Buenas noches:
¿Cómo han estado? Hace mucho que no los veo y los extraño. La vida en solitario se siente bastante fea. ¿Pues qué les cuento? Me caí, gacho y todavía no me levanto, está costando más trabajo del que creía. No hablamos de un golpe, ni nada parecido. Aquí no se rompió nada, es puro desastre emocional. Supongo que hablar de depresión se ha convertido en una cosa muy telenovelera como para describirlo.Tooodos lo estamos, toooodos los días.
¿Qué les puedo decir? Yo siempre he sido uno de esos clichés. El problema es que ya me cansé, les juro que estoy cansada, agotada de seguir atorada en el estereotipo de "troubled teen". A los 26 años ya es ridículo. Quiero funcionar, quiero estar contenta, reírme, disfrutar las cosas, sentirme bien, estar sana, tener energía y la idea de que puedo seguir viviendo mañana. No saben cuánto lo quiero.
Me caí, ni modo. Un día me empecé a sentir como un monstruo, como uno de mis leprosos y esa sensación todavía no se va. Miss Crawford y Jane me intentaron tranquilizar, lo mismo mi hermana. Creen que exagero cuando les digo que soy un monstruo y estoy más allá de toda salvación. Claro, no he hecho un montón de cosas que podrían ser consideradas normales. Digo, todavía no he asesinado a nadie, ni me he convertido en un fornicador cualquiera, tampoco he robado, pero eso no significa nada. El daño es interno. El problema es haber pasado casi toda la vida como un caso psiquiátrico, un desastre emocional que terminó en la recolección de puros malos momentos. Claro, tengo que entender que la vida está llena de cosas, no todo puede salir prístino pero el que la vida no esté hecha para ser lineal y correcta no significa que yo tenga justificación para mis propias fallas. Ya no puedo estar encontrándole excusas a todo. Me asombra haberlas encontrado antes. Supongo que al final se trata de pecar de ingenuo, temerario y estúpido a la vez. ¿Por qué estoy obsesionada con la corrección? Estoy obsesionada. La culpa... ¿la culpa de qué? ¿qué he hecho? ¡Ser un desastre, eso he hecho!Siento que uno va cargando con todas y cada una de sus pequeñas faltas todo los pinches días. Me jorobo porque me pesa, me pesa ser esta persona tan defectuosa y tan equivocada. He estado equivocada la mayor parte de mi vida.
Tuve que desaparecer del blog y borrar el anterior porque ahí estaban registradas (a detalle y con todo cinismo) años enteros de mis faltas y errores, uno tras otro, ahí, registrados con toda naturalidad para que los leyera cualquiera. ¡Todo, todo! ¡No me pude guardar nada! ¿Qué diablos estaba/está mal conmigo? ¿Tenía que dejarlo por escrito? Al escribir diario, claro, uno no cae en cuenta de la serie de estupideces y fallos que se acumulan en tantos días de vida, pero en retrospectiva, pega durísimo el saber que está ahí a la disposición de cualquiera y por mi propia mano. Mi imprudencia y arrogancia es una cosa del conocimiento público.
De pronto regresó todo, de madrazo. Regresé a la fea sensación de que yo, no estaba siendo yo, hoy, ahora, sino a la persona que era hace unos años. Había tenido unos meses muy tranquilos, cocinando tofu, viendo capítulos viejos de Raising the bar, jugando con Rito, haciendo tesis, quejándome de la gente, aprendiendo a preparar jugos con soya y corriendo en el bosque. Estaba bien, estaba sana, tranquila, con algo que hacer y por primera vez en mi vida, sin miedo.
Y de pronto ahí estaba todo otra vez. Las nauseas, el retortijon de estómago, el miedo, la angustia y la sensación de estar siendo amenazado.
Uno tiene épocas particularmente malas en su vida que se van y regresan. ¿Qué pasó? ¿por qué me atacó de repente? Un día estaba leyendo tranquilamente cuando empezó a hacer su ruido y todo se acabó. A partir de ahí me empezaron a asaltar recuerdos seleccionados de todas las cosas que he hecho mal en mi vida. Todo lo que podría haber sucedido. ¿Cómo sé que no pasó? ¿Les he contado que cuando estaba en primaria me atormentaba mucho el saber que yo no era especial para Dios. No era suficientemente buena, nunca lo era. Uno siempre termina siendo egoísta, estúpido, malagradecido, imprudente, irresponsable... y un montón de cosas más. Culpa.
Los síntomas están ahí, bien claro y yo sé qué son. Lo sé. Tengo experiencia en la materia.
"¿Ha perdido interés en actividades que antes disfrutaba? ¿Siente que las personas quieren hacerle daño? ¿tiene sentimientos de vergüenza? ¿padece insomnio? ¿alteraciones en el apetito? ¿episodios de llanto? ¡CULPA! ¡CULPA! ¡CULPA!" Y la respuesta es "sí, casi siempre" o "frecuentemente". Yo lo sé, pero el saber que es un desorden y una enfermedad (y la vida y la chingada) no ayuda cuando de repente ataca y todo se ve y se siente absolutamente diferente.
