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martes, 29 de noviembre de 2011

Por el puente de la Mariscala

Hacía frío, pero antes de entrar al archivo preferí comprar un café y sólo sentarme un ratito en las escaleras del teatro de enfrente. A un lado había una manifestación pero yo me senté muy feliz con mi café, pensando que toda esa época pacífica de la beca se acabó. Me aventé dos años en eso. 
Todo empezó a la vuelta, en el café Tacuba donde vi a Mrs. Boss que apenas iba a empezar su proyecto. Me explicó de qué se trataba y me llevó al archivo. Me sentí como en esas veces en las que tus papás te dejan encargada con los hijos de sus amigos en las fiestas. "Sean amigos". Sólo que a diferencia de los niños y mayores con los que me dejaban encargada en los eventos sociales, las personas del archivo eran pura amabilidad y encanto. Me sentía especial, cómoda, como que pertenecía, lo que jamás me había pasado en ninguna parte, en ninguna escuela al menos, estoy segura.
Y ahí empecé. Hoy se acabó. Digo que hoy porque la beca se acaba en diciembre y hoy terminé de copiar el único libro del hospital de sifilíticos al que le entendí.  Eran puros títulos, ventas, subastas y demás cuentas de notario que no servían de mucho pero como no tenía nada más qué hacer me lo aventé. Además, quisiera mandarle algo más en este mes, nada más para sentir que me gané el último cheque.
El archivo lo cierran el viernes y supongo que las bibliotecas también, de todos modos ya no tenía nada más qué hacer.
La tristeza por las cosas que se acaban es rarísima, es como despedirse de alguien.  La gente, las épocas y todo lo demás, todo, se va. Es como si el mundo se fuera quedando cada vez más y más vacío.  De la mayor parte del pasado sólo queda un sabor amargo de bilis y medicina mientras que adelante hay puro miedo. Muchísimo miedo y la certeza de que pase lo que pase se está solo en el asunto.
Intentaré aferrarme a esa pequeña ventanita de un par de años de archivo que tal vez logre contrarrestar todos los fracasos y malestares que le antecedieron. Fue bueno, sin duda, caminar en las mañanas por el centro con una pequeña misión. Jugar al investigador de película de misterio al menos por un ratito antes de empezar a darse encontronazos con el mundo real, que sospecho que no será bueno conmigo, y tomar mucho café en el proceso. Admito que también era bonito recibir amabilidad gratuita por contagio, es decir, que me trataran bien y me facilitaran las cosas por ser la becaria de Mrs. Boss. Es mucho más fácil pedir algo cuando es para alguien más, alguien que conozcan y quieran. Conmigo solita, humilde pasante desgreñada con playera de muñequitos y sombrero, no serían tan familiares y amistosos como con "la becaria de..." Y al final venía el "dale muchos saludos a la doctora". 
Y me pongo nerviosa y no sé qué decir. Hasta ser sociable era más fácil que cuando yo no era yo. Ahora sólo soy yo.
¿Es raro que me sintiera acompañada por los archivos? Los papeles, los documentos, los recortes de periódicos, las actas y las circulares. Me sentía útil, como si tuviera alguna función. Ahora no sé qué haré. Sólo tengo un par de cosas más o menos ciertas:

1.- ¿Recuerdan al parapsicólogo que me dijo que iba por el camino del ermitaño y que a menos que hiciera algo me iba a morir ahí? Bueno, pues después de reconsiderar con mucho cuidado el problema, he tomado una buena decisión. Yo, Jimena, en pleno uso de mis facultades mentales y con toda la confianza y determinación que en 27 años de vida haya podido reunir, acepto el camino del ermitaño y me propongo mantenerme en él a costa de lo que sea y disfrutarlo. Ya no puedo más, me doy por vencida y acepto de buena gana el rumbo en el que me encuentre (sea por las razones que sea, la vida, las circunstancias, la enfermedad y también mi propia culpa). Y cada vez que cualquier idea amenace con hacernos difícil la noche, recordaré que la opción para cambiar cualquier cosa es imposible o insoportable, y que al menos en el camino del ermitaño no hay ataques de pánico, paranoia y ansiedad que se manifiesta en dolor físico. ¡Cueva, ahí te voy!
2.- La cueva en la que me retire tendrá que ser suficientemente especial para albergarme en mi futuro como ermitaña. Si me voy a retirar en alguna parte tiene que ser en algún lugar muy exótico que cumpla con todas mis fantasias orientalistas de la infancia. Y crear esa cueva es mi nueva misión.

En los próximos días entraremos en furor decorativo. Lea bajo su propio riesgo.

sábado, 27 de agosto de 2011

Descripción detallada de un día sin relevancia alguna

1:14
Adivinó usted, sigo sin tener ganas de dormir. Lo extraño es que me desperté a las 7:30, le di un beso a Rito, escuché entera la canción de la alarma, prendí la tele, me resigné a abandonar la cama, me bañé, me vestí, me peiné, tuve una pelea garrafal con mi hermana gracias a intervención de mi madre y salí corriendo de lo más enojada. ¿Qué debía hacer? Varias cosas. Recogí a Sibila, la perra que encontramos hace muchos años de un estacionamiento pero que tuvimos que alojar con mi abuela a falta de cooperación de nuestra señora madre, y caminé mucho, mucho hasta llegar con ella al veterinario. Tenían que operarla.
Para entonces eran como las 10:30.
Ya estaba cansada, pero de todas formas manejé hasta CU para recoger mis cochinos papeles y como ya lo mencioné, la falta de trabajadores de la UNAM disponibles (hoy les dieron el día para que fuera a no sé qué cosas del sindicato) ocasionó un servicio bastante lento en el pumabus (me gusta pensar que esa era la razón) por lo que caminé y caminé más, rodeando casi todo el estadio para llegar a mi coche. Más tráfico. Vamos a calcularle una hora de camino de ida y de regreso. ¿Mencioné que hacía calor y mi coche tiene ventanas de plástico? ¡Es un hornito mágico!

Para cuando regresé a mi pueblo (yo sí regreso a mi pueblo siempre, no como la Mariana aquella) todavía no me había hartado de cansancio y me fui a comprar cortinas. Con mis compras felices llegué a mi coche justo a tiempo para escuchar en el radio lo que no debería andar escuchando pero que me aventé enterito porque soy una masoquista desequilibrada que tiene delirios y fijaciones muy poco saludables relacionadas con gente con la que intercambió tres palabras en toda su cochina vida. Eran las 2:30 de la tarde: ¡LA SALIDA DE LAS ESCUELAS, YAY!

Quería descansar, por supuesto, pero después de llegar a mi casa a comer pizza decidí que debía tomar café y ocuparme en algo para combatir el sueño de la tarde. Quiero dormir de noche, claro que quiero dormir de noche. Dormir seis tristes horas (seguidas, si bien me va) no es bueno. Eso, cuando se acumulan, porque hay noches muy malas en las que me despierto varias veces y/o tengo pesadillas.
La cabeza me tortura de miles de formas distintas y dormir es la única solución, por eso me negué a tomar una siesta que me habría caído muy bien. Quería dormir toda la noche, qué contrariedad. 
Le escribí a Mrs. Boss, doble ropa, descolgué cortineros, ajusté cortinas y ya que estaba en eso decidí cambiarle las manijas a los cajones de un mueble y me puse a jugar un poco con mi serrucho preferida. ¡LO AMO!

