martes, 21 de junio de 2011

El fabuloso vuelo del chupón

Tuve que huir del archivo a las dos horas de haber llegado. La verdad es que ya no pude más, entre la falta absoluta de noticias sobre la autonomía, más allá de un anteproyecto que no me servía de nada, y las buenas intenciones de la gente estaba a punto de explotar. Supongo que es mi culpa por ser tan familiar con las personas, no debería, pero pasó y fue inevitable, tal vez surgió de las pequeñas amabilidades, el que me tuvieran una manzana en la mañana porque ya saben que no desayuno o que me dejen correr libre por los legajos por ser de la casa, no pude evitar el agradecimiento y la blandura de tripas que te dicen "chale, la amabilidad gratuita es devastadora". Por lo general está bien, se puede manejar, pero hoy fue demasiado, entre el señor del archivo que le comentaba jocosamente a Lupita, la adolescente emprendedora, sobre "el novio de tres días que me abandonó" (¿Qué diablos?), las apreciaciones de la chamaca sobre cómo si me quiero casar algún día debería empezar a buscar pronto y la secretaria que me recordó que ya tengo 26 años y debería estar buscando la forma de dar clases  porque "ni modo que siga así" en combinación ganadora con las excusas del contador para no pagarme explotó todo cuando llegaron los del mantenimiento a poner el archivo de cabeza y de repente me quedé sin mesa para trabajar. Supongo que tampoco fue bueno que lo primero que me dijera la secretaria tan pronto la saludé fue "¿fumaste?"   DUH!   Lo voy a decir una sola vez: Mis pulmones, mi asunto! Por supuesto, no lo dije.
Me fui a las doce y  me tomé el tiempo de camión para sollozar silenciosamente porque parece que todo el mundo está encima señalando sutilmente lo que hago mal y en todo lo que me equivoco, sin contar con las prisas y la advertencia de que se me acaba el tiempo o la vida y está mal ser yo. Está mal esperar con ansias que salga capítulo nuevo de The defenders para ver si sale el fiscal con mala suerte o que se acabe el último libro que compré para poder darme otra excursión maravillosa a las librerías de viejo con la esperanza de que me hagan descuentos milagrosos otra vez.  Debería estar buscando un hombre (de la forma en que lo dicen hasta parecería que un cabrón cualquiera es el santo grial) y un trabajo que me robe absolutamente toda la vida. No quiero, estudié mucho, carajo. Me costó un madrazo tras otro sacar esa puta carrera y ahora lo voy a terminar como se debe, aunque lo haga mal, aunque salga una porquería, lo tengo que terminar. Tal vez desperdicio los pocos segundos que me quedan de juventud pero tengo que hacerlo, no puedo dejarlo a medias. No quiero despertar un día y descubrir que toda mi vida es un trabajo que odio y un tipo que a duras penas soporto. No quiero terminar viéndole la cara a un sujeto que ni siquiera pueda respetar un poquito y al que maneje como un mal necesario. ¿Necesario para qué? No, no se inserta a un sujeto en la rutina como si fuera un hobbie chafon para los días en los que se esté aburrido. No se hace eso con nadie. O a lo mejor sí, es la norma y eso siempre es bueno pero yo prefiero masticar vidrio, y no porque crea que esté mal, al contrario, es una mera imposibilidad personal.  Me gustaría colorear el mundo en encantadores tonos de gris para que las cosas parecieran reales, con profundidad y brillos y la chingada, claro que sí, pero  por alguna razón no puedo lograrlo. Y si lo intento me tiembla la mano y se me va el lápiz de un extremo a otro. Como la ouija… o sí o no. Por eso corrí. "¿Acaso quieren que termine en un matrimonio como el suyo, que se la viven huyendo de sus esposas, haciendo caras cada vez que las mencionan y coqueteando con cualquier adefesio que aparezca?" ¡NUNCA! Otra cosa que debí haber dicho pero gracias a Dios me aguanté. Iba a gritar, estaba a punto de gritar. Es que ya no pude más.

