lunes, 31 de enero de 2011

Una lentejuela al día

Pasando la vida, eso es lo que hace uno, pasar el tiempo. Claro, hasta que caes por accidente (no es cierto, uno que le pone "me gusta" a esa madres) en la que te dicen paso a paso cómo hacer una pulsera. Se veía muy fácil, uno de esos momentos en lo que uno piensa "ay, eso lo puedo hacer". Un poco de tela y algunas cuentas. Esta era la original.
 Eso fue en la tarde, es la 1: 40 y por fin terminé:


Bueno, tal vez me dejé llevar un poco y no se parece pero no lo pude evitar. ¡EL PODER MAGNÉTICO DE LAS LENTEJUELAS Y EL ENCAJE! Nunca se tienen demasiada lentejuelas y encaje.

Instrucciones:

1.- Saque todo lo que tenga en su canasta de costura, no se limite, revise todo, las cajas de cuentas, las lentejuelas, los hilos... TODO.

2.-Pegue tiras de una tela bonita. Cinco bastarán.

3.- Cosa el encaje #1 encima. Cosa y cosa hasta que se le entuman los dedos, entonces deténgase para bordar hasta que se le entuman otra vez.

4.- Deténgase a pensar en la escuela, las monjas y los regalos del día de la madre, las manualidades de navidad. Me contaron que la monja de la guitarrita y la diadema, la que daba la clase de moral y el taller de cantos y juegos, se volvió una perra cuando la hicieron directora de secundaria, no me sorprende.

5.- ¿Ya acabó de bordar indiscriminadamente? Morado, azul, una que otra chaquirita dorada metida por ahí. Uh, todavía tenemos los granates sueltos, va.

6.- La pulsera rota de la que conservamos la gran piedra. Sirve, también va.

7.- Los dedos duelen, deshilachamos las orillas de las cinco capas de tela coqueta pero falta algo. Hora de introducir al encaje #2, ese que teñimos con la esperanza de que saliera azul marino y terminó en gris. A coser un poco más.

8.- Si no le duelen las manos no lo está haciendo bien.

9.- Remate los extremos con el bies rosa que quién sabe para qué diablos compró. Bueno, este es el momento.

10.- Descubra a última hora que ya no tiene broches. No importa, festeje su triunfo.

Ahora, suelte esas lentejuelas y ponga las manos en alto. Aléjese con cautela, recuerde es adictivo y se sentirá mareado y con nauseas en la mañana, pero ha sido por una buena causa.
Las lentejuelas y el encaje nunca sobran. El día ha quedado oficialmente aprovechado.

¡Felices trazos!

domingo, 30 de enero de 2011

¡Ah, qué cuchitril tengo!

Estaba en una limpieza loca de mi cuarto cuando de pronto apareció un mail extraño. "Ah caray, y este quien es?" Ah, claro, el hijo de la señora.  La verdad es que dejé para después el asunto de mandarle las putas fotos porque había maratón de Forenses al extremo. Wow, esa señora ya se había casado, tenido un hijo, falsificado seguros de vida, matado al marido y escapado con el cómplice antes de los 25 años, eso es rapidez.
Hay prioridades. La parte agradable es que ya no me enojé. Estuve pensando que no tenía caso, lo mejor es darle la vuelta... es que tuve mucho tiempo muerto porque me desperté temprano pero Rito no se quiso levantar hasta las once y no encontraba el control remoto. El punto era: tengo un plan, seré amable, linda, y mandaré las fotos con recadito de pura amabilidad peeeero no mandaré ninguna mía. Ja! No me van a promocionar señoras. ¡No soy un embutido en descuento!
El cuate sacara la conclusión inmediata de que debo ser fea como un orco, digo, llegar a los 26 años con un sólo novio de tres días (y dos primeras y únicas citas/desastre como casos aislados en los siguientes seis años), es una cosa muy rara. Yo creo que por eso me ven como causa social. 
Me gustaría explicar: tengo severos, severos problemas sociales, ya ni hablemos de la timidez enfermiza, de esa que te reduce las facultades mentales. La inseguridad, la incomodidad y ese terror a salir a la calle y ver gente, esa que me impedía ir a centros comerciales y restaurantes cuando estaba a punto de entrar a secundaria. Claro, esas cosas se arreglan a madrazos, del tipo donde te cambian de escuela, de golpe y sin avisar, a otro colegio completamente desconocido, sin uniforme, repleto de hombres, menos de una docena de viejas ojetes en competencia y ni un alma en quien apoyarse... pero como estamos siendo positivos, vamos a dejarle en que ya fue un triunfo haber aprendido a hablar con la gente, ir a la escuela, y hasta ser parte de una pequeña tribu que jamás me imaginé que fuera posible lograr.
Supongo que nunca podré explicar qué difícil fue lograr esas cosas que a la gente le parecen tan normales. Eso no significa que vaya a hacerle caso a una revista que dice que debo  callarme la boca y dejar de vestirme como la "tía Tere" ( que mis tías no se visten así, la única que parece tía Tere sería yo, con mis faldotas de gitana y playeras de monitos, no puedo evitarlo, me hacen feliz) para salir a la calle a "mezclarme" y conocer gente. 
Lo mismo aplica para cuando mi mamá quiere que busque nuevas amigas. Gracias, no. Puedo ser amable, prestarle mi lupa a alguna escuincla que se vea medio perdida en el archivo, pero no quiero nuevas amigas, no las necesito. ¡Gente nueva!

Admito que me he estado apoyando mucho en Miss Crawford, pero no tengo ninguna expectativa de sinceridad, creo que fue una cosa muy consciente, igual que sé que en cuanto nazca el bebé se irá, pero no me preocupa, para entonces ya estaremos sanos. Lo mío es necesidad, y ella está empollando sola, parece que de veras hay peores amigas que yo en el mundo, digo, está esa que le dijo "qué hueva me da tu vida", y la que la odia porque el francés con el que se quiere casar no viene a verla y  como Miss Crawford se regresó, ya no podrá caerle en su hogar europeo para hacerle más fácil el traslado. Chale, no soy tan mala, verdad de Dios. Tampoco niego que me dejo llevar con la emoción de las camisetitas de bebé y los ultrasonidos... son tan chiquitos.
Al final, por pequeño que sea, supongo que un afecto genuino,  pequeño, irracional, y ya muy viejo, que data del primer día en el kinder cuando ella lloraba y yo todavía no sabía que la escuela era tan mal lugar, siempre será reconfortante.

Una gran ayuda, por eso unas pocas horas semanales me parecen muy buenas, pero no me imagino multiplicando el trance, mucho menos en compañía de señoras desconocidas, no confío en la gente, por eso  no tengo necesidad de salir a buscar un montón de viejas con quienes andar tomando café y perdiendo el tiempo. ¿Cómo pa' qué? mientras tengas mis recortes, fotos (¿y recuerdos? cantaría Selena) puedo vivir para siempre pegando cosas en mi scrap book. Chale, ya me puse sentimental... ¿he bebido algo hoy? No, oh por Dios, ni siquiera café.
Eso tiene que arreglarse.

¿En qué estaba? Ah, sí, los planes de mi mamá. Es que me quedé pensando cuando se lo platicaba a Miss Crawford, ella estaba botada de risa y decía que en lugar de enojarme me debería divertir con los intentos desesperados de mi pobre madre que ya no halla qué hacer conmigo.  ¿Pa' qué me enojo? El pobre infeliz seguramente está igual de incómodo que yo. No tiene caso, y hago berrinche y suelto mi disertación extravagante sobre la vida y no sé qué babosadas que me invento, sin sentido alguno. Ella lo va a seguir intentando, y seguirá poniendo a San Antonio de cabeza hasta que la cuenta de cuatro santos rotos aumenten a cincuenta. Mejor me divierto y busco cómo salirme con la mía.
Lo siento señoras, ni fotos ni detalles, en lo que al joven respecta yo no existo, esto no es catálogo de novias rusas (¿ya se imaginaron la cara de frustración de la señora Alma? Ja!!). Si el cuate piensa que soy fea  como el hambre, probablemente correrá por su vida, porque eso es lo único que un hombre no aguanta, y hará bien. Todos seremos felices otra vez y Rito y yo podremos retirarnos a ver tele. Por cierto, ya encontré su cepillo.

Rito es extraordinariamente feliz cuando le cepillan el pelo, no sé por qué. Hasta se calma, deja de ladrar y se retuerce y estira el cuello. Ha de ser la felicidad de tener cabellos sedoso. Me pregunto si debería cortarme el pelo, ya está medieval, en cuestión de cinco centímetros me llegará a la cintura y mi madre aparecerá en mi cuarto con unas tijeras en cuanto me haya dormido. Bueno, tal vez no haría daño una despuntada. 

Todo sea por preservar mis trenzas, en sentido literal y figurado, como Adelita.

viernes, 28 de enero de 2011

Un poco de creatividad masculina

Un papá va a arrastrando a dos niñas, una como de 10 años y otra de cinco por el pasillo de la tienda. No se quieren ir. Entonces, se detienen para ver a un maniquí (de los que no tienen cabeza) y el papá lo señala, con muchísima seriedad: "¿Ya vieron? eso le pasó por compradora, la descabezaron."

Un señor de lo más sabio, quién sabe, a lo mejor funciona y salva a sus pequeñas del mundo de la frivolidad... ja, no, no es cierto, no creo que lo haga. ¡Pero buena suerte con sus tácticas terroristas señor!

Por cierto, sobre la participación involuntaria de gente extraña en un día de compras inofensivo: ¿Quien putas voltea a ver a una mujer embarazada de siete meses y le dice "uy, lo que te falta, yo engordé 25 kilos los últimos dos meses", sólo para describir de una manera muy gráfica la cesárea de emergencia que sigue a la crisis de un bebé chueco que no mejora porque "estaba muy estrecha".

...

(confusión)

...

(angustia)

...