Amo mis herramientas, eso tiene que estar mal.

¡Vamos a destruir madera!
Al menos hasta que dieran las siete de la noche y tuviera que ir a buscar a la pobre perra que seguramente había tenido un día más angustiante que el mío, digo, le extirparon un tumor. Drogada, confundida y angustiada (la perra, no yo) la llevé a su casa, le puse su pijama y la dejé descansando. 

A estas alturas, todos deben estar dormidos, incluyendo al joven veterinario amable con cara de "acabo de salir de la escuela y todavía no se me muere el amor a los animales", mi abuela, la perra, todos los trabajadores afiliados al STUNAM, el vendedor que tuvo la gran idea de ponerse a contar el dinero de la caja mientras yo esperaba en la fila para pagar mis cortinas nuevas y tal vez la señora cajera de la panadería donde compré mi desayuno, todos menos yo.

La 1: 34 y sigo despierta.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Momento elegante del día

Después de una hora y media de camino, más gasolina, mucho tráfico y un poco de dolor de estómago y nauseas (los nervios que le dicen), llego a la puerta de la coordinación y cuando estoy a unos pasos de entrar, saco mi gran folder (para llegar preparada) y descubro que dejé la carta en mi casa.

Dejé mi registro y la dichosa carta en mi casa, al otro lado de la ciudad, técnicamente, en otro Estado.

Lejos, lejos, muy lejos.

Oh well... ya ni modo.

miércoles, 13 de julio de 2011

martes, 8 de marzo de 2011

Soft rock para Doloritas

Esto es demasiada confusión. Por un lado la señora vecina y las personas de los albergues y demás asociaciones lo asustan a uno con aquello de "contrato mata carita", y aunque ayer estaba muy decidida a acosar a la gente ya lo estaba dudando en la mañana, más o menos a la hora en que molía alegremente mi café.
Releía el contrato, la versión editada, una y otra vez, y seguía sin animarme a pedirlo del todo. Es que... ¿y si la espanto? No es por nada pero ese contrato me espantaría hasta mí, la verdad es que no puedo calcular cuántas horas semanales de ejercicio necesita Rito, no tiene un espacio propio para bañarse, tampoco puedo saber cuánto dinero invierto mensualmente en su cuidado y le doy de comer cuando me convence con sus chantajes, ya sin contar con que Sibila vive en un patio con una ancianita y no la paseo ni juego con ella como debería. ¡Soy una mala adoptante!

Y eso le decía al señor veterinario del afro. Cuando yo adopté a Rito, el señor amigo de mi hermana que lo rescató de la calle no me hizo firmar nada, tampoco me pidió credencial de elector ni me puso en periodo de prueba. "¿Y cómo está cuidado?" dijo el señor veterinario cuando llegué con mi crisis de consciencia. Ya de ahí me terminó de convencer rápido... maldita sea, tengo un criterio muy maleable.
Sigo sin acercarme a Doloritas, nada más la observo de lejos, acostada en su jaula papando moscas pacíficamente. Es lo mejor para las dos, especialmente para mí que tengo muchos problemas emocionales y una muy extraña tendencia a formar lazos afectivos firmes únicamente con perros. La verdad es que de todos modos me solté a las lágrimas públicas en cuanto salí de la veterinaria, no lo niego. Al final ni sé qué tantas cosas me dijo el señor doctor, pero recuerdo haberle pedido encarecidamente que me avisaran antes de que se fuera para despedirme de ella.  Mi pobre y gentil Doloritas, tan felices que pudimos haber sido.

Lo que me recuerda... debí haber estado muy distraída las últimas veces que fui al veterinario porque no había notado la existencia de una pesera con una gran víbora malévola e infernal enroscada adentro, justo a un ladito de las silla donde me había estado sentando a esperar. ¡No la había visto! Fue hoy que de reojo capté la presencia escamosa del enviado de Satanás y de un brinco me fui a a meter al consultorio. Sí, ahí estaba mejor, aunque el veterinario siguiera hablando con otras personas extrañas, al parecer de algún tipo de granja. Hablaban de cerdos, cerditos inocentes que criaban y vendían como lechoncitos.
Nunca había estado tan contenta de haber renunciado a la carne (ja, qué bíblico sonó eso!).

Me siento frutal, como sombrero de Carmen Miranda.

Pero regresando al señor granjero, tal vez sí hay granjas por aquí y mi pato no murió horriblemente a manos de los gatos de la vecina. Tal vez sí se fue a la granja a ser feliz con otros patitos como él.  Igual que Dolores se irá a una vida de felicidad y compañerismo con una canción de los Carpenters de fondo. 

Sí, eso pasará. 

Y habrá hielo seco, tira bordada y coros suaves y sutiles.



¡Así será la vida de Doloritas maldita sea!

(Sin la anorexia secreta por supuesto.)

viernes, 4 de marzo de 2011

Lesiones cutáneas

 Últimamente pensamos mucho en sirenas y ahogados. 


 Todo se relaciona extrañamente con el paso rápido de los días que se ocupan en pequeñas cosas muy claras. Hay que buscar algo que hacer durante las horas que se acumulan prudentemente entre llamada y llamada. Hablo diario, y en realidad, todas las actividades anexas del día sólo sirven para acelerar el tiempo. Otras llamadas son las que debería hacer, debería buscar otra vez a Mrs. Boss pero ya me regresó el miedo. Es como el miedo a la alberca, si estás haciendo acopio de valor para meterte al agua fría y de repente te detienen en el escalón y te dicen "todavía no", lo más normal para cualquier cobarde, como yo, es echarse a correr a los vestidores. ¿Qué es lo que les da miedo a los niños, el agua o separarse de sus mamás? Creo que es la segunda.
Lo que me recuerda, ya soy diez años más grande que Ariel y la vida no es mejor bajo del mar.
Un poco más de mar. Ya no me acordaba de un señor poeta que conocí hace mucho, en la Dirección de Literatura. Acababa de sacar un minilibrito de poemas y tenía uno que precisamente terminaba en los marineros ahogados que son los únicos que saben que el agua es dulce en el fondo del mar. No lo tengo por aquí. ¿Será que no me regaló uno? Qué gacho y qué codo.

