martes, 28 de junio de 2011

Al servicio de la comunidad

Mis queridos lectores, tan queridos por mí como si fueran mis hermanos, les tengo noticias alarmantes que no pueden esperar.
Caminaba alegremente (bueno "alegremente" no, en realidad me regodeaba en la depresión como siempre) cuando me vi obligada a detenerme por café en el metro. No me dio tiempo de preparar un poco para llevar y la vida sin cafeína es todavía menos vida, usted me comprenderá. Me detuve en el lugar donde también venden esos deliciosos bisquets cuyo olor a mantequilla recién horneada invade casi toda la entrada a las profundidades del metro muy a pesar de otros olores que cualquiera pensaría que dominarían el lugar. Entonces... el horror! La señora que atiende el lugar estaba agachada sacando pan en una especie de alacena/ refrigerador tal vez que estaba junto a los refrescos cuando de repente, se le cayó un bisquet al piso y lo regresó a la charola como si nada.  ¡Al piso del metro! Y después, cuando yo quería pensar que esos panes del fondo eran otra cosa o no tenían relación con los bisquets maravillosos sacó la charola en la que descansaba el pan contaminado y la pasó al frente, donde envolvió los bisquets, incluyendo al caído en desgracia, y los puso con todos los demás.
Sobra decir que pedí mi café ("sí, sí, café, no quiero nada mas señora, gracias") y después seguí mi camino sintiéndome profundamente afligida el resto de la mañana. Claro, pudo haber tenido algo que ver el mundo de tristezas normales que de repente son abrumadoras, incluyendo al niño que anda boleando zapatos y al que hay que detener a tiempo diciéndole "no, no, no hagas eso, por favor" pensando que la gente no se merece tener hijos y después me acordé de los ojitos del niño y pensaba... carajo. ¿Que su madre no lo quiere abrazar y consolar? Pues claro que no, porque el mundo está lleno de monstruos, monstruos, les digo. Pero eso pasó después y creo que tuvo que ver con los ojos pelones del niño. ¿Qué hay con los ojos perseguidores de algunas personas? Supongo que es la cualidad que algunos comparten con los de los animales. Como de desconcierto y esperanza. Ya no tenía monedas, lo que traía era justo lo necesario para regresar a mi casa y lo único que encontré hasta el fondo de mi gran bolsa fue un pinche peso.  One fuckin' peso!
Junto a mí, de ida y de regreso, un montón de reguetoneros abusando de San Judas Tadeo. Pobre San Judas, no se merece ser víctima de tanto secuestro. ¿Se lo imaginan aterrorizado, preguntándose qué le harán los reguetoneros si no escucha sus oraciones? Me lo imaginé escondido debajo del altar pidiéndole a Dios que lo libere de sus poderes de intercesión porque lo tienen amenazado y "ahí vienen, los oigo Señor, vienen por mí".

Por todas esas razones mañana evitaré hacer algo de esas cosas que se supone que hago pero ya ni sé sin son de broma o si existen siquiera. ¿Qué tanto averiguo de los leprosos? ¿Como pa' qué? Ya no quiero hacer nada. El entusiasmo se fue al carajo. ¿Será la depresión por verme obligada a evadir los bisquets maravillosos? Es que, la señora tiró el pan al suelo y lo regresó como si nada.

Adiós bisquets del metro, adiós. Ya no puedo confiar en ustedes.

lunes, 27 de junio de 2011

Con mascarilla

Queridas personas con el alma seca:
¿Se siente usted de 46 años a la mitad de los veinte? ¿Le duele la espalda? ¿Se joroba cada día más por el enorme peso que de alguna forma insiste en jalarlo hacia abajo con más fuerza que al resto de las personas en la tierra? ¿Se siente incapaz de experimentar emoción? ¿Caminando por los charcos se moja los tenis a propósito nada para salir del ensueño de la rutina y contemplar la posibilidad de que todo se derrumbe en su evento inesperado para ver si así aprecia la seguridad de lo repetitivo? ¿Se siente mejor en la soledad y silencio porque cada vez sufre más al descubrir las enormes distancias que lo separan por completo del resto del género humano? ¿Es usted Frankenstein?
"Al fijarme en mi alrededor no veía ni oía a nadie como yo. ¿Sería pues, un monstruo, un ser único en la tierra, del cual huían y se espantaban todos?"
Mary Shelley, Frankenstein

En este punto le damos una palmadita en la espalda al pobre desgraciado y le aclaramos que tiene toda la razón, es un monstruo único en su especie que probablemente acabará mal, pero...
¡NO ESTÁ SOLO!
De hecho, le asombraría saber que un gran número de personas sale a la calle pensando que odia su vida, e incluso a sí mismo. Todos hemos sido víctima de las mentiras de los secuaces de Miguel Ángel Cornejo, Paulo Cohelo y en general... Sanborns. Esa gente que anda por la vida subida en su caballo de la autopromoción y la vanidad injustificada. Suelte ese libro motivacional ahora y en el futuro manténgase alejado de cualquier cosa que cante "ámate a ti mismo". Incluyendo la canción infernal esa que va más o menos así y que en youtube parece que no existe: Mirándote al espejo di "soy triunfador", mirándote al espejo "di qué bien estoy".
Mírate al espejo todo lo que quieras amiga cantante, dudo que funcione.
Bullshit!
Sí, claro, todos somos únicos y excepcionales... exactamente igual que el resto de 6 000 millones de personitas que también muy especiales.

El apocalipsis zombie ya está aquí, llegó desde hace mucho, lo que pasa es que sufrimos del mismo retraso espiritual que Bruce Willis en el sexto sentido. 
Ya somos varios los muertos con hambre y ganas de matar a su vecino que caminamos todos los días por las calles... ¡pero no nos hemos dado cuenta!  ¿Dónde estpa Haley Joel Osmond cuando se le necesita? Ah, claro... seguramente debe estar perdiéndose en el universo de las drogas y la depravación como todos los jóvenes de hoy. Oh bueno, habrá que esperar por el siguiente niño con poderes extrasensoriales.

Es cuestión de tener paciencia.

