Supongo que debí hacer algo útil, pero como he decidido dedicarme en serio a entregarle la tesis lista Mrs. Boss como primer acto oficial de mis 27 años, decidí quedarme. Lo que resultó fue una escena de esas que me regresó a mi más tierna infancia.
Ahhh, mis padres, tan encantadores ellos. Al final, es un círculo vicioso. La casa aquella absorbe grandes cantidades de dinero, entonces se necesita más dinero, esa barda no se va a construir gratis, lo que lleva a la necesidad de cuidar el puesto a fuerza de grandes periodos de ausencia, desapariciones y estrés. Lo que lleva a sospechas y sentimiento heridos que se van acumulando hasta que los métodos pasivo-agresivos para dejar claro que se han cometido ofensas, terminan en una confrontación durante el desayuno.
Oh Dios, a esta edad todavía me da el retortijón de estómago cada vez que mis señores padres se pelean. Dios mío, tengo la madurez emocional de una niña de diez años. El miedo... y ya que llega el asunto a la petición de "honestidad", y el asunto de quién ya no quiere a quién y si "te quieres ir dímelo", entra la señal de alerta roja en la que hay que intervenir para mantener el orden y la paz. Si no se aligera el momento de una u otra forma, todo escalará y pasaré el resto de la semana con el hombro de la pijama empapado con lágrimas y mocos maternos después de hacer grandes esfuerzos para calmar a una y convencer al otro de que sea compresivo con la primera.
En este último acceso de locura personal en el que me llevaron al médico, resultó que el señor había atendido a mi papá en alguna (ya ni sé cual) de todas sus interrupciones matrimoniales y cuando tratábamos el asunto de "mi depresión" preguntó "¿tus papás están separados, no?" y yo me quedé como "ah, pero ya no, eso hacen pero siempre regresan" como si fuera muy gracioso, pero puso cara de preocupación y sugirió que tengo asuntos sin resolver. "Asuntos sin resolver". Los tengo, claro que sí, porque de pronto me sentí de diez años otra vez, sentada en el mismo lugar de la escalera donde me ponía a escuchar lo que pasaba abajo y me enteraba si nuestra vida estaba a punto de terminar o no. Bueno, vamos a ver si esta terapia pública ayuda, aquí vamos:
El punto es que la mayor parte de mi infancia -no, mi vida- se ha tratado de mantener a mis padres juntos, como una de esas películas de Disney. ¿Yo por qué? No sé, creo que tiene que ver con que soy la preferida de los dos y no soy agresiva como mi hermana. Cuando ella se mete todo termina peor de cómo empezó. Por otro lado, supongo que desde el principio las madres tienen la mala costumbre de afrontar los conflictos de pareja jalando a los niños de su lado, como pequeños trabajadores del partido. No creo que lo hagan a propósito, sólo lo sienten así porque al final los hijos salimos directito y sin escalas de su propia carne, como tejido extra, mientras que los padres son físicamente lejanos, creo.
Lo malo es que hay madres más intensas que otras y mi mamá tiene esa noción de la vida como un “todo o nada”, que por cierto yo heredé. Y ese “todo” incluía esposa, casa e hijos. Con el paso del tiempo ya se hizo a la idea de que eran cosas diferentes y que el problema del matrimonio no tenía nada que ver con nosotros y algunos meses después de la primera ruptura pude establecer una rutina en la que veía a mi papá todos los fines de semana pero el principio no fue tan sencillo. Sí, por lo general a los niños les dicen "tu papá y yo nos vamos a separar pero eso no significa que no los queramos", a mí me dijeron "tu padre nos abandonó a todas", y de ahí quemamos su título profesional y le hice vestidos a mis Barbies con sus corbatas. (Es un milagro que no haya desarrollado daddy issues como las strippers que andan buscando la figura paterna en hombres casados de mediana edad.)
Veinte años después puedo ver que si un padre te mantiene, te busca, te llama y te manda regalos y cartas, técnicamente no hubo “abandono”. El "abandono" es cuando los padres se van y desaparecen, pero cuando eres chiquita no lo puedes diferenciar y por eso es más confuso todo el proceso. ¿Saben cuál es uno de los momentos más tristes que recuerdo? Ver a mi papá tocando el timbre en la reja y no poder salir. No porque me lo impidieran físicamente, era una cosa moral del tipo "no puedo hacerle esto a mi madre". Supongo que eso no fue saludable. ¿Ven por qué odio todo esto del "frente femenino"? Yo sólo quería ver a mi papá, pero no podía porque lastimaría a mi mamá... ¿qué clase de persona deja a su mamá llorando para irse a la feria con el papá consentidor? Un engendro ingrato, como yo, que al final le hablé a mi papá a escondidas para que fuera a buscarme. Claro, no se imagina usted la culpa. Estaba convencida de que Dios me castigaba por hacer sufrir a mi madre al ver a mi papá, eso pensé cuando se me murió el hamster que él me regaló esa vez que me llevó a patinar o cuando me enfermé del estómago horriblemente la única vez que intenté quedarme con él el fin de semana en el departamento pinche que rentó por la colonia Roma pero que no tenía tele ni cocina. ¡Dios me castigaba!
