sábado, 6 de agosto de 2011

Si encima tienes cerillas, es una riqueza

Entre las muchas cosas que no les he contado hay unos tres días muy extraños en los que de pronto vi a mucha gente seguido. Bueno... "mucha", tal vez sea una exageración. Fue extraño. Empezando con una tarde de miércoles con un mensaje misterioso (que primero creí que era de Jane y después pensé que era Miss Crawford hasta que cai en cuenta que no era ninguna de las dos porque olvidé que Miss Crawford y Mrs. Weston se llaman igual), otra llamada para ir a tomar café, el cine, Mrs. Boss, el archivo y de nuevo el paseo con carriola por los rumbos tradicionales del sateluco, hoy amanecí cansada, genuinamente cansada.  
Vi a Mrs. Boss y me regresó las correcciones del capítulo II. Yo que creí que me regañaría por andar metiendo tanto chisme pero pasó lo contrario, le gustó. Bueno, aunque para variar y no perder la costumbre parece que no puedo desprenderme de ese feo vicio de tergiversar  el orden de las partes de la oración. Lo hago mucho, lo sé, pero a veces creo que no puedo hacer nada aunque lo intento. No voy a comentarle a nadie que la Sra. Doc y yo sospechábamos que hay algo mal con mi cabeza porque a veces digo las cosas al revés, las escribo al revés, me es imposible descifrar direcciones y cuando escribo a mano confundo la 'b' y la 'd' al extremo de escribir lo que esté pensando de las dos formas para ver si así recuerdo cuál era cuál. Aparte de eso parece que tengo que quitarle tanto "(sic)", encontrarle sinónimos a la palabrita que repetí 4 veces en una sola hoja y bajar algunas aclaraciones al pie de página. Tengo que arreglar eso pa' la próxima que me entregue las correcciones del siguiente, pero no me preocupa tanto, total, eso se puede arreglar con un poco de ayuda extra (ya empecé a coleccionar teléfonos de correctores de estilo pa' cuando los necesite), a mi lo que me preocupaba es que quisiera cortarle toda el drama que hago por el sufrimiento de mis leprosos o que de plano me viera con cara de confusión y dijera "esto es un desastre", pero no pasó. Lo que sugiere es que le ponga una conclusión a las primeras partes y todas las desgracias de mis leprosos las deje en un apartado para ellos solitos porque simpatizó con ellos tanto como yo. ¿En serio Mrs. Boss, está "preciosa" esa parte, la "transporto" y la conmovió?  Suspiro de alivio y me empiezo a reír como colegiala boba que no sabe qué decir de la emoción porque no puedo creer que Mrs. Boss me haya dicho que las dos podemos escribir un artículo cuando acabe la tesis (Huh?). ¿Es bueno, no? ¡No sé! ¡Qué aterrador! Pero creo que sí es algo bueno el mero momento, aunque realmente nunca pase, la pura sugerencia ya es bastante feliz. Creo que si de veras pudiera hacer semejante cosa (ya sea acabar esa tesis de verdad o escribir algo que no me avergüence) ya podría morir satisfecha el próximo año cuando se acabe el mundo. 

"Hola Señor Jesús, sí hice algo con mi vida, de verdad, o si quieres que nos pongamos bíblicos, te diré que invertí en algo mis talentos, algo al menos, no sólo en pintarme las uñas... ¿viste como usé una parábola para probar que conozco tu palabra y asegurarme de que no me mandes al infierno con el resto de los réprobos desagradables? I'm that good!"

Yo no sé usted, pero me mandó la autoestima hasta el techo y de ahí hasta la pared de enfrente.  Claro, hasta que me entró la desconfianza de persona insegura y aprehensiva. ¿No será que me echaba porras para que no claudique porque no me han pagado y parece que tendré que ir a ver al coordinador otra vez? ¿fue como premio de consolación porque de plano he estado trabajando gratis? ¿será que ella es demasiado linda como para romperme el corazón? 
(Suspenso)
Oh well, yo era muy feliz el viernes, a pesar de que la Gollum se va a casar y que el veterinario me sacó 300 pesos por revisar a Rito en menos de 10 minutos. En general, igual que el cine con Mrs. Weston, todo el viernes fue una sorpresa. No me había terminado de despertar cuando llamo Mrs. Boss, que si podía verla en el archivo. Sobre el regreso al archivo me tuve que fletar el clásico "qué milagro" y tienen razón. No fui en estas dos semanas desde que regresaron de vacaciones y fue deliberado. Les mentí y les dije que había estado en el archivo de tesis cuando todos sabemos que estaba metida en mi cama ahogándome en auto-compasión. Bueno, fue una ligera desviación de la verdad. 
Por otro lado, me dio gusto ver a Marina y por supuesto corrí a platicar con ella como señoras. Me trajo dulces de coco de Acapulco y me sentí una persona horrible por no haber ido antes. De los que sí escape sin despedirme hacia el final fue del señor de barba de Madero y del oftalmólogo perverso que tanto me desagrada. El señor de la barba de Madero me cae bien, de veras, pero a veces me pregunto si me guarda rencor por haberle robado el tema de los leprosos. Si lo hice fue sin querer, de veras. A lo mejor sí, a lo mejor se lo robé. Él me presentó el asunto cuando le pregunté por un médico para trabajar en una biografía cuando todavía tomaba clases. Le daré las gracias, lo prometo. Me pregunto si me guardará rencor. Yo no sabía nada de que tuviera planes para el hospital. Además, según lo que entendí, serían épocas diferentes. El se ocuparía de la época colonial, mientras que yo nomás me hago cargo de una cuantas décadas, las más tristes y más pobres del siglo XIX. ¿Es justo, no? Si lo hice, juro por Dios que no me di cuenta.
Pero ya me perdí. Yo les contaba que había huido. Es que, el problema es cuando el señor de la barba de Madero está en compañía del oftalmólogo infernal. Entonces se crea un ambiente desagradable para cualquier veinteañera con cara de sandiwch. Gracias, un halago está bien, pero no aprecio que agarren tono chauvinista.
Por eso mejor les huí, uno nunca sabe y la gente está muy enferma. Corrí directo a pasear con Miss Crawford y el bebé. 
Al final del día, veía luchas con Kitty y  sin gran trabajo me dormí en algún punto de la madrugada. Cuando desperté hoy en la mañana, no sabía qué día era.
No sabía si efectivamente había visto a Mrs. Weston, por ejemplo o si ayer había estado experimentando juguetes de esos "Baby Einstein" en una tienda departamental. ¿Cuándo pasó cada cosa si es que pasó? Los sueños me confunden mucho. Al final, cuando vi en el closet los zapatos (con 50%!) que compré en compañía de Miss Crawford y el aviso en el correo de que Mrs. Weston había comentado su publicación sobre la película que vimos, pude comprobar que no había sido sueño. Mi borrador corregido estaba junto a la computadora y Rito todavía trae embarrada la plasta de vitacilina para bebé que le puse en la llaga que se hizo a fuerza de estarse lamiendo. ¿Entonces cuál fue la parte que soñé?

Creo que la parte que soñé fue la que se me olvidó, alguna que debió haber estado bastante fea, porque recuerdo que ya van varias veces que me despierto y suspiro de alivio porque "sólo fue sueño". Sea como sea, qué bueno que ya no me acuerdo.

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