Vista inexplicablemente borrosa

Otra marcha... parecida a todas, con la diferencia de que esta vez no la terminé. No llegué hasta el zócalo y fue triste. Mr. Bingley II debía ir a trabajar a las cuatro y la marcha empezó muy tarde. A las tres y media, apenas llegando a Bellas Artes tuvimos que buscar un taxi que nos regresara al estacionamiento para empezar a correr. La verdad es que no me sorprendería que los Bingley me odiaran, después de todo nos llovió y la verdad es que me he convertido en una de esas personas que ni siquiera intenta fingir habilidad social cuando de conocer gente se trata. No, es mentira, sí lo intenté, que no tuviera gran éxito es otra cosa. ¿Qué me pasa? No, la pregunta correcta es: ¿qué me pasó? Supongo que un poquito de muerte interna. La desilusión mata.  
Y me cuesta trabajo. Los Bingley se ven felices, cómodos y armónicos. Me sentí muy culpable cuando empezó a llover pero en el fondo de mi casi muerto corazón me enterneció mucho que Jane me acompañara y jalara al desgraciado que la ama y no le diría que no a nada aunque ninguno tenga una fijación tan poco saludable con los animales como yo. Es que... ya ni sé.
Lo más probable es que Jane  no sepa realmente  lo mucho que significó para mí que me acompañara... y dos veces, porque uno diría que en la primera no sabía de lo que se trataba pero ya para ésta sabía cómo iba a estar y aun sí fue. Nos llovió... chale. Me duele no poder hacer más por corresponder. Me gustaría poder dar más, hacer algo más... pero es como si no tuviera nada en la reserva. Ya ni siquiera puedo inventar chistes malos. Me siento ahí escuchando sin saber qué decir, no se me ocurren chismes que contar y me pierdo en las narraciones sobre las personas en el trabajo. Tal vez tenía hambre. No sólo no nos dio tiempo de comer en el centro, cuando llegamos al lejano mundo del sur, esperamos a que el Sr. Bingley checara tarjeta y fuimos a buscar algo. El señor no me dejó pagar mi café y pensé que si pedía cualquier otra cosa haría lo mismo. Abusar de a generosidad de los novios de las amigas está mal y por eso decidí que comería hasta llegar a mi casa, lo que pasó muy tarde porque al final del día, después de que los Bingley se despidieran, nosotras regresamos al suburbio que es nuestro hogar para que Jane viera la tienda de accesorios que quería visitar desde hace mucho. 
Extrañamente, a pesar de la mojada y la caminata  no pude dormir.
¿Que pasa, es el clima?
Podría ser. Tal vez por eso arrastraba el cansancio hoy, caminando más lento que de costumbre después de pasar unas respetables cuatro horas en el archivo obscuro donde no hablo con nadie, gracias a Dios. Puro tiempo de calidad con mis leprosos y sus amigos. Quería quedarme un rato más pero tenía muy cansados los ojos. ¿Será la luz blanca que pega directo sobre el libro, la letra casi ilegible o el fijar la vista en un mismo lugar durante tanto tiempo? No sé, pero de repente se me nubla la vista. Creo que es puro síntoma de archivo, en la vida general casi no me pasa y de repente se me olvida que alguna vez fui ciega. Al otro archivo, al familiar, donde andan tan inusualmente interesados en conseguirme marido, no quiero regresar en un buen tiempo, tal vez esperaré hasta después de vacaciones.  Ya no lo sé...
Este es un buen momento para preguntarme dónde diablos estoy. No he hecho nada, de nada. ¿Qué he hecho aparte de marchar y pelear con las brujas de servicios escolares? Ah sí, prometí intentar espiar al ex-novio de Miss Crawford porque sospecha que se casó y sólo quiere comprobarlo para poder vivir tranquila. Este es uno de esos momentos en los que la existencia de una cuenta falsa siempre ayuda. Bueno, si funciona, que uno nunca sabe. Aunque para ser honestos yo ya no sé nada sobre nada y creo que he perdido toda capacidad para averiguarlo. 
¿Qué me pasa? ¿por qué siento que acabo de despertar casi todo el día? Hace rato intentaba discutir algunos temores de tesis con mi papá pero no funcionó. Tal vez sólo perdí toda capacidad de comunicación humana para siempre. Tal vez ya no sé hablar y no me he dado cuenta. Podría ser, eso explicaría el porqué los únicos que me entienden son Rito y un bebé de tres meses.
Por cierto, Rito vomitó su comida hace rato, me pregunta si querrá decirme algo. ¿Es un mensaje de algún tipo? Podría ser.

viernes, 24 de junio de 2011

Todas estas cosas y mil otras por el estilo

Las señoras de servicios escolares son las peores brujas que han existido en toda la historia de la humanidad, estoy segura. ¿Usted cree que las viejas ojetes que mataban el ganado, destruían las cosechas y causaban impotencia entre los jóvenes de la población era malvadas? No mi querido lector, la maldad de esas mujeres no tiene precedente alguno. ¿Le importaría desviar la atención de su torta (cuando ni siquiera son las 12 del día) para ponerme atención?
Ex- alumna inocente: Ehhh, hola ¿habrá alguien? — Nótese que me paré en la ventanilla y nadie me hizo caso.
Bruja infeliz: Pues de que hay, habemos varias.
Ex-alumna inocente y linda: ¿Habrá alguien desocupada? — Fingiendo que le doy un poco de crédito a su vida burocrática.
Bruja desgraciada: Pues las tres, no estamos haciendo nada.— Pero no se mueven.
Ex-alumna víctima de las circunstancias: ¿entonces habrá alguien que me pueda ayudar?—  Y nadie se levanta de su silla ni suelta la torta. 
Bruja malparida: ¿Qué necesitas?
Ex-alumna en desgracia: Es que me pidieron un sello en el historial académico para una beca de...
Bruja pelada: No, ya no damos sellos desde hace 3 semestres.
Ex-alumna desesperada: Bueno, ¿hay algo que pueda hacer? ¿alguna opción?
Bruja lépera y desgraciada: En la ventanilla de al lado.

Y ahí fui, con mi suéter de rombitos y cara de dolor a pedir informes con otra perra muy parecida pero que a diferencia de las otras gordas, al menos tenía un pescaguapos divertidísimo en forma de chinitos. No me fue mejor, ni siquiera me explicó un carajo cuáles eran mis opciones (que apenas descubrí hoy) nada más me pidió el número de cuenta, me aclaró que ya me había dado el cómputo de materias y le tenía que llevar eso y el historial académico para que me dieran la constancia. Ni modo, tendría que hacer el viaje otra vez.
Una vez más llegué a la famosa ventanilla y resultó que ese trámite podría no servirme de  nada porque debería haber sacado un certificado, no una constancia de promedio si lo necesitaba para una beca... pero eso me lo dijo ya que le había dado los otros papeles, sin mencionar que necesitaría fotos para sacar el certificado y de todos modos se tardaría otros 5 días hábiles en estar listo. "Pero si te urge, en las fotos de copilco te prestan la ropa".
¿En serio? ¿Parezco el tipo de persona que se pondría una blusa blanca de poliéster usada con anterioridad por quién sabe qué piruja que podría tener todas las enfermedades cutáneas del mundo? No señora. Me arriesgaré con la constancia, que de todas formas estará lista hasta la próxima semana y considerando que la universidad se va de vacaciones ya estuvo que no me pagaron en un buen tiempo. ¿Ve como no vale la pena el sacrificio de arriesgar mi integridad física y mental con ropa prestada de Copilco? 
Tal vez no se los mencioné, pero ayer, después de manejar casi dos horas para desperdiciar cinco minutos en la ventanilla de servicios escolares y estar a punto de emprender el camino de regreso con su debida  hora y media de periférico atascado, me detuve en los cuadritos de pasto, vi la biblioteca de lejos, me acordé de la lejana juventud, el entusiasmo, la ropa grandota y las expectativas...  y me senté a llorar.  Supongo que fue lo lejano que se veía todo y el ataque de una mala combinación de tristeza, decepción, arrepentimiento y desesperanza. Hoy mejoró un poco el asunto, ya no fue tan triste. Hice lo que tenía que hacer y corrí. Otro pedazo de la vida que está oficialmente muerto.
En una especie de círculo muy extraño de la vida, terminé el día paseando con el bebé de Miss Crawford. Mientras ella descubría con alegría que ya regresó a su talla normal yo le hablaba al bebé y la mantenía en movimiento para que no llorara. Me pregunto si terminé mareándola con mi chachara incesante. Me gusta hablarle, les juro que me responde, o al menos me gusta pensar que sus ruidos y gemidos son respuestas.  Hoy decidimos que tan pronto como se endurezca su pequeño cráneo necesita una tiara. Porque todas las niñas necesitan una tiara para crecer con una idea equivocada de su lugar el mundo que le cause enormes problemas al crecer (conversábamos, les digo). ¿Les he contado de los disfraces de princesa que no hizo la señora que trabajaba en mi casa a Miss Crawford y a mí cuando éramos jóvenes? El mío era de color salmón brillante y el de ella plateado. Para complementar el atuendo, mi papá me compró una corona de "perlas" con todo y cetro, seguramente diseñado para alguna quinceañera, pero que yo convertí en los símbolos de mi poder marítimo. Sí, es que era reina del mar, no recuerdo cuáles eran los dominios de Miss Crawford en aquella época, supongo que eso es síntoma de mi egocentrismo. Por supuesto, como cualquier reina que se respete, tenía un consorte, estaba decentemente casada  como debe ser, y no con cualquiera, sino con el mismísimo Dioniso (¡UN DIOS!), que extrañamente se parecía en mi cabeza a la bestia, el Dr. McCoy, de los X-men. Para justificar semejante mezcla de ideas les recuerdo que era una niña de primaria. ¿Cuando pasó todo eso?
Hace mucho.
Ya sé que en teoría he vivido relativamente poco, pero los años me pesan mucho últimamente. Por eso me jorobo, tengo la extraña sensación de estar cargando con demasiados recuerdos de todo tipo. Necesito un quiropráctico... pero como no me gusta que la gente me toque tendré que buscar otra solución.  Una almohada ortopédica podría funcionar.
¡No, un corsé! ¡En caso de duda, pregúntele al siglo XIX, nunca falla!

jueves, 23 de junio de 2011

Otis es inocente

¿Qué creen? Regresaron mis papeles porque "no cumplo con los requisitos". ¿Cuales? Ah, un sello en mi historial académico, o al menos eso me dijo el contador por teléfono. Ayer faltaba otro sello y ahora tengo que ir a conseguir uno que supuestamente debería estar en el historial desde hace mucho, si es que no lo está... ya no sé. Ya ni siquiera me voy a quejar. ¿Qué hago, qué mas puedo hacer? Si me dicen "trae esto", lo hago, "firma aquí" y firmo. ¿Tengo cara de saber cómo putas se libera un presupuesto?  Yo hago mi chamba, me levanto temprano, guardo mis cosas, me subo al metro y llego al archivo para revisar ficheros, sacar los expedientes, leer, copiar, leer, copiar un poco más, a veces resumir y  mandarle el archivo corregido y arreglado coquetamente a Mrs. Boss pensando que si yo hago lo que tengo que hacer, en algún otro punto de la ciudad, algún señor abrirá un folder, sellara un papel y se lo entregará al gestor que se lo llevará al contador para que me llame y diga "ya está tu cheque".

