré en los agradecimientos. Tal vez debería cerrar todo y olvidar el asunto hasta que Mrs. Boss me regrese la correcciones del capítulo cuatro. ¿Para qué apresurar el asunto? Tal vez un poco de tele me curará y en unas horas habré logrado sacar un día más. Tengo las manos congeladas, unos guantes no me harían mal.
A ver qué invento para mañana.

lunes, 17 de octubre de 2011

Toto es el verdadero protagonista de la película

Podría ser mi imaginación pero creo que Toto es el verdadero motor en la trama del mago de Oz. Huir con tu perro... caray ¿dónde escuché eso antes? Ah, claro, en mi cabeza desde que me entró la sospecha de que fuerzas universitarias misteriosas  podrían haber acabado con todas mis expectativas de paz y felicidad  sin que yo me enterara o me lo mereciera. ¡No sería justo! Agarrar a tu perro, cambiarte el nombre y huir. No quiero nada, no quiero nada.

Qué feas son las noches. Me asombran las ideas que me cruzan por la cabeza. ¿Cómo le hace la gente para vivir tranquilos consigo mismos? Sin paranoias, culpa o recuerdo tergiversados... no sé, pero les tengo muchísima envidia. ¿Cómo le voy a hacer para seguir con esto? Tengo que levantarme mañana. 
Lo más probable es que la rutina sea la misma. Hoy logré ocupar bien el día, casi todo, pero después queda la noche que es la parte más difícil. Lo más probable es que algún día, cuando me vea obligada a ganarme la vida de verdad recuerde esta época y diga "caray, cómo no aproveché para ser feliz cuando tenía tiempo libre". La peor parte es que lo intento, desde que abro los ojos lo intento pero en algún momento me atacan los pensamientos exagerados, la paranoia y los inventos, tienen que ser inventos o al menos recuerdos tergiversados. ¿Qué hacer?
Cuando regresé intenté descansar, después de todo fueron unas cuantas horas de color de espalda y otra más de camino, pero me empezó a entrara la intranquilidad y esa cochina sensación de estar cuestionando pequeños eventos aislados para sacarlos de proporción. Tomé la mitad de mi pastilla desde las siete, cuando empezaron a aparecer los dolores de estómago y esperé. Vi dos capítulos de Raising the bar, controlé el ataque de llanto, me soné y pensé "ya casi se acaba el día, ya casi lo logramos". 
Me pasé la mayor parte del día en la biblioteca copiando una cosa que quería Mrs. Boss. Copiaba con trabajos, la vista no me daba y las letras bailaban de vez en cuando por culpa de la luz fluorescente. Eran las cinco cuando comprendí que no terminaría hoy pero había logrado ocupar la mayor parte del día en lo que se supone que debo hacer o estoy haciendo, aunque mi vida haya perdido toda noción del tiempo, espacio, lugar... lo que sea. En el largo camino de regreso de la biblioteca me permití fantasear un poco. Me casaba con un sujeto amable y decente, hecho de pura gentileza y buen corazón, que amaba a los niños y a los perros, y con el que terminaba armando una casita acogedora donde yo me dedicaba a coser botones, comprar milanesas en la cocina económica de la esquina porque no planeo cocinar carne y preocuparme por los desayunos y los uniformes de nuestros dos hijitos. Yo ya no era yo y no me acordaba de nada que no fueran los festivales de primavera del kinder de mis hijos. Mi marido, que nunca se enteraba de aquellos detalles de la ansiedad y las mañanas autodestructivas, se tragaba el cuento de que soy pura alegría, salud y optimismo, y con la bellísima base de la deshonestidad vivíamos felices para siempre gracias a que nunca más volvía a sentir esta maniaca necesidad de confesarlo todo.  Sonreí como idiota todo el camino. 
Después regresé a la realidad, encerré mi coche y cuando estaba otra vez en mi cuarto regresé a ser yo en la vida que me formé tal como es, como fue, como se convirtió... no sé. Ya no distingo entre épocas. 
Había intentado resistir la toma de la pastilla, no quiero que se me acaben, pero en cuanto sentí el primer movimiento en el estómago supe que la noche iba a estar difícil.
Ni modo, lo estamos intentando. Mañana, supongo que todo volverá a suceder. Abriré los ojos como a las siete de la mañana y prenderé la televisión. La otra vez descubrí que estaba la Reportera del Crimen a una de esas horas extrañas de la madrugada y me emocioné mucho. Tal vez no eran las siete, podrían haber sido las tres o las cuatro, ya no sé, pero a las ocho empieza Criminal minds y es en ese momento en el que me pregunto qué debería estar haciendo y qué haré con el día. ¿Cuál es mi chamba? Ah, si, tesis y beca. ¿Archivo o biblioteca? ¿metro o coche? O tal vez decida quedarme en cama, como el domingo que no me pude parar como hasta las dos o tres de la tarde, a pesar de haber abierto los ojos como a las ocho. No sacan fotocopias en libros anteriores a 1955... y chale, era de 1900. ¿Qué más me quedaba que copiar y copiar? En el fondo me alegré, tenía mucho material para entretenerme, pero entre página y página regresaba la angustia. Se me hace que copié todo mal porque en algún momento me dolían las manos.La vi, estaba extrañamente huesudas y me asusté. En algún punto tengo que regresar de Oz, es completamente necesario.

