miércoles, 17 de noviembre de 2010

El milagro de la vida


¿Les he contado de mis hamsters? Todo comenzó con dos hamsters, Sabina y Drusila; cuando las compré estaba tan emocionada que no reparé en la presencia de un hamster dorado (o violador no-identificado) hecho bolita en la esquina del tanque donde las conocí. Debí haberlo visto.
Las pequeñas eran la pura emoción, los cuidados, la madera, el alimento, el tanque de agua y sus ojotes de angustia y confusión la mayor parte del tiempo eran suficiente para tenerlo a uno sorprendido noche y día. Luego, las dos se hacían bolita y se dormían la una sobre la otra, a veces pateándose un poco en el proceso. 

Drusila tenía buen ánimo, tengo que admitir que era mi consentida, se subía a la rueda, y encontraba muy simpática la bola de plástico transparente con la que podía recorrer la casa tranquilamente. Goofy la observaba y yo estoy segura de que se burlaba de su gordura, eramos todos felices... todos, menos Sabina, que tenía la mala costumbre de hacer cachitos el periódico de su jaula todos los días sin razón alguna, yo no entendía y estúpidamente limpiaba diario, no me imaginé que estaba esperando una sorpresa, al menos hasta que una mañana me levanté a limpiar la jaula y vi un objetito extraño moviéndose. ¿Qué era eso? era diminuto y rosa.
Sabina tuvo crías, miles, miles de ellas... bueno, no, no eran miles pero eran bastantes, ya no me acuerdo si eran 8, 12 o algo por el estilo.
Saqué a Drusila de la jaula y le dí privacidad a la nueva mamá, sospecho que se comió a algunos de sus hijitos. Era raro verla, la jaula se había convertido en un nido y la cubrí con tela para que no se espantara o se estresara de más, con el tiempo, cuando se calmó, sus hijitos de repente se escapaban y entonces, en cuestión de segundos, Sabina salía corriendo, con los otros hambrientos agarrados de ella, a recuperarlo.

Un día, los hijos crecen, hay que separarlos en niños y niñas, ponerles nombres y coser pequeñas camas con puertitas que, al abrirse, descubran que en la noche los niños se pelearon, se comieron entre ellos, y ya lo único que se puede hacer es sacar los cadáveres a la mitad de las jaulas. Casi todos se mataron entre ellos, y eso que los repartí en cuatro jaulas para disminuir el riesgo. Los únicos sobrevivientes fueron Drusila, Darcy, Electra (rebautizada como tal después del incidente, no me acuerdo como se llamaba antes) y Lizzy. Sí, Sabina fue devorada por sus hijas.

Y fue así que aprendimos que la vida es cruel y el ser peludo y regordete no evitara  que seas víctima de un crimen muy salvaje a manos de tus hijos o tus hermanos.

Se comerán tu cabeza y lo disfrutarán.

5 comentarios:

  1. Que leccion tan cruda y cruel...si, asi es la vida!

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  2. Así es, como ver Animal Planet, encariñarte con los cachorritos y ver como se los lleva un águila al final del programa.

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  3. Me ha terminado de convencer que no debo de tener hijos.

    Goofy?

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  4. Dios bendito, disculpe usted, no quería asustar a nadie, aunque es buena idea advertirle a los jóvenes lo que puede pasar cuando hay más de dos hamsters en una jaula.
    Ay, el pequeño Goofy, nunca me gustó su nombre, yo le decía Gufielfredo o Gufildro, era un perrito sociable, carismático, extrovertido y muy listo que amaba el pollo, robar pantuflas y ver tele. Cuando tenía más o menos quince años se enfermó y ya sabe usted, nos dejó.
    PERROS SÍ, HAMSTERS NO! (aunque sean bonitos)

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  5. No se preocupe usted, era algo que ya sospechaba.

    Totalmente de acuerdo, perros sí! Ni hámsters ni gatos!

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