Favor de incluir en este punto alguna ligera y muy disuelta (palabra apropiada) referencia a "Alfonsina y el mar" en la versión de Mercedes Sosa... mi señor padre es muy afecto a esa señora y de repente me acordé de la tonada.
Ya que estamos en las grandes resoluciones, favor de no olvidar a Ofelia tampoco, y el romero y la lavanda y no sé qué cosas más.
Náufragos, barcos, malas condiciones higiénicas y en la evolución del mal. ¿Estaban ya leprosos o se pusieron peor en el barco?  Eso pasa cuando uno empieza a fantasear con agarrar a sus perros y huir al mar, en especial ahora que ya manejé  en carretera y no fue tan difícil. Nótese que fue  por decisión propia y no por accidente.  
Es que tenía un anillo marino y ya de ahí se me fue la cabeza. No tiene que ver con los grandes esfuerzos para mantenerse ocupado y llenar las horas del día sacando todo del closet y dividiendo la ropa y los zapatos como si así se regresara todo a su lugar... ¿cuál lugar? ¡No sé! Y camino mucho con Miss Crawford, con cualquier excusa, ya sea que ande en busca de una bata de maternidad o muera por ver más anillos como el marino. Por suerte lo compró en otro color. No sería la primera vez que compramos cosas iguales, deliberada o accidentalmente, pero ya no tengo ocho años y me he vuelto muy egoísta con el tiempo. Me gusta pensar que traigo al mar en el dedo y que es mío, ella escogió el morado, que también era una cosa muy bonita.  En mi muy humilde opinión era Across the universe hecho anillo.
¿Entre el universo y el mar con cuál quedarse? En eso estaba ayer.

Y ahora estaría bien encontrar otra ocupación, es que la noche promete ser muy, pero muy larga, apenas son las diez, y no quiero sentarme a pensar. ¿Qué ha pasado? Nos encontramos  ayer a una ex-compañerita de primaria, a la que siempre estoy criticando porque digo que se casó con Cuasimodo, y que para ser honestos nunca me cayó bien.
Ahora todas están casadas y embarazadas, si no es que tuvieron a sus hijos ya. Yo tengo a mis perros... bueno, a mi perro, porque no debo pensar siquiera en la perra que no es mía. ¿Ya notó los esfuerzos para no pensar en  el asunto? No es mía, todavía está en  una jaula en el veterinario, que ya se retrasó en la esterilización dos días, su prospecto de dueña sigue sin hablarme y aparte del incidente inmediato del perro no veo casi ninguna certeza sobre nada por delante. ¿Tesis, cuál tesis? Debería conseguirme un trabajo, ya, pero cuando me puse a buscar y me hablaron para sugerirme "el camino de las finanzas y los negocios" quedé muy desconcertada. "Pero... pero, pero, pero yo estudié... una mamada".  
La vecina amable me mandó el cuestionario con el que ellas dan en adopción a los perros. ¿Cómo voy a sentar a la señora que quiere a la perrita a que llene 6 hojas de preguntas como "cuánto dinero inviertes mensualmente en tu mascota"?
Este cuestionario no lo paso ni yo y eso que Rito literalmente me tira de la cama cuando se estira y me arrebata la comida de la mano. El amor no es suficiente para nadie hoy en día. ¿Cómo sacaré eso mi querido Señor? Ya estoy cansada de hablar con gente, ser sociable y básicamente comunicarme. Regresamos al feliz encierro, al menos hasta que llegue el feliz momento de la huida.

Los subo al coche y pisamos el acelerador, después viviremos de hacer artesanías. 
[Risa amargosa de "¿a quién engaño?"]
El problema es que empiezo a creer en todo aquel sistema del pensar lo mejor por adelantado. No me habría quedado tan convencida si Miss Crawford no hubiera incluido la historia de un cachorrito paralítico que su tío estuvo a punto de poner a dormir hasta que el hijo de la muchacha, que está en silla de ruedas, se lo pidió porque era como él,  le hizo una silla de ruedas él solito y fueron felices para siempre. ¿Quién se resiste a una historia como esa? Debe tener razón, aunque yo sé que también me ve con cara de extrañeza. 
Y regresé a lo mismo.

¡Es momento de arreglar este cuarto un poco más!

sábado, 26 de febrero de 2011

Un milagro de San Francisco de Asís

... la adoptaron.

¿Lo puede usted creer? La adoptaron, pero ya chillé mucho hoy de incredulidad, felicidad y un poco de miedo porque no tengo idea de quién fue. Vamos por partes. La historia podría irse llamando "cuando todo parece que no puede salir peor".
Me detendría en el Baby shower de Miss Crawford pero la verdad es que estuvimos ahí menos de dos horas y lo que yo traía era urgencia de hablarle al hogar temporal.  De repente hasta tuve que salirme un ratito a hablar con Jane, más que nada por apoyo moral, adentro de la casa sólo estaba mi mamá, mis antiguas maestras de inglés y las amigas de universidad de Miss Crawford, que permítanme decirles son la cosa más sateluca que he visto en mi vida. La verdad es que todas se visten como novias de futbolista, así de vulgares con aspiraciones a voy a exhibir que traigo una marca que para empezar ni es tan buena. La imitación tirándole al wannabe y a la perrez. Mi perrita, esa sí que es puro amor, y no podía dejar de pensar en ella. No sé por qué se le dice "perra" a las que usualmente conocemos como perras, no tiene ningún sentido. Una perra no se porta  mal.
Jane ya renunció, hoy era su último día y no sé si es mi celular el que falla pero casi no la escuchaba.
Irnos rápido, eso era lo que teníamos que hacer, y tan pronto llegué a mi casa me puse a sacar mapas... ¿cómo chingados llego a tal lugar? Acomodé todo en el coche, la mantita en el asiento de atrás, las croquetas en la cajuela, los mapas y los carteles. Y ahí vamos!

No tan rápido mi estimado lector, no contábamos con el pobre estado de mis amortiguadores. Se me tronó el amortiguador.
¿Sería posible ir al taller en friega y que lo arreglaran en cuestión de 15 minutos? Claro que no, de todos modos no tendrían las piezas hasta el lunes y los únicos que podían darme aventón, mi papá y mi hermana, estaban ocupados. Hoy por fin tuve que admitir algo: hay momentos en los que sí es útil tener un novio y hoy pasé por uno de esos.
¿Saben qué fue raro? Que me contestara la asistente de mi hermana, sí, tiene una y se sintió gachó tener que dejar recado y que me colgaran. Mi papá creyó que estaba en crisis, pero no, estaba algo  conmocionada porque es de plano el colmo que se truene el coche cuando más lo necesitas, pero no estaba en crisis. Tuve que inventarme un plan. Según el señor mecánico podía usar el coche al menos por el día, pero el ruidajo iba a estar complicado.
¿Qué hacer?
Ir por la perra, subirla al coche, llegar a mi casa, pedir un taxi, sobornar al taxista y convencerlo de que nos llevara hasta el hogar temporal. Entregar a mi pequeño tesoro peludo en buenas manos y después aventarme frente al siguiente coche que pasara... bueno, esa última parte no era necesariamente parte del plan pero de ese ánimo estábamos.
¿Cómo estás? preguntó el veterinario del afro. ¿Le decía la verdad? Pues claro, ya ve usted que lo mío es soltar la sopa a cualquier desconocido que me encuentre. Lo que no me esperaba es que tuviera semejante sorpresa. "¿De veras la quieres dar?" insistió, y como que de repente no entendí la pregunta. Pues claro que la quería dar, no es como si tuviera otra opción, por más que me duela, por más horrible que haya sido acercarme a su jaulita y ver como me reconoció y brincó de emoción porque no sabe que soy poco menos que una inquilina sin posibilidades de tomar decisión alguna sobre nada porque no es mi casa y este carácter tan pusilánime que tengo me suelta al llanto a la primera oportunidad pero no me sirve para mucho más que eso. Mi chamba es obedecer. Claro que la tenía que dar.
Pues resultó que hay una señora/chava (no entendí) que es cocinera en un restaurante de por ahí y que la vio y la quiere. La quiere, y juró el señor veterinario del afro que es buena gente y no se echa para atrás. Yo sólo quiero que la quieran, nada más. Le dí el cartel con los otros datos, las croquetas y el carnet de vacunación, le pregunté cómo le hacíamos para esterilizarla, pero como que el veterinario del afro se ofende con la gente que gasta dinero en perros que no son suyos y me dijo que eso lo viéramos después. Tampoco me dejó entregar la camita y la cobija que le compré. "Ya no gastes", dijo.
No tenía el teléfono de la señora y parece que ya se había ido por el día, tal vez sabré qué pasó con todo hasta el lunes pero era demasiado feliz como para ponerme exquisita. ¿Me dejará verla alguna vez? Si pudiera verla cuando se la lleven me daría por bien servida. 
Le dejé dos mensajes a la señora del hogar temporal, espero en Dios que los haya oído porque si no la dejé plantada.  Update- La dejé plantada, me acaba de hablar, me estaba esperando, pero no se enojó. Gracias a Dios.

