sábado, 30 de junio de 2012

Canción carísima y sin fin

Estimado señor George R.R. Martin:
Leo y leo y me pregunto si estará usted en algún obscuro cuartito pensando de qué forma seguir jugando malvadamente con sus lectores. Ya me quedó claro que matar a sus personajes no le produce las más ligeras cosquillas y que hasta ha convertido en deporte el hacernos amar a uno de ellos para luego matarlo de alguna forma estúpida e innecesaria mientras que cultiva el profundo odio hacia otros que si llegan a morirse se van rápidamente y sin dolor.  "Vaya, he creado un personaje con más de un par de matices que puede ser especial para los lectores... tengo que matarlo. Muajajajajajaja." (Favor de introducir efectos especiales de rayos y centellas que iluminan brevemente la redonda figura del escritor frente a una pequeña máquina de escribir que se carcajea contra la ventana de una obscura habitación)
"¿Ahora qué haré? Tal vez deba seguir castigando a los buenos y valientes, convertirlos en completos extraños que cambian de personalidad de un libro a otro o deshacerme de alguno de los villanos, pero asegurándome de que no sufran mucho y sólo después de que hayan causando el mayor daño posible. Claro, dejaré a los moralmente reprobables vivos para que sigan haciendo de las suyas otros tres libros más, si es que vivo lo suficiente para terminar la serie, y si no, ni modo. Será más divertido. Los pobres imbéciles que se aventaron miles de páginas esperando saber en qué terminan tantos personajes con los que se han encariñado paulatinamente nunca sabrán qué pasa. ¡Soy genial! Muajajajajajajajaja." (Close up a la cara del escritor que se ríe malévolamente con los cachetes rojos y congestionados con maldad).
Eso no quiere decir que vaya a cerrar el libro. No le voy a dar esa satisfacción. No señor. Me voy a terminar los que compré y luego iré a gastarme dinero que no tengo en los extraordinariamente caros libros que me faltan. ¡Eso le enseñará una lección!
Y luego voy a esperar años a que se le ocurra sacar los libros que faltan, así me tome quince años más. ¿Me oye?
Pero lo perdono por haber sido guionista de La bella y la bestia, serie que me presentó al que fue mi primer amor: Vincent, el hombre sensible con cara de león y cabellos de víctima del metal ochentero que habitaba en las alcantarillas.
¡Ay Vincent, nunca sabrás cuánto te quise! Pero ni modo, así es el amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario