miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cabellos medievales

Ya se hizo costumbre vivir en pijama, pero como somos muy elegantes, usamos accesorios, en especial porque mi casa es muy fría y necesito guantes de vagabundo para vivir. Es más, ya estamos tan cómodos con el asunto que no nos importan las visitas. Ayer llegó la vecina de la que hablamos mal todo el tiempo a pedir una escalera y hoy decidió caer de sorpresa la prima de mi papá, una muy ruidosa que tiene la mala costumbre de hablar a gritos todos el tiempo y siempre sobre el mismo tema, las  numerosas maravillas de sus espantosos hijos. Lo encantador del asunto es cómo ya no me desconcierta hablar con gente, que no debería estar en mi casa, con todo y mis nudos de tres días en el cabello y varias capas de ropa sobre las pijamas.
Creen que no hago nada, y les doy la razón, no hago nada, me siento por horas frente a la computadora a darle vueltas a los leprosos.

(Atención: comentario amargoso de vieja rencorosa y envidiosa que se irá al infierno, si no quiere compartir la culpa puede saltar hasta el siguiente tema) 

Nota abierta a quien corresponda:

Claro, no voy a trabajar todos lo días a una gran empresa donde me paguen rebien y me regalen cosas todo el tiempo, tampoco ayudo a mis padres ni salgo "al antro" con mi novio idolatrador porque no soy Marianita (la hija de esa señora), que lo hace todo bien, estuvo becada toda su vida porque es muuuuy estudiosa y en resumidas cuentas es la nieta que mi abuela siempre quiso tener, cosa que he sabido desde mi más tierna infancia. Por suerte (para mí) es "fea como un monito", en palabras de mi mamá, y eso me hace sentir mejor, algo debía tener en su contra.
Hey, Mariana: tú tenías abuelos, los cuatro de rigor, yo nací con la mitad, cuando yo llegué ya me quedaban sólo las señoras, del papá de mi madre tengo un recorte de periódico, una foto en blanco y negro tamaño infantil , y unas pocas anécdotas, eso es todo, ya con esa desventaja uno creería que podría disfrutar al menos de una abuelita galletera, digo, con la de mi mamá no había forma, pero mi papá es hijo único, no podía haber mucha competencia... a menos claro que yo no sea considerada familia de verdad y tu puedas desvivirte por "tu tía" que ha pasado toda tu vida encontrándote virtudes porque eres encantadora mientras  que yo... pues soy yo.

Afortunadamente tengo un gran corazón y te perdono por llevarte a mi abuela, nada más espero que te quedes fea de por vida.


(Ya puede seguir leyendo)

Mi mamá me pregunta por gente ya desaparecida, qué le pasó al Sr. Weston? Nada, terminó con la Sra. Weston, le dijo hasta de lo que se iba a morir y desapareció. Me gustaría tener más información pero ya no hablo con la Sra. Weston y dudo mucho volverlo a hacer. 

Lo bueno es que no hago nada.

"Lepra" le dije a la señora prima de mi papá que me desagrada enormemente, la respuesta que recibí fue una mueca de asco: "ay, qué agradable", o algo así. Está bien, mis leprosos no son bonitos, de hecho, son monstruosos, nadie los quiere, no los pueden ver ni en pintura y les huyen como si fueran el diablo aunque el contagio sea tan difícil, pero posible, no hay pa' que engañarnos, pero no me importa... tienen buen corazón, por eso se recluyen ellos solitos, saben que no tiene caso, ¿salir a la calle?, ¿para que los agarren y denuncien? A veces se les olvida lo feo que se pone afuera y se escapan, pero nunca dura mucho, al final se acuerdan de que están enfermos y se regresan a su leprosario a ver pasar los días mientras hablan con sus perros, juegan al restaurante y escriben en su blog... ah, no, esa soy yo.  ¡Los quiero muchachos!

Son mis cuates, y ahora vivo en pijamas, con ellos. Mañana intentaré hacer algo más, aunque sea ir al super, algo que requiera  desenredarme el pelo después de bañarme y usar ropa que no sea para dormir.

Creo que tomé demasiado café, es que nunca sabré qué tanto es mucho café. Hace ratito tenía nauseas, pensé que comer limones partidos con un poco de chile sonaba bien hasta que me cayó un poco en el ojo.

¿Qué comí? Ah, sí, brócoli, qué bueno es, por eso lo ama el Conde Pátula... ya sé, eso haré, iré al super y buscaré algo exótico para intentar cocinar, hacer un tiradero y dejar el sartén lleno de "esa horrible grasa quemada"  que no puedo quitar!

Y entonces, cuando conozca el nuevo y fabuloso lavaplatos que arregla todos los problemas de las señoras de los comerciales, sufriré una gran transformación, me soltaré el pelo y empezaré a bailar.

¡Plenitud, ahí te voy!


2 comentarios:

  1. Ah, pues era amiga nuestra pero entró a estudiar medicina, encontró el amor, la verdad de la vida, a sí misma y la dejamos de ver. El Sr. Weston era su novio casi marido pero después como de cinco años terminaron, y creo que en una situación muy fea. Ya casi no sabemos de ellos.

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