Parece que la vida no funciona así. A ver si se les da la gana sellar mi historial, a ver si el contador no necesita  otra cosa que debe ser mi culpa no tener porque no puede ser que no adivine todo lo que necesitan para sacar un pinche cheque que seguramente no cubre ni la papelería que se gastan en la oficina mensualmente. 
Ya me cansé, de todo. Nada más de pensar en las vueltas que tendré que dar, el sol, el tener que pararme en la ventanilla explicando lo que necesito como si la vieja de servicios escolares me hiciera un favor y luego manejar otra vez para ver si por alguna razón llego a tiempo con el contador para que me ayude. ¡ES SU PUTA OBLIGACIÓN!
Odio la vida, odio a todo el mundo, odio a la gente y a pesar del profundo amor que le tuve alguna vez, empiezo a sentir que odio a la Universidad.
Ahora falta que me salgan con que toooodo fue un error y por alguna razón administrativa esa beca no existe ni sale. 

Fui a comprar coca de dieta tan pronto colgué el teléfono para ver si la amenaza de lluvia me hacía sentir un poco mejor, pero se rompió la bolsa con mis cocas y los cigarros de mi mamá y se tiró sobre los anaqueles de chicles en el oxxo. Se cayó todo y lo tuve que acomodar yo solita... bueno, con la ayuda de un par de personas amables que se apiadaron de mi desgracia. No sé si grité cuando se rompió la bolsa "me lleva el diablo" o si fue mi imaginación... no, sí lo dije, nada más no sé qué tan fuerte. Una paleta de chamoy y un poco de coca salvarían el día. Necesitaba terapia ocupacional para ahuyentar esos sentimientos fatalistas sobre el naufragio de todas las esperanzas que alguna vez tuvieron mi padres sobre mí y la amenaza inminente de tener que admitir que la investigadora fea tenía razón: me vieron la cara. Por eso me puse a coser.
Coser, coser, subir la bastilla de mi vestido nuevo, tan anticuado y austeniano, para poder caminar con él y ser feliz.
¡Hasta que se rompió la aguja!
La arreglamos, pero si no hubiera sido por la alegría de la tele hubiera tenido que esconderme en algún lugar pequeño y cerrado (encerrarme en el closet o meterme abajo de mi cama)para calmar las palpitaciones y sentirme segura otra vez. Hiperventilar no es agradable. 
Ya hasta me dan ganas de que me manden al carajo, no quiero saber nada de enfermos, de médicos, de tesis, de archivos ni de nada. No hago nada.
Querido Dios (o invasores extraterrestres, quien llegue primero) te suplico que cuando destruyas el mundo le apuntes primero a todos los archivos, institutos, departamentos y demás cosas que involucren investigadores y humanidades.  Están llenos de pecadores, de veras Señor.
¡Que se quemen los archivos, todos!

martes, 21 de junio de 2011

El fabuloso vuelo del chupón

Tuve que huir del archivo a las dos horas de haber llegado. La verdad es que ya no pude más, entre la falta absoluta de noticias sobre la autonomía, más allá de un anteproyecto que no me servía de nada, y las buenas intenciones de la gente estaba a punto de explotar. Supongo que es mi culpa por ser tan familiar con las personas, no debería, pero pasó y fue inevitable, tal vez surgió de las pequeñas amabilidades, el que me tuvieran una manzana en la mañana porque ya saben que no desayuno o que me dejen correr libre por los legajos por ser de la casa, no pude evitar el agradecimiento y la blandura de tripas que te dicen "chale, la amabilidad gratuita es devastadora". Por lo general está bien, se puede manejar, pero hoy fue demasiado, entre el señor del archivo que le comentaba jocosamente a Lupita, la adolescente emprendedora, sobre "el novio de tres días que me abandonó" (¿Qué diablos?), las apreciaciones de la chamaca sobre cómo si me quiero casar algún día debería empezar a buscar pronto y la secretaria que me recordó que ya tengo 26 años y debería estar buscando la forma de dar clases  porque "ni modo que siga así" en combinación ganadora con las excusas del contador para no pagarme explotó todo cuando llegaron los del mantenimiento a poner el archivo de cabeza y de repente me quedé sin mesa para trabajar. Supongo que tampoco fue bueno que lo primero que me dijera la secretaria tan pronto la saludé fue "¿fumaste?"   DUH!   Lo voy a decir una sola vez: Mis pulmones, mi asunto! Por supuesto, no lo dije.
Me fui a las doce y  me tomé el tiempo de camión para sollozar silenciosamente porque parece que todo el mundo está encima señalando sutilmente lo que hago mal y en todo lo que me equivoco, sin contar con las prisas y la advertencia de que se me acaba el tiempo o la vida y está mal ser yo. Está mal esperar con ansias que salga capítulo nuevo de The defenders para ver si sale el fiscal con mala suerte o que se acabe el último libro que compré para poder darme otra excursión maravillosa a las librerías de viejo con la esperanza de que me hagan descuentos milagrosos otra vez.  Debería estar buscando un hombre (de la forma en que lo dicen hasta parecería que un cabrón cualquiera es el santo grial) y un trabajo que me robe absolutamente toda la vida. No quiero, estudié mucho, carajo. Me costó un madrazo tras otro sacar esa puta carrera y ahora lo voy a terminar como se debe, aunque lo haga mal, aunque salga una porquería, lo tengo que terminar. Tal vez desperdicio los pocos segundos que me quedan de juventud pero tengo que hacerlo, no puedo dejarlo a medias. No quiero despertar un día y descubrir que toda mi vida es un trabajo que odio y un tipo que a duras penas soporto. No quiero terminar viéndole la cara a un sujeto que ni siquiera pueda respetar un poquito y al que maneje como un mal necesario. ¿Necesario para qué? No, no se inserta a un sujeto en la rutina como si fuera un hobbie chafon para los días en los que se esté aburrido. No se hace eso con nadie. O a lo mejor sí, es la norma y eso siempre es bueno pero yo prefiero masticar vidrio, y no porque crea que esté mal, al contrario, es una mera imposibilidad personal.  Me gustaría colorear el mundo en encantadores tonos de gris para que las cosas parecieran reales, con profundidad y brillos y la chingada, claro que sí, pero  por alguna razón no puedo lograrlo. Y si lo intento me tiembla la mano y se me va el lápiz de un extremo a otro. Como la ouija… o sí o no. Por eso corrí. "¿Acaso quieren que termine en un matrimonio como el suyo, que se la viven huyendo de sus esposas, haciendo caras cada vez que las mencionan y coqueteando con cualquier adefesio que aparezca?" ¡NUNCA! Otra cosa que debí haber dicho pero gracias a Dios me aguanté. Iba a gritar, estaba a punto de gritar. Es que ya no pude más.