(incredulidad)

Tarara, bueno, vamos a olvidar el episodio de la desconocida describiendo sus asuntos más privados.

Momento conmovedor del tipo "tuve infancia", aunque parezca que no:

Cuando yo era joven, mi mamá y mi hermana me hacían burla por "salir barata". Me gustaban las libretas, no necesitaba unos "shorts de color uva, no morado, no púrpura, ¡UVA!" como pedía mi hermana a muy corta edad, ni caminar largas horas para conseguir la ropa perfecta para unos quince años o pedir el mismo par de zapatos en tres colores diferentes. Era una niña feliz que lo único que quería era una Barbie y un perrito. Perdí mi primera Barbie en Chapultepec, y a Goofy lo perdimos ya algunos años.
Quién sabe qué me pasó después, supongo que podemos remontarnos a la educación que me dieron  mi mamá y hermana cuando tenía 14 y 15 años. Esa es la edad en que te llevan al salón de belleza, al cirujano plástico y las tiendas. ¿De veras había vivido en sudaderas viejas de mi papá y botas todo terreno? Ahí viene una revelación muy importante mi querido lector: ¡hasta usaba gorras!
¡Oh por Dios! pero será un secreto entre usted y yo.  Ahora que lo pienso y a pesar de vivir en esta costumbre de compras estúpidas destinadas a nada, creo que lo único que sigo necesitando es una Barbie y un perrito. O varias Barbies, ya no caben en la vitrina. Sobre el perrito, me queda el mechón de pelito blanco de Gufildro, ese que metí en un guardapelo, y mi pequeño Rito, que es todo el mundo y un poco más.
¿Qué más necesito? Uno creería que la alegría de ver a Rito estirarse en las mañanas, a medio despertar, la visita de una buena amiga, y en general, detenerse a oler las flores,  es más que suficiente para ser feliz... pero no creo que sea  cierto porque mi cuarto está demasiado lleno de porquerías, debo hacer algo. No quiero convertirme en una de esas personas que almacenan periódico y cajas hasta formar laberintos en sus hogares.

Tomé una decisión loca en estos días y empecé por las paredes, quité muchos cuadros, los empaqué y los metí en el closet. Desde hace unos meses había decidido que no volveré a tocar un pincel nunca más, pero  apenas me decidí a empacar varias pruebas de esa fea costumbre que tenía, los que hice con la maestra de pintura que le coqueteaba a mi papá y que juraba que había sido secuestrada por extraterrestres en Cuernavaca, y un par de chistes locales más, esos que sólo yo entendía.

¿Cuando entendí que la felicidad en la vida se compone de cosas, colores, brillantina y lentejuelas? No lo sé, pero fue un gran descubrimiento. Algún ladrón malvado se robó el sombrero de ala ancha que iba a comprar, era una pamela maravillosa, pero está bien porque lo sustituí con una gran diadema y creo que podré sobrevivir con ello.

De eso se trata todo, sobrevivir una lentejuela a la vez.

jueves, 27 de enero de 2011

La trampa

¡Pinche vieja, me sacó el mail! ¿Ahora un cabrón que no conozco va a ver la fotos de mis vacaciones? ¡Los odio a todos! ¡Odio a las amigas de mi madre y a su hijos! No quiero a esa persona en mi facebook, no quiero. Es un lugar feliz, con mis juegos, mis fotos de las doñas y un montón de noticias de albergues, mis ex-compañeritas de primaria, los estados ingeniosos del señor escritor de la Facultad, que no siempre entiendo, las frases de Teresa y la alegría de Kitty que vive en una pelea muy simpática de insultos con otra amiga suya que no sabe lo que es la censura y son la cosa más divertida del mundo... verificar que sea usted feliz y todo esté bien en su vida para resistir mi propia tristeza, respirar, tomar café y ver tele.  ¡No quiero!
Esperemos que no le haga caso a su madre y no sepa nunca de él. Que bueno que no subí las fotos, así le puedo decir que no están ahí y le mando algunas escogidas únicamente de mis papás esperando que toda esta trama macabra se vaya al carajo. 

Maldita sea... ¿por qué soy la secretaria de todo mundo? entre contestar el teléfono y llevar ropa a la tintorería no hay donde esconderme.
Esta señora cree que me engaña con su amabilidad.¡No me engaña, no soy tonta!

¡Mueran señoras, mueran todas!

Update
Esa señora no va a atraparme... lo juro por Jane! Primero muerta que Collins!

miércoles, 26 de enero de 2011

Jerseylicious Bonus: Chick Fight

Jersey style

Querida Sra. Alma (tan amiga que es usted de mi bondadosa madre):

Lamento mucho decepcionarla pero hay algo que le tengo que decir, la próxima vez que usted presione a mi mamá (que me presiona a mí) para que agregue, hable, salga o me comunique de cualquier forma con su famoso Dieguito, voy a arrancar el cable del teléfono de la pura desesperación. ¿Usted cree que me gusta tener que discutir el asunto en el desayuno? Seguramente Dieguito es una gran persona, en especial por ser un hijo tan atento que se la vive  cotorreando la onda con usted, sin dejar de ser extrañamente misógino porque parece que ninguna mujer lo merece, pero no creo que esté en el plan de Dios que nos conozcamos para ser grandes amigos.
¡Y mi papá me apoya!

¡No puede atraparme señora!

No se crea, en el colmo de la muerte en vida me pregunto si no debería hacer algo sabio y aceptar su oferta, o ya de plano dejarme llevar a cualquier plan horrendo que tenga mi madre para mí, digo, con tantas horas de silencio al día  ya hasta estoy viendo Jerseylicious y Teen mom regularmente, y me preocupa, pero al final no creo que pueda. 
Es que, hay otros hombres en mi vida:



 No puedo mentirle. Mi corazón está ocupado.

Besos mil!

martes, 25 de enero de 2011

Soft Kitty

Nota: Hay un gatito nuevo en la calle.  Ya no se ve tan chiquito, pero no lo había visto hasta hace rato, que se escondió bajo mi coche para masticar algo. Lo tuve que vigilar y suplicarle que no se meta al motor. 
De todo modos, desde que empezó el invierno toco el claxon dos veces antes de arrancar y  golpeo un poco el cofre con las llaves por si las dudas, o al menos eso recomiendan las personas de las protectoras para evitarlo. No podría soportar matar a otro gato, otro no por favor Señor.

Aquí viene el miedo...

No quiero revivir mi cumpleaños no.18 otra vez. ¿Es una especie de castigo divino, una broma de la vida? ¿por qué a mí?

Arrollar accidentalmente a uno de mis ex-compañeritos de secundaria podría sobrevivirlo, moralmente hablando, pero matar a un animal no. Todavía me acuerdo del gatito negro que se desgració el día de mi cumpleaños. Ahora que lo pienso, fue una especie de mensaje de la vida: "Felicidades, bienvenida a la mayoría de edad, mataste a un inocente".

Claro, gracia a la vida, como dice la canción.

Bajo del mar

Mis tenis, según algunas opiniones podrían ser los culpables de que me sea imposible usar tacones. Dice Miss Crawford que me expandieron el pie, usó otra palabra, pero ya no me acuerdo. Zapatos, tenis y zapatitos. Supongo que hay que usarlos, a los leprosos les prohibieron andar sin zapatos, en alguna parte, en algún punto de la edad media que seguramente tiene una fecha que corté a propósito de mis hojitas porque a nadie le importa, a lo mejor importa o quién sabe, ya no sé. Me emboté y no estaba pensando, ya ni sé qué hice y estaba tan cofundida que sacaba notas al pie al mismo tiempo que escuchaba el recuento de las alegrías y desventuras laborales de Jane desde el jueves hasta ayer. El problema es que recuerdo perfectamente los detalles de todo lo que pasó en la chamba de Jane, entonces... ¿qué putas hice en la computadora? No sé, pero ya mañana veo.
Ahora pienso en mis tenis. Tenis, tennis... no, eso es el deporte, mis tenis son otros. ¿Qué haría sin mis tenis, especialmente si recordamos mi pie chueco? Nunca recogimos esas plantillas, a mí mamá se le olvidó y yo seguí viviendo sin ellas.  Gastritis y mis otras enfermedades imaginarias que no mencionamos porque la angina de pecho ya no se usa desde Juárez.

Me acordé de la escena de la Sirenita en la que la gaviota busca el latido del príncipe Erik en la planta del pie. Tengo un corazón débil, por eso necesito mis tenis. 
No sé bien cuál sea la conexión, pero debe haberla.

lunes, 24 de enero de 2011

La angustia de la separación

Yo no sé usted, pero la red social consentida, esa donde puedo jugar, me saca  miles de noticias de las asociaciones de protectores y de los albergues. Los rescates afortunados siempre nos animan, igual que las fotos de bebés de mis ex-compañeritas de primaria. Claro, también están esas ex-compañeritas que publican todo el día lo que comen, lo que sueñan y cada canción chafa que estén oyendo y que les recuerde al amor de su vida, pero esas nada más son dos ¿A mi qué me importan las 200 fotos de diversos antros donde las ex-compañeritas que todavía no se casan pretenden estar divirtiéndose siendo solteras cuando seguramente leyeron la sección de cosmo "Cómo ligar al hombre ideal en una noche de juerga" antes de salir de su casa? Admito que no sé si exista esa sección como tal, pero debería, y  hace ratito leí una madre muy parecida en otra revista que me hizo sentir particularmente ofendida. Ah, ahora resulta que es una ciencia y hay que cuidar lo que te pones, lo que dices y como te mueves, ya sin mencionar que se supone que se tiene que olvidar a las amigas en el proceso.  ¡NUNCA! Pero de todas formas, buena suerte muchachas, salgan a verse bonitas y conocer gente, lo que veo difícil, la parte de verse bonitas, no la de conocer gente. 
(Giggles)

Ay, eso fue una cosa muy malvada, pero ni modo. ¿Ya mencioné que una se parece al pingüino de Batman? Por cierto, espero que el retoño de Miss Crawford de veras sea niña como dicen, porque si el ultrasonido sale con una sorpresita otra vez, ese vestido  de los pumas que encontramos hoy se quedará sin uso.
Fue un buen momento de compras universitarias, una cosa muy bonita. Me compré una playera de la Facultad, la mía, que usaré a la menor oportunidad para recordar que milagrosamente sobreviví. Eso pensaba hoy cuando andaba por esos rumbos. Ya no me dio la tristeza, ni me senté a llorar por el dolor del pasado perdido en la fuente de biblioteca, todo se sentía muy extraño ahora, como lejano. 
Yo quería abrazar a Rito.

