lunes, 23 de mayo de 2011

Carta de amor y de lepra

He cometido una injusticia espantosa en contra de mis leprosos... y ahora tengo que remediarlo en chinga y decirle a la Sra. Boss: ¿Recuerda el capítulo pasado donde decía yo toda segura (fusilándome a otra señora) que los padres habían hecho todo lo posible para salvar a los pobres leprosos de su horrendo destino? Pues me equivoqué. Todo lo contrario, en mi defensa, apenas hoy entregué mi carta, llené mis formato y conseguí el número de registro necesario para consultar en el archivo elegante por lo que no tenía forma de suponer que existían esas cartas tan abrumadoras de puño y letra de mis  leprosos de 1820 cuando entregué el capítulo la semana pasada. Ay, lo tengo que corregir y aumentarle unas dos páginas más pero no puedo soportar que esos frailes ojetes se salgan con la suya (as if!). No ganarán malditos encapuchados del mal!!! (Santos hábitos Batman, debemos salvar a los leprosos!)
Es que de todo hacía ese Prior hijo de puta, vaya, dicen que hasta los encerraba con llave todas las noches para irse a visitar a las enfermas a quienes "husaba"  después de encerrarlos a ellos en su enfermería.  Sólo 2 leprosos saben escribir y les fue remal por andar escribiendo sus denuncias para mandárselas a la Junta de Sanidad, que por cierto, no hizo un carajo. Ah, pero que Dios bendiga la Ley de temporalidades... digo, seguían con piojos, hambre y sin médicos ni ayuda en lo absoluto pero al menos no había frailes ojetes que los insultaran y les dieran a comer chiles y carne cruda por diversión. Ya se imaginará usted mi cara de escándalo, hasta me dieron ganas de llorar, pero estaba en público, y aunque chille tranquilamente en variedad de espacios públicos, el archivo no es uno de ellos.


Lo que me recuerda,  sospecho que vi al "tipo bonito de Mito y Religión" consultando los catálogos, pero no lo vi de frente, entonces no puedo asegurarlo, aparte de que la señora me apresuraba para que entrara al archivo rápido, pero si era él tengo que dirigirle un amable mensaje.

Estimado tipo bonito de Mito y Religión:
Hace varios años que no lo veo, ya hace más 3 o 4 años desde que tuve el placer de admirarlo silenciosamente en clase de Arte Antiguo I y II, Mito y Religión I y II y creo que alguna otra sobre religiones que en realidad no recuerdo, pero tengo que decirle que ha envejecido usted extraordinariamente bien. No lo ha atacado la calvicie y esa forma tan natural de llevar los lentes de aro no ha perdido ni un ápice de su antiguo encanto. Confieso que ocupaba usted el segundo puesto en mis afectos, pero eso no significa que mi admiración por la sencillez de su andar ligeramente distraído haya sido menos emocionante.
Le suplico que no consulte el archivo a la misma hora que yo,  corro el riesgo de sonreír babosamente a la menor provocación cuando debería estar escandalizándome por los excesos cometidos por y/o en contra de mis pobres leprosos. Si me equivoqué y lo estoy confundiendo con alguien extraordinariamente parecido pero sin relación alguna, le suplico que me disculpe.
Será que tantos años después, de repente recordé esa incapacidad mía para responder a sus pequeñas amabilidades y comentarios graciosos como debí hacerlo, es que el coqueteo es complicado, no lo manejo como quisiera, de ahí las respuestas cortantes que no estaba planeado que sonaran así pero que terminaron en un despliegue de sonrisas incómodas y silencios que no lograban inventar una buena respuesta para nada.  Debí haber dicho algo más que "gracias" a sus observaciones sobre mis cuadernos, sacar algo risueño a esa aseveración suya de "tener la letra muy rara, o muy fea, como de doctor", algo que sonara como "señor, nada de lo que usted haga puede ser feo", o hacerle pregunta tras pregunta sobre ese tema  del que quería usted hacer su trabajo final de arte pero la señora no lo dejó (¿representación del "caos" en el arte griego? por favor, dime más) o al menos detenerme a saludarlo en los pasillos en lugar de ver hacia el horizonte para fingir que no lo veía, pero me temo que me es imposible reconocer que soy una damita apendejada, como aquella vez que me pusieron a bailar el jarabe tapatío con Ricardito (¿o Arturito? uno de esos) en preprimaria. Creí que si bailaba con él  todo mundo sabría que me gustaba y jamás me repondría de la humillación, entonces fui con la maestra a pedirle que me cambiara de compañero.
¿Ve usted?
Eso no significa que la mera posibilidad de haberlo visto por 10 minutos, en lo que entregaba mis fotocopias y llenaba mis formatos,  me haya plantado una sonrisa en la cara que hasta ahorita no me puedo quitar. Lo más probable es que si lo vuelvo a ver no le hable, qué pena, pero su mero paso por la sala de consulta me animaría el panorama. Y no sé usted, pero eso es más que suficiente para mí. Ahora falta que un día de estos vea al personaje y descubra que no era, bueno... de todas formas le agradeceríamos la confusión.

Ahora sí, a resolver los problemas de mis leprosos. ¿Quieren médico? Lo tendrán muchachos, nomás aguántenme dos capítulos, entonces sí que los atenderán, con tarántulas y máquina de electrochoques, pero algo es algo.

Después de revisar mi correo, con todo y sus malas noticias, extrañamente sigo contenta, con todo y que parece que no me pagarán hasta el próximo año porque mi registro de tesis vence en agosto y la beca necesita que venza hasta enero, cosa que está difícil, que recordemos que la coordinación llevé mis papeles en agosto y me los entregaron hasta octubre.  La secretaria es una perra y el coordinador un hijo de puta, no sé si tenga muchas esperanzas de lograr que me renueven el registro. Si no quieren, I’m screwed.  No me pagarán at all.
La Sra. Boss escribió en “correo urgente” y empiezo a sospechar que por más que ruegue me dirán al final “gracias por participar pero estuviste metida en papeles hasta la nariz para nada”. Sin beca… ¿para qué tesis? No sé, por lo pronto ya le agregué 8 páginas corrigiendo la bondad de los religiosos que no era tal. No puedo evitarlo, toda historia necesita protagonistas y villanos. Ahorita, mi villano es la coordinación y en los próximos días tendré que padecer sus maldades. Ni modo.

Cantaré una bonita canción porque recordar esas vanas y muy ingenuas ilusiones de la juventud me hizo sentir un poquito viva, ni siquiera me costó trabajo caminar tanto para ir de archivo en archivo (recorrí 3). Supongo que fue el recuperar un poquito  lo que sentía el estar sentada en la en la fuente de la biblioteca  a los 20 años, nada más tomando café, con toda la compañía que pudiera querer y la esperanza de ver pasar  una silueta con café y un cigarro en la mano.
Probablemente I’m screwed, pero esa alegría todavía no se pasa y espero que siga ahí mañana en la mañana cuando tenga que ir a entregar esas invitaciones pensando que la señora del lunar tenía razón: Me gusta trabajar gratis.

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