No salir es buena idea, después de todo "no hay lugar como el hogar", a menos que una bruja quiera secuestrar y asesinar a tu perro, en ese caso, la huida es buena opción. Toto es un verdadero héroe, estoy convencida.

domingo, 16 de octubre de 2011

Correr

¿Han sentido la necesidad de correr? Sí, correr como alma que lleva el diablo, como si lo persiguieran. ¿Qué se necesita? Muy pocas cosas, un sombrero, una maletita, algo de shampoo, dinero y saber qué rumbo tomar para que no te agarren los narcos en el camino. Correr y correr, subir y bajar de autobuses, de preferencia con aire acondicionado, cambiarse el nombre, pintarse el pelo y fingir. Inventarse una historia.  Podría inventar algo divertido, no tan trágico, que incluyera viudez y un trabajo interesante. ¿Qué quiero ser en mi nueva vida? ¿alguien de Iglesia? ¿diseñadora de algo? ¿socióloga? ¿mesera? No me imagino.

I can't waste my time sitting here, I gotta be somebody new and disappear. 

Afortunadamente nadie en específico me persigue, sólo es la sensación. Una gran masa de entes sin forma que seguramente representan una época, un lugar o alguna idea distorsionada del pasado.





En mi nueva vida no seré ni por equivocación cualquier cosa que se parezca a un historiador. No, no.
I wanna try to remember to forget, I'm gonna take everything but my regrets.
Estudié o tal vez no lo hice. Eso es, mejor no lo hice. Dejé la escuela desde muy joven y me fui a refugiar al cerro durante muchos años en los que aprendí a encender fogatas y cultivar mis propios vegetales. Es más, tengo una gran comunicación con la naturaleza. Sí, eso soy. Soy una de esas personas que abrazan árboles y están en paz consigo mismos y con el cosmos. Le cambiaré el nombre a Rito, se llamará Lazarito y tampoco recordará nada del pasado.
Ayer me decía Kitty que se encontró a personas del colegio y que se hizo mensa porque confiaba en que no la reconocerían, sin lentes mi brackets. ¿Creen que sea posible? Lo bueno es que con esta pérdida masiva de peso tengo oportunidad de no ser reconocida nunca más. Yo no la siento, pero eso dicen y mi madre me trajo unos leggings talla XS que me quedaron. ¡Oh, mi Dios! Me probé una chamarra la semana pasada y descubrí que la talla chica me quedaba grande de los costados. No sé cómo pasó pero tal vez podría servirme para fingir mi muerte. Podría seguir por el mundo sin que nadie me reconozca. Aparte de las tallas menos, me quité el fleco y ya no uso maquillaje... podría funcionar. Lo malo es que me gustaba mi nombre pero ni modo.
Ya me imagino la escena. Necesitaré un sombrero grande, dos maletas, un par de zapatos cómodos, varios juegos de inmencionables, lentes una chamarra ligera, una bufanda y otro chamarrón, por aquello de los fríos. Un par de vestidos también ayudarán. Y después, una buena historia.