Y de eso se trataba todo esto, que hace ratito leía en las noticias un asunto sobre "Los perros y la separación de sus dueños".
Creo que Rito y  yo atravesamos una crisis de confianza. Puede ser mi locura, pero creo que me guarda rencor por abandonarlo en una jaula por cuatro días. Es que fue terrible, cuando lo llevé y me hicieron quitarle la correa, el abrigo y el collar. Lo dejé desnudito y solo, como un delincuente.

Fui por él en cuanto pude, brinqué de la cama y me fui a buscarlo en friega loca. Esperé media hora sentada en el suelo afuera de la veterinaria a que abrieran. No me lo quisieron entregar, que no podían porque había que bañarlo, se supone que se ensucian mucho durante la limpieza de dientes... ¿cómo? ¡No lo sé! Me tuve que regresar y esperar. Lo malo es que mi mamá iba pasando un ratito después cuando lo estaban paseando y lo recogió. Llegó, brincó, corrió y me ignoró espantosamente. ¿Se olvidó de mí?

¿Cree Rito que lo abandoné?
Podría ser, o será que ya está harto de mi dependencia. El pobre anda raro. ¡Hijo de mi vida, perdóname!

"Por empezar, no todos los perros reaccionan del mismo modo. Están aquellos que entran en una depresión severa, que les provoca la falta de apetito, algo que puede conducirlos a la muerte. Sin embargo, la mayor parte de ellos suele sobrellevar el transe, y luego de un período de duelo, ubica a otra persona para ocupar el lugar que su amo dejó vacante."

¿Quién fue el infeliz, quién me robó tu cariño? ¿La señora madre del veterinario es más madre que yo?

"Estas situaciones, se pueden prevenir desde la misma adopción de la mascota. Por empezar, sería ideal que dos o más personas en la casa, compartan el liderazgo del animal. De esta manera, los perros nunca sentirán que tienen un solo amo, y ante la ausencia del mismo, lo reemplazaran rápidamente por el otro."

No, no, esta manada es de dos (quisiera que fueran más pero si lo intento me van a correr), y aquí nadie es reemplazable... aunque todavía haya cierta confusión respecto a quien es el líder. Espero que Rito algún día comprenda que soy yo, y no él. De todos modos, la separación fue temporal, nunca había estado en una jaula desde que lo adopté pero fue poquito, y salió a pasear, no puede seguir distante y malhumorado por más tiempo. ¡No puede!

De pronto me siento en un drama de la vida real, como en una especie de película mexicana de los sesentas con Amparo Rivelles, Fernando Lujan, Alicia Bonet o algo así.

En cualquier momento entrará mi autoritario abuelo a quitarme al bebé recién nacido de los brazos que es la deshonra de la familia... bueno, tal vez no, pero me gustaría tener el peinado de Amparo Rivelles, eso sí. ¿Cuánto spray se necesita? Puedo intentarlo.

sábado, 22 de enero de 2011

Una gran complicación

Algo horrible me pasó... bueno, no me pasó a mí, pero usted me entenderá. Es que: ¡GABRIELA LE PUSO LOS CUERNOS A NACIB!

¿Qué putas? No lo entiendo, estoy afligida e impresionada (como el Sr. Darcy). ¿Por qué? ¿Por qué? Está bien, le estaban matando el alma, lo admito, pero ponerle los cuernos al marido con un tarado no tiene perdón de Dios. ¿Por qué nos hiciste eso Gabriela? No me importa que no entiendas por qué estuvo mal, no me importa. ¿Cómo pudiste? Yo que estuve apoyando tu matrimonio con Nacib, me has lastimado horriblemente. Pinche vieja! Esta bien, te perdono porque sufrías mucho, pero Tónico? ¡Habráse visto semejante pendejazo!

No lo entiendo, y regresamos al caso que tanto se discutió en Meryton hace un tiempo (ya empezamos a hablar en clave austeniana otra vez). Un hombre puede engañar a su señora por multitud de razones, pero una mujer sólo es infiel si muy en el fondo no lo quiere. El disgusto, el aburrimiento, la venganza o cualquier razón que le puedan encontrar sólo se aplica si de verdad no lo quiere. O al menos esa fue la conclusión a la que llegamos cuando Mrs. Weston se anduvo distrayendo en el hospital, cosa que nunca tendremos por seguro si Mr. Weston llegó a saber o no. Da lo mismo, ya hay nuevo Mr. Weston, lo que nos confirma que teníamos razón sobre la pareja original desde un principio. Con Gabriela y Nacib no aplica, ella lo quiere, en verdad lo quiere, por eso no comprendo. ¡Por favor, que alguien me explique!

¿Gabriela, cómo pudiste?

Esto es demasiado para mí, debo caminar. Eso haré, me llevaré a Sibila a un largo paseo, hasta que se canse la condenada y deje de regresar su pelota. Entonces todo tendrá sentido otra vez, incluyendo las desgracias matrimoniales, las reales y las ficticias.


Update
Oh bueno, mientras existan formas retorcidas de lograr finales felices voy a dejar de quejarme.

El fin de los barullos

"Era preferible envejecer solterona, vestida de negro, a la puerta de las iglesias. Si no quería morir como Sinhàzinha, de un tiro de revolver."

Jorge Amado, Gabriela, clavo y canela

viernes, 21 de enero de 2011

Sobre la caridad

Hoy que estaba dando vueltas locamente en el patio (esperaba a que Rito termina de hacer lo que tenia que hacer) de repente me acordé de aquel comentario que hablaba de mi "ansiedad moral"... oh por dios, de veras tengo ansiedad moral. Vivo en ella.  ¿Por qué la eterna duda? Nadie más vive con esa opresión y la culpa. ¿Fue Dios, fue la vida?

¡NO, ES LA VANIDAD MORAL!

Que asco y que angustia y qué desesperación.
Es que a veces, en mi cabeza, cualquier trasgresión está bien. Que yo creo que esa es la base del afecto: "No importa lo que hagas, para mí bien hecho está". Y ahora me tallé con ojos y se me olvidó que estuve comiendo chile en polvo toda la tarde. ¿Qué diablos? ¡Me lavé las manos!
Ya me perdí por completo, lo del juicio innecesario venía a propósito del archivo. Dos señoras, bueno en realidad son muchas pero estas dos son de las que quiero platicarles.
Hoy vamos a hablar de caridad y buenas obras.

Primero tenemos a doña Bruna Moreno:
 
“De la Sra. Doña Bruna Moreno, una @ diez lb. De carnero y tres pesos de pan que se dieron a los enfermos por ella misma”. (AHSS, HyH, HSL, Lb.3, f.81)

Esta misma señora hizo exactamente lo mismo otras tres veces más, y en todas lo repartió todo con sus propias manitas.
Ahora,  sobre la segunda señora:


“En 19 de Diciembre de 1859 mandó la Sra. Doña Soledad Martínez cien pesos en plata, que trajo el Sr. D. Juan Andrade, limosna que dio la expresada señora para ayuda de los gastos que se hacen con los enfermos de este hospital.” (AHSS, HyH, HSL, Lb.3, f. 98 vta.)

¿Ya vio usted? Digo, cien pesos es una cosa bastante buena, en especial considerando que la mayoría de las limosnas son de un peso en pan, claro, porque la mayoría de las personas son bastante pobres.  No vamos ni a molestarnos con el obispo ojete que mandó como treinta pesos, y de lejitos, por favor. ¿En serio, es lo más que pudo hacer? El punto es que en la mañana estaba ofendidísima. Pues claro, es bien fácil soltar dinero de lejos, pero a ver, repartirle pan a los leprosos, eso sí cuesta trabajo... está bien, no tenían que repartir nada en las manitas desfiguradas de los leprosos, pero era mucho puto trabajo ir al hospital siquiera? Sí, ha de ser complicado moverse con enagüas, pero así la caridad no cuenta. En el lado positivo, el dinero urgía gravemente, y seguramente se pudo vestir a todos los enfermos con ropa decorosa gracias a la señora, pero no creo que valga tanto como de meterse a consolar con comida a los pobres infelices. ¿A los ojos de quién? ¿Dios? No sé, eso es lo de menos. El caso es que  la comida en todas sus formas siempre es un consuelo. Y nótese también que nuestra amiga Bruna tuvo la consideración de preocuparse por su salud, por aquello de que la carne y la vida y nunca alcanza para carne. ¿Soltar nomas el efectivo? Ah, y mandando al criado. Que además, qué poca madre. Yo quiero ver que tu jefe salga y te mande al leprosario más cercano a que dejes un regalito... qué puto susto, y ni cómo decir que no.

Y ya sé que Lutero dice que las buenas obras valen sorbete, pero en lo que a mí respecta (y a mi amigo Dios), esos cien pesos no valen tanto como el maíz de don Benigno. Y regresamos al asunto de dar... no se da lo que sobra, es todo o nada, o al menos hasta que duela, hasta que se haya excedido la prudencia, cualquier cosa menor es inaceptable.

¿Y YO POR QUÉ ME PELEO CON GENTE MUERTA?

