domingo, 29 de mayo de 2011

Darlin'

La realidad me persigue. Lo único que iba a hacer con mi mañana era llevar a Rito a que lo raparan y bañaran... y después me iba a rapar yo. Bueno, no literalmente, pero al menos tenía que cortarme unos cuantos centímetros de las trenzas que empezaban a verse medievales. El veterinario estaba ocupado y en lo que esperaba apareció un gran perro blanco de la nada, juguetón y cariñoso que por un momento temí que pudiera morder a Rito jugando pero que lo único que quería era atención. Tenía un collar y una plaquita de vacunación pero cuando pregunté de quién era me dijeron que no era de nadie, que la de la farmacia lo cuidaba pero que vivía por ahí, en la calle.
¿Qué tengo yo con los perros solitarios sin hogar? Y yo que pensé que cerrando mi cuenta de fb le estaba poniendo una distancia saludable a tanto albergue, causa, manifestación, asociaciones y luchas por los derechos animales que nunca nadie va a ganar, en las que no puedo participar de forma alguna porque yo misma vivo con estatus de larva y que al final lo único que hacían era torturarme todos los días con casos espantoso y rescates urgentes de emergencia que me recordaban constantemente mi falta de huevos y aquello de que es una verdad indiscutible que no vale la pena vivir.
Y todo para que a 5 minutos de mi casa, me encuentre con otro perro juguetón que me sigue. Ah, porque nos siguió. "No, no, vete perro, debes saber que soy una mala persona, que soy justo el tipo de persona egoísta y cobarde que voltea hacia otro lado y que jamás, bajo ninguna circunstancia planea andar caminando en la calle con otro espécimen como tú pensando que tendrá que ponerlo a dormir o regresarlo a la calle porque no tiene lugar para él. Lo mejor que te puede pasar es una muerte rápida, de hecho es lo mejor que le puede pasar a cualquiera, sea perro o no". Tuve suerte con Dolores pero los golpes de suerte no suele repetirse.
Resulta que el veterinario estaba muy ocupado para atender a Rito y por más que intenté perder al nuevo amigo nos siguió hasta que llegamos a nuestro hogar. Era un perro de lo más amable que sólo quería jugar pero me aterraba pensar qué iba a decir mi mamá si me veía llegar con el otro perro detrás, entonces agarré a Rito en brazos desde la veterinaria y corrí. Cuando llegué a mi casa me dolían espantosamente los brazos y ya no tenía aliento. 
Creo que el perro regresó a sus rumbos, eso espero... no queremos que alguien tome el teléfono para llamar al antirrábico otra vez.
¿Qué putas pasa con la vida y el mundo? Verá usted, de los eventos del último año, con mención especial toda la aventura de Dolores, lo único que aprendimos es que es completamente necesario vivir lo más lejos posible de la realidad.
¿No ven que intento retirarme a la pequeña vivienda interior (condominio 6-A) que existe en mi cabeza?
¡Por favor, no me des donde pega Señor!

2 comentarios:

  1. Aaah, el miedo a ser valiente es algo que nos atormenta a todos! Lo peor es que cuando gana, nos deja bien depres

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  2. Sra! ¿Cómo está? Andele, se siente gachísimo cuando gana el maldito, lo deja a uno depre tirándole a "me quedaré a vivir en pijamas", lo malo es que hace mucho calor para eso. Muchos saludos!

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