martes, 22 de marzo de 2011

Lo que es perder el control de los gastos

¿Ha notado como el dinero desaparece mágicamente de su bolsillo? Una coca por aquí, una falda por allá, un libro, un perfume para perro (Rito, hueles a coco!) o algo completamente indispensable como sería un sombrero de ala ancha, se van convirtiendo en sumas que al final de cierto periodo de tiempo nos empujan a golpearnos la cabeza contra la mesa por ser los gastadores irresponsables que somos. Ah, pero tenía que comprar la novela gráfica de Pride and Prejudice an Zombies...

Sí, sí tenía que hacerlo, pero ese es otro asunto.

Lo que traemos hoy para usted mi querido lector, es un caso excepcional que nos quitará la culpa de excedernos en gastos para siempre, porque una cosa es gastarse la quincena (aunque a mi me pagan por mes y considerando que mis padres tienen un mes de haber olvidado a quién le tocaba repartir mi quincena de hija desempleada, resulta que soy todavía más pobre que antes) y otra muy distinta es volarse la barda tan desaforadamente. No importa que haya sido para una buena obra, al final don Buenaventura Medina, se llevó el premio al derrochador más noble de la ciudad allá por 1721. Resulta que el buen señor, con el gran corazón que suele tener la gente rica que no tiene televisión para saber en qué gastar su dinero, se dio a la tarea de reparar el hospital  para que los juaninos se ocuparan de cuidar a los leprosos en lugar de su familia, que andaba bastante dispersa por ahí como para andar cargando con semejantes herencias. Don Buenaventura, como todo buen don (con un gran nombre) se puso generoso, por supuesto, y calculó que en total podría gastarse unos 8,000 pesos para dejar el lugar decente y habitable, pero como suele pasar cuando uno "nada más está viendo", de repente se le pasaron 8 años, y cada vez se le ocurrían más cosas que ponerle al hospital, conventos, una cañería, una lampara nueva para el santísima, pan y ropa gratis, tal vez un vestido nuevo para la virgen y hasta enfermerías nuevas. Todo un frenesí de compras locas. Imagine a usted a un señor bailando y saltando como un leprechaun con peluca alrededor de sus regalitos para los leprosos y su señor.
Me imagino, al menos hasta que haciendo cuentas resulta que se gastó 110,244 pesos con 4 reales.
Bueno mi estimado señor, yo sé que Dios se lo pagó, siempre lo hace.

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