La señora del hogar temporal me dijo varias cosas: tengo que tenerla monitoreada. Y tengo que decirles que si ya no la quieren, aunque sea dentro de un año o más, que me la regresen, pero para eso necesito el puto teléfono. ¿Ay señor, habré hecho bien? Y en esas dudas me fui caminando a la iglesia, ya ven que dice el Conde Montecristo que Dios es el último recurso cuando debiera ser el primero. ¿Habré hecho bien en confiar en ese veterinario del afro? ¿Sí la querrán, me dejarán esterilizarla, la tendrán en casita o en dónde? Mañana me voy a verla y a interrogarlo un poco más.

¡Estúpido, estúpido amortiguador!

¿Han sentido que las imágenes y los segmentos del día se van difuminando y confundiendo en los diferentes momentos de la trama? Es como si se mezclaran extrañamente, y ayer, lo que pasó hace dos o tres días, y lo más reciente dejan de ocupar cierto lugar en la secuencia y ya nada tiene lugar definido.

Hace ratito por fin me cayó encima la sensación de estar perdiendo el control. No sólo me estoy comportando como una desquiciada, ya también parezco una desquiciada. Miss Crawford me mandó un mensaje para preguntar si estoy bien y cuando regresé a acosar al veterinario de plano me di cuenta de lo extraña que parezco. El pobre infeliz estaba en una cafetería comiendo alegremente cuando le caí de regreso, como en película de terror. Regresé a joder con lo de la esterilización y quién la adoptó y dónde la encuentro. Pobre hombre, lo asusté, en especial porque llegué con mi hermana. Va a empezar a verme en la sopa. Como la del refugio temporal y la vecina...
¿Saben a quién me parezco? Ya me convertí en la señora de los gatos de los Simpson.

Perdí el juicio, de veras que sí. Necesito calmarme. Veré telenovelas y luego leeré algo bonito, me mantendré alejada de la lepra, y seré feliz.

Todos seremos felices, todos.

jueves, 24 de febrero de 2011

Por una milagrosa intercesión

Los días pasan y cada vez más me convenzo un poco más de que no hay solución, voy  a tener que regresarla a la calle... o peor. No, chale, no, no puedo hacer eso, no puedo pedirles que la duerman, no puedo. Goofy ya no podía caminar, estaba muy enfermo y viejito, tenía 15 años, diarreas explosivas con sangre,  las patitas repletas de líquido,había dejado de comer su pollo hervido y ya casi no se podía levantar, pero de todos modos recuerdo su carita cuando se fue, cómo nos volteó a ver y se fue. Cuando me despedí de su cuerpecito vi que ya era sólo un envase, no estaba ahí... ¿cómo le podría hacer eso a una perra tan  chiquita, tan viva?
Tiene sólo 15 meses! Es que no puedo, no sé qué voy a hacer pero no puedo ni matarla ni regresarla a la calle. Ay Dios mío, creo que la voy a tener que regresar a la calle. No, ni modo, alargaré la pensión lo mas que pueda, hasta donde me alcance. ¿Debí dejarla en la calle?
¿Les he contado del perro con moquillo que apareció una vez frente a mi casa? Mi mamá se puso histérica y lo corrió, yo estaba muy chiquita, tendría menos de 6 años. Ahora que lo recuerdo me pregunto si tendrá algo que ver. ¿De dónde putas viene esta debilidad? Y ahí está la historia de cuando me caí sobre un montón de vidrios en la marquesa por andar persiguiendo al "gua gua". Debí haber sido todavía más joven, supongo. Tiene que ser algo muy malo en mi cabeza, de otro modo no me lo explico. La Sra. Doc decía que se trataba de carencias afectivas. 

¿Qué es peor? La muerte en el antirrábico es espantosa pero hay que ser honestos, nadie la va adoptar. Nadie me responde, nadie la quiere y mi mamá todavía no me habla. Ya hasta empecé a hacer cuentas para ver si me podría ir  a alguna parte pero todo es muy caro y yo no tengo dinero. El señor veterinario de la pensión de hoy me dijo "no te desgastes"... ¿y si nada más la dejo irse? pero me sigue, y no puedo, es que no puedo. Carajo, cómo le hace la gente para amarrarlos y olvidarse de ellos? ¿De dónde viene esa capacidad? ¿cómo le hacen?

Al menos comió, descansó y está vacunada y desaparasitada. No, si tengo que regresarla a la calle al menos la habré esterilizado, aunque me haya gastado todavía más de mis ahorros de la beca. Ya después será cosa de Dios, que es muy malo porque todos sabemos que a Dios le importan un carajo los animales. 

¡UPDATE!
Parece que conseguimos hogar temporal. La señora ya me dijo dos veces que sí, pero nunca se sabe. No importa si se echa pa' atrás. Por el momento vamos a dejar de llorar (por primera vez en cinco días) y vamos a gritar triunfalmente: ¡TENEMOS HOGAR TEMPORAL! ¡Querido Dios me retracto y me arrepiento de todo corazón! Lo juro.

domingo, 20 de febrero de 2011

Fly me to the moon


¿Les conté que tuve una paloma? Se lastimó el ala y cayó un día en el patio.  La metimos en una caja de zapatos tapizada de periódico, le pusimos nombre y la alimentamos hasta que sanó. Yo la recuerdo caminando muy alegre en el jardín. 
Algo le pasó, a lo mejor se recuperó y se fue tranquilamente o la mató un gato, ya no me acuerdo. 