La culpa. La culpa es la que no me deja vivir. Sobrevivo, a medias. ¿Con quién me siento culpable? ¿a quién le debo algo? A mis padres, claro, y a Dios, que no han hecho nada más que hacer mi existencia confortable pero soy yo la que la arruino, una y otra y otra vez. Mis padres hicieron todo por mí, desde que nací. ¿Qué no me dieron? Y yo les pagué convirtiendo algo con potencial en una desgracia. ¿Cómo fue que me convertí en mí? Un eterno choque de trenes emocional incapaz de relacionarse con las personas porque la aterran y completa falta de espinazo. Y regresa el miedo por la gente capaz de hacerme daño. ¿Cómo, en qué forma? No sé, mi cabeza inventa mil maneras. ¿Por qué lo harían? ¡No sé! ¿ Lo harían? ¿Tienen algo en mi contra? No sé, podría ser y si no lo tienen podría parecer. ¿Pero quién? Los de la carrera son los villanos de este episodio. Gente con la que realmente conviví muy poco, por el mismo miedo, y que definitivamente nunca llegaron a saber nada cierto de mí, me aterran. No los he visto en un tres años y sin embargo me aterran. La obsesión de este capítulo es mi paso por la Universidad. Se que el haber llegado a la frase final del último capítulo de la tesis (en borrador, pero creo que ya es el último de veras) podría ser la razón por la que mi cabeza decidió atorarme. La sensación de estar en clase otra vez, aterrada, expuesta, a la merced de un montón de gente. Sola. Y ahí es cuando vienen los recuerdos y la ansiedad. Intentar ser uno más del grupo siempre sale mal. Lo intenté, lo intenté y cada vez que lo intentaba sólo lograba empeorarlo todo.
Entonces funcionar es más difícil. No puedo dormir y cuando lo logro no dura mucho, tengo pesadillas y despierto a las ocho de la mañana. ¿Qué putas hago a las ocho de la mañana? Ver Criminal Minds. La peor parte es que despierto cansada y no logro reunir la voluntad para ir al archivo y al menos fingir que hago mi trabajo.
Si vamos más atrás, hasta el colegio, regresan las expectativas destruidas y mi gran fracaso como persona y ser humano. ¿Soy un ser humano siquiera? Yo creo que no. Soy uno de esos artículos que salen dañados de fábrica, entonces nunca salen de su caja y se dedican a deteriorarse en ella. Damaged. Siempre, desde siempre. No había salido de primaria y ya estaba dañada, genuina e irreparablemente dañada. La peor parte es que no tengo excusa. No tuve un hogar traumático, no me pasó nada de chiquita, no sufrí carencias, no sobreviví a ninguna guerra, ni cualquier otra justificación que exista para la gente que simplemente está mal y siempre lo ha estado. Ni siquiera he hecho o me ha pasado algo que justifique esta enorme sensación de culpa. Me cae de madres que Dios me ha cuidado. Gracias a mi imprudencia me pudieron haber pasado cantidad de cosas, pero Dios me cuidó. ¿Entonces?
"Buscar ayuda" ¿A cuántos doctores me llevaron desde que notaron que no tenía amigos y pasaba mucho tiempo encerrada en mi cuarto hablando al vacío? Y cada vez que intenté hacer amigos, la cosa salió peor. Más angustia, de esas que lo persiguen a uno en pesadillas años después. ¿Qué tienen en mi contra? ¿Qué pueden hacer en mi contra? Pero hace años que no veo a nadie de la carrera. Paranoia, inseguridad y paranoia.
Me quiero curar, de veras. Quiero poder vivir tranquila y lo intento, por mis pobres padres en especial, que sufren porque sufro y no pueden hacer nada. Lo intentaron todo. Doctores, club, actividades, ballet, clases de cerámica, pintura, regalos, paseos. Y al final, salía siendo yo. Esto solo lo puedo arreglar yo.
De repente se juntaron el miedo, la ansiedad, el arrepentimiento y la vergüenza por ser yo, por todo lo que he dicho, pensado, escrito, hecho, imaginado o intentado (en fin, vivido) desde siempre. Toda mi vida un negro flashback recurrente que no me dejaba dormir y eventualmente, tampoco me dejaba comer.
Internet no ayuda un carajo. Uno responde con "si" a 19 de las 21 preguntas del cuestionario y lo único que te dicen es que es severo y es momento de buscar ayuda. No, no quiero "buscar ayuda", quiero consejos. ¿Qué hago? ¿tomo vitaminas? ¿hago ejercicio? y ahí estoy yo, corriendo los 2 km en el bosque y atascándome medio litro de jugo de zanahoria para ver si así amanezco mejor.
