¡Feliz navidad! Espero que hayan tenido todos una feliz noche buena porque la mía fue espantosa y todo terminó en gritos, peleas y llanto. ¡Llegó Santa Clos!
¿Recuerdan que dije que Romeo y Julieta hicieron bien en suicidarse en lugar de pasar el resto de sus vidas en peleas familiares? Lo sostengo.
No voy a reparar en la tarde de tensión, tristeza y malestar que se produce siempre en estas fechas. Mi madre no sabe qué quisiera estar haciendo o con quién quisiera cenar, está sentida porque mis tías son muy ofensivas con ella porque fuma y la traen de encargo, pero no es feliz estando con nosotros y quisiera que mi papá se viera feliz por cenar con nosotras, lo que nunca pasa porque él preferiría ir con mi abuela a la fiesta que hacen sus primas y sobrinos. Frustración + rencor = ánimo chingaquedito. Mi papá ni siquiera se bañó ni compró regalos, pero eso es normal.
Lo malo es que después de una cena donde logramos esquivar los temas de conversación peligrosos y evitar a toda costa que cualquiera de los dos encontrara la excusa para armar problema, todo explotó por mi culpa. A las nueve de la noche, después de una cena incómoda en la que mi papá comió mecánicamente, yo tuve que manipular la copa de vino tinto de mi madre para evitar que el conflicto escalara, mi hermana compartió más información sobre su vida personal de la que quería saber y mi mamá estuvo a punto de explotar porque hablamos mal de sus hermanas, llegaron los regalos y no pude evitar que se me notara la decepción. Es que me sentí muchísimo y no pude evitar que se me notara, como que, sólo se me notó muchísimo.
No sé si les he contado, pero aunque suene muy frívolo y chafa, yo creo que el afecto se demuestra en las cosas que haces o das, más que nada en las que se dan. Uno no siempre sabe decir las cosas, ni articular o demostrarle a la gente que los quieres, que los conoces y que te importan, pero se puede hacer todo eso con los regalos. Ya se imaginarán cómo me sentí cuando mi regalo de navidad fue un certificado de la gandhi, una tarjeta de iTunes y una falda rarísima que no es de mi talla. ¿UN CERTIFICADO DE REGALO? Digo, todos los regalo se agradecen, pero ¿un certificado de regalo? Mi papá ni siquiera me compró nada.
Supongo que no sería tan malo si no fuera porque yo estuve buscando por todos lados en cuanto me empecé a sentir mejor y pude pensar. Salí a recorrer la Condesa, donde encontré dos regalos, y luego las tiendas lejanas con ofertas que están en Cuatitlan Izcalli donde encontré otros dos,nunca había manejado sola en carretera, pero me aventé para conseguirle un regalo bueno a mi hermana que sí es elegante, ya sin contar con el regalo que conseguí hasta Perisur y el libro extra que conseguí cuando recorría tres tiendas de regalos para conseguir la envoltura perfecta para cada uno. Sobra decir que cada regalo tenía un pequeño mensaje simpático. Cada uno estaba pensado para ser perfecto para cada quien con base en sus gustos y todas aquellas pequeñas anécdotas que hayamos vivido juntos en algún punto. La envoltura también debía ser especial. ¡Recorrí tres tiendas de regalos! A mí ni me los envolvieron y la falda que me dio mi hermana no es de mi talla, y me dio la impresión de que lo había comprado de emergencia en el último momento.
Se sintió pinche, es que... ni los envolvieron. Como puse cara de decepción y sorpresa mi hermana agarró otro regalo y me lo dio. ¿Qué creen que era? Una crema reafirmante. "¿Qué?" pregunté consternada y entonces confesó que en realidad era para ella.
Chale. Lo malo es que mi hermana se sintió mal y se enojó, como se puso de mal humor le contestó feo a mi tía en el teléfono y como el pleito original de mi madre es que no queremos a mis tías (que han probado ser capaces de colgarle el teléfono a sobrinas de 10 y 15 años que las llaman de urgencia porque "mi mamá se puso mal ¿qué hacemos?" porque están muy ocupadas y están hartas de los chantajes de la hermana loca y fumadora) le mentó la madre a mi hermana y armó un pleitazo porque no queremos a su familia y somos unas desgraciadas que le amargamos la vida. ¡Somos malas, malas! Entonces le fue a llorar a mi papá (aunque le había mentado la madre desde en la tarde porque según ella se quería ir con "su pinche madre") y como efectivamente mi señor padre preferiría pasar la navidad con su madre, primas y sobrinos, no con nosotras, le gritó a mi hermana... y oh Dios, se desató el infierno. En cuestión de unos momentos mi madre lloraba y gritaba, mi padre peleaba con mi hermana y yo sólo intentaba calmarlos a todos y pedir perdón porque fue mi culpa pero de veras no hice berrinche a propósito.
Es que esperaba algo bonito.
Bueno, al menos me dieron dinero de compensación.¿Saben qué significa eso? ¡Es hora de regalar el dinero!
Tal vez sí existe Santa Clos.
Usted no tuvo la culpa, porque piensa eso señorita Jimena? Que haya tantas cosas que decirse de tantos años y que aprovechen cualquier excusa para tronar no es su culpa, solo es una pieza mas. Y por los regalos ni se preocupe, a mi me dieron una blusa de 60 pesos. Feliz navidad!
ResponderEliminarMuchas gracias por las porras señora Ek, me animó el día. Pues, supongo que tuve un cachito de culpa pero tiene usted razón, ya traían ganas de tronar y yo nada más los ayudé. Aw, si sirve de algo Rito y yo le mandamos nuestros mejores deseos y le deseamos muchas felicidades para el año próximo. Ojala que ya nos mejores el panorama a todos, nos hace falta, no cree? ya es justo
ResponderEliminarJusto es, señorita Jimena, justo es.
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