Si los pájaros insisten en echarse a volar a la menor provocación existe una solución muy sencilla: comprar uno de fieltro. Es rojo, se llama Christopher Pedro y vive en mi pared. ¿Alguien recuerda los pajaritos de unicel cubiertos de plumas con ojitos de plástico que le ponían a las flores artificiales? Creo que sería bueno tener uno de esos.  Parte aterrador y parte melancólico, como todo.

viernes, 18 de febrero de 2011

Codazos y golpes

Estaba abusando emocionalmente de mi pobre e inocente hijo forzándolo a modelar las pulseras de don Fulgencio (está recién bañado, no se apure) cuando descubrí algo perturbador:
 No, esta no es la parte perturbadora, esta es la divertida en la que nos preguntamos si alguien no llegará a arrebatarnos a esta pobre víctima de las manos. Lo siento Rito, estás atrapado conmigo de por vida... ladra lo que quieras, nadie puede oirte. Hoy son pequeñas tiaras de encaje y lentejuelas, mañana serán atuendos combinados. ¡Te compraré un disfraz de marinerito y te sacaré a pasear para que tus amiguitos puedan verte siendo coqueto!
Ahora sí, ahí viene la parte perturbadora:
¡Chan chan! Caí por accidente en un sitio muy divertido con gente que vende sus manualidades y al mismo tiempo nos hacen reír con ello. Dios mío, alguien vende figuritas hechas de macetas como réplicas de Edward y Bella, qué cosa tan extraña. Hasta que vi esto y me dije... Dios mío!! ¿Ya me convertí en el tipo de persona que se vuelve loca en su cabaña de un estado perdido del sur disparándole a los lagartos y haciendo collares espeluznantes de crochet y piedritas?
En mi defensa puedo decir que otra vez estoy enferma y creo que tengo un poco de fiebre, por lo que podría estar delirando.
Y ahora me duele la cabeza.

Bueno, siempre podría ser peor, mientras no empiece a tejer bikinis de lana todo estará bien... y si lo hago, le suplico que me detenga. No me importan los medios que tengan que usar para acabar con mi miseria, botellazo, cuchillo o arma de fuego. Será lo mejor.

Lagartija bordadora

jueves, 17 de febrero de 2011

Me ha pateado un feto

Es que me ha pateado un feto y fue la cosa más extraña del mundo. Tengo que contarles algo que tal vez les parecerá sorprendente, ahí va: no me gusta tocar a la gente. No, por lo general prefiero no tocar a la gente y odio que la gente me toque a mí. La gente se abraza y se da palmaditas o se toma del brazo, pero a mí me cuesta trabajo. Por lo general prefiero no hacerlo, y si puedo evitar el saludo acostumbrado "de beso", es mucho mejor, aun si sólo se trata de un leve contacto con la mejilla de alguien, como en el archivo. No me agrada.
Tal vez sea por esa falta de costumbre que es bastante raro tocar la panza de Miss Crawford, pero supongo que hay veces en que uno no le puede informar a las personas que tenemos problemas de fluidez para traspasar el espacio vital de las personas, por mínimo que sea. ¿Ven por qué entiendo al Sr. Lars, el de Lars y una chica de verdad?  

De todos modos me da curiosidad, es como un hornito en patas. Hoy que decía que estaba pateando la verdad es que yo creí que sólo sería un pequeño movimiento sutil, como del anuncio de Alien, como siempre... hasta que me pateó. Fue la cosa más extraña del mundo, de repente, de la paz acuática salió una especie de latido muy fuerte. Fue como un latido, fue extraño... un patadón. Fue perturbador y me reí como media hora del susto que me pegó el incidente.

Las convivencias de dos horas, no termino de entenderlas. Supongo que es un asunto de confianza. ¿Cómo saber cuando la gente dice una cosa y está pensando otra? No se puede, igual que me aterra que un día mi teléfono se marque solito y alguien escuche las cosas que digo. ¿A mí qué me importan los pleitos y la vida de los demás? Seguir el patrón, así es como funcionamos y tratar de hacer otra cosa no tiene caso. ¿Para que negar la cruz de la parroquia?  La sinceridad en las relaciones humanas es imposible. ¿Cómo debería sentirme? Ya no sé nada sobre nada.

Ah... qué confuso es todo en la vida. ¿Por qué será que me siento viviendo en alguna especie de escenario artificial?  Como una de esas lagartijas que sospechan que su tronquito es de plástico pero no pueden estar muy seguras.

En cuanto me empiece a caer comida del techo sabré que efectivamente soy una mascota y que he vivido siempre engañada. Tal vez soy una lagartija. Una lagartija bordadora.

domingo, 13 de febrero de 2011

Y vivir en un crucero por siempre felices


Claro, porque oooobviamente, el clima político-social de las últimas fechas era lo único (¡LO ÚNICO!) que me lo impedía. Con su permiso voy a soñar esterilmente... allá.

domingo, 6 de febrero de 2011

Hortencias en el jardín

Ayer tuve un sueño espantoso. Una pesadilla supongo, aunque en realidad no había ningún tipo de culto satánico buscando sacrificarme, fue algo peor. Soñé que me estaba probando un vestido de novia, una cosa de lo más rara porque no era un vestido de novia sino un traje de dos piezas del tipo II guerra mundial (estaba bonito, eso sí). Tenía un sombrerito azul y aunque amaba mi vestido estaba muy preocupada. ¿Por qué me tenía que ir a Argentina? (?)  ¿De veras tenía que hacerlo? Y mi mamá decía que sí, el problema es que le había dicho a sus amigas que me iba a casar y ni modo que la desmintiera. Me tenía que ir.

Eso fue todo, pero desperté de mal humor, incómoda y particularmente huraña. Creo que la pesadilla fue resultado del episodio de ayer. Después del fracaso de "platicar y ser amigos" con  el retoño de la señora Alma, parece que mi mamá había cifrado todas sus nuevas esperanzas en el nuevo inquilino de mi abuela. Debí suponer que iba en serio, hace unos días lo amaba, vaya, mi abuela hasta lo dejó usar la cochera... ¿de veras? ¿no nos dejó instalar a Sibila en su jardín porque lo destruye y a un desconocido lo dejar hacer lo que se le hincha la gana? ¿Por qué? Ah... claro, soltero de 35 años. Con razón andaban tan cooperativas esas señoras, treinta años de llevarse como Sherlock Holmes y el profesor Moriarti, Horatio Caine y todos los narcotraficantes de Miami, o cualquier otro luchador contra el crimen y sus némesis que usted prefiera, y de pronto estaban tan sincronizadas... debí sospecharlo!  Supe qué tan en serio conspiraban  apenas ayer, cuando mi madre llegó enojadísima porque el pobre infeliz tiene novia. Estaba muy decepcionada, y la escuchaba quejarse en la escalera: " Es que no puede ser, cada vez que le echo el ojo a uno se me va,  como el de Acatlan que se casó con la jirafona esa, no es justo", etc., etc. Y las quejas por la decepción siguieron en el teléfono toda la tarde. 
Entonces le entró la ansiedad: ¿Ni siquiera tomó el nombre completo? ¿A la viejita argentina y a la francesa las hicieron firmar contrato, dejar no sé qué papeles de identificación y de este ni el nombre completo tenían?  "Tu papá me va a linchar", que no lo hizo, (aunque mi madre ya había tenido la cautela de  echarle toda la culpa a mi abuela, total, es su casa) nada más se quedó tan sorprendido como todos ante esa inesperada tregua entre las dos señoras.

