Día al azar:
8:00 - Hace mucho frío como para pararme. Rito no se quiere levantar, ni modo que me largue yo muy tranquilamente y lo deje solito, va a tener frío.
9:00- ¿Hay algo en la tele? no me voy a levantar.
10:00- Bueno, al menos ya empezó la Ley y el Orden.
Pero en algún momento Rito se tuvo que mover, tenía que hacer su visita al patio y yo me quedé viendo la Ley y el Orden, ya ni sé que capítulo era ¿Ahora qué hacer? Me bañe, me vestí y salí, la verdad no sabía bien a dónde ir, pero pensé que en mi casa no podía estar, no dejo a Flor trabajar a gusto, como que le estorbo, ya sin contar con que Rito se pone particularmente agresivo cuando estoy yo y le da por atacar al trapeador y a la escoba cada vez que tiene oportunidad, nunca sabré cuál es su gran problema con ellos.
¿Qué hacer cuando estás en la calle y no tienes ninguna razón para estar ahí? Primero puse gasolina, por supuesto, importante, y después manejé un rato, pasé por mi antigua primaria y me quedé por ahí un ratito, nomas lo que dura un cigarro, no sé cuál es el extraño placer de ir a visitarla de repente, de lejos, ya está muy diferente a estas alturas, de mis tiempos sólo queda el piso de las escaleras y las rejitas de las jardineras donde era imposible sentarse. Supongo que me gusta recordar que ya soy libre, estoy afuera, ya no tengo que pararme en las banquitas del patio a ver hacia la calle para evadirme un ratito, al menos durante el recreo. Es muy importante disfrutar el no estar encerrado. Las escuelas tienen esa extraña cualidad carcelaria que te pega la sensación de estar siendo perseguido y vigilado a perpetuidad. Yo creo que es culpa de las rejas y las casetas de vigilancia. No los culpo, tienen razón, si fuera fácil escapar de las escuelas no habría alumno, por ñoño que fuera, que no se sintiera obligado a aprovechar las circunstancias.
Ya que estaba por ahí decidí seguir manejando para comprarle algo a Rito. La verdad es que platicar con gente desconocida siempre es agradable, en especial con señoras platicadoras que te atienden en la tienda coqueta para mascotas. Yo le hablaba de Rito y comparábamos tallas y me enseñaba modelos. Le compré una chamarra y una sudadera, simpáticas y decorosas, pero donde tuve que poner un límite fue en el disfraz de emo... sí, hay ropita para perro emo, básicamente son grandes playeras negras de manga larga con rayas y una calaquita en la espalda. Al final me dieron mis compras con un gran estampa de regalo que dice: "¿Quién rescató a quién?"
La respuesta es muy obvia, Rito me rescata a mí, diario.
Después no supe qué más hacer. Caminé un rato, claro, y después me senté a leer un ratito en una de las banquitas de Plaza Satélite: Hospitales, claro, enfermedades, epidemias y muchas muertes.
¿Nunca se han sentido como muertos de epidemia? Sin nombre, sin rito especial ni grandes consideraciones, nada más avanzando, sobre una gran pila de gente igual de anónima que contagia. Vaya, a lo mejor uno ni está muerto todavía. "Alto, aguanten, ya sé que apesto pero muerta todavía no estoy!"
No sirve de nada, ya en la tarde, después de haber regresado a la tienda a cambiar la sudadera que le había comprado a Rito pero que no lo quedó, caminaba con la Thatcher y, además de un gran momento de risas después de que la hice pasar una pequeña vergüenza cuando me enseñó una bolsa y dije a todo volumen "bostezo de asco y aburrimiento" frente a la señorita, tuve la mala suerte de ver pasar a una señora del colegio que la verdad me caía muy mal. Tiene cara de señora adulta, en grandes botas y chamarra de señora, también tenía la actitud. Procuré no verla y seguí mi camino. La verdad es que no quiero recordar nada, al menos no de esos años de secundaria y preparatoria, claro que tampoco quiero recordar letras, ni la primaria realmente... y mucho menos los últimos semestres de Historia. Vaya, si pudiera no recordar la mayor parte de mi vida académica (a excepción de los dos primeros años de Historia que pasé tomando café en la fuente de la biblioteca con Miss Price y esperando que el hispanista de la barba hiciera su aparición, que fueron gloriosos, y también el kinder,claro, la madre Ime era maravillosa y tenía una gran colección de muñecas en el patio de la escuela), me sentiría mucho mejor.
Me empezó a zumbar el oído feamente: Alguien habla mal de mí, claro, lo sabía.
¿Ropa Emo para perros? Me suena adorable la calavera en el lomo pero las rayas y mangas largas le quita un poco de eso.
ResponderEliminarZumbar... ¿no era estornudar?
Sí, es que ese es el problema, hace muy adolescentoso el asunto, y digo, Rito ya está grande, ya es como adulto contemporáneo, como yo, no puede usar eso.
ResponderEliminarAh, no estoy muy segura pero creo que estornudar es bueno porque alguien se acuerda de usted, lo del zumbido en el oído es que en algún lado están soltando un montón de calumnias en contra de uno.