Y sin autoridad moral, aparte... a ver, acaso planeo ir a darme una vuelta por una casa cuna o los orfanatos o los geriátricos? No, verdad? Pes claro que no, las niñas del internado guadalupano eran malvadas y los viejitos del geriátrico de Naucalpan sólo querían que los dejáramos en paz. Sospecho que si cargara un bebé, el pobre infeliz no dejaría de chillar para que me lo quitaran de los brazos. Carisma no tengo, recordemos a los señores del geriátrico, vaya, ni de jugar dominó nos dieron chance. Bueno, aprendí a hacer corbatas de perlas que nunca, ni en defensa propia, usaría.
La ansiedad moral regresó.

Estoy mal.

¡Cruz diablo, doña Arminda!

Ya es bastante molesto que el vecino que se cree cantautor esté friegue y jode con sus imitaciones de Ricardo Arjona a todo pulmón cada vez que se le antoja, peor tiene que llegar a buscar a mi mamá cuando traigo puesta mi mascarilla? ¡NO! Tienen que dejar descansar al prójimo que tuvo una mañana complicada y trabajó mucho y sufre dolores de espalda. Tan a gusto que estaba tirada en el piso, con mi mascarilla, intentando evitar que Rito se la comiera, y me vienen a interrumpir.
¡Carajo!
Ya estaba de bastante mal humor a causa de las señora vigilante con cara de reguetonera del archivo. "¡Ya llegó la de los cigarros!" porque ¿yo sí soy “bien fumadora vea”?

¿Ella qué sabe? ¡Un cigarro al día no es nada... bueno, tal vez dos, pero eso no es asunto de ella! ¿Qué putas con la gente que se mete en lo que no le importa? A ver, yo voy por la calle preguntando ¿tú te has acostado con media ciudad, no? o ¿usted consume enormes cantidades de grasa y manteca todo el día, cierto? ¡NO! Eso es como pararse en la puerta de la iglesia y preguntarle al papá de la novia ¿a poco cree que llegó virgen? o interrumpir a dos jóvenes en una cita y decir : "¿ya le preguntaste si debe el coche?"

¡No! No me importa qué hagan con sus cuerpos, si en esos términos estamos, yo podría empezar a acosar gente en las carcnicerías para recomendarles que vivan de  frutas, verduras y chamoy porque comer carne es un crimen y el cerdo es la cosa menos saludable que hay. Pero como a mí no me importa quién se eche a quién o qué coma el mundo, a éste no le debería importar lo que yo haga con mis pulmones.
Y si quiero descansar mi pobre espalda con una mascarilla de miel en la cara deberían dejarme tranquila un puto ratito al menos.

Y eso es todo.

Odio a la gente, la odio.

jueves, 20 de enero de 2011

Estampitas de piratas

Oh por Dios, las panzas de las mujeres embarazadas se mueven. Sospecho que le dije gorda a Miss Crawford, que no lo está, tiene una gran panzota, pero el resto de ella sigue igual que siempre. Lo que yo quería decir es que la pequeña creció mucho, pero me temo que ya no sé hablar... creo que nunca he sabido hablar, pero últimamente estoy peor. Ayer que veía Teresa con Jane tenía algo en mi cabeza, lo que yo quería decir era "¿no se te hace que Aída  es rogona por naturaleza? pero de alguna forma salió como "bueno, rogona ya es..." y tuve que reacomodar el orden de las palabras que salían todas mal. En algún punto, cuando le decía a Jane que necesitamos uno de esos, esos, esos... "psssssss", me refería al spray de pimienta, por suerte me ayudó. 
¿Estaría cansada, distraída? Podía ser, pero anoche dormí bien y aún así hablando con Miss Crawford y su panza como que de repente se me olvidaba cómo había llegado hasta ahí. Luego, mientras se probaba botas, vi otra iguales en otro color pero cuando se las señalé no salía la palabra. Al final nada más señalé mucho y también me ayudó: "Camel"
¡Sí, eso, camel,  como los cigarros!

Que no importa, siempre me ha pasado, pero ahora me pregunto si de veras debería preocuparme. ¿Es normal confundir la b y la d? Ay, de veras espero que sí. A lo mejor debería dormir, eso es todo. Caminé mucho. 

Esos son los problemas de la socialización, siempre me quedo con la noción de que metí la pata.
¿Usted cree que no extraño los viejos tiempos? Los extraño mucho y me duele no haber  logrado nunca ser good enough, pero la tristeza es del diablo y por eso debe ser asfixiada. 

La estamos asfixiando, justo ahora. ¿Sabe usted cómo se hace? Se toma aire y se comprime a la maldita.
Esperemos que no regrese, al menos por hoy.

Manualidades, eso haremos. Ser una señora ñoña siempre me hace feliz.

miércoles, 19 de enero de 2011

Del convento de Sta. Catarina un peso de pan

Por lo general no tengo muchos problemas con los cambios, a menos que pasen en el archivo, entonces me causan angustia. 
Así es, por alguna extraña razón desde ayer me salieron con que todo el procedimiento había cambiado, bueno tal vez estoy exagerando, no es tanto "tooodo" el proceso, pero me parece muy desagradable tener que entregarle mi credencial a una policía con cara de reguetonera y la soltura de gorrearme un cigarro para encima de todo verme obligada a buscar la hojita de registro con mis propias manos. Ya ni quejarme de tener que quedarme ahí a esperar a que salga alguien para recibirla y sacar mis cosas. Bastante molesto en general, pero hoy de plano ya fue el colmo. 
Un policía que quién sabe de dónde fregados salió llegó a informarme que tenía que quitarme los audífonos porque no estaban permitidos... WTF? Llevo paseando ahí más de un año y jamás me lo habían informado, tal vez porque no está contemplado en ninguna parte. Ahí dice bien claro que no se permite a más de dos personas consultando una sola cosa, está prohibido fumar, usar el teléfono celular y consumir cualquier tipo de bebida, pero no dice nada de mi  pobre iPod, Lazarito, y me parece una arbitrariedad someterme al silencio. Ni modo, puse cara de sorpresa y me los quité, pero aparte de todo el tipo tuvo el descaro de pedirme que me colocara más arriba el tapabocas y decidió pasar el resto de la puta mañana vigilándome como si me fuera a robar algo. Admito que  una vez me robé un recibo de los libros de la Asociación  aquella de la que hice el inventario en el servicio social, pero fue un completo accidente y lo devolví en cuanto me di cuenta. Fue muy molesto, daba vueltas una y otra vez y siempre terminaba parado enfrente de mi puta mesa. ¿Qué creía, que en cuanto se fuera me iba a poner los audífonos otra vez o que se me iban a desacomodar los guantes? Y ultimadamente, qué fregados le importa a ese patrullero de tránsito cualquiera. ¡Hijo de policía, eso es lo que es! Nótese que me moría de ganas por usar ese insulto desde que  se lo robé a las historias de juventud revolucionarias de mi papá. Bueno, alguna ventaja debía tener haber padecido tanta ignominia durante la mañana. ¡Me estaba vigilando el estúpido!

Lo peor del asunto es que  el libro de limosnas estuvo a punto de fallarme. Bueno, hoy nos enteramos de lo miserable que puede ser la gente.  Mire usted que donarle carne echada a perder a los leprosos nada más porque son feos y nadie los quiere es el colmo de la mezquindad, otra buena razón para odiar a la gente. Parecía que aparte de pequeñas limosnitas, como una pieza de pan o algunos reales en cigarros de contrabando para compartir, no iba a encontrar nada bueno... pero como este blog y la vida ñoña está llena de sorpresas, ya cuando me había aburrido y estaba a punto de irme, pasé rápido las páginas para ver más o menos cuantas me faltaban y de repente se deslizaron unas hojas dobladas que resultaron ser un informe, de los más completito y coqueto, hasta bonita letra tenía. ¿Ya vio usted el momento del descubrimiento emocionante? ¡Estaba muy bueno!  No sé bien si me vi tan emocionada como me sentía pero me pareció una compensación del cielo... lo malo es que faltaba media hora  para que nos corrieran del archivo y  no me iba a dar tiempo de copiarlo. No había forma de que terminara, en  especial porque habló Jane y yo me salí muy tranquila a platicar  hasta que de repente me quedaban diez minutos nada más y tuve que regresar el libro ante las groseras indicaciones del mismo policía molesto que decidió que empezar a cerrar las ventanas con un azotón era la mejor forma de comenzar el desalojo.
Oh bueno, ya será otro día.

Yo tenía que hacer cosas importantes, como por ejemplo enterarme de qué diablos hará Gabriela con tanto pretendiente. Perros todos, con todo el respeto que me merecen esas criaturas de Dios a las que en verdad amo, los perros no los hombres, claro. Será que yo soy cursi, pero yo sería muy feliz si el árabe Nacib se casara con Gabriela. ¿Es mucho pedir que se casen y vivan felices para siempre? Parece que sí, o al menos eso decían en la página en la que me quedé al bajarme del camión y correr hasta mi casa, es que el hambre me estaba matando.

Mi querido Nacib: te suplico que te cases con Gabriela, te lo suplico, me faltan como cien páginas para saber que no lo harás, pero te aseguro que no quieres casarte con una de esas flores de pared estiradas que se quedan resguardaditas en su casa como señoritas de castidad incuestionable sólo para descubrir con el paso de los años que han sido manipuladas por sus colegios y sus madres y lo que les espera es pagar con amargura y frustración lo que les queda de vida. No, no, corre y cásate con tu mulata, serás feliz. ¿Es parte del encanto de esas mulatas, no? Aquello de que son libres y relajadas y saben cocinar.  Las estiradas flores de pared nunca son realmente felices, a menos que se dediquen a una tarea monumental como armar enormes nacimientos con recortes de revistas, en ese caso pueden convertirse en felices solteronas. Pobres, pobres flores de pared.

