Iba a hablarles de la alegría inexplicable, esa que de repente ataca después de unos días especialmente nublados, una de las pocas ventajas de ser una montaña rusa emocional. Es más, iba a contagiarles la sonrisa poniendo la foto con la que pasé del llanto continuo a la risa loca porque cualquier cosa que involucre ídolos de los ochentas y afros es un boleto garantizado hacia la alegría, caray, hasta se me olvidó que en cuestión de días podría estarme enfrentando a una de mis peores fobias, pero no encuentro cómo postear fotos. ¿Como pongo imágenes? ¡No encuentro el botón! Se supone que debería tener una pequeña barrita de herramientas pero no está.
En noticias relacionadas, me encontré a la Sra. Weston en mi camino al banco. Fue muy extraño porque yo iba caminando muy decidida cuando sentí que alguien me jaló del brazo. Ya se imaginarán que me espanté horriblemente hasta que descubrí que era la Sra. Weston y su papá. Qué puto susto. Lo chistoso es que estaba tan metida en mi cabeza que me tomó unos segunditos identificarla. Claro, también podrían haber sido sus enormes lentes oscuros, pero me costó reconocerla.
Mi mente está cada día peor. ¡Por eso necesito mis chistes de internet, maldita sea! ¡Quiero esa barrita de herramientas y la quiero ya!
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