Veinte años después puedo ver que si un padre te mantiene, te busca, te llama y te manda regalos y cartas, técnicamente no hubo “abandono”. El "abandono" es cuando los padres se van y desaparecen, pero cuando eres chiquita no lo puedes diferenciar y por eso es más confuso todo el proceso. ¿Saben cuál es uno de los momentos más tristes que recuerdo? Ver a mi papá tocando el timbre en la reja y no poder salir. No porque me lo impidieran físicamente, era una cosa moral del tipo "no puedo hacerle esto a mi madre". Supongo que eso no fue saludable. ¿Ven por qué odio todo esto del "frente femenino"? Yo sólo quería ver a mi papá, pero no podía porque lastimaría a mi mamá... ¿qué clase de persona deja a su mamá llorando para irse a la feria con el papá consentidor? Un engendro ingrato, como yo, que al final le hablé a mi papá a escondidas para que fuera a buscarme. Claro, no se imagina usted la culpa. Estaba convencida de que Dios me castigaba por hacer sufrir a mi madre al ver a mi papá, eso pensé cuando se me murió el hamster que él me regaló esa vez que me llevó a patinar o cuando me enfermé del estómago horriblemente la única vez que intenté quedarme con él el fin de semana en el departamento pinche que rentó por la colonia Roma pero que no tenía tele ni cocina. ¡Dios me castigaba!
Ahora que lo recuerdo, no había nada que me aterrara más que los accesos en los que me mi mamá me abrazaba fuerte -fuerte al extremo de la asfixia como en las caricaturas- y decía que teníamos que vender la casa e irnos para alejarnos de la multitud de gente que quería vernos sufrir. ¡Qué puto miedo! Claro, ahora veo que sólo eran comentarios al aire, pero cuando se es joven uno tiende a creerle a los padres y me mataba de miedo el tener que mudarme, dejar mi casa, la escuela... que digo, las monjas no eran lo máximo pero era todo lo que conocía.
Ya después se reconciliaron, viajamos y fuimos felices otras vez, hasta que empezó el círculo de estrés de nuevo. En la siguiente crisis, cuando tenía como 14 años o algo así, yo fui la culpable directa de esa segunda ruptura. Cuando iba a ver a la Sra. Doc intentábamos resolver que no fue mi culpa y que yo no tenía nada que ver, pero está cabrón convencerse de otra cosa.
Les cuento lo de mi culpa; ¿Ya ven que soy una bocona no? Y que me da por decir las cosas más imprudentes en voz alta, bueno, pues como veía sufrir tanto a mi madre que decía diario y a todas horas que mi papá ya se quería ir y que lo mejor era que lo hiciera pronto, se me ocurrió decirle a mi papá que no prolongara el sufrimiento de todos si de veras quería la separación. Y lo hizo. Hablando de momentos traumáticos, lo ayudé a empacar. ¡Es que lo ayudé a empacar! Supongo que fue estúpido el creer que era lo más saludable. A estas alturas de la vida ya entendí que la gente no quiere decir realmente las cosas que dice. Cuando alguien dice “qué se vaya de una vez” no significa que quiera que se vaya de verdad, pero según estaba leyendo para no sé qué clase extraña que tomé alguna vez los adolescentes todavía no tienen bien desarrolladas las funciones no sé de qué madres y por eso son bastante tontos para muchas cosas. Lo aprendí a la mala, en especial cuando entendí que había destruido a mi familia como la víbora desgraciada que soy. Mi papá dice que efectivamente fue lo más saludable y que fue bueno y la vida y la chingada, pero yo me sigo sintiendo culpable.
Ya después se reconciliaron, viajamos y fuimos felices otras vez, hasta que empezó el círculo de estrés de nuevo. En la siguiente crisis, cuando tenía como 14 años o algo así, yo fui la culpable directa de esa segunda ruptura. Cuando iba a ver a la Sra. Doc intentábamos resolver que no fue mi culpa y que yo no tenía nada que ver, pero está cabrón convencerse de otra cosa.