Yo me ocupaba alegremente de mis lentejuelas y listones, pensando que Miss Crawford tenía razón y que si dejaba de sentirme ofendida podía volverse una cosa divertidísima. Y estaba muy divertida, hasta que me atacó el sueño infernal.
No quiero soñar más, por eso ya mejor ni siquiera intentaré dormir. Eso es, me quedaré despierta y planearé proyectos.
Tengo un mueble que dejé medio maltratado cuando le cambié las manijas... ahora sólo necesito cera, pintura y una lija para mantenerme felizmente ocupada hasta el lunes, entonces huiré, no sé a dónde, hasta en el archivo quieren casarme. ¿No hay un santuario para solteras en peligro de extinción? ¡Tienen que salvarnos!

Porque yo, no me quiero casar... quiero tocar la guitarra todo el día y que la gente se enamore de mi voz. Bueno, no, porque canto muy feo y jamás le he entendido un carajo al asunto musical pero ya me entendió usted la idea. ¡Es que no me quiero casar! Era divertido decir que quería casarme, tener hijitos y que me mantuvieran cuando era un absurdo, entre los 15 y los 20 años, pero ya estando en la edad y viendo tan cerquita a una embarazada de 7 meses con marido ausente se ve mucho más horrible la cosa. Yo no quiero dejar una vida buena y sencilla en la que me consecuentan  sin tener que hacer nada por ello para ir a ser la criada de nadie. No sé cocinar, ni lavar, ni planchar, yo no estudié "adiministración de instituciones en el ESDAI", no me gusta socializar y no quiero rendirle cuentas de mis gastos a un marido.

¡Es que no me quiero casar!

Dios bendito, cada día me quedo un poquito más atrapada en una película de Pedro Infante. ¡Por favor Señor, no dejes que me secuestre la abuelita ruda de un charro!

viernes, 4 de febrero de 2011

El prozac fue mi primer amor

¿Cuándo es necesaria la desnudez? Digo, yo supongo que en la vida es completamente necesario bañarse, aunque implementar el uso de una camisola tampoco estaría mal. Hay que quitarse la mugre, ni modo.
Lo que yo decía era: no entiendo por qué alguien querría salir así en público o enfrente de cualquier ser viviente en general, las plantas no cuentan, pero supongo que así funciona la vida cotidiana. 
La vida, claro, pero el cine es otra cosa, ahí no entiendo cuándo es realmente necesaria. 

¿Era completamente necesario encuerarse tanto? ¡Les hablo a ustedes, Anne Hathaway y Jake Gyllenhaal, a ustedes! 

Sobre la película, vamos a saltarnos lo hermosos recuerdos que nos trajo. Medicamentos, consultorios y representantes farmacéuticos. La emoción de reguntarse qué nuevas bondades le habrían llevado a la Sra. Doc cada vez que los veía salir del consultorio con su maletita. 
Rivotril, Alprazolam, Tafil, Cymbalta, Nocte, Solian... ¿qué regalos nos mandaron? ¡Es como una verdadera navidad! Aparte de las plumas, los portalápices y el termo para café que todavía no quiero usar porque me trae bonitos recuerdos de la Sra. Doc.

(*Suspiro de nostalgia*)

Supongo que por eso apoyé la idea de ir al cine, para mí el amor verdadero está en los medicamentos. 

Lexapro, mi vida... ¿nos quisimos mucho, no es así?

La cajita parte hacia el horizonte a bordo de su barco y yo me despido con la mano desde lo alto de la cascada sin imaginarme que Disney hará una segunda parte y mi amor terminará siendo un patán. Bueno, si no le tuviera miedo a las alturas, porque obviamente eso es lo único que impide que esta escena sea real.

Love and other drugs
(No dejen que me distraiga)
Es graciosa, cierto, también es conmovedora, y algo desarticulada, claro que sí. Lo encantador es que aunque hicieron sus esfuerzos por recordarle a uno que estábamos en 1996, las boinas, el biper y las camisas a cuadros, aparte de poner de repente las cancioncitas emblemáticas del periodo,  como esa de Spin doctors, la que decía "just go ahead now" (¿estoy mal de la cabeza o el vocalista era de veras muy guapo?), al final ninguno basta para mantener todo ubicado. Parece que de repente se les olvida y los pocos elementitos que andan dispersos por ahí para situar todo el asunto, un casete (como sea que se escriba), se pierden en lo que yo creo fue un esfuerzo deliberado por ser vagamente respetuosos sin tener que hacer grandes sacrificios, como por ejemplo ponerle a Anne Hathaway  (o a cualquier otro personaje) un atuendo muy al estilo Blossom. 


Bueno, cuando estaba vestida porque anda muy, pero muy desnuda gran parte de la película. Lo entiendo, tal vez una parte, por el asunto de la relación y la vida y la fregada, pero en algún punto se pasaron de ese imperceptible límite que nunca nadie sabe dónde está hasta que se mete la pata con él. Pobrecilla, que no tenía frío? Y el otro señor Jake igual, parece que no podíamos dejarlo en  agradables y limitados ángulos que no nos hicieran sonrojarnos, en especial por tener a mi hermana a un lado y a dos viejitas en la fila de atrás.  Ya sin mencionar a los personajes secundarios. ¡Oh por Dios hermano menor, yo hubiera preferido nunca ver nada similar a su cuerpo!
El problema es que ya no sé si de veras era completamente innecesaria o yo de plano soy muy mocha. Es que, digo... algunas veces  y ya que el resto de la película conservaran el misterio y los creativos trucos de cámara para explicar el asunto, pero me pregunto si era en verdad necesaria o no.
Por ejemplo, si la película es francesa ya sabemos que a la mitad de la nada alguien se va a encuerar a la mitad del campo nada más porque ya es otro día. Oh bueno, ni se nota, pero ultimamente los gringos están exagerando quién sabe con cuál razón malévola.
A ver... ¿qué hay con The Tudors? En la última temporada... bueno, no, durante todas las temporadas, pero creo que en la última estuvo peor, tengo la extraña sensación de que preguntaron "a ver, quién se avienta y quién no", y a la que dijo que sí sencillamente se abstuvieron de vestirla. Ni Catalina de Aragón, ni Jane Seymour ni Ana de Cleves ni Catalina Parre anduvieron tan alegremente descubiertas como Bolena y su prima, la otra Catalina que antes salió de Georgiana en la versión de Orgullo y Prejuicio del 2005, cosa que nos perturba espantosamente. ¿Por qué?  
Ah, pero que las pobres actrices secundarias que seguramente se sintieron afortunadas al conseguir el papel de "esposa infiel #2", "piruja de la pradera" o "sirvienta de la reina #272348309" anduvieran libremente en cualquier parte como si nada. ¿El árbol a la mitad de un jardín? Claro! ¿por qué no? 
Que de todas formas, los Tudor fue una cosa de lo más extraña que todavía me causa angustia. Vi el final con el asunto del caballo blanco y el joven Enrique vestido en cuero y como que me entró el estres. ¿Qué putas con la gente de vestuario? ¿Qué diablos con los atajos y la libre adaptación? 
Ya sin contar con que poner a Joss Stone de Ana de Cleves es el colmo del cinismo, fue como decir "Aquí hasta la más repulsiva va a resultar que era guapa".

