Oficialmente, puedo ver.
Pero me estoy adelantando, permítanme comenzar por un lugar más adecuado, por ejemplo, esa anoche horrenda donde no pude dormir. Los nervios, verá usted, me estaban carcomiendo, y eso que me había esforzado en mantenerme ocupada todo el tiempo. Yo supuse que la pelea con el joven de la tienda para que encontrara la falda perdida que sería el regalo perfecto (¡perfecto, maldita sea!) para Jane, me habría agotado lo suficiente. Ya sin contar con las cervezas, la peluquería de Rito y el rato en el parque. Resulta que Rito puede ser un perrito valiente no sólo cuando está en su territorio, lo hubieran visto gruñirle al perro enorme que empezó a acosarlo muy a su disgusto. Claro, en cuanto se fue el gran perro, Rito se subió a mi falda de un brinco y se escondió entre nosotras hasta asegurarse de que no hubiera otro extraño enemigo, como Masiosare... perdón, creo es un chiste local. ¿En qué estaba? Ah sí, en no poder dormir.
Para ser agradecidos, nuestra estimada Miss Katherine Bennent, a la que nos referiremos en adelante como Kitty (yay, por fin le encontramos sobrenombre a Maribel), fue de mucha ayuda, después de todo ella ya lo había pasado. Me habló de las maravillas de no tener que andar buscando los lentes, poderte poner lo que quieras en la cara y poder nadar a gusto. A mí me gustaba mucho nadar, quién sabe qué pasó.
Claro, no me mencionó los detalles aterradores.
¿Estaba muerta de nervios? Pues claro, más que de costumbre, no podía calmarme y dejar de temblar. Eran las siete de la mañana y la clínica estaba llena, y eso que no habían llegado las señoritas recepcionistas. Mientras esperaba mi formita, una señora (¿qué hay con las personas que se ponen a platicar entre ellas sin conocerse?) le dijo a mi papá que ni me emocionara con salir rápido, que seguro iba a ir entrando a las doce o más. Ah, bueno, falta mucho (pensé, en ayunas a las siete de la mañana), mejor me relajo, y lo intenté, pero nada: que de madrazo salen por nosotros, porque éramos tres. Una señora gordita que yo creí que debía estar más ciega que yo para ponerse unos pants tan poco favorecedores, un escuincle con cara "esto no puede ser, soy muy cool para usar lentes" y yo. Nos dieron ropa de hospital, gorrito y a los vestidores muchachos, adentro, cuando ponía todo en el locker le di un beso de despedida a mis lentes. Chale, me gustaban mucho.
Ahí es cuando la cosa se empezó a poner extraña. Creo que fui la que más me tardé cambiándome y quedé al último. Ahí estábamos, sentados en esos sillones que supuestamente son relajantes con nuestras cobijitas verdes, haciendo de cuenta que no nos iban a machetear los ojos. Entonces llegó la pastillitas, que yo no sé que me dieron pero me sirvió de un carajo. La señora me tuvo que tomar la presión dos veces porque parece que tengo la muñeca muy huesuda y me desinfectaron la cara. Llamaron a la señora, y ya de ahí esperé y esperé. Salieron los dos primeros, como hot cakes, y yo pensaba "cuánta lana se acaba de embolsar el doctor en cuestión de un ratito?, yo no gano eso ni en tres años.
Me tocaba, ni modo, y fui. ¿Pues qué les digo? No me moví, y fue un milagro. La experiencia fue una cosa mitad Naranja Mecánica y mitad Odisea del espacio. Les voy a ahorrar los detalles aterradores, como aquel donde te abren los párpados con los instrumentos infernales esos que tienen cara de araña torturadora, o la poco agradable certeza de que te están abriendo el ojo, no sé qué me hicieron, lo que recuerdo es haber apretado al muñequito ese de peluche que me dieron hasta el cansancio y el haber pasado por todo el asunto de la anestesia en gotitas, ver desaparecer la luz, preguntarse qué diablos es eso con lo que parece que levantan o quitan algo, y luego ver fijamente la lucecita mientras me llegaba el olor a quemado del laser.
¿Qué he hecho?