Después el malestar se puso peor cuando me encontré respondiendo correos de la Sra. Weston que dos años después descubrió que cambié de teléfono. Dice Jane que le ha estado hablando para que salgan a tomar café y que hasta le reclamó que no le hubiera hablado en su cumpleaños. ¿En serio? Parece que sí.
Estoy hasta la madre de la gente que decide cuándo sí y cuándo no. Se largan cuando son felices y regresan cuando están aburridos, luego se cansan y se largan otra vez... sólo para regresar después como si nada, como si no hubiera estado tocando el timbre de una casa desocupada y hubiera tenido que enterarme por el vecino de que ya nadie vive ahí, metafóricamente hablando, al menos. Uno los busca y no están disponibles por el momento, marque otra vez en 3 años a ver si hay un espacio disponible. ¿Pues que soy?  ¿acaso tengo cara de refacción? ¿se acordó una sola vez de mí cuando descubría la vida maravillosa  o cuando se fue a la playa para liberarse  de su vida pasada? Me da gusto saber que está bien, saludarla y luego decir adiós. El egoísmo ya me comió entera y me niego a hacer hasta la más mínima cesión de tiempo para ajustarme a la vida de nadie más. Ya no tengo 16 años, ya no voy a salir una horas antes de mi casa porque alguien más necesita que imprima su tarea de matemáticas antes de ir a la escuela y yo sólo quiero ser una buena amiga para asegurarme de seguir siéndolo.  A veces me dan ganas de gritar ¿quién te crees que eres? pero sería muy violento y se supone que yo no lo soy. Recordemos a Miss Crawford diciendo que tengo “un carácter suuuper tranquilo".  Mientras tanto, su bebé me ve con curiosidad y se ríe. La pequeña se rie todo el tiempo de cualquier cosa. Termina de comer y es feliz, si pasea en coche se duerme y después abre sus ojillos, te observa y escupe su chupón alegremente a distancias inimaginables. ¡Le vale madres todo! Quiero ser feliz como un bebé de 3 meses cuando sea grande. Grande como anciana, aunque ya lo soy según algunas versiones.

Claro, vamos a seguir con la bola de mentiras, pero hasta la próxima semana, en esta ya no doy más. Ya, lo que tengo lo mandaré el viernes y así parecerá que trabajo muchísimo.
Mientras tanto pasaremos el resto de los días hablando con los enfermos hasta que nos duela la espalda y se nos haya nublado la vista. Cuando recupere mi ceguera, todo volverá a estar bien.

viernes, 17 de junio de 2011

Do you know why you're afraid when you're alone? I do

Me encanta la mugre y no me refiero a la época de mi infancia en la que fui fan jurada del ecoloco... me encanta la mugre del archivo. Pelear con la letra antigua puede ser cansado, a veces desesperante y cuando no se está de humor (como hoy), una invitación abierta a mandar todo al carajo, a menos que los papeles antiguos nos den un maravilloso regalo. Estaba ahí sentada, pensando en que le había dicho a Miss Crawford que la vería a las 5, ya casi eran las dos y yo no pasaba del segundo expediente, cuando leí una cosa de veras (pero de veras) escandalosa: Corría 1839 cuando la Comisión de hospitales llegó a revisar que todo estuviera en orden con mis feos y pobres desgraciados, pero se encontró con que más que un hospital el establecimiento parecía "casa de prostitución". ¡Es más, el administrador tenía una "amistad ilícita" con una de las enfermas! ¿Quién diablos se mete con una enferma de lepra? That's wrong!
¿Se imagina usted mi cara de emoción cuando leí aquello? That sick bastard! 
¡Me ahogué en mi propio tapabocas! ¿Qué diablos? La enferma en cuestión tenía buena cama, buen vestido y todos los enfermos sabían que si querían pedir algo había que hacerlo a través de ella. ¡Santo amancebamiento Batman!
Un día de estos los leprosos me van a matar de emoción. ¿Una cantina instalada por uno de los enfermos en la portería? ¿Qué diablos? 
Supongo que debería estar preocupada por inventarme una tesis muy seria sobre la modernización de la ciencia en México como resultado de blah blah blah, etc., una que pueda probar, en lugar de armar un cuentito lleno de chismes y personajes escandalosos, pero no puedo evitarlo.
Nada me hace más feliz que desenterrar secretos sucios y contárselos a quien se deje.
Los leprosos son mis mejores amigos. Yo los quiero, con todos sus defectos, quejas y exageraciones. Ya sé cómo son, que se quejan de todo, les encanta el aguardiente y cada vez que pueden se meten en problemas por andarse perdiendo el asco entre ellos, como Juan el campanero que embarazó a Ygnacia Granados y como él estaba casado y su mujer legítima también interna en el hospital se las arreglaron para conseguir abortivos y destruir la prueba de su crimen. No me importa, igual que a ellos no les importa que sea excentrica, errática, algo irracional y muy aprehensiva. De todas formas hablan conmigo, me cuentan todo, sin pena, por eso los quiero. La amistad es una cuestión de confianza.

Estimado jovencito Joel Osmond... I see dead people too!

Anees



"Solía preocuparme por que pudieras meterte tan dentro de ti mismo que te desvanecieras por completo. Pero mira... ahí estas."

Salman Rushdie, Shalimar, el payaso.

jueves, 16 de junio de 2011

martes, 14 de junio de 2011

Una mañana normal

Hoy caminaba alegremente por Donceles cuando un ancianito me vio, se detuvo, me gritó "perra" y siguió su camino.

lunes, 13 de junio de 2011

En el 2000

Técnica: Pluma sobre hoja barata de cuaderno.
 (No puedo creer que Mrs. Palmer conservara esto)

Hormigas gigantes cazadoras de tesoros

Me cae de madres que la Sra. Boss se sacó la lotería conmigo. No, no, todo el archivo ganó, hacen bien en consentirme. ¿Ya vieron el despliegue de autoestima? Todo tiene una razón de ser y su nombre es "Lupita". Yo no sé de dónde salió, todavía está en la prepa, imagínese, pero por razones indeterminadas anda en el archivo haciendo no sé qué cosas para mi ex-jefa y para otra señora investigadora que no conozco. El chiste está en que hoy capté que la pusieron a archivar los expedientes que llegaron tarde a una serie que yo había acomodado.  Estaba muy fácil, son las fotocopias de todo lo que sacó la señora perra que me jodía la otra con que trabajo gratis para un libro de esos que seguramente tiene un montón de cosas que nadie leerá. El problema es que ella lo tenía todo dividido por hospitales y la coordinadora lo quería por orden alfabético. Lo único que había que hacer era anotar el nombre del personaje y el año en una gran lista que supongo se convirtió en catálogo. Nada más. Cuando yo lo hice de repente había un nombre raro, repetido o un montón de años confusos, pero preguntaba, me respondían y seguía trabajando... no me detenía en cada puto nombre para comentárselo a los demás. "Jajajaja, qué chistoso está este nombre", cada 5 minutos.
¿Puede usted creer que en dos paquetes de folders se pasó toda la mañana?  Y simplemente no dejó de hablar ni un segundito. Cuando no tenía dudas, era momento de contar con lujo de detalles toda su vida romántica desde la antigüedad hasta la fecha, lo que sabe hacer su novio, dónde trabaja y todas las razones por las que lo prefiere a su ex-novio que la trataba mal porque este la tiene como princesa. Como si eso no fuera suficientemente malo, tuve que padecer las preguntas: ¿Tú qué haces? ¿qué es un becario? ¿osea que yo podría estar cobrando por esto? (Léase con voz de niña chiqueada)
No tengo nada en contra de ella, digo, es linda, pero creo que lo mío es una intolerancia natural a las princesas. Ya sé qué es lo que está pensando: Eso es cinismo, recordemos que en el pasado se me ha acusado de "princesearme".  A lo mejor, pero no es lo mismo. Permítame explicarlo:  yo soy delicada y mamona, lo admito. No uso maquillaje del super, traigo un desinfectante en el bolso por si me veo obligada a acercarme a baños públicos, odio el poliéster, no salgo sin protector solar, detesto sudar  y necesito sábanas suavecitas para poder dormir a gusto, pero el exceso de actitud femenina me irrita. Me puso de mal humor el tono de voz,  los acertados comentarios como "el metro está feo y me da miedo que me roben mi lap rosa" y la actitud de "necesito que hagan cosas por mí". Ya cuando empezó con "me va a salir un grano" cuando yo intentaba llegar al menos hasta 1928 porque tengo dos semanas sin mandarle nada a la Sra. Boss me entró la desesperación:
—No te preocupes, a mí me salen seguido y te aseguro que sobrevivirás, tus pulmones no dejarán de funcionar, no le pasa nada a tu corazón, no te mueres.
—Ay, es que se ve feeeeeo.
—No importa, tu novio te perdonará.

Y supuse que ahí había terminado el asunto, pero resultó que va a estudiar psicología porque le interesaba la psiquiatría pero no podría ser doctora porque le da mucho asquito la sangre. Dios mío, cuántos niños inocentes caerán en sus manos.