Esta es la parte en que el programa de protección a testigos falla y encuentran al desdichado. 
Tengo las manos resecas, estuve lijando otra vez.

Estrellas

¿Saben cuánto cuesta ponerse extensiones de pelo? Es escandalosamente caro, pero Miss Crawford era muy feliz con ellas y yo pasé la mañana intentando, con todas mis fuerzas, suprimir la sensación de zozobra y angustia que traemos en el estómago y que no se quiere ir. Ir a todos lados. Vamos, vamos, llévenme, quiero salir, sentirme persona, intentar con todas mis fuerzas enterrar los temores que me rondan. ¿Les conté que fui al teatro con Mrs. Palmer? Sí, yo solita le dije "me pagaron, vamos". Ella ha visto la obra 35 veces y la verdad es que no me explico cómo ha aguantado. Tiene tres momentos simpáticos y muchas canciones ochenteras, pero nada más. 
¿Qué pasó con Mrs. Palmer? A los 15 años creí que éramos amigas. Yo de veras lo creía. De regalo de cumpleaños se fue de viaje y recuerdo que me trajo una gran taza de Scooby Doo...  eso le estaba contando cuando ella recordó otra cosa. Parece que perdió algo más que el tiempo con un completo desconocido en uno de los juegos de un famoso parque de atracciones. Claro que no me contó, a mí nadie me cuenta nada. ¿Por qué? No sé, supongo que no soy digna de confianza y tienen razón en pensarlo, después de todo estoy aquí, contándoles de la vida privada de Mrs. Palmer con todo cinismo. 
Caray, no me contó. Me pregunto cómo funciona la vida de la gente, el contexto para poder medirme.  Cuando por fin me cuentan algo, me sorprende.  Dice Miss Crawford que soy muy dura conmigo misma, que mi nueva preocupación semanal no debería ser una preocupación siquiera. Quiero creer que es verdad. Al menos respiré un rato.
No vi al bebé, observé como le ponían las extensiones a Miss Crawford, tomé un té y regresé a mi casa. Las luchas vinieron después. Fue divertido, entretenido, fácil y fluido... estaba viendo las luchas con Kitty, gritando hasta acabarme la voz y fluyendo, intentando regresar desde los recónditos rincones de mi cabeza cada vez que me empezaba a dar esa sensación de no poder respirar. Momento de repetirse "No pasó nada, todo está bien, ya pasó" y regresar a la realidad. Recuperar el ritmo de la respiración.
Extraerse a uno mismo de la cabeza para insertarse en la realidad es la parte más difícil. "Esta soy yo, ahora, en este momento". No existe nada más, no hay realidades alternas que no puedo conocer y me amenazan, sólo está el momento, el buen momento. Lo quiero disfrutar. "Vamos a intentarlo, todo está bien, todo está bien". Creo que lo logré, creo que estuve bien, sólo me brincó el estómago un par de veces. No sé. Reí, grité, hable. Hace mucho que no lo hacía.
Tenía un chicle de vainilla y luchas, un niño siendo feliz a un lado y Kitty sufriendo un ataque de emoción porque se le juntaron los luchadores. Todo está bien. Caminar de noche es aterrador, en especial cuando se está alrededor de ese palacio deportivo tan mal iluminado, entonces corrimos. Corrimos alrededor de dos calles hasta que llegamos a donde nos esperaba mi papá. Correr siempre es bueno.
Ya estoy segura en mi casa. Estoy segura.

