viernes, 17 de junio de 2011

Do you know why you're afraid when you're alone? I do

Me encanta la mugre y no me refiero a la época de mi infancia en la que fui fan jurada del ecoloco... me encanta la mugre del archivo. Pelear con la letra antigua puede ser cansado, a veces desesperante y cuando no se está de humor (como hoy), una invitación abierta a mandar todo al carajo, a menos que los papeles antiguos nos den un maravilloso regalo. Estaba ahí sentada, pensando en que le había dicho a Miss Crawford que la vería a las 5, ya casi eran las dos y yo no pasaba del segundo expediente, cuando leí una cosa de veras (pero de veras) escandalosa: Corría 1839 cuando la Comisión de hospitales llegó a revisar que todo estuviera en orden con mis feos y pobres desgraciados, pero se encontró con que más que un hospital el establecimiento parecía "casa de prostitución". ¡Es más, el administrador tenía una "amistad ilícita" con una de las enfermas! ¿Quién diablos se mete con una enferma de lepra? That's wrong!
¿Se imagina usted mi cara de emoción cuando leí aquello? That sick bastard! 
¡Me ahogué en mi propio tapabocas! ¿Qué diablos? La enferma en cuestión tenía buena cama, buen vestido y todos los enfermos sabían que si querían pedir algo había que hacerlo a través de ella. ¡Santo amancebamiento Batman!
Un día de estos los leprosos me van a matar de emoción. ¿Una cantina instalada por uno de los enfermos en la portería? ¿Qué diablos? 
Supongo que debería estar preocupada por inventarme una tesis muy seria sobre la modernización de la ciencia en México como resultado de blah blah blah, etc., una que pueda probar, en lugar de armar un cuentito lleno de chismes y personajes escandalosos, pero no puedo evitarlo.
Nada me hace más feliz que desenterrar secretos sucios y contárselos a quien se deje.
Los leprosos son mis mejores amigos. Yo los quiero, con todos sus defectos, quejas y exageraciones. Ya sé cómo son, que se quejan de todo, les encanta el aguardiente y cada vez que pueden se meten en problemas por andarse perdiendo el asco entre ellos, como Juan el campanero que embarazó a Ygnacia Granados y como él estaba casado y su mujer legítima también interna en el hospital se las arreglaron para conseguir abortivos y destruir la prueba de su crimen. No me importa, igual que a ellos no les importa que sea excentrica, errática, algo irracional y muy aprehensiva. De todas formas hablan conmigo, me cuentan todo, sin pena, por eso los quiero. La amistad es una cuestión de confianza.

Estimado jovencito Joel Osmond... I see dead people too!

4 comentarios:

  1. Jajajaja entonces haga las dos cosas por un lado haga una tesis seria y por el otro elabore un libro con todos esos secretos que alimentan el alma humana.

    Eso es confianza!!

    ResponderEliminar
  2. Pues como va debería separarlos de verdad. Pero eso sí, cualquier chisme bueno que me encuentre vengo a contarles luego luego. Es que todas las relaciones saludables entre vivos y muertos deberían estar basadas en las confianza, así todo saldría mejor y luego no habría malos entendidos, ni sustos o cosas de esas.

    ResponderEliminar