Que si vamos a hablar del dichoso libro al que llegué supongo por algún tipo de secuela tropical, permítame decirle que contiene mucha sabiduría que Jane y yo hasta el momento sólo habíamos sospechado. ¿Qué pasa con la multitud de hombres casados que odian a sus esposas y dedican la mayor parte de su tiempo a perseguir mujeres más jóvenes que piensan que con dinero, halagos y comodidades pueden conseguir sólo para cansarse rápido y sustituirlas con una nueva?
Yo creí que era parte del aburrimiento de estar estancado en un mismo trabajo, espacio, oficina, durante muchos años, pero estos otros señores tienen muchas actividades como para estar aburridos, por eso me asombra la importancia que tiene su persecución. Con ellos queda explicado el asqueroso adulterio del administrador del Palacio, el de mantenimiento y todos los constantes coqueteos del señor archivista con quien se deje,  como por ejemplo la traductora y las investigadoras que le den chance.
Ahora todo tiene sentido.

Incluyendo el verdadero problema de hoy. 

ADVERTENCIA: estamos a punto de meternos en lo que no nos importa.

Este es el asunto. Jane averiguó hoy que el difunto Mr. Bingley, al que tantas veces le deseamos lo peor, ha estado en el hospital desde Octubre.  Y a ella le afecta y no quiere que sufra y de pronto le entra la cosa de "¿y si se muriera?", en especial después de la muerte súbita e inesperada de un amigo suyo del que jamás se lo esperó. Ya ve usted, la bondad de Jane, aunque la existencia de este nuevo Mr. Bingley, que parece que está tan entusiasmado que hasta habla de boda alegremente, es el verdadero problema. Ella está más preocupada por el original, ahora hospitalizado. Lo que yo digo es... uno no puede meterse por iniciativa propia en la vida de nadie. Si una persona elige por su propia voluntad excluirte de ella, de forma clara y contundente, no hay forma de que uno vaya a preocuparse y participar sin haber sido invitado, como los vampiros.
¿Qué se puede hacer? En mi muy personal y retorcida opinión, las personas conservan a las personas que quieren a su alrededor, no siempre las mejores, pero son su elección y contra ella no puede hacerse nada, por más equivocados que estén. Supongo que yo no tengo corazón, pero yo digo que se preocupe por él la otra insípida que hablaba mal de Jane. ¿Por qué tendría que hacerlo mi querida Miss Bennet? Afortunadamente, Jane no tiene mi vocación de perra rencorosa y no puede evitar sentirse conmovida por la situación. Pues claro, cuando se ha querido a alguien no se deja de preocupar uno de madrazo, pero insisto,  ella hizo todo lo que estaba en su poder, y hasta más, el decidió otra cosa y contra eso no se puede insistir. 

¿Luchar contra la corriente? ¿Como pa' qué? Lo que me recuerda, qué bonito es ponerse de espaldas y esperar a que la ola te regrese a la orilla. Pelearse con la vida es muy cansado, y no sé usted, pero al menos yo necesito mi sueño de belleza.
No, retiro lo dicho. Sí sé, todos necesitamos nuestro sueño de belleza y, como he estado durmiendo bien, lo mejor que puedo hacer es dejar de escribir continuamente sin censura ni sentido para ver la tele a gusto.

Vamos a dormir todos, mañana amaneceremos más guapos.

martes, 18 de enero de 2011

Las postrimerías de la vida

Momento encantador:  Si es usted una de esas personas que se la viven burlándose de las faltas de ortografía de los demás porque la gente es taaaaaaan ignorante goooey, y no escuchan buena música y no leen, está bien, pero tenga cuidado. Si una persona a la que no le puede preocupar menos escribe "hocioso", está bien, se pasa por alto sin ningún problema, pero si una señora que dice que "la gente que no sabe la diferencia entre ‘ay’, ‘ahí’ y ‘hay’ me destruye el día y debería morir", mete la pata y escribe "hechar chisme", es muy terrible para todos. Yo me siento particularmente engañada por haberme sentido culpable ante sus numerosas diatribas, luego hasta me apeno por no saber escribir y tener mala ortografía, ya sin mencionar aquello de la gramática misteriosa. ¿Qué, me hiciste creer que eras mejor que yo y ahora me sales con tu chiste?

Puro engaño muchachos... y ahora debería regresar a terminar lo que me come el alma y que después de una plática muy extraña con el señor del archivo he decidido que debo entregar hoy, y si no hoy tal vez mañana, pero de esta semana no pasa, lo juro por los borreguitos de Santa Inés, las flechas de Santa Filomena, mi palma y mi flor.

lunes, 17 de enero de 2011

Tonada de la Riviera Maya

Una cabaña solitaria junto al mar, tan coqueta, tan pintoresca y tan... sin luz.  Casi caigo muerta cuando me explicaron aquello del concepto "ecológico", entiéndase sin tele, algunos ratos sin nada de corriente, ya ni mencionar aquel asunto de internet. ¿Cómo? Casi chillo de angustia. Gracias a Dios el baño era perfectamente civilizado y funcional, como debe ser. De lo contrario tal vez habría muerto de la impresión... ¿sin tele?
Bueno, lo compensó el paisaje, una cabaña de lo más tropical y mucha, mucha comida. Mi hamaca, porque era mía al menos en mi corazón, debo decir que tiene que ser lo mejor que me haya pasado en los últimos años, porque ha de saber usted que hacía un tiempo considerable que no me sentía estúpida e inexplicablemente feliz. Supongo que fue un poco la playa y el aislamiento, porque más lejos del mundo no se podía estar. Vaya, al final el municipio tiene una sola avenida y no tiene drenaje. Todo es el doble de caro y parece que los extranjeros en bicicleta son los verdaderos habitantes del lugar. Yo no sé andar en bicicleta y tal vez nunca aprenda.
Ha de haber sido el efecto de levantarse a las cinco o media o seis de la mañana para correr a la playa a ver el amanecer, pero de repente no podía recordar exactamente por qué diablos solía sentirme tan gris y tan muerta en los días anteriores. La alegría estaba en lugares extraños, como encontrar un pedacito de coral o ver qué tanto podía acercarme al pelícano que flotaba alegremente antes de que se hartara de mi acoso y se largara. Nada más me faltaba Rito, creo que hasta dormí, supongo que por el cansancio y el frío.
Ah, creo que me falta reparar en ese pequeños detalle: ¡HACÍA FRÍO!
Lo que nos lleva a un momento de reflexión interesante: ¿qué hay conmigo y las búsquedas desventuradas del correo?
Recordemos que la última vez que me lancé a buscar el correo terminé en un lugar de dudosa seguridad con un letrerote que anunciaba  Guatemala derecho, gracias por venir.
En esta ocasión, sin embargo, la culpa fue enteramente de los ojetes de la tienda en la zona arqueológica que por cierto estaba hasta la madre. ¿Se imagina usted la emoción al ver un buzón de correo rapidito y fácil sólo para mí? Compré la postal, conseguí la dirección, escribí y pedí la estampilla... que no tenían. ¿No habría sido conveniente informármelo antes, no sé, como por ejemplo unos diez minutos antes, cuando les  compraba la puta postal después de preguntar por el buzón de correos que estaba afuera?  Me dijeron que había otro en una farmacia en el pueblito. Farmacia, farmacia, tenía que encontrar esa farmacia y salí corriendo tan pronto mi mamá anunció que quería pasar al pueblito a comprarle algo a su maestro de pintura. No creí que fuera difícil, digo, cuántas podía haber? Todo el pueblo (municipio, perdón), era sólo una  larga avenida, claro, a menos que obscureciera a las cinco de la tarde y me lloviera.
No encontré el buzón pero me mojé de lo lindo y caminé unas buenas calles escurriendo ante la mirada extrañada de los turistas que se refugiaban en los bares y restaurantes  de alrededor.
No se preocupe usted, al final el aeropuerto tuvo la gentileza  de ayudarme un poco con el asunto. Conseguí las estampillas, escuché con mucha satisfacción que el vuelo estaba demorado y me fui a buscar. Tanto sufrimiento y al final ahí estaba. ¡Rojo y grandote!

En resumen, creo que de haber tenido a Rito me habría podido quedar para siempre, aunque la coca de dieta costara veinte pesos, sólo hubiera fosas sépticas y  la luz se fuera después de un ratito por tener que recurrir a una planta rudimentaria en lugar de tener electricidad formal. 
Por fin, la palapa cervecera junto al mar. Bueno, no era una palapa y las cervezas nada más eran mías pero yo era muy feliz. No sé bien por qué. Será que ya no me acordaba de lo bonito que es nadar y pelearse con el mar para que te de chance de meterte por lo menos hasta los hombros.  No se crea, la sal sigue siendo molesta y a la arena no se le quita esa cochina costumbre de quedarse pegada en todo, pero no nos quejamos.

Bueno, también admito que mi hermana y yo escenificamos una simpática escena en pleno adoratorio para deleite de los turistas que nos observaban con cara de "gente peleando, qué curioso" y  que caminé bajo la lluvia como desquiciada por unas tres o cuatro calles buscando el dichoso buzón fantasma aquel, pero creo que es parte del encanto.
Si no hubiera una escena con el personaje en cómica desgracia no sería una película de esas agridulces donde no se sabe en qué terminó.

Ahora, a ponernos al día con nuestras telenovelas y decidir qué hacer en los próximos días. ¿Escribirle a la Sra. Boss? No lo sé, eso lo retrasaré un día más.
¿Qué es un día más? A estas alturas, ya hasta dejamos de contar los días.

miércoles, 12 de enero de 2011

¡Vamos todos de paseo a Lyme!



Esperemos que nadie se caiga y se abra la cabeza.