sábado, 15 de octubre de 2011

Me llamo Fidelia

Buenas noches: 
¿Cómo han estado? Hace mucho que no los veo y los extraño. La vida en solitario se siente bastante fea. ¿Pues qué les cuento? Me caí, gacho y todavía no me levanto, está costando más trabajo del que creía. No hablamos de un golpe, ni nada parecido. Aquí no se rompió nada, es puro desastre emocional.  Supongo que hablar de depresión se ha convertido en una cosa muy telenovelera como para describirlo.Tooodos lo estamos, toooodos los días.
¿Qué les puedo decir? Yo siempre he sido uno de esos clichés. El problema es que  ya me cansé, les juro que estoy cansada, agotada de seguir atorada en el estereotipo de "troubled teen". A los 26 años ya es ridículo. Quiero funcionar, quiero estar contenta, reírme, disfrutar las cosas, sentirme bien, estar sana, tener energía y la idea de que puedo seguir viviendo mañana. No saben cuánto lo quiero.
Me caí, ni modo. Un día me empecé a sentir como un  monstruo, como uno de mis leprosos y esa sensación todavía no se va. Miss Crawford y Jane me intentaron tranquilizar, lo mismo mi hermana. Creen que exagero cuando les digo que soy un  monstruo y estoy más allá de toda salvación. Claro, no he hecho un montón de cosas que podrían ser consideradas normales. Digo, todavía no he asesinado a nadie, ni me he convertido en un fornicador cualquiera, tampoco he robado, pero eso no significa nada. El daño es interno. El problema es haber pasado casi toda la vida como un caso psiquiátrico, un desastre emocional que terminó en la recolección de puros malos momentos. Claro, tengo que entender que la vida está llena de cosas, no todo puede salir prístino pero el que la vida no esté hecha para ser lineal y correcta no significa que yo tenga justificación para mis propias fallas. Ya no puedo estar encontrándole excusas a todo. Me asombra haberlas encontrado antes. Supongo que al final se trata de pecar de ingenuo, temerario y estúpido a la vez. ¿Por qué estoy obsesionada con la corrección?  Estoy obsesionada. La culpa... ¿la culpa de qué? ¿qué he hecho? ¡Ser un desastre, eso he hecho!Siento que uno va cargando con todas y cada una de sus pequeñas faltas todo los pinches días. Me jorobo porque me pesa, me pesa ser esta persona tan defectuosa y tan equivocada. He estado equivocada la mayor parte de mi vida. 
Tuve que desaparecer del blog y borrar el anterior porque ahí estaban registradas (a detalle y con todo cinismo) años enteros de mis faltas y errores, uno tras otro, ahí, registrados con toda naturalidad para que los leyera cualquiera. ¡Todo, todo! ¡No me pude guardar nada! ¿Qué diablos estaba/está mal conmigo? ¿Tenía que dejarlo por escrito? Al escribir diario, claro, uno no cae en cuenta de la serie de estupideces y fallos que se acumulan en tantos días de vida, pero en retrospectiva, pega durísimo el saber que está ahí a la disposición de cualquiera y por mi propia mano. Mi imprudencia y arrogancia es una cosa del conocimiento público. 
De pronto regresó todo, de madrazo. Regresé a la fea sensación de que yo, no estaba siendo yo, hoy, ahora, sino a la persona que era hace unos años. Había tenido unos meses muy tranquilos, cocinando tofu, viendo capítulos viejos de Raising the bar, jugando con Rito, haciendo tesis, quejándome de la gente, aprendiendo a preparar jugos con soya y corriendo en el bosque. Estaba bien, estaba sana, tranquila, con algo que hacer y por primera vez en mi vida, sin miedo.
Y de pronto ahí estaba todo otra vez. Las nauseas, el retortijon de estómago, el miedo, la angustia y la sensación de estar siendo amenazado.