Pero yo estaba en Love and other drugs.
Lo que me preocupa es que sean mis prejuicios de señora de iglesia los que me impidan entender la absoluta necesidad de ser tan repetitivamente nudistas. Por ejemplo, Irreversible no la podrían haber hecho sin desnudez, tampoco Días perros o Atracción Fatal o aquella, en la que sale Eva Green y el güero y el francés que le gusta a Jane, The dreamers! Claro, tampoco 300 y no me acuerdo de más, debe haber más, muchas más pero con este breve recuento queda demostrado que no es que yo sea una mocha, lo que pasa es que los gringos traen una especie de autoengaño o delirio en el que quieren creer que la censura ochentera del estilo "el heavy metal te convierte en adorador de Satanás con sus mensajes al revés" (en el colegio nos ponían un video muy serio que nos advertía sobre el asunto, una y otra vez... me pregunto si alguna vez esperaron que de vera slo tomáramos en serio) murió y no regresará porque ahora tienen de presidente a Obama (es que nos hablamos de tú), que no sólo es completamente falso, también peca de pretencioso y de ingenuo, por lo que tanta desnudez generalizada no tiene razón de ser y parece extraña.

Todo eso no significa que no haya chillado como niña cuando él va a buscarla al camión repleto de viejitos que peregrinan a Canadá para conseguir medicinas más baratas. Es que tiene que encontrarla, tiene que detener esa locura de no ser felices para siempre por culpa de la enfermedad de esa señora tan arisca que no quiere ser una carga para nadie porque detrás de toda esa apatía sólo tiene miedo al abandono... como todo buen drama de la vida! Cosa que ya es extraordinaria, un hombre regular te mandaría al diablo por tener tos, ya ni quiero pensar si fuera Parkinson.
Chillé y lo reconozco. Es que ella quería ir a tantas parte, y el dice "lo harás, sólo que tendré que cargarte"... o "tal vez tenga que cargarte" o algo así, una de esas frases que sacan chillidos femeninos como si fueran mugre en el lagrimal.

¡Es que la llevará cargada!

Bueno, pero ahora me despido, iré a morirme de vergüenza... allá.

Que pasen buenas noches.

jueves, 3 de febrero de 2011

Another sexy beast

... lo terminé. ¡Está listo! ¡ESTÁ VIVO! Ahora se supone que tome mi capítulo con emoción y se lo lleve a alguien especial, alguien a quien le interese y no vaya a decir "este, seeeeeeeh, ahorita lo leo" antes de olvidarlo por completo en el fondo de un cajón. 

(Revisamos a nuestro alrededor, Rito ya está roncando)

Oh bueno. Ahora que lo pienso... ¿eso qué? No sé, en la tarde parecía algo bueno, pero a estas alturas ya no entiendo de dónde vino esa sensación. Supongo que no significa nada y no le importa a nadie, igual que la gran mayoría de las cosas y  personas no significan ni importan nada para nadie. 

¿De dónde vino eso? 

No lo entiendo. Será que no dormí nada anoche, creí que el bordado compulsivo me calmaría, y así fue, hasta que intenté dormir y todo fracasó horriblemente y terminé viendo capítulos repetidos de Casos no resueltos y Conducta Criminal hasta que dieron como las cuatro de la mañana.
No, no, esto está mal... nos hundimos, nos hundimos. ¡Son las ratas que se echan a correr! Tenemos que hacer algo. 

Ay, yo tuve un ratoncito, se llamaba Monet Morococó. Se murió tan rápido, de pronto empezó a pasar cada vez más tiempo dormido dentro de su nido, comía poquito y no quería subirse a su rueda. Un día nada más se murió, lo observé lo más que pude para asegurarme de que  estuviera muerto. Lo mismo que Darcy, lo estuve vigilando hasta que empezó a oler mal. 

Una cosa no se muere hasta que empieza a oler, y la peste ya no pasa desapercibida para nadie. 
Entonces sí, a enterrarlo.


Nota al pie
¿Qué me pasó? Estaba muy bien hace unos días... ¿será el suspenso? Tal vez fue la pérdida de mi trenza de Rapunzel. Digo, no quise decirle nada a la que me cortó el pelo para no herir sus sentimientos pero me masacró la mitad y creo que se me fue la felicidad con él. Sí, eso debe ser, no tiene nada que ver con el capítulo desperdiciado, claro que no: es mi cabello.

martes, 1 de febrero de 2011

El cuento de la vendedora de fósforos una y otra vez



¿Por qué siempre matan a la ciega que pide limosna?


lunes, 31 de enero de 2011

Una lentejuela al día

Pasando la vida, eso es lo que hace uno, pasar el tiempo. Claro, hasta que caes por accidente (no es cierto, uno que le pone "me gusta" a esa madres) en la que te dicen paso a paso cómo hacer una pulsera. Se veía muy fácil, uno de esos momentos en lo que uno piensa "ay, eso lo puedo hacer". Un poco de tela y algunas cuentas. Esta era la original.
 Eso fue en la tarde, es la 1: 40 y por fin terminé:


Bueno, tal vez me dejé llevar un poco y no se parece pero no lo pude evitar. ¡EL PODER MAGNÉTICO DE LAS LENTEJUELAS Y EL ENCAJE! Nunca se tienen demasiada lentejuelas y encaje.

Instrucciones:

1.- Saque todo lo que tenga en su canasta de costura, no se limite, revise todo, las cajas de cuentas, las lentejuelas, los hilos... TODO.

2.-Pegue tiras de una tela bonita. Cinco bastarán.

3.- Cosa el encaje #1 encima. Cosa y cosa hasta que se le entuman los dedos, entonces deténgase para bordar hasta que se le entuman otra vez.

4.- Deténgase a pensar en la escuela, las monjas y los regalos del día de la madre, las manualidades de navidad. Me contaron que la monja de la guitarrita y la diadema, la que daba la clase de moral y el taller de cantos y juegos, se volvió una perra cuando la hicieron directora de secundaria, no me sorprende.

5.- ¿Ya acabó de bordar indiscriminadamente? Morado, azul, una que otra chaquirita dorada metida por ahí. Uh, todavía tenemos los granates sueltos, va.

6.- La pulsera rota de la que conservamos la gran piedra. Sirve, también va.

7.- Los dedos duelen, deshilachamos las orillas de las cinco capas de tela coqueta pero falta algo. Hora de introducir al encaje #2, ese que teñimos con la esperanza de que saliera azul marino y terminó en gris. A coser un poco más.

8.- Si no le duelen las manos no lo está haciendo bien.

9.- Remate los extremos con el bies rosa que quién sabe para qué diablos compró. Bueno, este es el momento.

10.- Descubra a última hora que ya no tiene broches. No importa, festeje su triunfo.

Ahora, suelte esas lentejuelas y ponga las manos en alto. Aléjese con cautela, recuerde es adictivo y se sentirá mareado y con nauseas en la mañana, pero ha sido por una buena causa.
Las lentejuelas y el encaje nunca sobran. El día ha quedado oficialmente aprovechado.

