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Adivinó usted, sigo sin tener ganas de dormir. Lo extraño es que me desperté a las 7:30, le di un beso a Rito, escuché entera la canción de la alarma, prendí la tele, me resigné a abandonar la cama, me bañé, me vestí, me peiné, tuve una pelea garrafal con mi hermana gracias a intervención de mi madre y salí corriendo de lo más enojada. ¿Qué debía hacer? Varias cosas. Recogí a Sibila, la perra que encontramos hace muchos años de un estacionamiento pero que tuvimos que alojar con mi abuela a falta de cooperación de nuestra señora madre, y caminé mucho, mucho hasta llegar con ella al veterinario. Tenían que operarla.
Para entonces eran como las 10:30.
Ya estaba cansada, pero de todas formas manejé hasta CU para recoger mis cochinos papeles y como ya lo mencioné, la falta de trabajadores de la UNAM disponibles (hoy les dieron el día para que fuera a no sé qué cosas del sindicato) ocasionó un servicio bastante lento en el pumabus (me gusta pensar que esa era la razón) por lo que caminé y caminé más, rodeando casi todo el estadio para llegar a mi coche. Más tráfico. Vamos a calcularle una hora de camino de ida y de regreso. ¿Mencioné que hacía calor y mi coche tiene ventanas de plástico? ¡Es un hornito mágico!
Para cuando regresé a mi pueblo (yo sí regreso a mi pueblo siempre, no como la Mariana aquella) todavía no me había hartado de cansancio y me fui a comprar cortinas. Con mis compras felices llegué a mi coche justo a tiempo para escuchar en el radio lo que no debería andar escuchando pero que me aventé enterito porque soy una masoquista desequilibrada que tiene delirios y fijaciones muy poco saludables relacionadas con gente con la que intercambió tres palabras en toda su cochina vida. Eran las 2:30 de la tarde: ¡LA SALIDA DE LAS ESCUELAS, YAY!
Quería descansar, por supuesto, pero después de llegar a mi casa a comer pizza decidí que debía tomar café y ocuparme en algo para combatir el sueño de la tarde. Quiero dormir de noche, claro que quiero dormir de noche. Dormir seis tristes horas (seguidas, si bien me va) no es bueno. Eso, cuando se acumulan, porque hay noches muy malas en las que me despierto varias veces y/o tengo pesadillas.
La cabeza me tortura de miles de formas distintas y dormir es la única solución, por eso me negué a tomar una siesta que me habría caído muy bien. Quería dormir toda la noche, qué contrariedad.
Le escribí a Mrs. Boss, doble ropa, descolgué cortineros, ajusté cortinas y ya que estaba en eso decidí cambiarle las manijas a los cajones de un mueble y me puse a jugar un poco con mi serrucho preferida. ¡LO AMO!
Amo mis herramientas, eso tiene que estar mal.
¡Vamos a destruir madera!
Al menos hasta que dieran las siete de la noche y tuviera que ir a buscar a la pobre perra que seguramente había tenido un día más angustiante que el mío, digo, le extirparon un tumor. Drogada, confundida y angustiada (la perra, no yo) la llevé a su casa, le puse su pijama y la dejé descansando.
A estas alturas, todos deben estar dormidos, incluyendo al joven veterinario amable con cara de "acabo de salir de la escuela y todavía no se me muere el amor a los animales", mi abuela, la perra, todos los trabajadores afiliados al STUNAM, el vendedor que tuvo la gran idea de ponerse a contar el dinero de la caja mientras yo esperaba en la fila para pagar mis cortinas nuevas y tal vez la señora cajera de la panadería donde compré mi desayuno, todos menos yo.
La 1: 34 y sigo despierta.
Es mucho tiempo sin dormir, sugiero una microempresa de servicios ebanistas. Podría funcionar!
ResponderEliminarSí lo he pensado! Bueno, no venderlo porque tengo gustos muy raros y entre más exótico, maltratado y viejo se ve algo, más me gusta, pero no toda la gente es igual y a lo mejor no entienden el concepto, pero trabajar en muebles es divertidísimo, en especial desde que aprendí a usar el taladro, lo malo es que se hace mucho ruido y sospecho que mis padres y vecinos protestarían. Pero algún día!
ResponderEliminareres un talento desperdiciado nena, lo juro. con tanto tiempo libre, lo que no harías...
ResponderEliminarNo le ha pasado que es cuando no tiene tiempo libre cuando se le antoja hacer un montón de cosas? Por alguna razón, cuando hay algo que ocupa las mañanas y no hay tiempo es cuando dan ganas de ponerse creativo, reparar muebles, coser, pintar, decorar y hasta hacer macramé. En cambio, cuando hay días largos sin nada qué hacer el tiempo se va en ver tele. Es rarísimo!
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