Uno tiene épocas particularmente malas en su vida que se van y regresan. ¿Qué pasó? ¿por qué me atacó de repente?  Un día estaba leyendo tranquilamente cuando empezó a hacer su ruido y todo se acabó. A partir de ahí me empezaron a asaltar recuerdos seleccionados de todas las cosas que he hecho mal en mi vida. Todo lo que podría haber sucedido. ¿Cómo sé que no pasó? ¿Les he contado que cuando estaba en primaria me atormentaba mucho el saber que yo no era especial para Dios. No era suficientemente buena, nunca lo era. Uno siempre termina siendo egoísta, estúpido, malagradecido, imprudente, irresponsable... y un montón de cosas más. Culpa.
Los síntomas están ahí, bien claro y yo sé qué son. Lo sé. Tengo experiencia en la materia.
"¿Ha perdido interés en actividades que antes disfrutaba? ¿Siente que las personas quieren hacerle daño? ¿tiene sentimientos de vergüenza? ¿padece insomnio? ¿alteraciones en el apetito? ¿episodios de llanto? ¡CULPA! ¡CULPA! ¡CULPA!" Y la respuesta es "sí, casi siempre" o "frecuentemente". Yo lo sé, pero el saber que es un desorden y una enfermedad (y la vida y la chingada) no ayuda cuando de repente ataca y todo se ve y se siente absolutamente diferente.
La culpa. La culpa es la que no me deja vivir. Sobrevivo, a medias. ¿Con quién me siento culpable? ¿a quién le debo algo? A mis padres, claro, y a Dios, que no han hecho nada más que hacer mi existencia confortable pero soy yo la que la arruino, una y otra y otra vez. Mis padres hicieron todo por mí, desde que nací. ¿Qué no me dieron? Y yo les pagué convirtiendo algo con potencial en una desgracia. ¿Cómo fue que me convertí en mí? Un eterno choque de trenes emocional incapaz de relacionarse con las personas porque la aterran y completa falta de espinazo. Y regresa el miedo por la gente capaz de hacerme daño. ¿Cómo, en qué forma? No sé, mi cabeza inventa mil maneras. ¿Por qué lo harían? ¡No sé! ¿ Lo harían? ¿Tienen algo en mi contra? No sé, podría ser y si no lo tienen podría parecer. ¿Pero quién? Los de la carrera son los villanos de este episodio. Gente con la que realmente conviví muy poco, por el mismo miedo, y que definitivamente nunca llegaron a saber nada cierto de mí, me aterran. No los he visto en un tres años y sin embargo me aterran. La obsesión de este capítulo es mi paso por la Universidad. Se que el haber llegado a la frase final del último capítulo de la tesis (en borrador, pero creo que ya es el último de veras) podría ser la razón por la que mi cabeza decidió atorarme. La sensación de estar en clase otra vez, aterrada, expuesta, a la merced de un montón de gente. Sola. Y ahí es cuando vienen los recuerdos y la ansiedad. Intentar ser uno más del grupo siempre sale mal. Lo intenté, lo intenté y cada vez que lo intentaba sólo lograba empeorarlo todo. 
Entonces funcionar es más difícil. No puedo dormir y cuando lo logro no dura mucho, tengo pesadillas y despierto a las ocho de la mañana. ¿Qué putas hago a las ocho de la mañana? Ver Criminal Minds. La peor parte es que despierto cansada y no logro reunir la voluntad para ir al archivo y al menos fingir que hago mi trabajo.