¿Que podía hacer? Ir a buscar al contador para ver si por fin me pagaba y podía compensar mis sufrimientos con algo bonito, pero en el colmo de males me salió con lo mismo de siempre: "date una vuelta mañana".
Tal vez soy muy criticona con Lupita, puede ser que todo sea algún tipo de trauma de la infancia, les recuerdo que en mis religiosos años de educación primaria (me sonó a comercial de la SEP), lo más importante que aprendí fue la extraña forma en que se supone que se deben comportar las mujeres. ¿Qué hay con todo este asunto de lo que es femenino? ¿Qué es femenino? Y una vez que se está en eso hay que pensar en la diferencia entre las las buenas y las malas mujeres. Sobre esos temas siento que todo mundo me ha engañado siempre. Las monjas me decían una cosa, las maestras de secundaria me decía otra —parecida a la anterior, pero con más detalles—
y luego, en la confusión del primer semestre en una carrera que ahora puedo ver fue una decisión absurda, me cambiaron completamente el discurso entero. ¿Sabe usted lo escandalizada y asustada que estaba en esos primeros semestres? Lo que veía, escuchaba y me imaginaba (quedándome corta, porque hasta la fecha no puedo concebir la verdad sobre las vidas de las personas) me tenía paralizada. Fue como cambiar de país y de siglo en un chingadazo. Por supuesto, no creí que me hubieran mentido antes, al contrario, se me exacerbaron un montón de convicciones que ahora me pregunto si comparto en verdad o si sólo las asimilé como un mecanismo de defensa de última hora. Pasar de bueno/correcto a malo/reprobable, sin ser una ni otra cosa.  No es que sea moralmente aprehensiva... bueno, tal vez sí. "Ansiedad moral" creo que fue lo que me diagnosticaron y tenían razón. (Estimado comentarista anónimo, en caso de que esté leyendo: la verdad me dolió pero fue la verdad finalmente y lamento haber hecho caso omiso a su petición de no publicar el comentario, es que antes no tenía esa opción de la censura y se publicaban comentarios sin que me enterara, espero que no me odie aunque no quiera dejar de fumar. Saludos.)
Por eso me causa angustia la visitante del archivo, debe ser envidia. ¿Saben qué le envidio? La ligereza. Yo quiero ser así, caminar por el mundo pensando en novios que van y vienen, ropa, salir a bares con amigas, decidir qué estudiar y qué zapatos de plataforma comprar, sin preocuparme un carajo por la corrección, la responsabilidad o la pureza de intenciones y de hechos que al final queda asentada en un enorme registro que es invisible para todos menos para mí. Nunca fui así.
Y lo intento, de veras quisiera manejar el mundo con más tranquilidad pero tengo un problema con la carga moral de las cosas, con las mentiras, las promesas y las aseveraciones. Por eso me preguntaba cómo responder el correo de la Sra. Weston. Por un lado me sorprende que se acordara de mí y me sorprende todavía más que preguntara cómo estoy en la vida. Al principio creí que se había equivocado de correo, luego pensé que era un mensaje en cadena y al final concluí que pudo haberse originado en algún comentario de sus papás porque los vi la otra vez en la calle (aunque la voz en el fondo de mi cabeza preguntó: "¿qué querrá?", como la última vez que habló para pedir prestado mi coche... ja, sí, claro, como si eso fuera a pasar algún día). 

¿Qué pasó con Mrs. Weston? Supongo que en algún punto de la vida fuimos cercanas... ¿o no? Ya no lo sé, al menos puedo asegurar que lo sentí un par de veces, pero viéndolo todo en retrospectiva una amistad condicionada no puede ser real. ¿Se es amigo de alguien cuando se sabe que hay que mantener estándares para seguir ocupando el puesto? Ver qué cosas funcionan con esas personas, con qué chistes y qué supuesto sistema de creencias generales  se puede crear una relación. Lo que funciona con unas no funciona con otras y al final, cuando se casan metafóricamente hablando y se van a llevar vidas mas populares y satisfactorias, es una especie de alivio. No más mentiras ni requisitos. 
Creo que por eso me quedé pensando hace unos días que a veces hay grandes periodos de tiempo en los que no me siento sola, aunque haya estado sentada frente a la computadora dos días seguidos sin hablar con nadie.  Uno se siente más solo cuando está rodeado de gente a la que obviamente no le importa nada un carajo. Cuando no tienes absolutamente a nadie de quien esperar nada, la falta de expectativas crea una especie de estabilidad muy agradable. Es como si no existiera vacío alguno qué llenar. "Sí, claro, vamos a vernos". ¿Por qué querría aventarme de pechito? Duele, esa es la verdad, tratar con la gente duele y con los años me he vuelto muy intransigente. Ya no estoy dispuesta a arriesgar ni un ratito de dolor que no necesito. Si yo pasaba tantas cosas por alto ¿por qué a mí no me perdonaban nada? Cualquier paso en falso era motivo de burlita casual, esa de la que se alimentan las amistades femeninas. Por eso hay tanto crímenes cometidos por "grupitos" de amigas, la dinámica entre adolescentes está llena de presión y de procesos mentales extraños que explican que las seguidoras de la mera mera, la que manda, prefieran seguirla a pesar de lo equivocado de sus métodos a ser expulsadas de la comunidad. Es exactamente como en las películas. Creo que a estas alturas es difícil comprender lo que significa para alguien formar parte de un grupo cuando se está en un medio ambiente completamente hostil. 

Por eso me extraña la idea de que todavía exista la Sra. Weston. Hace poco me encontré a sus papás y ni siquiera me saludaron. ¿A qué viene? No sé, me extrañó.En general me extraña que después de tantos años no haya cambiado en nada, absolutamente nada. Ni el peinado, ni el maquillaje, ni la ropa. La verdad lo admiro de alguna forma, debe ser agradable tener certezas sobre uno mismo.
Por el momento, yo tengo una sola cosa segura: Amo mis uñas azules. Tengo las uñas de los pies pintadas de azul/morado, se supone que se llama "Tempest" pero la verdad es que me recuerda los primeros frágiles años de secundaria, en esa incómoda transición entre los casettes con la música de disney a las canciones que se agarran al azar de un canal de videos y se graban en vhs para ponerlo en las mañanas, antes de tener que irse a la escuela. Rita Guerrero cantando "azul casi morado" con el micrófono de flores blancas es una de esas imágenes de la juventud que me hizo pensar "yo quiero ser así", "yo quiero ser como esa señora justo ahí, en ese momento", no quiero ser una de mis compañeritas delicadas con uñas pintadas de rosa y un puesto reservado en el intercolegial.  Lo mismo me pasó con "Good fortune" de PJ Harvey ( aquella ingenua novedad de los canales de videos de cable).

Al final descubrí que no estaba en mí... y está bien, ya no me amarga. 
Un día, platicando con una adolescente en el archivo, descubrí que ya no quiero ser nada que no me salga fácilmente. Soy decimonónica.  Soy una persona decimonónica con las uñas de los pies pintadas de azul casi morado. 
¡Orgánico y natural!

domingo, 12 de junio de 2011

Surprised Kitty


El poder curativo de un gatito no conoce límites.

sábado, 11 de junio de 2011

La Biblia dice...

La forma en la que se relacionan las familias siempre me ha dado una mezcla de curiosidad, miedo y un poco de envidia. Recuerdo muy bien el día en el que decidí darme por vencida con el asunto de encajar en la familia de mi mamá. Pensé: Nunca voy a ganar, no importa cuanto me esfuerce, lo mejor que puedo hacer es renunciar al intento. Fue una de esas cosas que sólo suceden en la cabeza. No dije absolutamente nada, solo sentí en cuanto nos subimos al coche que abandonaba toda aspiración afectiva cuando de tías y primos se trataba, tiré la toalla, cerré la puerta y me despedí yo solita en mi cabeza durante el camino de regreso.  No lo sé, después de todo son personas del sur, a veces me pregunto si de verdad las diferencias entre los chilangos y los satelucos son tan grandes como yo las veo o son producto de mi imaginación.