Al salir, agarrada del brazo de mi papá y con mis pocos atractivos goggles, una señora me detuvo para saber cómo era la operación porque su hija acababa de entrara. Le mentí, por supuesto, y le dije que era sencillísima y que no se sentía nada. No se trataba de preocupar a la señora. Yo sólo quería ir a mi casa. Después me ardían los ojos horriblemente, pero no podía apretarlos, y ya en mi cama opté por dormir toda la mañana hasta que fuera hora de ir a la consulta. Parece que todo salió bien. Hoy fui otra vez, y todo sigue bien. Según el señor doctor, para ser la más nerviosa fue la que salió mejor. Dice que me porté bien, yo creía haber estado particularmente fastidiosa, en especial a la hora en que te abren los parpados con el instrumento de Satanás.
Ahora, puedo ver, y no sé si extrañaré andar por el mundo con la posibilidad de quitarme los lentes, ver todo borroso y sentir que podía desaparecer. Por el momento no lo he sentido, de todas formas ya no puedo hacer nada. ¡Puedo ver!
Como detalle simpático, cuando esperábamos en los sillones y las personas platicaban de sus respectivas dioptrías, escuche que nada más tenían dos o tres, mientras que yo (con mi 6.75) pensaba: pfffff principiantes.
Vaaaya...a mi siempre me ha dado miedo ese aparatejo de naranja mecanica. Permanecere ciega, total, no hay mucho que ver alla afuera. Linda su nueva casa, ya habia pensado que nos iba a abandonar a todos! Gracias a dios que solo fue el susto u.u
ResponderEliminarMe imagino que se ha de sentir una madre muy orgullosa por la valentía de rito.
ResponderEliminarLa felicito de verdad, fue usted muy valiente a someterse a esa clase de procedimientos, yo no sería capaz a) le tengo un miedo espantoso a todo lo que tenga que ver con médicos y b) ya no tendría el pretexto perfecto “no puedo por los lentes” enhorabuena!
Ek: Hola!! No se crea, a mi me estaba matando de miedo, y ahora que lo menciona tiene usted razón, en dos días no he encontrado nada que haya valido la pena ver, tal vez Rito, pero nada más. Ay, es que yo de veras quería dejar esto pero es imposible. Muchas gracias, es que ya ve que esta madre sacó más fondos y dije "ay, vamos con el retro", como el suyo, que también lo vi, están coquetos no? como que invitaban a redecorar, y ya que estábamos en eso, mejor nos mudamos, es que fíjese que de pronto me puse a releer el otro blog, desde el principio y dije “¿quién es esa persona? Esta muy mal!” y como que le agarré aversión o algo, y dije “no, tengo que matarlo”, pero no me atrevía porque fueron muchos años y mejor sacamos otro. Pero no los dejaría, cómo cree? ¿con quién más se puede hablar de verdad? (aquí no hubo ningún cumpleaños, claro que no). Muchos saludos!
ResponderEliminarFulgencio: Ay, muchas gracias, pero no puedo robarme todo el crédito por el valor y la inteligencia para correr en el momento adecuado de mi pequeño, creo que ya venía con él esa habilidad, y pues por la operación, creerá usted que fue más negligencia que otra cosa? como que dejé que la cosa se fuera decidiendo solita y evité pensar en el asunto, hubiera visto con cuanta valentía estaba temblando con ganas de echarme a correr cuando estaba esperando para entrar.
“No puedo por los lentes”, claro, yo lo intenté ¿A poco le ha funcionado? a mí nunca me sirvió y eso que intenté aplicarlo en deportes cuando era joven, lo único que conseguí es que me dijeran "pues quítatelos", no ver cuando un sujeto me apuntó con un balón de basquet en la cara y luego aguantarme el regaño del señor profesor porque "por andar pazguateando" me dieron en la cara y me puse a llorar con niña.
Muchas gracias por pasar y muchos saludos.
Ah! con esos maestros que no comprenden nada, en realidad si me funciono y me sigue funcionando aun, segun he notado no hay muha gente con anteojos con las que me relacione por lo tanto como no saben de mi desdicha me compadecen jaja.
ResponderEliminarEs un placer pasar por aqui