Un traje de baño que bien podría parecer vestido

Los asesinatos de Whitechapel

La tristeza. ¿Siempre fue así? Dan ganas de voltear a ver al órgano que no logro reconocer y preguntar ¿Siempre ha sido así?  No confías nadita en mí. Da tristeza descubrir la opinión que guardan las personas por las que uno habría dado gustoso un pulmón. Oh... piensas que soy chafa, que nada de lo que hago todos los días vale un carajo y no te interesa enterarte porque nunca será tan importante como la vida de verdad. Crees que no sé lo que estoy haciendo.  Yo no sé nada de la vida, del trabajo, de la pareja, el amor y la vida social. Chale...
Es una opinión generalizada que no tengo remedio. Hasta mi papá me lo comentó alegremente cuando caminábamos en el bosque. ¿Ni siquiera me van a dar el beneficio de la duda? ¡Yo no me volví así de arisca y aislada por inspiración divina! Y ahí estoy yo tratando de encontrarle justificaciones a lo que hago, como siempre. ¿Cómo me defiendo? ¿Ante quién me defiendo? Hago lo que puedo, lo que tengo que hacer.

Está bien, no tengo un trabajo de verdad, ni tengo asuntos románticos sucediendo. Claro, es mi culpa por ir a meterme a un museo diría mi mamá.
No es que tenga nada en contra, de veras, no soy feminista, tampoco lesbiana, nadie me ha roto el corazón, no vivo en negación por algún trauma de la infancia asociada al abandono, el que no organice mis actividades para buscar sujetos  no significa que me esté cerrando a la posibilidad de ser una persona relacionada y feliz, de verdad, pero nadie me cree. Esta bien, no me he inscrito en uno de esos sitios que te buscan pareja como Mrs. Palmer, pero tampoco me negaría a huir al horizonte si apareciera el capitan Wentworth o Mr. Tilney caminando por la calle. ¿Creen que no lo he intentado? Creo que nada más Dios sabe que lo he intentado, hasta un Mr. Elton he considerado, pero los meros esbozos de intento terminan desgraciándose en cuestión de horas. Ya sin contar con alguna amenaza lejana donde la única escapatoria de una potencial asociación no deseable sea hacerse la enojada para huir sin dar más explicación que "I'm not that into you", habría que recordar la última vez que salí a comer en compañía; ¿esperé dos meses a que hablara, caminé varias cuadras, esperé otra vez porque me cambió la hora y luego escuché la narración detallada de una película que si no fui a ver fue por algo?   

Y mi mamá me ve con tristeza porque siente que me desperdicio y otra vez intentó ponerme una trampa para que conozca al señor ese "tan buen muchacho" que me quiere enjaretar. Perdón, pero el día en el que le crea a un sujeto que va a clases de baile con señoras y dice que no tiene novia porque las muchachas de hoy son unas locas y el quiere pureza me caigo al piso ahogada de risa.  Sí, cómo no...
Nunca se debe confiar en los "bueno muchachos", siempre son peores que los malos. Se creen mucho y son más exigentes. Y si de por sí, parece que no hay una sola persona que me honre con el mero beneficio de la duda, no me quiero ni imaginar tener a un sujeto que me deje esperando, me critique y encima de todo me aburra.

Estoy mal por aprobar la vida patética, tengo que estarlo. Hoy estaba muy contenta por mi mañana en el archivo, me la había pasado bien. ¿Qué clase de persona le roba a una iglesia de leprosos? Es que eso pensaba en la mañana: "¡Hasta los aretes de la virgen se llevaron, qué poca madre!" y salí cantarina y alegre con mi cigarro de premio a tomar el sol. Reviví toda la emoción y la angustia de Catherine Morland en sus primeros días de conocer a Henry Tilney y soporté las amenazas de choque a las que nos sometió un camionero de lo más salvaje.
Ya en la tarde hasta dormité un poco viendo detectives médicos.

Y ahora... ¿qué pasó? Me moría de ganas por saber, y aunque al principio disfruté mucho enterarme de los recientes eventos de Netherfield, de repente descubrí algo que nunca antes había visto. Cuando lo vi, todo se quedó triste. 

Y ahora es el momento en el que digo que quisiera irme a una palapa junto al mar. Pero parece que en un par de días estaré en el mar y por alguna razón no me muero de ganas.  Tampoco puedo llevarme a Rito y mañana tendré que buscarle una pensión que no me deje muerta de angustia durante todo el viaje.

Y ahora me volvió a dar tos.

lunes, 10 de enero de 2011

Cítricos

¿Es normal que la dueña de la tienda/lugar embellecedor de mascotas me encargue que le compre aromaterapia mientras voy de paseo esperando que tengan listo a mi perro? Es que llegué a recogerlo y como no estaba listo dije que iría a ver tiendas y me salió con el clásico "¿te puedo pedir un favor?"  La verdad me dio pena decir que no, es que siempre me da pena decir que no, en especial si conozco a la gente. Siento que me observan y de repente se me va la sangre a la cara y me da calor y siento que no sé dónde meter las manos ni qué decir y termino soltando "sí, claro, no me molesta que me hayas dejado esperándote cuarenta y cinco minutos, yo comprendo que perdiste tus llaves y luego te habló no sé quién", "Oh sí, madre, puedo quedarme media hora parada en la calle esperando que lleguen los de la AMA para que le carguen la batería al coche de tu amiga, esa misma que olvidó que las luces no se dejan prendidas a la mitad del día. No hay problema, platicar con ella y su anciana madre es padrísimo." ¿Pegar anuncios de servicio social? ¡Claro! Y eso que tiene sentido porque es la gente conocida de todos los días (digo, ni modo que le diga que no a mi madre o a la señora del archivo) pero gente apenas conocida me preocupa. Recordemos aquella vez en la clase de costura en la que Jane y yo sentimos una extraña necesidad de alimentarnos y ella le preguntó a las otras personas si querían algo de la tienda. ¡Claro que querían algo de la tienda!

Por otro lado, mi talento para conseguir tres frasquitos en lugar de dos con el billete que me dio en una oferta especial no tiene comparación, pero se me hace el colmo. Al menos me debí haber quedado con el cambio. Aparte de todo le regresé el cambio.

A lo mejor lo que realmente me molestó fue la espera. Digo, hacer un favor está bien, pero entregarme al pobre Rito una hora y media después de la hora en la que me dijeron que pasara y dejarlo al último cuando hice la cita desde el sábado se me hace el colmo. Supongo que la señora no tenía nada que ver con los muchachos bañadores de perros, pero de todas formas yo ya estaba de mal humor al final del día y me fui sin dejar propina. Esa fue la única forma en que se me ocurrió expresarme: no dejar propina. Whoa, con razón me va como me va. 

Lo peor es que había sido un día productivo.
¿Sabe usted lo glorioso que fue regresar al archivo? Con todo y que ahora me salieron con que hay que registrarse y el capellán de mi hospital tiene la peor letra del mundo (¿u, i, an... w? Señor, no es mucho pedir que me separe bien las letras), me las arreglé para tener una mañana exitosa, o al menos algo que decir si la Sra. Boss me pregunta por eso que le tengo que entregar pronto.

Paréntesis:
Sobre la desafortunada tesis. Me siento culpable. Tengo una señora en el servicio de mensajería instantánea más popular que todos los días pone algo así como "después de preparar cuatro kilos de ensalada ahora a darle duro a la tesis" o "tesis, tesis, no hay más que tesis". Chale... ¿debería ser así verdad? Y levantarme directo a escribir y pensarle y compartirlo y platicar y vivir todo el asunto como si de veras... pero se me pasa. ¿Dedicarle realmente muchas horas del día? Bueno, lo que se pueda entre que administro mi restaurante de juguete y le cambio la ropa a mi alter ego. Tengo que subir de nivel, y ya después si me tengo que ir a ver tele ni modo. De repente hasta se me olvida. La verdad es que la alegría del archivo no es tanto pensar "yay, qué aportación tan interesante para mi investigación (?)", se parece más a comprar algo, si es que eso tiene sentido. Algo parecido a "vaya, mi día no fue un completo desperdicio, tengo algo que antes no tenía. Valió la pena moverme". Probablemente no me sirva de gran cosa. ¿De qué me enteré hoy? La sacristía tenía tantas puertas y la iglesia tantas ventanas... uhhhhhh. Lo meteré a huevo en algún lado pero no porque de veras sirva. ¿Es desesperación por tomar aire? No sé, a lo mejor me gusta que me saluden. Chale, esa  misma señora dice haber sido seducida por Clío, qué grave.  A mi no me ha pasado.  La verdad no me me voy a privar de ir al cine para "concentrarme" y trabajar duro. 

Es en esos momentos en los que siento que no puedo competir.
Fin del paréntesis

Ahora sí, regresamos.
Mi hermana se pregunta por qué no me quejé. Supongo que ha de ser liberador pero no le veo punto.  Si no te parece o te tratan mal o hacen algo para ofenderte pues te vas, y ya. No veo la necesidad de hacer una escena. Le grito a la chava, le grito a los escuincles bañadores, le miento la madre a la dueña (que ni estaba cuando regresé) y salgo de ahí muy ofendida, irrumpo en el baño y sacó a  mi perro a medio secar ¿Para qué? Mejor espero leyendo Northanger abbey una vez más, lo recojo, me voy sin dejar propina y no regreso. Asunto terminado. Lo mismo con la señora que me dejó a mí a medio peinar. Me fui y ya. Pelear sólo tiene caso cuando existen esperanzas de cambiar  algo pero si no hay cabida para solucionar el problema, protestar no tiene sentido.  Un placer conocerlos, que les vaya bonito en la vida.

Por eso no me gusta la gente. Lo malo es que ahora tendré que conseguirme un kit de esos para cortarle el pelo a Rito yo sola. Es que no confío en nadie más y ese es el único lugar que conozco que tiene un gran vidrio en donde bañan a los perros. No es paranoia, es legítima preocupación.

