jueves, 25 de agosto de 2011

Cualquier otra cosa

¿Qué diablos pasa con el remordimiento/arrepentimiento? Es que no puedo evitar pensar que me equivoqué horriblemente y ahora ya no hay marcha atrás. ¿Les he contado que decidí ir a la UNAM cuando tenía 15 años? Fue culpa de la impresión de la huelga. Ojala no me hubiera enterado de nada, ojala nunca hubiera ido a Mineria, ni a CU, ni a ningún otro lugar con parafernalia azul y oro de cualquier tipo. ¿Qué pasó? No sé, pero creo que fue una gran equivocación, una especie de matrimonio a fuerzas.
Podríamos dejarlo todo ahí pero este blog no cumpliría con su función terapéutica si no agarráramos en él una bonita dinámica de consulta psiquiátrica.
¿Qué pasó? ¿Cómo diablos pasó? Durante toda mi vida creí que sería arqueóloga, pero recordemos que para eso me debí haber ido a la ENAH y creo que al momento de considerarlo seriamente lo descarté, no sé bien por qué razón. Creo que es el asunto de los números y esta incapacidad mía para concebir espacios y cosas de ese tipo. Ya saben, demasiada preocupación con los cálculos y los terrenos. La parte graciosa es que intentando ser un adulto consciente y responsable metí la pata. "Vaya, este es el momento en el que dejo de soñar como si tuviera 4 años y considero mi vida seriamente". Ahorita me atacó un recuerdo: Miss Crawford y yo jugábamos a las egiptólogas en su casa, teníamos una cajita, un comic de Barbie en Egipto y un par de guantes de latex. No se nos ocurrió conseguir más y al final ella se puso uno y yo el otro. ¿Qué edad tendríamos? Unos seis o siete años, tal vez.
Había olvidado eso. Ni si quisiera se me ocurrió mencionarlo cuando mi papá me llevó a ver a su amiga, una señora de literatura para que me diera una plática vocacional. El responsable material de mi existencia creyó que sería buena idea porque me vio desconcertada y supuso que me podría encaminar. Me gustan los libros, es cierto, pero hay una enorme diferencia entre ponerse a llorar porque Eugenia Grandet sufre muchísimo o porque Leni se subió en una bicicleta y se fue a buscar a Boris, el flaco y encantador Boris, en la Alemania de la posguerra sólo para encontrarlo bien muerto y enterrado, y meterse a estudiar "literatura". Hasta la fecha, de literatura no sé un carajo y quiero que se quede así.
"Yo sólo quiero estudiar aquí", le dije a la señora, la carrera era lo de menos. Al final la  charla de orientación vocacional terminó siendo una cosa del tipo "estudiar letras es muy bonito" con la que me quedé muy convencida. ¿Qué diablos me pasó por la cabeza? Supongo que ahí podemos encontrar la serie de errores originales. 1° error, creer que podía ir a la UNAM, ahora puedo ver que no estamos hechas la una para la otra. 2° error, aventarme a lo pendejo sobre una carrera de la que no sabía nada, 3° ser yo, en general.
Ahora que lo veo, no tenía oportunidad. ¿A quién se le ocurre meter a una persona con fobia social y un montón de problemas de ansiedad en un medio ambiente repleto de gente completamente desconocida al otro lado de la ciudad? No sé qué tanto se suponía que ayudara el medicamento, pero se necesita un buen número de años para ir corrigiendo el problema poco a poquito y recordemos que empecé a ver a la Sra. Doc casi al mismo tiempo que entré a la universidad. ¿Así de golpe? No tenía sentido.  En mi defensa diré que en esa época tenía mucha fe en que el problema no era yo, creí que era Satélite. 
¡Sorpresa! Me equivoqué. Estaba aterrorizada, la gente del sur me inhibía de una forma terrible, no entendía nada en las clases y aunque mis amigas me hacían compañía a veces, no podían estar siempre ahí, y sin ellas, me sentía todavía más perdida. En esa época las vi alejarse lentamente. ¿A quién se le ocurrió semejante cosa? Ahora entiendo lo fácil que se me hizo retraerme más y más hasta colapsó todo el asunto. "Hablar", es tan fácil para las personas que no lo puedo creer, me gustaría que un solo día padecieran nauseas y temblor en el cuerpo por tener a más de tres personas alrededor oyendo. Les juro que lo intentaba pero no podía hablar, era como estar ronco, como estar afónico o cuando estás soñando y de repente quieres gritar pero estás paralizado y la voz no sale.
¿Qué debí o pude haber hecho? Lo cierto es que no puedo creer que me quedé, en otra carrera, la que debí haber elegido desde el principio, pero me quedé. ¿Por qué diablos no me metí a Historia en un principio? ¿Por qué no me fui a estudiar cualquier otra cosa en cualquier otra parte? Ayer veía una vacante para ser ambientador en no sé donde, pagaban bien y pedían decoración de interiores o afín. Carajo.
La verdad es que es divertido y bonito estudiar cosas coloridas y antiguas, pero supongo que a estas alturas del partido, los mitos celtas y los dibujines cretenses no me sirven de un carajo. No sé por qué será que a últimas fechas recuerdo todos esos años con pesar y desagrado, como cuando te acuerdas de una enfermedad pasada, un envenenamiento o intoxicación. Nada mas de pensar en el asunto, las nauseas regresan. No tengo justificación. Supongo que no entendía bien cómo estaba la carrera y en general confundí las dos cosas. ¿La orientación vocacional es tan mala en todas las escuelas o es exclusiva de los establecimientos religiosos? Las viejas del departamento de sicología de la que era mi escuela me mandaron a estudiar arte o diseño... ¿qué?
Me acordé de todo el asunto porque caminando con mi madre en la tarde se acordó de la vez que dejé el registro que necesitaba para hacer el examen de admisión a la escuela de arte aquella. Llegué con Jane al examen y cuando hacíamos fila me di cuenta. Oh, ni modo, me eché a correr de regreso a la Facultad.  La verdad es que no quería intentarlo seriamente. Soy necia. Tenía que terminar. ¿Ya mencioné que soy necia? Cuando era joven, ese era uno de los defectos que más le molestaban a mi madre de mí.
Supongo que no pensé en qué haría después. No tengo estómago para esto, de verdad. Debí haber sido más práctica. Ay, la juventud soñadora, alguien debería decirles que no se den esos lujos de creer en cosas.
Hoy, sentada en el pumabus, veía a los estudiantes y tenía muchas ganas de decirles dos cosas:
1.- Huye ahora, corre, consigue una carrera de verdad que no te condene a dar clases y te pague lo suficiente para poder pagar una renta alguna vez. No te engañes, el amor a algo no te salvará de nada y de todos modos, alguien se pasará el resto de tu vida tratando de pisarte para sentirse mejor con ellos mismos.
2.- Eres un hombre, vístete como uno y ve a quemar esos skinny jeans que sospecho te robaste del closet de tu hermanita quinceañera. ¡Ahora!