Mis primos viven lejos, lejos de Satélite y hasta en otros estados, supongo que esa siempre fue la excusa para justificar la falta de relación. La verdad es que la más cercana a mi edad es Paula la nazi y le llevo varios años como para que pudiéramos ser amigas, sin contar con que la perra usaría cualquier cosa que diga en mi contra, y si no digo nada es capaz de inventar que lo hice para quedar bien con mis tías, lo que ya ha sucedido en demasiadas ocasiones como para que me quede la menor duda al respecto. Por otro lado siempre ha existido esta noción de que mi hermana y yo somos un par de maleducadas, caprichosas y "chiqueadas" que nadie educó porque mi papá nos dejó correr libres por el campo sin control alguno. Recuerdo que desde chiquita esa fue la burla siempre, "que estaba chiqueada". Tal vez tienen razón, nunca me obligaron a hacer nada que no quisiera o pudiera. La idea de que estuviera en el cuadro de honor, la escolta o el equipo de algo importaba más o menos lo mismo que la disciplina... un carajo.
No me voy a disculpar por eso.

Lo extraño es que hoy nos enteramos de que mi prima,  la que acaba de tener un bebé, tiene arteriosclerosis o algo así. Por supuesto se esparció la información como se debe, en una cadena de llamadas telefónicas que terminan con "no le vayas a decir a nadie". Creo que nunca me he sentado a hablar con ella en toda mi vida pero al final se me hace feo porque no se lo merece. Se me hace triste, no es justo. Si algo hizo toda su vida fue intentar hacer las cosas bien. Siempre fue perfecta, nunca causó problemas, nunca llegó a su casa vomitando alcohol a las 5 de la mañana. Supongo que por eso mi hermana la odiaba, porque la estuvieron comparando con ella desde que nació; "Mira, ella está en el cuadro de honor siempre", no decía grosería, sabía comer decentemente, tuvo un par de novios poco serios pero inocentes y se casó a una edad prudente con un personaje de mínima relevancia. Estudiosa, bien portada, considerada, trabajadora, responsable, de esas personas que parecen cartel de universidad. "Tan buena hija" insiste mi madre en el teléfono cada vez que la mencionan y yo nada más pienso que le jodieron la vida gachamente. Por alguna razón se creyó todos los discursos moralistas/religiosos/socio-correctos que se venden entre todos. No fuma, no bebe y jamás metió la pata en nada. Complacer a mi tía es imposible y su papá pasó por una crisis de la mediana edad en la que se divorció para casarse con una ex-modelo de 30 años que a esas alturas ya estaba embarazada. Un "escándalo" espantoso del que nadie se ha recuperado hasta la fecha.
Después llegaron los tratamientos de fertilidad para tener un bebé y cuando lo logró... le salieron con eso. No puede cargar al bebé y eso se me hace el colmo de la mala suerte.
Me dio tristeza, no sé por qué. 
La parte desagradable del asunto es que ya empezaron a correr las teorías de venganza divina y mi abuela ha decidido que todo es su culpa porque lloró cuando se casó mi tía y todo mundo sabe que "las lágrimas de una madre se pagan". Cuando mi madre le recordó que "lloró con todas" (casi todas, recordemos que a la de mi mamá no fue porque se casaba con un greñudo/ateo/comunista que ahora es su yerno consentido y con la del marido canadiense estaba muy contenta porque en ese entonces estaba guapo y se llevaba a su hija la problemática bien pero bien lejos), la historia se acomodó para responsabilizar al padre que provocó el divorcio porque la Biblia dice que los hijos pagaran los pecados de los padres. Y al final Dios está castigando a la pobre quién sabe por culpa de quién.
¿Y el chamaco qué culpa tiene? ¡Acaba de nacer!

Por supuesto se supone que nosotros no sabemos nada.La tía que pasó la información estaba muy indignada porque hubieran decidido pasar por todo el asunto en privado. Ni ella ni su hermano quieren hablar con nadie y han decidido no responderle a nadie. Me parece bien, deberían dejarla en paz. Si ella no quiere gente revoloteando a su alrededor deberían respetarla un poquito y darle espacio para que esté con quien ella quiera estar. La gente decide a quién quiere a su alrededor en los momentos difíciles y no deberían imponerle la presencia de nadie. ¿Hasta enferma tiene que andar consecuentando los despliegues de talento quijotesco de los demás? No la jodan.

Extrañamente, de veras espero que se pueda detener la enfermedad el tiempo suficiente para que disfrute aunque sea un poquito a su hijo. Un ratito, al menos hasta que camine y tenga algunos buenos recuerdos que conservar, se los merece.
Es que se me hace muy triste... chale.

Por eso intento cuidar mi salud lo menos posible, cuando me muera quiero saber que fue por culpa mía, no quiero que se especule que fue por los pecados de quién sabe quien. Yo pagaré mis propios pecados, gracias

miércoles, 8 de junio de 2011

El desperdicio es pecado

Nada como una sospecha de envenenamiento por comida en mal estado para calmar la neurosis. Fue mi culpa, la verdad es que acabé con el otro paquete de tofu que admito ya había expirado. ¿Qué son dos pinches días, o tres? Ni siquiera deberían contar y me duele ver un paquete de tofu orgánico desperdiciado en el congelador. Oh, estaba en el congelador entonces no puede ser tan malo. El punto es que de pronto tuve una especie de calor, mareo y confusión que bien podría ser intoxicación o histeria. No sé si tengo nauseas o simplemente tomé demasiado Be-light, la verdad es que no me gusta pero también estaba en el refri.
Se siente muy feo estar sentado frente a la computadora tratando de armar párrafos desarticulados llenos de oraciones chorizo y un montón de digresiones y saltos temporales que nos llevan de un lado a otro sin gran hilo conductor más allá de que todos sufren. Y creo que sí estaba malo el tofu, tengo nauseas. 
A lo mejor me da asco toda la vida, podría ser. Me da asco saber que cada capítulo me sale de 30 páginas aunque no haya terminado bien absolutamente ninguno y no pueda evitar seguir metiéndole páginas nuevas para aclarar lo que dije en las anteriores. No lo puedo evitar, cada vez me encuentro más cosas, me arrepiento de algo que dije o cacho un espantoso error o contradicción que hay que remediar quitando, cortando, borrando, inventando y mentando madres al final de un montón de hojas que bien me pude haber saltado alegremente. Tengo nauseas.

Y ayer tuve un golpe de suerte que había olvidado en el furor de la ira injustificada: Gané en la ruleta. Bueno, no fue tanto así. Aprovechando que tenía dinero me metí a una librería de viejo a ver qué me ofrecía la vida... ¿y qué cree? ¡Fue maravilloso! No sólo por encontrar pequeñas alegrías, lo mejor fueron los precios. Me podía llevar 3 libros maravillosos y todavía guardar los 10 pesos necesarios para llegar a mi casa, otros 15 para mi café y tal vez agregarle uno de esos bisquets de mantequilla a la ecuación.
Todo estaba calculado, pero en una de esas sorpresas maravillosas de la vida, el señor vendedor me tenía una buena noticia cuando llegué a pagar. Había una pequeña ruleta y dependiendo del número en el que cayera la bolita me hacían descuento. 
¡30% de descuento!

La verdadera felicidad está hecha de esos pequeños momentos y no quiero nada más, nada grande, elegante o especial. Yo sólo quiero llegar segura a mi casa, sin contratiempos, y salir otra vez en la mañana con la esperanza de coleccionar otro momento feliz. 

martes, 7 de junio de 2011

El largo berrinche del día

El agotamiento. ¿Es el sol, la tensión nerviosa o nada más me cansé ya del archivo? Creí que con el trabajo de un par de días me habría salvado de regresar en toda la semana. No les voy a mentir, estoy nerviosa, siento que me saben algo, que el ambiente se puso pesado y en cualquier momento haré un movimiento en falso. ¿Por qué insisten en el asunto del güey? Nada más hablando con Marina o cuando salí a mi pequeña pausa de tabaco y de repente empezaron exactamente con el mismo tema de conversación. El esfuerzo para cambiar el tema y luego resistir las ganas de correr porque ese expediente no se va a trascribir solo y Mrs. Boss me sugirió sutilmente que le avance y me empiece a saltar años. Está bien, cuando esto se acabe me iré a vivir a la playa, venderé artesanías y viviré de agua de coco y tamarindos enchilados.