Lo que me recuerda, ya tengo un buen ejemplo para explicar el porqué se siente tan bonito visitar el archivo. El encontrar curiosidades en un archivo se parece a esa sensación que acabo de experimentar al identificar por fin (y después de mucha observación) al sujeto que reemplazó al Sr. Weston en lo afectos de la antigua Miss Taylor (ni modo que le sigamos diciendo Sra. Weston, aunque podríamos, en un futuro quizá). Con que esa es su nueva movida,  debe serlo, están muy toqueteadores, con razón el pobre señor Weston se deprimió y bajó de peso hasta agarrar una cara de naufrago rescatado que grita "una mujer me rompió el corazón y no he podido recuperarme", hasta le quedó cuello de tortuga como dice Jane.

Descubrir cosas siempre es emocionante.

sábado, 8 de enero de 2011

5 razones para no estar embarazada

Ya sé que siempre estoy friegue y jode con aquello de la esterilidad y la aridez de llegar a los 52 años sin haber experimentado la sensación de tener dos manitas regordetas jalandote de la ropa y diciendo "mamá, mamá" como una especie de mantra y traducción para "justo ahora eres lo único que conozco en el mundo y espero que lo disfrutes porque cuando cumpla 15 años empezaré a culparte por todo lo que me salga mal", pero la verdad es que me da gusto no estar embarazada. 

Bueno, aparte de que es materialmente imposible en cuanto a probabilidad, aunque si sucediera, tendríamos que  contar con las implicaciones que podría tener para el mundo (nadie quiere dar a luz al anticristo  y siendo honestos no podría matarlo para salvar a la humanidad), existen buenas razones para no querer agarrar estado interesante:

1.- Vejiga hiperactiva. Uno nunca sabe donde habrá instalaciones sanitarias decorosas y donde no, tener que buscar uno cada cinco minutos me parece que sería una cosa de lo más incómoda.

2.- Estoy convencida de la existencia de una conspiración para evitar que las mujeres sigan reproduciéndose. Como implantar dispositivos sin pedir autorización está fallando, el siguiente paso es deprimir a las embarazadas poniéndoles las tiendas de campaña más horribles que se puedan fabricar en lugar de ropa. La ropa que se supone es de maternidad es muy deprimente. Bueno, casi toda la que he visto últimamente, recuerdo que una vez compré una blusa de maternidad por error pero estaba bonita y la usaba mucho. Sí, era una cosa de lo más cómoda. ¿Por qué ahora sólo hay grandes camisolas con estampados ochenteros como para que entren tres personas de la tercera edad en ellas? ¡POR LA CONSPIRACIÓN, POR ESO!

3.- No quiero que nadie aplaste mis intestinos ni que se muevan de lugar. Están bien en donde están.

4.-  Nada de alcohol y nada de tabaco... ¿necesito decir más?

5.- No podría medicarme libremente. Todo en el mundo trae advertencia y el embarazo es una especie de discapacidad (pero qué políticamente incorrecto suena eso, lo sé) . No pueden recorrer grandes distancias, no pueden tomar algunas vitaminas, casi ningún té y todos los medicamentos traen advertencias. ¿Una embarazada con gripe? Ni modo, a la pobre le queda la homeopatía y rezar como últimos recursos.


Ya sin contar con ese pequeño inconveniente de que el niño tiene que nacer (o salir de alguna manera). Suponiendo que las drogas o alguna especie de valor sobrehumano inexplicable saquen adelante el parto, eventualmente te entregaran al bultito rosado que intenta mover la cabeza hacia todos lados en la pura confusión, entre que ve y no ve, y espera que tu te hagas cargo de que sobreviva.

¡Dios mío, no puedo asegurarme de que sobrevivas!

Mejor voy a regar mi planta, eso es lo que debería hacer.

viernes, 7 de enero de 2011

Conseguir un trabajo y ser una persona de provecho

"Ma.  Juliana Cuesta y Berruecos, hija de José Cuesta y de Monica Berruecos, natural de Lerma, doncella de 14 años de edad. Murió el día 15 de junio de 850, habiendo sido atacada del cólera el día anterior. 1er día de ayudar en la cocina". 


 

Pensé que si yo me hubiera muerto de cólera en mi primer día como ayudante de cocina en un hospital de leprosos, aparte de todo, a los catorce jóvenes años, me gustaría que al menos alguien se acordara de mí. Nosotros no somos muchos y tampoco somos machos, pero de algo ha de servir, lo malo es que no sé a quién. Juliana está muerta.

Cualquiera de las tres clases de enfermos

Las mentiras que lo alcanzan a uno. Esto de ver tanto a Miss Crawford me trajo una preocupación... en algún punto mi mamá se va a enterar de que fui a la despedida de soltera y a la boda, es cuestión de tiempo.

Ni modo, ya confesé. Otra decepción. ¿Saben que eso me afectaba mucho cuando era joven? El asunto de "me decepcionaste". Ni grito ni regaños, nada más la cara de decepción. Hubiera preferido que me castigaran, que me gritaran y me agarraran a nalgadas hasta que aprendiera, pero no, mis padres tenían ese método de "la decepción". Es peor, es todavía peor que cualquier castigo. Una vez me dio por decirle a mi mamá que quería ser monja y se enojó tanto que cuando bajé a comer me dijo que no podía, si quería ser monja tenía que saber cómo era el ayuno. Claro, ella esperaba que dijera "ay no, ya me arrepentí, no quiero ser monja" y me sentara muy contenta a comer y callarme la boca, no contaba que ante el castigo es muy fácil decir ¿ah, sí, crees que eso basta? pues verás  ni me afecta. Y no comí. Al ratito se le olvidó y ya me llamaba a comer como todos.
El correctivo calculado no funcionó... ahhh, pero que no me diga "me decepcionaste" porque entonces me hago lodo. La decepción y la indiferencia, no la soporto, me come, termino cediendo, me tiro al piso y suplico perdón. ¿Es una habilidad de las madres, saber dónde dar, o es que ellas nos formaron para saber cómo ganarnos? No lo sé. ¿Dónde está mi cinismo? Uno queda exhausto después de esforzarse y esforzarse y no dar una nunca pero es como si no pudiera parar. Tengo que intentarlo. No queda de otra más que seguir bateando hasta que nos manden a la banca o de plano nos quiten el bat con lujo de violencia. 

Por eso prefiero la compañía de  mi perro, es el único con el que no me puedo equivocar, ni siquiera por traerle croquetas de dieta. "Obesity"... qué poca madre, podrían disimularlo al menos, no les cuesta nada ponerle "Light pet" o "Special Puppy". ¿Cuándo se ha visto que en los cereales de dieta pongan "Para obesas"? No se va a vender.

A nadie le importa la autoestima de las mascotas, a nadie. Este mundo está cada vez peor.

jueves, 6 de enero de 2011

El efecto de la inflamación

La gente se pone platicadora en las filas... ¿por qué? Nunca entenderé. ¿Es una cosa colectiva muy del tipo "vamos a unirnos todos y luchar contra el poder porque descubrimos que hay una sola caja para todas estas personas y queremos que oigan nuestro descontento? Está bien, muy respetable, si quieren marchar me avisan pero no quiero platicar. Tal vez podemos comparar cuánto le cobran a usted por tantos litros y cuánto a nosotros pero realmente no sé qué se supone que siga a las pláticas casuales. Si me preguntan si vivo por aquí, digo que sí, más arriba... F I N.
Su nietecito estaba chistoso, pobre infeliz, pasar la mañana del día de reyes atorado en la fila para pagar el agua, pero tenía carritos entonces no parecía importarle gran cosa. Lo que si se me hace molesto son esas ganas de joder a los demás.  Está bien, había un señor ya muy grande que no oía y peleaba un descuento que no entendía por qué no le estaban haciendo, pero de veras no escuchaba nada nadita. Lo llevaba su hijo o su nieto, vaya usted a saber, y aunque intentaba explicarle el señor seguía muy confundido. ¿Sabe usted que hizo el vejete que estaba atrás de mí? ¡GRITARLE! Que dejara avanzar la fila y quién sabe qué más.
Fue molesto.

Pagué como en dos minutos y me fui, corrí como alma que lleva el diablo y me escondí en el bosque. Bueno, era un parque, el bosque está en otro lado pero no me iría a sentar a los columpios de ese bosque... qué macabro.

Me senté en el parque pensando que tengo que ser la persona más necia del mundo. Es que parece que no entiendo, pero cómo controlar esos impulsos extraños que atacan a la señal de alarma. No puedo. Es como brincar con un ruido fuerte o agarrar a Rito si viene un coche, a lo mejor no era un coche, pero es imposible no brincar. Ya me voy a controlar. Seré un vegetal y me controlaré. Lo prometo.

miércoles, 5 de enero de 2011

"¿Qué pasa perrucha, ya no te divierte la escena?"

La usurpadora

Soon you will know that you are sane

Me senté en el consultorio y la señora doctora (general) se me quedó viendo como esperando que le explicara qué diablos anda mal conmigo.
¿Qué me pasa? Ah pues fíjese le cuento, la verdad es que la melancolía me atacó espantosamente hace unos meses y me dolía el alma hasta extremos nunca antes vistos porque debo serle sincera, ni en mis años de juventud más confusos había sentido tanto dolor y tristeza sin remedio, la desesperanza y la melancolía me estaba matando lentamente y comer y dormir era practicamente imposible. Por suerte ha estado mejorando conforme pasa el tiempo y aunque ya no estoy tan confundida y dejé de sentirme culpable al fin creo que en realidad fue por pura suerte, tengo que admitir que las curaciones aplicadas con cierta regularidad en forma de las visitas nocturnas de Jane y sus múltiples y nuevas aventuras, en combinación con el regreso de Miss Crawford que está aburrida empollando y las salidas al cine y a tomar café  han sido reconfortantes, me despejan un poco esa sensación de vacío y pérdida completa de dirección. Es increíble darse cuenta de que uno ha depositado todo su sentido del amor propio y valor de la vida y el mundo en una sola opinión, y el derrumbe emocional que puede ocasionar. ¿Sabe usted? El desconcierto, la negación y la certeza inconsciente de que yo sola no puedo hacer nada, desde las cosas pequeñas como decidir un color hasta el proyecto, que se sigue viendo imposible, de sacar al menos un capítulo de esa tesis que me come y que sospecho no podré entregar. Negación, pura negación. ¿Cómo podría si me quedé sin corazón? Aunque diga que Rito es todo mi corazón, ya no es el asunto de la angina de pecho, se trata de cómo el pobre órgano terminó aplastado y embarrado en la calle. Como un perrito atropellado.

