¿Saben? Desde ayer que regresé de mi desayuno con Jane me había sentado a escribír un rato sobre los terribles peligros y desgracias que promete Mr. Bingley II pero después llegó Jane a cotorrear la onda porque sus padres andan de viaje y su hermano le pidió que desalojara la casa y lo dejé sin publicar. Cenamos algo, vimos una película vieja y se durmió. Me asombra la facilidad con la que duerme, Rito y yo anduvimos danzando toda la noche como hasta las tres de la mañana.
Ya no le dije nada de Mr. Bingley II y ella tampoco dijo nada más. Ayer en la mañana cuando desayunábamos en su trabajo le había expuesto las señales de alerta, ya sabe usted, el asunto de la ex-novia, vivir con la suegra que le habla para reclamarle, las hermanas, la patineta, etc. Sin mencionar un montón de disparates que no sé de dónde me salieron, probablemente del exceso de telenovelas al que me sometí en la semana. Una cosa muy del tipo curso motivacional titulado "vales mucho, mereces que te quieran de verdad" con canción de los optimistas y trípticos informativos. Es que me solté más segura cuando me contó que más personas le estaban advirtiendo. Ya sabe usted, no somos machos pero somos muchos.
Al final, como a la hora de la comida sentí que la había incomodado y llegué a mi casa muy decidida a quejarme con ustedes... pero eso fue ayer como a las tres y después llegó y vimos la película y hoy en la tarde pensé: ¿pa'que me ando metiendo en lo que no me importa? Y preferí no publicar nada.
Ya voy a dejar de consultar la situación con todo mundo. No puedo andar haciendo eso con los asuntos privados de Jane. Claro que me dará tristeza si se casa con Mr. Bingley II, en especial por aquello de la comodidad, el afecto, la sombra de la ex-novia malvada a la que no se olvida... vivir con su suegra metiche y floja, y dedicarse a la tarea más noble para una mujer; ser esposa y madre, pero ya no quiero que Jane me termine odiando por decir tantas mamadas. Ayer estaba muy dispuesta, yo sé que sufriría como condenada, pero estaba segura de todo aquello de la obligación moral de la amistad, la sagrada tarea de agarrar a la amiga por los hombros y gritarle "¿qué estás haciendo?" Yo necesito que hagan eso conmigo porque necesito que alguien me de una cachetada de realidad cada vez que me vuelvo loca y evite que meta la pata, pero Jane debe saber qué es lo quiere en la vida y si es Mr. Bingley II, su patineta y su plan de vivir con los padres de cualquiera de los dos, pues estamos con ella. ¿No?
Mejor me dedico al asunto de las amputaciones.
Una cirugía en la que tiene que haber tres personas agarrándote para que no te pares no puede ser buena. Por cierto, ya son ocho capítulos en total. No me importa qué tan malos e incompletos estén para el martes, van a estar impresos y listos, lo juro por mis botas.
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