¿Por qué insisten de la nada? ¿Vieron al doctor que tanto me asustó la semana pasada? No, no puede ser, ya desapareció, se fue, estamos seguros. ¿Entonces? Fue culpa del otro doctor malvado. "Señor, no le voy a decir que podría ser mi padre, porque si mi papá lo viera lo pisa y se bota de risa más que de indignación". Ya no puedo disculparlos con aquello de que soy la única mujer de menos de 30 años en los alrededores, hoy había otras dos y a ellas no las estuvieron jodiendo con que se consiga una vida "¡Un hombre!" ¿Por qué? Yo estaba hablando de mis pulmones, las preguntas no venían al caso.
¿Se me ve el voto de ermitaño en la cara? ¿Saben algo de mi fobia social y mi trastorno de ansiedad? No hay forma de que lo sepan, no pueden saber nada sobre los medicamentos, la terapia y las lágrimas desbocadas en el sillón del consultorio de la Sra. Doc porque no soy normal, sufro por todo y el terror me ataca en forma física. Me duele, es como si mi cuerpo tuviera que recordarme lo mal que tengo la mente. Y me cuesta trabajo resistir los terrores nocturnos, pero lo intento.

No, es que es martes y hoy no va la jefa, por eso andaban tan relajados. No pueden saber nada sobre mi locura. Se ponen en ese plan a veces pero ya nada más quiero que me dejen en paz y trabajo en silencio esperando que Lupita, la estudiante de preparatoria que trabaja quién sabe con quien, atraiga la atención, ahora ella es la más joven, yo ya soy de las antiguas, tengo más antigüedad que algunos con plazas, como dijo el señor ayer, ya pueden dejar mi caso. Lupita  es joven, ingenua y linda, vayan a molestarla a ella... que por cierto me pregunto si será espía de mi ex-jefa. ¿Irá con el chisme de que saco los legajos libremente como si anduviera por mi casa? ¡El señor me da chance! Pero lo pueden regañar y me sentiría muy culpable. ¿A mí qué me importan? Y todo para regresar a mi casa tener que hablarle al contador y fingir más civilidad que se me está agotando. ¿Por qué no los he ido a visitar? ¡No son mis amigos!

Pero sí quiero mi cheque, no se apure señor cuando se le hinche la gana, no llevo meses trabajando gratis.

Y todo para regresar y para un coraje monumental por las cosas que dice mi madre en el teléfono de mí.  ¿De qué me quejo? Mi madre a veces dice que estudie "filosofía y letras" y un montón de historias y datos que no tienen fundamento alguno en la realidad, me pregunto de dónde saca esas cosas. Bueno, me conformaría con que no dijera nada, pero me desquició escuchar como le contaba alegremente a mi tía que había cerrado mi cuenta de facebook porque me estaban molestando unos gays...
¿QUÉ?
¿DE DÓNDE PUTAS SALIÓ ESO?
No sé qué me molestó más, que se insinuara que cerré la cuenta porque alguien me molestaba o por echarle la culpa a inocentes cuyo único crimen es verse más acicalados que yo. ¿Qué tienen que ver personas inocentes con que yo cerrara una cuenta que no usaba más que para ver la vida feliz de los demás y sentirme chinche porque todo mundo es capaz de construir relaciones interpersonales exitosas mientras que a mí hasta me cancelan el cine para cotorrear la onda con las más productivas amigas del trabajo cuando yo acabo de hablar histérica porque algo extraño me pasó y estoy asustada?
¿De donde salió eso? ¿Los gays? ¿cuáles gays? ¿mi compañerito del kinder que hace mucho no veo pero que tenía en la cuenta que cerré? No, yo lo acosaba a él, no al revés, al menos en secundaria cuando la adolescencia me hacía creer que era divertido jugar a la fémina arriesgada... claro, con alguien que sabía que no me iba a tomar la palabra. Por otro lado, nunca le mentí, de verdad tiene bonitos ojos y lo querría de padre para mis hijos, al menos de nombre, eso es lo que prometió, probablemente ya ni se acuerda. ¿Cuál otro, el abogado que trabajaba con mi papá en el despacho, Oscar, el estilista español que amé cuando tenía 16 años aunque viviera con su pareja, un señor de lo más formal, el otro estilista que prefería no ir a sus fiestas familiares si lo obligaban a ir vestido de niño o tal vez Omar el amigo parapsicólogo de mi hermana que me aseguró que conocería a un señor no muy alto pero muy trabajador de cabello café y ojos verdosos, sin aclararme que me caería extraordinariamente mal y me causaría una crisis gástrica con sus clicheosas amabilidades? ¿son ellos o son otros? ¿una mafia, los comunistas o los terroristas? ¿Qué diablos?

¿PERDÓN?
Pero todo se puso peor cuando escuché una larga explicación sobre el verdadero y "noble" origen de mi perrito, que mi madre anda diciendo que está demasiado bonito para ser callejero (No es que esté espiando detrás de la puerta, aclaro, lo que pasa es que en mi casa se oye todo y tengo buen oído, eso pasa cuando pasas la mitad de tu vida en la ceguera, de veras, yo sólo quería leer tranquilamente en mi cuarto).
Ah, claro... porque todos los perros callejeros dan "asco" ¿no? Claro, Rito no era callejerito, nada más vivía rastudo y hambriento en la calle, rondando un puesto de hamburguesas para ver si conseguía comida antes de irse a vagar otra vez hasta que un milagro del señor hizo que el amigo de mi hermana lo encontrara y se pusiera a conseguirle casa:  Todo este tiempo fue un príncipe disfrazado y como es de raza es bonito y como es bonito merece ser amado.  Raza-belleza-amor... ¿así funciona? No, así no funciona.
¿Por qué negarlo? Es para estar contento y asombrado. Este perro sí sabe lo que es pasarla mal, no tenía motivos para darme nada y aún así confió en mí y me siguió. ¿Hay algo más grande que eso?
Parece que eso no vale, por eso ahora resulta que vamos a hacer de cuenta que no tiene cicatrices en la cabeza, ni le faltaban dientes ni se le sentían las costillas cuando lo saqué de la jaula nada más porque bañado y con el pelo largo se ve "bonito". Lo que pasaría exactamente igual con el otro millón de perritos parecidos que sólo necesitan que les den una bañada para que un montón de señoras lo quieran tocar porque "está precioso". Entonces hay que inventar que  debe ser de raza para desalentar a cualquier a quiera darle un vistazo a los ojitos que suelen esconderse bajo las rastas de cualquier callejerito.
¡Tanta campaña de "sólo necesita una segunda oportunidad" se va a la chingada! Ahora resulta que si uno se encuentra un perrito bonito en situación de calle fue un accidente o debe haber una explicación para semejante fenómeno. ¿Qué putas? ¿Y yo le he estado hablando al aire? Bueno, cuando me tomaba la molestia de hablar, que me sorprende que ya hayan pasado tantos meses desde el asunto de Dolores y mi silencio no haya llamado la atención. Es increíble, pero las personas pueden vivir sin percatarse de que sólo se responden con monosílabos.


Pensé que podía aclarar que Rito es mestizo, de qué forma o en qué circunstancias llegó a la calle no lo sé, igual que casi todos los que están siendo arrollados o agarrados a machetazos en este momento, lo único cierto es que alguien se apiadó de él y por ese destello de humanidad llegó a mí, igual que si alguien sintiera un poquito de compasión por un animal podría llenarse la vida de otra persona tan afortunada como yo, que despierto todos los días pensando que al bultito panzón que respira pacíficamente con la lengua de fuera a mi lado, le es completamente indispensable mi presencia. Entonces escucho una conversación que no debí escuchar (como esa en la que supe que me habían cambiado de escuela los 12 años) y se me van las cabras.
No lo comprendo. ¿No sólo me inventan novios que nunca tuve para impresionar a las masas, ahora también resulta que mi perro es de raza y que aquel asunto de la calle fue poco menos que una deshonrosa equivocación?  Lamento decepcionarlo querido público compuesto de señoras, pero lo único cierto es que Rito es mestizo y estuvo viviendo en la calle alrededor de dos años. Es más, con esa misma seguridad me atrevo a asegurarles que detrás de cada callejerito hambriento, sucio, pulgoso y herido, hay un perrito que en otras circunstancias es capaz de ser más bonito que cualquier perro sacado de una de esas tiendas en las que los mantienen de cachorritos hasta que no se venden y los tiran a la calle porque ya dejaron de ser negocio. ¡Un poquito de compasión básica señoras! Y si no es piedad, al menos por sentido práctico dejen de comprar cachorritos. Rehabilitar a un perro de la calle no les sale en más de 2,000 pesos, en cambio comprar uno puede salir hasta en 30,000.¿En qué condiciones creen que criaron a un perro que les venden en menos de 5, 000 pesos? Y luego se sorprenden cuando resulta que estaban enfermos, débiles y se murieron muy pronto de alguna enfermedad desconocida.

