lunes, 23 de abril de 2012
Onegin and Tatyana scene
La mejor parte es ver a Onegin siendo miserable al final. No sé, es agradable. También es bueno saber que a diferencia de un montón más de señoras y demás damas en los libros del siglo XIX Tatiana hace lo que debe hacer y manda al carajo a este malnacido. ¿Alguien ha notado como a las mujeres casi nunca les va bien en los libros del siglo XIX? Siempre meten la pata o la vida las lleva por lugares horrendos. Por eso me espanté la otra vez que un amigo me dijo que Mathilde, la de El rojo y el negro le recordaba a mí. Chale. Eso no puede ser bueno. ¿A quién más tenemos? Natasha, la de La guerra y la paz se me hizo cagante, mejor ni hablamos de Anna Karenina o peor, Madame Bovary, aunque admito que los últimos dos no los he leído. Tal vez debería, digo... ¿qué más tengo que hacer? Mercedes, la del Conde de Montecristo, termina casándose con su primo al poco tiempo de que desapareciera su novio, por lo que no importa si es una buena persona o no. Por eso me cae muy gordo que a la hora de adaptar el libro les da por reunir al conde con Merces y desaparece a Haydee. ¡Qué pinche! No,no, dejen ir al Conde con su griega. Por eso Jane es tan refrescante. En un libro de Jane Austen ninguna de sus heroínas serán miserables, nadie terminará prostituida y vendiendo sus dientes, tirándose bajo las vías del tren o suicidándose de cualquier otra forma. ¡Oh, ya sé! Creo que es momento de buscar refugio en Jane, nuestra mejor amiga Jane.
Nota: Disculpen que ya ni me moleste en justificar este parrafito, es que todavía no le agarro al nuevo blogger.
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