¡Felices trazos!

jueves, 20 de enero de 2011

Estampitas de piratas

Oh por Dios, las panzas de las mujeres embarazadas se mueven. Sospecho que le dije gorda a Miss Crawford, que no lo está, tiene una gran panzota, pero el resto de ella sigue igual que siempre. Lo que yo quería decir es que la pequeña creció mucho, pero me temo que ya no sé hablar... creo que nunca he sabido hablar, pero últimamente estoy peor. Ayer que veía Teresa con Jane tenía algo en mi cabeza, lo que yo quería decir era "¿no se te hace que Aída  es rogona por naturaleza? pero de alguna forma salió como "bueno, rogona ya es..." y tuve que reacomodar el orden de las palabras que salían todas mal. En algún punto, cuando le decía a Jane que necesitamos uno de esos, esos, esos... "psssssss", me refería al spray de pimienta, por suerte me ayudó. 
¿Estaría cansada, distraída? Podía ser, pero anoche dormí bien y aún así hablando con Miss Crawford y su panza como que de repente se me olvidaba cómo había llegado hasta ahí. Luego, mientras se probaba botas, vi otra iguales en otro color pero cuando se las señalé no salía la palabra. Al final nada más señalé mucho y también me ayudó: "Camel"
¡Sí, eso, camel,  como los cigarros!

Que no importa, siempre me ha pasado, pero ahora me pregunto si de veras debería preocuparme. ¿Es normal confundir la b y la d? Ay, de veras espero que sí. A lo mejor debería dormir, eso es todo. Caminé mucho. 

Esos son los problemas de la socialización, siempre me quedo con la noción de que metí la pata.
¿Usted cree que no extraño los viejos tiempos? Los extraño mucho y me duele no haber  logrado nunca ser good enough, pero la tristeza es del diablo y por eso debe ser asfixiada. 

La estamos asfixiando, justo ahora. ¿Sabe usted cómo se hace? Se toma aire y se comprime a la maldita.
Esperemos que no regrese, al menos por hoy.

Manualidades, eso haremos. Ser una señora ñoña siempre me hace feliz.

lunes, 17 de enero de 2011

Tonada de la Riviera Maya

Una cabaña solitaria junto al mar, tan coqueta, tan pintoresca y tan... sin luz.  Casi caigo muerta cuando me explicaron aquello del concepto "ecológico", entiéndase sin tele, algunos ratos sin nada de corriente, ya ni mencionar aquel asunto de internet. ¿Cómo? Casi chillo de angustia. Gracias a Dios el baño era perfectamente civilizado y funcional, como debe ser. De lo contrario tal vez habría muerto de la impresión... ¿sin tele?
Bueno, lo compensó el paisaje, una cabaña de lo más tropical y mucha, mucha comida. Mi hamaca, porque era mía al menos en mi corazón, debo decir que tiene que ser lo mejor que me haya pasado en los últimos años, porque ha de saber usted que hacía un tiempo considerable que no me sentía estúpida e inexplicablemente feliz. Supongo que fue un poco la playa y el aislamiento, porque más lejos del mundo no se podía estar. Vaya, al final el municipio tiene una sola avenida y no tiene drenaje. Todo es el doble de caro y parece que los extranjeros en bicicleta son los verdaderos habitantes del lugar. Yo no sé andar en bicicleta y tal vez nunca aprenda.
Ha de haber sido el efecto de levantarse a las cinco o media o seis de la mañana para correr a la playa a ver el amanecer, pero de repente no podía recordar exactamente por qué diablos solía sentirme tan gris y tan muerta en los días anteriores. La alegría estaba en lugares extraños, como encontrar un pedacito de coral o ver qué tanto podía acercarme al pelícano que flotaba alegremente antes de que se hartara de mi acoso y se largara. Nada más me faltaba Rito, creo que hasta dormí, supongo que por el cansancio y el frío.
Ah, creo que me falta reparar en ese pequeños detalle: ¡HACÍA FRÍO!
Lo que nos lleva a un momento de reflexión interesante: ¿qué hay conmigo y las búsquedas desventuradas del correo?
Recordemos que la última vez que me lancé a buscar el correo terminé en un lugar de dudosa seguridad con un letrerote que anunciaba  Guatemala derecho, gracias por venir.
En esta ocasión, sin embargo, la culpa fue enteramente de los ojetes de la tienda en la zona arqueológica que por cierto estaba hasta la madre. ¿Se imagina usted la emoción al ver un buzón de correo rapidito y fácil sólo para mí? Compré la postal, conseguí la dirección, escribí y pedí la estampilla... que no tenían. ¿No habría sido conveniente informármelo antes, no sé, como por ejemplo unos diez minutos antes, cuando les  compraba la puta postal después de preguntar por el buzón de correos que estaba afuera?  Me dijeron que había otro en una farmacia en el pueblito. Farmacia, farmacia, tenía que encontrar esa farmacia y salí corriendo tan pronto mi mamá anunció que quería pasar al pueblito a comprarle algo a su maestro de pintura. No creí que fuera difícil, digo, cuántas podía haber? Todo el pueblo (municipio, perdón), era sólo una  larga avenida, claro, a menos que obscureciera a las cinco de la tarde y me lloviera.
No encontré el buzón pero me mojé de lo lindo y caminé unas buenas calles escurriendo ante la mirada extrañada de los turistas que se refugiaban en los bares y restaurantes  de alrededor.
No se preocupe usted, al final el aeropuerto tuvo la gentileza  de ayudarme un poco con el asunto. Conseguí las estampillas, escuché con mucha satisfacción que el vuelo estaba demorado y me fui a buscar. Tanto sufrimiento y al final ahí estaba. ¡Rojo y grandote!

En resumen, creo que de haber tenido a Rito me habría podido quedar para siempre, aunque la coca de dieta costara veinte pesos, sólo hubiera fosas sépticas y  la luz se fuera después de un ratito por tener que recurrir a una planta rudimentaria en lugar de tener electricidad formal. 
Por fin, la palapa cervecera junto al mar. Bueno, no era una palapa y las cervezas nada más eran mías pero yo era muy feliz. No sé bien por qué. Será que ya no me acordaba de lo bonito que es nadar y pelearse con el mar para que te de chance de meterte por lo menos hasta los hombros.  No se crea, la sal sigue siendo molesta y a la arena no se le quita esa cochina costumbre de quedarse pegada en todo, pero no nos quejamos.

Bueno, también admito que mi hermana y yo escenificamos una simpática escena en pleno adoratorio para deleite de los turistas que nos observaban con cara de "gente peleando, qué curioso" y  que caminé bajo la lluvia como desquiciada por unas tres o cuatro calles buscando el dichoso buzón fantasma aquel, pero creo que es parte del encanto.
Si no hubiera una escena con el personaje en cómica desgracia no sería una película de esas agridulces donde no se sabe en qué terminó.

Ahora, a ponernos al día con nuestras telenovelas y decidir qué hacer en los próximos días. ¿Escribirle a la Sra. Boss? No lo sé, eso lo retrasaré un día más.
¿Qué es un día más? A estas alturas, ya hasta dejamos de contar los días.