Entonces me salieron con que "estoy muy agresiva". Pues claro que me pongo agresiva.
A lo mejor me ofende que se pase por alto que un animal en la calle se merece que le den una puta oportunidad porque al final su existencia es culpa de un montón de hijos de puta irresponsables y estúpidos. No sólo quien deja que su perro salga a cruzarse como se le hinche la gana sin preocuparse porque esté causando otra camada de perritos callejeros que seguramente nacerán en las peores condiciones posibles, sino también por la bola de criminales que piensa que puede mantener a un animal reproduciéndose para sacarle dinero desde su propio patio y cuando otra vez no se les vende uno, lo regalan, lo tiran, lo dejan irse o lo meten a una bolsa de basura que tiran en cualquier baldío o de plano directamente al camión de basura.  Y los números crecen y crecen, la raza deja de ser una cuestión y lo de menos es si el perro está bonito o no. ¿Cómo puede alguien ver a un perro a los ojos y no pensar que es bonito? ¿Cómo putas importan los estándares de Paris Hilton? ¿Me pidió Rito árbol genealógico antes de adoptarme? ¡No! Y ningún perro lo hará.
La furia, seguramente no tuvo que ver con que todos los días al bajarme del camión me encuentre a la pequeña jauría de 3 perros que duermen juntos en el las afueras del metro, y de salida, al indigente que siempre llega a dormir la siesta de la tarde debajo del puesto donde suelen vender periódicos en la mañana, junto a su perro, que se echa junto a él y seguramente no lo dejaría por nadie, aunque le ofrecieran comida y una camita. Eso es lo que nadie entiende. No importa lo que haga, en qué me equivoque o cuanto le falle, que tal mal me vaya o lo mal que salga mi vida, Rito no me va abandonar tampoco.
¿Es tan difícil de entender?
Sí, lo es. Por eso me pongo agresiva. Rito no es un peluche, no es una moneda de diez pesos que me encontré en la calle, ningún animal lo es. Y supongo que no tiene sentido, pero el enojo casi nunca lo tiene.

¡Oh no, no van a embarrar a mi perro en esto señoras! A lo mejor sí estoy agresiva.

lunes, 6 de junio de 2011

La misión del pastoreo

Sin noticias de una amenaza inminente. Si Dios quiere todo seguirá igual y podremos seguir con nuestra vida ahora sí con alegría y sin amargura porque tendremos presente que aunque quisiéramos la vida social no está hecha para nosotros. Estoy mentalmente enferma y no hay nada que pueda hacer al respecto, ya entendí Dios, lo acepto y agradezco lo que me has dado, es decir, actividades en las que no tengo que interactuar con muchas personas desconocidas realmente. Por eso mismo, recemos.

Querido Dios:
Te suplico que no se me atraviese ninguna situación (a la que no mencionaremos por nombre ni características para no atraerla con el poder de la mala suerte) en la que me vea obligada a enfrentar a personas extrañas de ninguna forma. Aunque ya he tomado la firme determinación de huir con lujo de mentiras y dureza de corazón (en caso de ser necesario que me atrevo a esperar que no lo sea, pero te juro que todavía no canto victoria, no tienes que darme una lección) te suplico que mantengas la paz tal como está ahorrándome el momento de angustia. Confío en que ya pasó el susto en parte porque me lo dijo el horóscopo de la TvNotas y como buena escéptica indecisa elijo creer en esas brujerías nomas cuando me conviene, por favor no me castigues. Por si las dudas, te suplico que me evites otra serie de  momentos como los de la semana pasada cuando una vez más me quedó claro que en realidad prefiero pasar una vida de reclusión y silencio a experimentar el malestar físico que me ataca sin que pueda hacer nada al respecto cada vez que un extraño amenaza la integridad de mi existencia. Te lo suplico señor, prefiero morir de envenenamiento (que bien podría pasar por ese gran trozo de tofu que me comí hace rato y que parece que expiró hace dos días) o incluso ser atacada por un animal salvaje.

Creo que hasta preferiría enfrentarme a uno de mis grandes temores, el cual se acaba de hacer muy real. 

Señor, te suplico que antes que encontrarme al susodicho (aunque he hecho mi mayor esfuerzo para llegar al archivo despeinada y casi en pijamas) o recibir otro mensaje cursi y clicheoso me mates tirándome de un puente peatonal.
Por los siglos de los siglos.
Amen.

Que podría pasar y está perfectamente comprobado, los puentes peatonales son trampas mortales. ¿Lo ven? No es locura mía, efectivamente son peligrosos, aterradores y mortales. (Claro, morir atropellado tampoco es buena opción, aunque lo preferiría, pero ese no es el punto, no hay necesidad de recordarme que los puentes son una cosa de lo más necesaria y práctica para vivir en esta ciudad que blah, blah, blah, etc.)

Se cayó un puente peatonal en Tlalnepantla y mató a dos personas. Y yo que me sentí tan mal por haberme arrepentido en las escaleras la última vez que intenté usar uno. 
Se mueven, en verdad se mueven, es como si los coches desestabilizaran toda la frágil y rudimentaria estructura al mismo tiempo que el aire amenaza con llevarse cualquier cosa que se esté cargando. El mismo movimiento hace que las rodillas tiemblen, las manos empiecen a perder fuerza y de repente exista la seguridad de que un movimiento en falso hará que caigan todas nuestras cosas, bolsos, cartera o teléfono por encima del barandal. De pronto, a la mitad del camino se pierde toda la voluntad de seguir avanzando, un paso, de cualquier pie en cualquier dirección, es incierto, como si no hubiera piso o todo el puente fuera a inclinarse de repente lanzándonos por el aire de un solo golpe. Esa es la peor parte de subirse a un puente peatonal, lograr dar el siguiente paso que uno sabe que debe ser lo más rápido posible para que no se sienta pero que es difícil lograr a menos que se cuente con un brazo amigo para apoyarse, sabiendo que en caso de que empiece a golpear el aire o el piso se mueva todavía con más violencia que de costumbre no lo van a soltar. Todo estará bien... y así, hasta que lleguemos al otro lado.
Y  por eso no me subí al puente la otra vez, me quedé en los escalones, pensando que en el fondo soy una miedosa o que de plano tengo asuntos muy complejos sucediendo en lo más intrincado de mi atormentado subconsciente.
Prefiero la segunda opción.

viernes, 3 de junio de 2011

Excelencia en transporte público

Me pregunto si es una imagen que uno quisiera ver al subirse a un camión. No, no quiero decirle hola a su pequeño amigo. Así estoy bien, gracias.

miércoles, 1 de junio de 2011

La distribución del tiempo

Tuve una noche horrenda. ¿Qué putas con mi trastorno de ansiedad? Me tengo que relajar y respirar, pero anoche no podía dormir, tenía un dolor de estómago espantoso y muchas nauseas, aunque no hubiera comido nada. Necesito medicación, me cae de madres.
¡Esta ansiedad no es normal!

Unas cuantas horas después:
Nos sentimos un poco mejor, comimos algo y consultamos con quienes saben más. Todavía estoy algo enferma, salí a dar una vuelta con mi hermana pero me siento extrañamente débil y regresé a la cama.
La vida real no está hecha para mí. Dice Miss Crawford que todo es más fácil de lo que creo, puede ser... pero tengo muchos problemas con las variaciones inesperadas.  Ahora me da miedo ir al archivo, hoy lo intenté pero me dolían mucho las piernas, creí que no podría llegar. Y sigo enferma. No sé qué es lo que aterra más, si el señor entusiasta o el descubrir que me metí en algo que no entiendo bien. ¿Fue todo el asunto del libro? ¿Fue saludar a las personas de los archivos? ¿estoy metida en algo? Ay, ojala nunca hubiera ido.
Ya no sé.