Si vamos más atrás, hasta el colegio, regresan las expectativas destruidas y mi gran fracaso como persona y ser humano. ¿Soy un ser humano siquiera? Yo creo que no. Soy uno de esos artículos que salen dañados de fábrica, entonces nunca salen de su caja y se dedican a deteriorarse en ella.  Damaged. Siempre, desde siempre. No había salido de primaria y ya estaba dañada, genuina e irreparablemente dañada. La peor parte es que no tengo excusa. No tuve un hogar traumático, no me pasó nada de chiquita, no sufrí carencias, no sobreviví a ninguna guerra, ni cualquier otra justificación que exista para la gente que simplemente está mal y siempre lo ha estado. Ni siquiera he hecho o me ha pasado algo que justifique esta enorme sensación de culpa. Me cae de madres que Dios me ha cuidado. Gracias a mi imprudencia me pudieron haber pasado cantidad de cosas, pero Dios me cuidó. ¿Entonces?
"Buscar ayuda" ¿A cuántos doctores me llevaron desde que notaron que no tenía amigos y pasaba mucho tiempo encerrada en mi cuarto hablando al vacío? Y cada vez que intenté hacer amigos, la cosa salió peor. Más angustia, de esas que lo persiguen a uno en pesadillas años después. ¿Qué tienen en mi contra? ¿Qué pueden hacer en mi contra? Pero hace años que no veo a nadie de la carrera. Paranoia, inseguridad y paranoia.
Me quiero curar, de veras. Quiero poder vivir tranquila y lo intento, por mis pobres padres en especial, que sufren porque sufro y no pueden hacer nada. Lo intentaron todo. Doctores, club, actividades, ballet, clases de cerámica, pintura, regalos, paseos. Y al final, salía siendo yo. Esto solo lo puedo arreglar yo.
De repente se juntaron el miedo, la ansiedad, el arrepentimiento y la vergüenza por ser yo, por todo lo que he dicho, pensado, escrito, hecho, imaginado o intentado (en fin, vivido) desde siempre. Toda mi vida un negro flashback recurrente que no me dejaba dormir y eventualmente, tampoco me dejaba comer. 
Internet no ayuda un carajo. Uno responde  con "si" a 19 de las 21 preguntas del cuestionario y lo único que te dicen es que es severo y es momento de buscar ayuda. No, no quiero "buscar ayuda", quiero consejos. ¿Qué hago? ¿tomo vitaminas? ¿hago ejercicio? y ahí estoy yo, corriendo los 2 km en el bosque y atascándome medio litro de jugo de zanahoria para ver si así amanezco mejor.
Me negué a buscar psiquiatra, aunque mis señores padres se ofrecieron. Para que no se preocuparan intenté funcionar. Intenté arreglar el problema por todos los medios posible, hasta terapia ocupacional. Busqué gente, intenté salir y tener más actividades, confrontar mis miedos, caminando por la facultad, sentándome en los escenarios donde nunca más me volveré a sentir desvalida, las escenas de mis crímenes. Es más, hasta compré pinceles, cubrí tres lienzos de diferentes de tamaños con una capota de gesso, dibujé y me puse a pintar. Ayudó una hora o dos, pero eventualmente la vergüenza, el arrepentimiento y el self loath regresaban. Entonces llegaban los ataques de llanto espontáneos y el insomnio. Dejé de tomar café por aquello de que es malo para la ansiedad y busqué la forma de ir a dar vueltas a Plaza Satélite en las tardes para llenar esas eternas horas del día. Comer se volvió imposible. Me metía los pedazos de brócoli en la boca con todo el trabajo del mundo tratando de disimular lo difícil que era masticar para no llamar la atención de nadie pero de repente tenía a mis dos padres muy preocupados sentados en mi cama, pidiéndome que al menos me hiciera unos análisis para ver si no estaba anémica. En palabras de mi señor padre "estás languideciendo". 
¿Cómo decir que no?
No ayudó el que en mi desesperación por respirar y distraerme hasta aceptara voluntariamente ir de compras con mis tías. ¿Saben que me gané? Mi abuela se pasó toda la comida poniendo cosas en mi plato y observándome con reprobación porque según ella "estoy muy flaca", que no lo estoy. Después vino la preocupación de mis tías "porque me veía enferma" y el momento en que me mandaron al doctor. 