Aunque si la pregunta es una cosa física pues me duele la cabeza horriblemente desde ayer, justo atrás de la nariz y siento que no puedo mover la cabeza. ¿Era esa su pregunta? Sí, me duele la cabeza y cuando toso me duele todavía más, creí que se iba a quitar pero hoy amanecí peor y por eso la vine a ver.

No, no soy alérgica a nada, deme lo más fuerte que tenga señora. Ya estuvo, cuatro pastillitas y esperemos que todo mejore en las próximas ocho horas. Si no, tendré que hacer mi testamento otra vez. ¿Quién se quedará con el abrigo azul? Jane o Kitty... qué complicado. 
De todas formas me parece ofensivo gastar en antibióticos, si me hubieran dado algo más divertido estaría bien, pero los antibióticos no son mis amigos, a menos que alguna de todas estas madres me ayude a dormitar un poco, en ese caso podría perdonarlos.

Eso me trajeron los reyes, antibióticos.

lunes, 3 de enero de 2011

¡Feliz año nuevo, ahora sí!

Bien, todavía me duele la garganta y tengo esta extraña sensación de que el aire entra y sale con dificultad, moverse también es raro... pero acaso debería permitir que el mero malestar físico se interponga entre mi temporada de compras y yo? ¡NUNCA! Tengo tennis, ropa cómoda, cartera, kleenex, botella de agua... ah, me falta San Benito. ¿Me importa contagiar al resto de Satélite y sus alrededores? Por supuesto que no. Oh, me falta mi coca de dieta.

Ahora sí, ya lo tengo todo.

Ahí les voy.

Update
Regresamos con los informes de la travesía. 
He sobrevivido a las baratas... y con éxito. En el proceso aprendí varias cosas:

1.- La gente es salvaje. Me explico, aparte del gentío y las pilas de ropa que alguna vez (hacía unas tres horas) estuvieron dobladas y apiladas ordenadamente, la desesperación por alcanzar tallas no tiene comparación. 
La anécdota no la vi yo (que conste mi honestidad) la escuché en la fila para pagar que debió durar algo así como una hora porque terminé de leer mi libro y se me durmió el brazo. Los jóvenes que estaban atrás de mí comentaban muy alegremente que había una señora tirada en el piso, con un montón de ropa que iba a comprar esparcida a su alrededor, tratando de ponerse unos zapatos que no le quedaban, a huevo. Llegó una señorita a decirle muy amablemente "que no podía estar en el piso y  que la ropa no podía estar tirada", pero a la señora le valió madres y en cambio se puso a gritarle que en lugar de estarla regañando le consiguiera esos zapatos en 38. Sobra decir que no se levantó. En una segunda ocasión apareció un joven a pedirle que se levantara porque no podía haber ropa en el suelo, pero este pobre infeliz no sólo se llevó el reclamo de que nadie la atendía y que en lugar de estarla molestando deberían estar consiguiéndole los zapatos que quería, también se fue con advertencia porque "¿cómo se llama? lo voy a reportar" a lo que el joven no tuvo más remedio que responder "como guste señora". Ni modo, la gente es salvaje.

2.- Soy un pan de Dios. Me estaba probando un suéter cuando una escuincla, de esas que usan grandes moños y chapitas como de japonesa, salió de la nada y con voz chillona de adolescente emocionada me asaltó con "¿oh, por dios dónde encontraste eso?" Le dije, pero cuando la pobre llegó no debió encontrar nada porque regresé a cambiar una talla y me la volví a encontrar. Su mamá y ella buscaban todas confundidas el dichoso suéter. Como soy un amor me compadecí de su angustia y saqué una gran pila (ya puedo trabajar en cualquier tienda con toda la gracia del mundo) desde el fondo del caos. "Bendita seas" me dijo la señora, y aunque me vi tentada a responder "¿entre las mujeres o  el fruto de mi vientre, Jesús?" me reí, dije otra mamada y me fui. Qué encanto de señora...

3.- Ya perdí toda noción de mis proporciones. ¿Entro en eso? y luego parece hasta que me queda grande. ¿A dónde se fue mi cuerpo? No me malinterpreten, es padrísimo buscar tallas menos en lugar de tallas de más, pero me confunde mucho ya no tener una idea acertada de qué número soy, más o menos, antes de empezar a buscar, termino dando muchas vueltas.

4.- ¿A qué edad se deben abandonar las playeras chistosas de monitos paras siempre?  No lo sé, de todas formas es más fuerte que yo:  Mientras exista una playera de Barbie, yo la usaré.

5.-  Una vez que se saca la ropa que se supone que estábamos sustituyendo podemos decir que mi hermana tenía razón (aunque no se lo vamos a decir a ella), algunas cosas necesitaban cambio urgente. "Adiós playera de la naranjita feliz llena de hoyos, fuiste buena conmigo". Lo mismo con los suéteres que efectivamente estaban agujereados y a punto de morir, la blusa que, aceptémoslo, nunca iba a usar o esa chamarra que de veras nos quedaba muy grande. 

Adiós amigos, me protegieron del frío y aguantaron las manchas de catsup con valor. 

Los recordaré con amor.

Chale, ya empiezo a extrañar a la naranjita.

domingo, 2 de enero de 2011

Buenas noches, año nuevo

Mi hermana tiene un montón de rituales para cada año nuevo, está convencida de que el resto de los días tienen alguna especie de relación con lo que estés haciendo en la noche del 31 y por eso se pone a correr como maniaca con maletas mientras prende velas y engulle uvas. En ese caso yo no sé qué significará el haber pasado una noche muy confusa  metida en mi cama con un montón de cobijas que me ponía y me quitaba conforme pasaba del tiritar de dientes a la fea sensación de que la piel me quemaba, la ropa quemaba.
¿Cómo putas pasó?

Supongo que el episodio tiene mucho sentido.  No sé, que yo recuerde no me sentía mal. Lo más gracioso es que la semana pasada me había quedado muy preocupada por otra enfermedad, no me imaginé que me iba a dar a mí, mucho menos en año nuevo.
¿Cuando pasó? ¿quién fue el responsable? A lo mejor fue el bosque, quién sabe qué virus andaría flotando en sus aires malsanos.
Fui a caminar con mi papá en la mañana y luego, como lo único que se me ocurrió para sobrevivir el día fue limpiar compulsivamente mi cuarto, supuse que el polvo me había hecho daño o algo así, lo cierto es que cuando llegó Jane yo creo que ya había empezado a delirar... abrí la ventana, me moría de calor y no sé qué tanto le decía a la pobre porque le cambiaba la versión a cada rato y luego me puse a llorar. Y entonces yo lloraba y Jane lloraba y ni sé por qué, nomas llorábamos juntas, creo que yo lloraba por la gallinita de esponja y ella lloraba porque en mis delirios la hice sentir mal por los sentimientos de su amigo entusiasmado. Entró risueña y salió  confundida, sólo yo logro eso. Tengo que ser la peor amiga del Estado de México, no sé si del país o del mundo, pero al menos de Satélite y sus alrededores. A lo mejor fue castigo divino porque el dolor de cabeza no se iba y yo seguía abanicándome porque no podía respirar.

La cosa ya iba en declive, pero todavía pensé que no era tan grave, con todo y que el dolor de cuerpo se iba poniendo más gacho, me bañé, vestí, peiné y agarré a Rito para acompañar a mi mamá a la iglesia, en el camino se fue todo al carajo. No podía mantener la cabeza arriba y parecía que no podía soportar el frío (¡EL FRÍO!), no dejaba de temblar y entre más me escondía adentro del abrigo más temblaba. Me senté dos minutos en la iglesia y tuve que salir corriendo, no podía pensar, no es que se necesite pensar para rezar pero ya estaba balbuceando. Descansar la cabeza era lo único que quería, no soportaba el cuello, la espalda y la cintura, no podía estar de piel y no tenia nada de hambre, es más, la comida me daba mucho asco y necesitaba agua y una cobija, pensaba en la botella de agua mineral que me estaba esperando y quería que se acabara  la búsqueda de comida de emergencia el 31 de diciembre a las nueve de la noche para regresar a dormir. ¡Que se detenga el frío por favor!
No sé qué pasó, intenté acostarme en el sillón para no perderme de la cena pero la verdad es que pasé toda la noche a medias, entre dormida y perdida porque recuerdo haber estado contestando y hablando pero no sé qué decía o si tenía sentido.  Eso fue el 31.
Chale...
Hoy no sabía si era lunes o domingo (pero creo que es domingo). 
De pronto, cuando dejó de doler tanto tragar me moví un poco de la cama y me dije "Dios mío, huelo mal", cosa que no me sorprende, recuerdo haber despertado varias veces  con el cabello enredado en sudor y el camisón pegado a la espalda.
Bueno, no creo que haya sido tan grave, qué son uno o dos graditos de más, nada, pero hace mucho que no me pasaba y ya van a ser dos días de habitar en mi cama sin levantarme. Tenía que hacer algo, por eso me bañé y busqué algo de comer. Fue desagradable tener que masticar y tragar, pero supongo que con un poco de comida estaré como nueva para mañana y así evitaré todo el asunto de ir al doctor.

No sé qué día es, si cambiamos de año o no, ya todo es lo mismo. Igual que cancelé mi cumpleaños. Podría ser 2005, 2000, 1992 o 2012 ya no importa.

Lo único que me consuela es la promesa del fin de los tiempos.
¡Apocalipsis, estamos listos para ti!