lunes, 9 de mayo de 2011

La vida bajo el mar es mucho mejor que el mundo allá arriba

Cuando todo se ve aterrador, solitario y difícil lo único que se puede hacer es intentarlo. Estar solo, completamente solo, en la calle, se ha convertido en una cosa muy normal. Hoy en la mañana pasé otra vez por el archivo desconocido y creí que me iba a acobardar. De hecho me acobardé un rato. Me daba miedo. ¿Por qué? Quién sabe, supongo que por solo ser yo. ¿Tiene eso sentido? Un día uno se encuentra con que uno nada más es uno (valga la redundancia). No, nadie me espera afuera y esta vez no entraré en compañía de la Sra. Boss, que se encargara de facilitar todo el trabajo, dar las explicaciones, pedir los catálogos y dejarme "encargada" para que me ayuden. Esperé los minutitos que toma consumirse un cigarro frente a los aparadores de vestidos de novia y quinceañeras a ver si algo mágico pasaba y me convencía de entrar. Entonces pensé que podía ir paso a paso. Primero tenía que entrar al edificio, total, supuse que lo difícil vendría después, pero no, efectivamente lo difícil fue atravesar la puerta, preguntar por el archivo y registrarme. Lo demás fue incómodo, pero no difícil.  Me la creí y me dispuse a venderle mi cara de seriedad/amabilidad a la señora que me recibió. 
Necesito una carta para que me dejen consultar cualquier cosa, pero el catálogo me lo aventé y entre otras muchas cosas, parece que hasta el momento el mentado archivo cotizado promete muchas y muy buenas bondades si logramos entrar. Falta que consiga esa puta carta. La Sra. Boss está desaparecida misteriosamente y sé muy bien que en la coordinación es muy poco probable que quieran.
De pura suerte traía una pequeña libretita que me sirvió para anotar algo, ahora esperemos que las referencias estén bien y que consiga esa carta. Claro, hasta el miércoles será porque la mentada festividad hipócrita del día de las madres se nos atravesará en el camino. Odio el día de las madres, de veras lo odio. ¿Les he contado del día en el que le agarré un odio garrafal? 

Atención: A continuación se relatará el recuerdo traumático de la infancia que me llevó a odiar el día que se festeja a los úteros de todo el mundo y que tanto dolor le causaba a María Isabel (exactamente como todos los años).

Aunque usted no lo crea, alguna vez fui una niña entusiasta de 6 años y planifiqué festejar a mi madre con un desayuno sorpresa como sugería la revista de Barbie. Para eso pedí que me compraran puré de papa instantáneo y colorantes vegetales. El mero día me levanté muy temprano, cocí huevos que rebané a la mitad y rellené con el puré de papa instantáneo de colores, lo puse todo en una charola y se lo llevé. Probó los huevos y casi los escupió, "sabían a rayos", me dio las gracias, qué linda soy, y luego pasó el resto del día relatando el incidente a mi abuela y a todo el que quisiera escucharlo con lujo de hilaridad porque "estaban espantosos", "saladísimos", "horribles" y "los tuvo que tirar a la basura". Supongo que sí estaban espantosos pero pudo haberlo disimulado un poquito.
Aquí va una lección de vida importante: Mentirle a los hijos es bueno y necesario.
Supongo que por eso no tengo grandes esperanzas respecto a conseguir un regalo que realmente impresione a alguien. El problema es que ando gravemente pobre. ¿Qué podía hacer? Ya más tranquila por haber pasado por la primera visita incómoda al archivo ese que se siente tan especial, caminé un poco por los alrededores esperando encontrar algo que pudiera sacarme del siguiente problema. Fue entonces cuando me llamó el brillo de muchas pulseras. Bueno, es repetitivo, pero considerando que usa las mías supongo al menos parecería que lo intenté. Compré una (misión cumplida) y estaba a punto de seguir mi camino cuando vi un par de ojitos que me decían"no te vayas todavía, ven por mí". ¿Me hablaba a mí? Sí, eso hacía. ¡Era un pulpo!
A lo mejor mañana opino que en realidad está espantosa, pero hoy en la mañana la vi como la cosa más simpática de la tierra.  Sentí que había conseguido una pieza de utilería robada de la adaptación en Cinemascope de un libro de Julio Verne. 


¡Es como un pequeño monstruo!
Tal vez debería ponerle nombre a mi nuevo amigo compañero, algo así como "Agapito". Tendría que ser un nombre que sugiera la calidez de una mascota que en sus tiempos libres elimina gente de acuerdo a mis sabios consejos. Lo que me recuerda: En Sense and sensibility and sea monsters, si Elinor no sabía que Lucy Steele era una bruja marina, bien podría haber intentado lanzarla al mar para que muriera a manos de uno de las numerosas criaturas que amenazaban las costas mutantes de Inglaterra. ¿Hasta dónde llega la propiedad de una dama? ¿es acaso una descortesía el eliminar a quien amenaza la felicidad de un caballero tan amable y sensible como Mr. Edward Ferrars cuando la propia naturaleza así lo ofrece? Lo mismo con Willoughby. ¿Acaso no tenía el coronel Brandon muchos y muy útiles tentáculos para encargarse de él?




Ah, de ninguna manera, habría sido un deshonor para el coronel y una exhibición imperdonable de vulgaridad para Elinor. Por otro lado, de haberlo intentado, Lucy Steele podría haberla asesinado antes de que se descubriera su verdadera naturaleza.¡Qué contrariedad! