¿Qué creen? Me pasó la cosa más extraña del mundo. Vi a un perro ir a misa. No es broma, no es un chiste, un perro fue a misa.
Así va el cuento; andaba yo por la vida sin nada qué hacer, aunque en teoría Mrs. Boss me encargó algunas cosas del archivo pero como abrí mi correo muy tarde ya no me daba tiempo entonces fui a ver la construcción esa que ya se estancó y no avanza nada. Parece que perritos necesitados se han metido de vez en cuando a la casa y el maestro señor constructor que es el que se queda a dormir me contó que tuvo que luchar con ellos y que una vez lo persiguieron. Le pedí con todo mi corazón que no los lastimara. En cuanto a la víbora asquerosa que se encontró en la barranca me dio mucho gusto saber que la mató. Las serpientes no cuentan como creaciones de Dios y aunque admito que mi odio por ellas es profundo e irracional prefiero verlas muertas. No quiero ni imaginar que mi pobre hijo y yo tengamos que vivir en el miedo si es que llegamos a mudarnos, pero eso lo veo cada vez más difícil.
¿En qué estaba? En la misa, claro. No quería andar en mi casa nada más estorbándole a Flor, entonces me fui a la iglesia. Estaba muy metida en mi asunto cuando empezaron a sonar las campanas y en un chingadazo noté que era hora de la misa. Como ya había salido el padre me dio pena levantarme e irme, considerando que había poquita gente, pero entonces vi a una señora entrar a la iglesia seguida de un perrito blanco. No traía cadena, ni collar y sólo la seguía. Por un momento me pregunté si sería un callejerito, pero parecía estar muy pegado a la señora. No crean que era una señora mamona de esas que traen perritos en la bolsa como si fueran accesorios. Era una señora grande, gordita y de pelo corto, un poco grisaceo y peinado con gel, de esas que andan en falda de lapiz, blusa de punto, zapatos de monjita y delantal floreado. Entró con el paso que caracteriza a esas señoras, ya saben, como si no estuvieran viendo nada ni a nadie, por eso no sabía bien sí de verdad iba con ella el perro. No fue hasta que se sentó en una de las bancas de enfrente y el perrito se subió y se sentó a su lado que entendí que efectivamente era suyo. Una sola vez, cuando la señora regresó de comulgar, vi al perrito levantarse y rascarle el brazo pero en cuestión de un segundito la cabecita de pelo blanco volvió a desaparecer, entonces supongo que se volvió a sentar.
Yo estaba hipnotizada.
Me quedé en la misa. Canté un poco, recé, solté los pocos pesos que traía, le dí fraternalmente la paz a las pocas personas que tenía alrededor y aunque estaba decidida a comulgar a la mera hora me dio pena porque no me acuerdo de lo que se supone que debo decir antes de recibir la hostia y me quedé en mi lugar hasta que se acabó la misa.
Entonces, la señora salió de la iglesia seguida por el perrito, que se detuvo un instante en una maceta para marcarla, y se fueron.
Fue inusual, pero tiene todo el sentido del mundo. Desde hace mucho uno de mis grandes desacuerdo religiosos con mi abuela ha sido toda la cuestión del alma de los animales. Para mi abuela, católica recalcitrante hasta grados enfermizos, algunas cosas no están abiertas a discusión. Según ella y sus amigos generacionales y eclesiástico, los animales no tienen alma y por eso no importan tanto como nosotros. Ella misma abandonó a uno en la carretera. Se me hace terrible pero recordemos que ella considera que las verdaderas víctimas de todo el asunto de la pederastía en la iglesia son los curas, que "pobrecitos, están enfermos" y no creo que a sus 80 años de vida vaya a cambiar. Me horroriza pero lo entiendo, después de todo la iglesia es su mejor amiga y la mayor parte de su familia y vida. Cuando murió mi bisabuelo (asesinado, por cierto, luego por eso mi madre cree en maldiciones),uno de los huerfanitos se fue al seminario a ser sacerdote, otra se fue al convento y mi abuela se fue a vivir con su tío el cura. Hablando de la tía abuela, pobrecilla se emocionó toda cuando se me ocurrió aquella idea loca de hacerme monja. Qué bueno que esas ideas estúpidas no me duran mucho tiempo. Me niego a renunciar a la vanidad. No voy a trapear y no voy a cortarme el pelo. Perdóname Dios.
Esa misma tía abuela le decía a mi abuelo que como Dios le había dado tantas hijas tenía que darle una como esposa. ¿Y saben qué respondía? "Si él me las dio ahora que se aguante". Pobre, se murió como a los treinta y algo en un accidente de coche bastante triste. Como venía el sexto (¿o séptimo?) hijo en camino compró una camioneta para acomodarlos a todos y se fue a probarla a la carretera. Bueno, el resto de la historia sobra.
Esa misma tía abuela le decía a mi abuelo que como Dios le había dado tantas hijas tenía que darle una como esposa. ¿Y saben qué respondía? "Si él me las dio ahora que se aguante". Pobre, se murió como a los treinta y algo en un accidente de coche bastante triste. Como venía el sexto (¿o séptimo?) hijo en camino compró una camioneta para acomodarlos a todos y se fue a probarla a la carretera. Bueno, el resto de la historia sobra.
¿En qué estaba?
Ah sí, el alma de los animales. Me niego y me rehúso a creer que no la tengan. De hecho, si vamos a creer en el alma no puede haber ser con alma más pura que un animal. Nada más hay que tomar a un perrito en brazos y verlo a los ojos para darse cuenta: "pequeño, si tu eres un milagro no sé qué más pueda serlo". Bajo esas circunstancias me parece la cosa más natural el que un perrito vaya a misa y se siente en las bancas de hasta enfrente. Él no tiene pecados de que avergonzarse.
No sé si fue el perro, pero creo que es la primera vez que la misa se me fue rapídisimo y creo que hasta la disfruté. En una de esas regreso.
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