Me negué a buscar psiquiatra, aunque mis señores padres se ofrecieron. Para que no se preocuparan intenté funcionar. Intenté arreglar el problema por todos los medios posible, hasta terapia ocupacional. Busqué gente, intenté salir y tener más actividades, confrontar mis miedos, caminando por la facultad, sentándome en los escenarios donde nunca más me volveré a sentir desvalida, las escenas de mis crímenes. Es más, hasta compré pinceles, cubrí tres lienzos de diferentes de tamaños con una capota de gesso, dibujé y me puse a pintar. Ayudó una hora o dos, pero eventualmente la vergüenza, el arrepentimiento y el self loath regresaban. Entonces llegaban los ataques de llanto espontáneos y el insomnio. Dejé de tomar café por aquello de que es malo para la ansiedad y busqué la forma de ir a dar vueltas a Plaza Satélite en las tardes para llenar esas eternas horas del día. Comer se volvió imposible. Me metía los pedazos de brócoli en la boca con todo el trabajo del mundo tratando de disimular lo difícil que era masticar para no llamar la atención de nadie pero de repente tenía a mis dos padres muy preocupados sentados en mi cama, pidiéndome que al menos me hiciera unos análisis para ver si no estaba anémica. En palabras de mi señor padre "estás languideciendo".
¿Cómo decir que no?
No ayudó el que en mi desesperación por respirar y distraerme hasta aceptara voluntariamente ir de compras con mis tías. ¿Saben que me gané? Mi abuela se pasó toda la comida poniendo cosas en mi plato y observándome con reprobación porque según ella "estoy muy flaca", que no lo estoy. Después vino la preocupación de mis tías "porque me veía enferma" y el momento en que me mandaron al doctor.
Sobre la visita al señor cardiologo/internista que es amigo de mi tía y atiende a mi abuela ¿qué les digo? Estoy muy sana, pero tan pronto le expliqué lo de las nauseas, el insomnio, la sensación de tener el corazón en el estómago, no poder respirar y la falta de hambre, empezó a preguntar... y chale, ni modo que le mintiera. ¿Llanto? si ¿tengo pocos amigos, verdad? casi ninguno, ¿angustia? sí. Lo bueno es que todavía no me siento atrapada en espacios públicos entre mucha gente. Esa fue la única pregunta a la que respondí que no. Después llegó la una conclusión posible: Depresión y ansiedad. Well, eso ya lo sabíamos. ¿Pa' qué me pongo sincera? ¡Es un doctor!
Entonces me preguntó si he ido al psiquiatra. Otra vez me pasé de sincera. ¿Debí haber mentido? Tal vez, en especial cuando preguntó qué medicamentos había probado y solté toda la sopa.Revisó mis análisis y me tomó la presión. Supongo que estoy sana porque lo único que dijo fue "¿no comes mucho verdad?" Es que no tengo hambre.
Todo terminó en que me recetó lexapro y tafil. No compré el lexapro, no voy a tomar antidepresivos otra vez. Ya lo tomé y ya ve usted... muchos años después seguimos en el mismo tren. Ya no, no quiero.
Lo que sí compré fue el tafil. Puedo vivir con la tristeza pero la angustia me estaba consumiendo.
Tampoco busqué a un psiquiatra, la única ayuda posible estaba en la única persona que estuvo ahí en carne y hueso, y que también leyó mi versión todos los días. En resumen, era el momento de pedir ayuda, cierto, pero no a un psiquiatra, sino a quien lo supiera todo.¿Cómo saber qué es real y que no lo es? Hay pocos y muy contados criterios con la capacidad de ponerle un poco de orden al mundo, uno, en realidad. Cuando peor se está es el momento de decir "no me lo merezco, pero necesito ayuda en verdad" y la ayuda llegó en una pequeña esquela que cada vez que pierdo el control de mi cabeza releo y me logró calmar. Y me repito "todo está bien", "nada es tan grave". No puedo permitir que estas obsesiones me corten los pies. Entonces respiro, como y me siento lo suficientemente fuerte como para levantarme y hacer todo lo posible para disfrutar aunque sea alguno de los momentos buenos del día. Despertar con Rito, ver un capítulo viejo de Raising the bar.
Lo intento, todos los días, pero cuando una obsesión desaparece hay un periodo de calma de uno o dos días y luego aparece otra. "No tengo razones para creer que estas ideas tengan fundamentos o sean una realidad, por lo tanto, no me voy a dejar consumir por ellas". La paranoia es una cosa espantosa. De repente se pierde toda capacidad para discernir lo que es probable o real de entre todo lo que ya podría haber salido mal y destruido todas mis posibilidades de ser feliz o tener derecho a ello. Si es que no la ha destruido ya. ¿Vio usted? No tiene sentido, pero el miedo está ahí.
Cuando se suprime una aparece otra. Una nueva duda, un nuevo temor, una nueva sospecha o angustia que se convierte en certeza y convierte una ilusión sin fundamentos en una verdad espantosa.
No sé si escribir aquí es buena o mala idea, ya no sé, pero supongo que era una de esas noches difíciles... y ya caí dos veces en el trabajo de Jane para llorarle mi locura. Ya sólo queda rezar para que Dios nos de una señal chiquita de que podemos seguir viviendo con tranquilidad y al mismo tiempo seguir intentándolo, todos los días.
Mañana, ahora sólo esperemos que sea mañana.