Quiero pensar que si saco el título en algún futuro lejano podré darle sepultura a todo el asunto. Como los familiares de las víctimas de los asesinos en serie que no pueden descansar tranquilos hasta que hayan condenado al maldito o les hayan regresado los cadáveres para darles santa sepultura. En cuanto salga de la Facultad podré dar por terminada toda relación con la universidad. 

Adiós Universidad, mi antiguo amor, desearía de todo corazón no haberte conocido.

2 comentarios:

  1. Sucede a veces que, estando seguras de algo es cuando menos lo estamos en realidad. Esa necesidad por realizar nuestros más escondidos deseos, a la luz, casi siempre, se descomponen. La diferencia y el cambio de curso lo harás cuando te des cuenta que no todo está pal traste, que aún en esa carrera "desatinada" que escogiste existe posibilidad, y que la opción de retomar la deseada aún está. Bien dicen por ahí que nunca es tarde para hacer lo que uno quiere. Cojones nena, cojones te sobran para hacerlo. Steady... steady... ready?.. go!!!

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  2. No creo haberme equivocado de carrera al final (después de la vuelta equivocada), digo, cuando se ven las cosas en retrospectiva es hora de preguntar ¿podía haber hecho otra cosa? Y si no, pues ya ni modo. Jaja, usté cree que me sobren? yo creo que me faltan vitaminas, eso sí, pero fíjese que me compré un suplemento alimenticio que prometía 200 maravillas. Nunca es tarde, cierto, por eso planeo cobrar venganza de mis antiguos colegios algún día, una cosa de terrorismo estudiantil del que me quedaron ganas. Cuando lo logre les contaré. Ahorita me acordé de unos turistas españoles que le dijeron a un señor turco que la palabra para "asombrado" era "acojonado" y después, cuando lo repitió, vio la expresión de terror de las señoras y sen enteró de dónde venía la palabra se puso rojo como jitomate, el pobre. Ay, me acordé. Muchos saludos Mis!

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