Les cuento lo de mi culpa; ¿Ya ven que soy una bocona no? Y que me da por decir las cosas más imprudentes en voz alta, bueno, pues como veía sufrir tanto a mi madre que decía diario y a todas horas que mi papá ya se quería ir y que lo mejor era que lo hiciera pronto, se me ocurrió decirle a mi papá que no prolongara el sufrimiento de todos si de veras quería la separación. Y lo hizo. Hablando de momentos traumáticos, lo ayudé a empacar. ¡Es que lo ayudé a empacar! Supongo que fue estúpido el creer que era lo más saludable. A estas alturas de la vida ya entendí que la gente no quiere decir realmente las cosas que dice. Cuando alguien dice “qué se vaya de una vez” no significa que quiera que se vaya de verdad, pero según estaba leyendo para no sé qué clase extraña que tomé alguna vez los adolescentes todavía no tienen bien desarrolladas las funciones no sé de qué madres y por eso son bastante tontos para muchas cosas. Lo aprendí a la mala, en especial cuando entendí que había destruido a mi familia como la víbora desgraciada que soy. Mi papá dice que efectivamente fue lo más saludable y que fue bueno y la vida y la chingada, pero yo me sigo sintiendo culpable.
Bien, ya confesé. Se supone que a partir de aquí viene la sanación y todas esas mamadas que dicen en la tele. Gracias a Dios no se divorciaron y se reconciliaron otra vez o me hubiera muerto de la culpa. Las peleas no son buenas, claro, pero la separaciones son peores, es como si acabara el mundo.
Yo creo que por eso se puso tan rara la cosa cuando Jane terminó con el primer Mr. Bingley y parecía que era el único evento importante en todo el infinito universo. Me aterra que la vida se detenga de pronto sólo porque él (sea quién sea) se vaya. ¿Me estaré intentando probar a mí misma que es posible ser feliz y funcional estando sola? ¿le estoy probando algo a mi madre en un nivel muy subconsciente?
¿Vendrá de ahí toda esta extrañeza ante los eventos que desencadenó la ruptura de Jane y Mr. Bingley I? "Ok, se fue con la insípida de la iglesia, vamos a superarlo" aunque ahora sé que eso no es posible, una vez que dejas que un hombre entre en tu vida, es pa' siempre y es irreversible. Ya ven, Jane no estuvo mucho tiempo sola antes de Mr. Bingley II. Es como si se comenzara un ciclo que ya no se detiene nunca en el que la felicidad queda ligada permanentemente a la presencia de otro personaje. ¿Ven por qué no puedo permitirlo? Conociéndome lo llevaría todo al extremo y en cuanto se fuera me cae de madres que me tiraría de un puente. No podemos permitirlo. [Fin de la autojustificación]
¿Vendrá de ahí toda esta extrañeza ante los eventos que desencadenó la ruptura de Jane y Mr. Bingley I? "Ok, se fue con la insípida de la iglesia, vamos a superarlo" aunque ahora sé que eso no es posible, una vez que dejas que un hombre entre en tu vida, es pa' siempre y es irreversible. Ya ven, Jane no estuvo mucho tiempo sola antes de Mr. Bingley II. Es como si se comenzara un ciclo que ya no se detiene nunca en el que la felicidad queda ligada permanentemente a la presencia de otro personaje. ¿Ven por qué no puedo permitirlo? Conociéndome lo llevaría todo al extremo y en cuanto se fuera me cae de madres que me tiraría de un puente. No podemos permitirlo. [Fin de la autojustificación]
Sin contar con los discursos del tipo "duro y contra ellos" que he escuchado toda mi vida de boca de mi madre y tías, una cosa muy del tipo "los hombres son monstruos desgraciados que quieren destruirte y luego largarse con otra vieja", todo musicalizado con el soundtrack de Mentiras, la película ochentera de Lupita D'Alessio y Juan Ferrara. [Fin de la distribución de culpas]
Caray, es otro milagro que no haya crecido lesbiana, aunque mucha gente lo crea. En la versión que se maneja sólo he tenido un novio de tres días hace como siete años, andaba pa’ todos lados con la misma amiga todo el tiempo y por lo general hablo muy mal de todo el asunto “romántico” de la vida cuando digo que los hombres siempre “aman” a la más buena y las mujeres siempre “aman” al que tenga más prestigio social. No los culpo. Dice mi hermana que es el discurso de la lesbiana, aunque yo lo saqué de Jane Austen. Ah, también compré combat boots, supongo que eso no puede ayudar pero ya ni modo, me gustan mucho.
Oh bueno, supongo que tendré que acostumbrarme y dejar que se especule lo que la gente quiera. Sólo Richard, el de Raising the Bar, y yo sabremos lo que hay en mi corazón.
¡Es que es alto y le dio todo su dinero a los pobres! ¡A los pobres!
Ahora debo buscar el mejor precio en mármol avejentado. Necesito diez metros.
Ahora debo buscar el mejor precio en mármol avejentado. Necesito diez metros.
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