Hace muchos años, cuando era joven, es decir, en 2° de secundaria, el colegio organizó un viaje a las grutas de Cacahuamilpa. Lo importante de todo el asunto es que en aquel entonces yo sólo tenía una amiga y ella quería ser popular, fiestear y ser adolescente, mientras que yo era una de esas ñoñas apáticas que no quiere tener nada que ver con la gente. Por todas esas razones, cuando terminamos el recorrido y todo mundo se fue a chacotear en el agua de por ahí, ella se fue con el resto de nuestros compañeritos y como me quedé sola opté por buscar algún rincón solitario y tranquilo donde pudiera leer. Cuando lo encontré me senté a leer con emoción lo que yo creí sería maravilloso pero que al pasar las páginas me hizo exclamar un desesperado "¿qué diablos es esto?" Era Cuando las piedras hablan, los hombres tiemblan. Me fui con la finta de la portada. Yo esperaba un poco de egiptología maravillosa y me topé con una serie de maniacos que creían en teorías alternas tan descabelladas como la construcción de las pirámides a manos de extraterrestres.
Me decepcioné, cerré el libro y me fui a la entrada a esperar a mi amiga, ya saben, nos sentábamos juntas en el camión, no podía irme sin ella.
Muchos años después, a estas alturas de mi vida, creo que debo hacerle justicia a aquellos partidarios de la intervención extraterrestre en las culturas antiguas . No, no he tenido ninguna experiencia del tercer tipo y espero nunca tenerla, lo decía porque he descubierto algo encantador en todos ellos. Como fanática de la tele, en uno de esos días en los que fuimos muy holgazanes para cambiar de canal cuando acabó algún programa en The History channel, terminé enfrascada en un maratón de Alienígenas Ancestrales y descubrí que los creyentes son encantadores.
¿Hay algo mejor que un sujeto con el pelo alborotado que explica sus teorías sobre la presencia de tecnología extraterrestre en objetos arqueológicos? No lo digo con maldad, lo digo en serio. Hagan la comparación, pongan un académico muy serio contra un creyente. El primero (como mi coordinador) tiene cara de asco y flojera, explica las cosas con cara de hartazgo, como si estuviera denigrándose por tener que explicar algo taaan complejo de forma sencilla para que público estúpido lo entienda, mientras que el segundo expone sus teorías con tanta emoción y convicción, que en algún momento, uno se deja llevar por esa chispa de fe y locura en sus ojos y termina brindándoles toda la simpatía del mundo.
¡Para ellos todo está clarísimo!
Sigan así chavos, tienen profundos problemas mentales, pero yo también y por eso los quiero y los apoyo, no les creo, pero los quiero y los apoyo.
¡Vayan a buscar la verdad sobre la Atlántida enterrada en el desierto de Roswell!
¡Vayan muchachos, vayan!
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