Hacía frío, pero antes de entrar al archivo preferí comprar un café y sólo sentarme un ratito en las escaleras del teatro de enfrente. A un lado había una manifestación pero yo me senté muy feliz con mi café, pensando que toda esa época pacífica de la beca se acabó. Me aventé dos años en eso.
Todo empezó a la vuelta, en el café Tacuba donde vi a Mrs. Boss que apenas iba a empezar su proyecto. Me explicó de qué se trataba y me llevó al archivo. Me sentí como en esas veces en las que tus papás te dejan encargada con los hijos de sus amigos en las fiestas. "Sean amigos". Sólo que a diferencia de los niños y mayores con los que me dejaban encargada en los eventos sociales, las personas del archivo eran pura amabilidad y encanto. Me sentía especial, cómoda, como que pertenecía, lo que jamás me había pasado en ninguna parte, en ninguna escuela al menos, estoy segura.
Y ahí empecé. Hoy se acabó. Digo que hoy porque la beca se acaba en diciembre y hoy terminé de copiar el único libro del hospital de sifilíticos al que le entendí. Eran puros títulos, ventas, subastas y demás cuentas de notario que no servían de mucho pero como no tenía nada más qué hacer me lo aventé. Además, quisiera mandarle algo más en este mes, nada más para sentir que me gané el último cheque.
El archivo lo cierran el viernes y supongo que las bibliotecas también, de todos modos ya no tenía nada más qué hacer.
La tristeza por las cosas que se acaban es rarísima, es como despedirse de alguien. La gente, las épocas y todo lo demás, todo, se va. Es como si el mundo se fuera quedando cada vez más y más vacío. De la mayor parte del pasado sólo queda un sabor amargo de bilis y medicina mientras que adelante hay puro miedo. Muchísimo miedo y la certeza de que pase lo que pase se está solo en el asunto.
Intentaré aferrarme a esa pequeña ventanita de un par de años de archivo que tal vez logre contrarrestar todos los fracasos y malestares que le antecedieron. Fue bueno, sin duda, caminar en las mañanas por el centro con una pequeña misión. Jugar al investigador de película de misterio al menos por un ratito antes de empezar a darse encontronazos con el mundo real, que sospecho que no será bueno conmigo, y tomar mucho café en el proceso. Admito que también era bonito recibir amabilidad gratuita por contagio, es decir, que me trataran bien y me facilitaran las cosas por ser la becaria de Mrs. Boss. Es mucho más fácil pedir algo cuando es para alguien más, alguien que conozcan y quieran. Conmigo solita, humilde pasante desgreñada con playera de muñequitos y sombrero, no serían tan familiares y amistosos como con "la becaria de..." Y al final venía el "dale muchos saludos a la doctora".
Y me pongo nerviosa y no sé qué decir. Hasta ser sociable era más fácil que cuando yo no era yo. Ahora sólo soy yo.
¿Es raro que me sintiera acompañada por los archivos? Los papeles, los documentos, los recortes de periódicos, las actas y las circulares. Me sentía útil, como si tuviera alguna función. Ahora no sé qué haré. Sólo tengo un par de cosas más o menos ciertas:
1.- ¿Recuerdan al parapsicólogo que me dijo que iba por el camino del ermitaño y que a menos que hiciera algo me iba a morir ahí? Bueno, pues después de reconsiderar con mucho cuidado el problema, he tomado una buena decisión. Yo, Jimena, en pleno uso de mis facultades mentales y con toda la confianza y determinación que en 27 años de vida haya podido reunir, acepto el camino del ermitaño y me propongo mantenerme en él a costa de lo que sea y disfrutarlo. Ya no puedo más, me doy por vencida y acepto de buena gana el rumbo en el que me encuentre (sea por las razones que sea, la vida, las circunstancias, la enfermedad y también mi propia culpa). Y cada vez que cualquier idea amenace con hacernos difícil la noche, recordaré que la opción para cambiar cualquier cosa es imposible o insoportable, y que al menos en el camino del ermitaño no hay ataques de pánico, paranoia y ansiedad que se manifiesta en dolor físico. ¡Cueva, ahí te voy!
2.- La cueva en la que me retire tendrá que ser suficientemente especial para albergarme en mi futuro como ermitaña. Si me voy a retirar en alguna parte tiene que ser en algún lugar muy exótico que cumpla con todas mis fantasias orientalistas de la infancia. Y crear esa cueva es mi nueva misión.
En los próximos días entraremos en furor decorativo. Lea bajo su propio riesgo.






















