lunes, 18 de julio de 2011

De sombrero y lentes

Me estaba sintiendo algo angustiada. Es que a veces me da, es como un ataque muy extraño, me falta el aire, es como si mis pulmones no lo retuvieran y lo dejaran ir demasiado rápido, sin haberlo registrado siquiera, entonces empiezo rascarme la cara o jalarme el pelo. Unos ataques duran más que otros pero a veces me encierro en el closet hasta que regresa la calma. Ya sé que es paranoia, pero me siento observada por el ojo que a veces (no, siempre) siento que no deja escapar nada. ¿Qué tanto dominio tiene uno sobre algo? Ninguno, la ropa, el cuerpo, el tiempo, las actividades... hasta la televisión, todo está sujeto a revisión. A lo mejor por eso se necesitan libros en la vida. ¿Existe mejor lugar para esconderse? Es evasión física y mental al mismo tiempo. Libre de escrutinio. Bueno, a veces. A mi hermana le tiraron una de esas novelas románticas chafas-chafas de Sanborns, se llamaba La Bruja de Windspell, cuando tenía como 15 años, pero nunca revisaron mis libros. Que ahora que lo pienso la novela esa ni tenía nada tan grave como para justificar la censura... y eso lo sé porque yo también me la leí a escondidas pero a diferencia de mi hermana salí airosa. La pobre estaba muy triste cuando se la tiraron, aunque mi mamá nunca lo admitió. Por eso fue una especie de milagro encontrarme un ejemplar en una librería de viejo hace un par de años. No podía creerlo cuando se la di.
¿Hay otro lugar libre de vigilancia en el mundo? Ninguno. Desde que llega uno inocentemente a la Escuela se sabe que te están vigilando. Una de las pocas ventajas de las monjas es que cocinaban rebien, pero los molletes los vendían nada más en la cafetería que estaba entre el patio de kinder/preparatoria y el de primaria/secundaria. Estaba prohibido cruzar patios, ni modo, y si quería un mollete tenía que esperar a ver si mi hermana había hecho algunos en el taller de cocina, lo que casi nunca pasaba. Ya sin contar con que a veces me escapaba a buscarla en el taller (que extrañamente estaba casi-escondido) y lo único que lograba era hacerla enojar. Lo entiendo, yo era una escuincla depresiva y ella una adolescente popular. Sus amigas eran particularmente ojetes... ojala les haya ido mal en la vida.
Pero estaba en la vigilancia. ¿Existe un solo lugar libre de vigilancia?
Con aquello de revisar mi bote de basura varias veces al día para decidir si amerita bolsa nueva o no me ponen nerviosa. Nunca podría cometer un fraude bancario o robar una identidad... mi mamá cacharía los recibos. 
Me levanto, me baño, me visto, estoy a punto de salir al archivo y de repente volteo... y ahí está, parada en mi puerta, la mirada. Chan chan. A veces me siento caballo... no, me siento pony, es que tengo piernas cortas. Al menos ya no me persiguen con la botella de perfume y los aretes como hace unos años. Creo que por eso no puedo manejar todo el asunto del "dating"... la mera idea de tener que enfrentarme a otra "plática" como la que me aplicó mi señora madre hace algunos años cuando lo intenté o tener que manejar la vigilancia de mi hermana, me fastidiaría los nervios una vez más. La especulación y la vigilancia, esta seguridad de que "me van a ver la cara de tonta" y mi necedad en no darles la razón... tienen que cuidarme y para evitar que tengan que hacerlo vivo como Rapunzel (versión Disney, por favor, aquí ya nadie tiene problemas de la vista aunque a veces se me nublen los ojos en el archivo), nomás que por voluntad propia. Volví a ver la película y no pude evitar pensar "yo te entiendo Rapunzel, yo te entiendo", justo en la escena en la que se debate entre la felicidad y la culpa por traicionar así la confianza de su mamá. "Soy un ser despreciable" dijo Rapunzel... tal vez lo era.
Por eso ya no salgo a la calle, aparte de que ya no tengo con quien salir, se me hace reconfortante ya no pasar por la presión, los mensajes compulsivos y el chantaje de las lágrimas: "Es que te van a matar, asaltar, violar tumultuariamente y descuartizar"... espero que en ese orden. Hoy que desperté, mi mamá me contó el sueño que tuvo  anoche en el que yo todavía estaba chiquita y me subía a un techo y me caía...
Oh dear!
"Hasta en sueños se preocupa", dijo mi hermana. Heredé la paranoia y lo sé pero no puedo hacer nada al respecto. Supongo que ser tan aprehensiva tiene sus ventajas, caminando en el centro, no se me quita esta costumbre de caminar como si me persiguieran y voltear sobre mi hombro a revisar constantemente el panorama .
La paranoia y la seguridad de que en todos lados hay un ojo vigilante me tiene bastante nerviosa desde hace unos meses. No me imagino por qué empeoró, pero cada día  se pone un poquito más feo. Al manejar tranquilamente por zonas algo lejanas a mi casa no puedo evitar pensar que debería esconder el cigarro porque alguien conocido podría estar cerca. Y vigilo las filas de coches por todos los espejos disponibles para asegurarme de no ver un modelo conocido, evado las zonas donde sé que vive alguien que podría conocer y definitivamente me abstengo de soltar humo en mi casa. Ya saben que soy una asquerosa fumadora, lo saben, yo se los dije... pero me escondo.  ¡Me escondo todo el tiempo! Lo peor es que se me acaban los lugares a dónde ir. Creo que de alguna extraña forma compenso la creencia (seguramente falsa) de una falta crónica de privacidad usando cada día más y más ropa.
¡Más ropa, más! Mañana tendré que usar un sombrero y lentes para sobrevivir. ¡Necesito un disfraz, maldita sea!

No hay comentarios:

Publicar un comentario