Después el malestar se puso peor cuando me encontré respondiendo correos de la Sra. Weston que dos años después descubrió que cambié de teléfono. Dice Jane que le ha estado hablando para que salgan a tomar café y que hasta le reclamó que no le hubiera hablado en su cumpleaños. ¿En serio? Parece que sí.
Estoy hasta la madre de la gente que decide cuándo sí y cuándo no. Se largan cuando son felices y regresan cuando están aburridos, luego se cansan y se largan otra vez... sólo para regresar después como si nada, como si no hubiera estado tocando el timbre de una casa desocupada y hubiera tenido que enterarme por el vecino de que ya nadie vive ahí, metafóricamente hablando, al menos. Uno los busca y no están disponibles por el momento, marque otra vez en 3 años a ver si hay un espacio disponible. ¿Pues que soy?  ¿acaso tengo cara de refacción? ¿se acordó una sola vez de mí cuando descubría la vida maravillosa  o cuando se fue a la playa para liberarse  de su vida pasada? Me da gusto saber que está bien, saludarla y luego decir adiós. El egoísmo ya me comió entera y me niego a hacer hasta la más mínima cesión de tiempo para ajustarme a la vida de nadie más. Ya no tengo 16 años, ya no voy a salir una horas antes de mi casa porque alguien más necesita que imprima su tarea de matemáticas antes de ir a la escuela y yo sólo quiero ser una buena amiga para asegurarme de seguir siéndolo.  A veces me dan ganas de gritar ¿quién te crees que eres? pero sería muy violento y se supone que yo no lo soy. Recordemos a Miss Crawford diciendo que tengo “un carácter suuuper tranquilo".  Mientras tanto, su bebé me ve con curiosidad y se ríe. La pequeña se rie todo el tiempo de cualquier cosa. Termina de comer y es feliz, si pasea en coche se duerme y después abre sus ojillos, te observa y escupe su chupón alegremente a distancias inimaginables. ¡Le vale madres todo! Quiero ser feliz como un bebé de 3 meses cuando sea grande. Grande como anciana, aunque ya lo soy según algunas versiones.

Claro, vamos a seguir con la bola de mentiras, pero hasta la próxima semana, en esta ya no doy más. Ya, lo que tengo lo mandaré el viernes y así parecerá que trabajo muchísimo.
Mientras tanto pasaremos el resto de los días hablando con los enfermos hasta que nos duela la espalda y se nos haya nublado la vista. Cuando recupere mi ceguera, todo volverá a estar bien.

4 comentarios:

  1. Es una lástima que el archivo, el cual nos describía como un lugar muy agradable, se haya convertido en eso, ya ve que uno trata bien a las personas y luego se sienten con derecho a regañarte pero usted siga conservando su posición la apoyamos!

    Me da risa ese derecho que cree que tiene la gente para entrar y salir de la vida de los demás, primero están ahí, de repente se van y después de la nada quieren regresar como si uno los necesitara, aunque cada quien decide a quien le da espacio en su vida.

    ResponderEliminar
  2. Es muy triste! ¿por qué no pueden ser agradablemente corteses como siempre? Espero que en las vacaciones todo vuelva a la normalidad, harán un viaje todos juntos con sus familias y espero que en los pequeños descontentos que suele haber en esas ocasiones donde hay mucha gente en un solo autobus con un bebé de por medio, salgan nuevos temas de conversación. Pues sí, al final cada quien decide, por eso ya que se tomó la decisión es importante acordarse de los antecedentes para no volver a equivocarse con las personas. Porque la gente es así y lo que hayan hecho antes lo volverán a hacer. No entiendo que se crean de veras tan infalibles e importantes. Lo creen! creen que sólo por ser las personas superiores y maravillosas que son la gente se mueeere de ganas por darles toda la atención del mundo. Y no, no es así!
    Muchos saludos don Fulgencio!!

    ResponderEliminar
  3. El mundo esta lleno de gente que esta segurisima que es la primera actriz de la pelicula y el resto, solo actores que entran segun conviene a la historia. El egoismo es la respuesta a toda angustia y sufrimiento, practiquemoslo!

    ResponderEliminar
  4. Sí, vamos todos! A mí me sale natural, fíjese que descubrí que cuando se deja de luchar contra el egoísmo el mundo es un lugar mejor, intentar pensar en los demás es mucho desgaste y al final no funciona porque nunca se podrá ser todo lo no-egoista que la gente exige. Es imposible! Entonces, pa' qué? A practicarlo, claro que sí!

    ResponderEliminar