Sobre la visita al señor cardiologo/internista que es amigo de mi tía y atiende a mi abuela ¿qué les digo? Estoy muy sana, pero tan pronto le expliqué lo de las nauseas, el insomnio, la sensación de tener el corazón en el estómago, no poder respirar y la falta de hambre, empezó a preguntar... y chale, ni modo que le mintiera. ¿Llanto? si ¿tengo pocos amigos, verdad? casi ninguno, ¿angustia? sí. Lo bueno es que todavía no me siento atrapada en espacios públicos entre mucha gente. Esa fue la única pregunta a la que respondí que no.  Después llegó la una conclusión posible: Depresión y ansiedad. Well, eso ya lo sabíamos. ¿Pa' qué me pongo sincera? ¡Es un doctor!
Entonces me preguntó si he ido al psiquiatra. Otra vez me pasé de sincera. ¿Debí haber mentido? Tal vez, en especial cuando preguntó qué medicamentos había probado y solté toda la sopa.Revisó mis análisis y me tomó la presión. Supongo que estoy sana porque lo único que dijo fue "¿no comes mucho verdad?" Es que no tengo hambre.
Todo terminó en que me recetó lexapro y tafil. No compré el lexapro, no voy a tomar antidepresivos otra vez. Ya lo tomé y ya ve usted... muchos años después seguimos en el mismo tren. Ya no, no quiero. 
Lo que sí compré fue el tafil. Puedo vivir con la tristeza pero la angustia me estaba consumiendo.
Tampoco busqué a un psiquiatra, la única ayuda posible estaba en la única persona que estuvo ahí en carne y hueso, y que también leyó mi versión todos los días. En resumen, era el momento de pedir ayuda, cierto, pero no a un psiquiatra, sino a quien lo supiera todo.¿Cómo saber qué es real y que no lo es? Hay pocos y muy contados criterios con la capacidad de ponerle un poco de orden al mundo, uno, en realidad. Cuando peor se está es el momento de decir "no me lo merezco, pero necesito ayuda en verdad" y la ayuda llegó en una pequeña esquela que cada vez que pierdo el control de mi cabeza releo y me logró calmar. Y me repito "todo está bien", "nada es tan grave". No puedo permitir que estas obsesiones me corten los pies. Entonces respiro, como y me siento lo suficientemente fuerte como para levantarme y hacer todo lo posible para disfrutar aunque sea alguno de los momentos buenos del día. Despertar con Rito, ver un capítulo viejo de Raising the bar. 
Lo intento, todos los días, pero cuando una obsesión desaparece hay un periodo de calma de uno o dos días y luego aparece otra. "No tengo razones para creer que estas ideas tengan fundamentos o sean una realidad, por lo tanto, no me voy a dejar consumir por ellas". La paranoia es una cosa espantosa. De repente se pierde toda capacidad para discernir lo que es probable o real de entre todo lo que ya  podría haber salido mal y destruido todas mis posibilidades de ser feliz o tener derecho a ello. Si es que no la ha destruido ya. ¿Vio usted? No tiene sentido, pero el miedo está ahí.
Cuando se suprime una aparece otra. Una nueva duda, un nuevo temor, una nueva sospecha o angustia que se convierte en certeza y convierte una ilusión sin fundamentos en una verdad espantosa.
No sé si escribir aquí es buena o mala idea, ya no sé, pero supongo que era una de esas noches difíciles... y ya caí dos veces en el trabajo de Jane para llorarle mi locura.  Ya sólo queda rezar para que Dios nos de una señal chiquita de que podemos seguir viviendo con tranquilidad y al mismo tiempo seguir intentándolo, todos los días.

Mañana, ahora sólo esperemos que sea mañana.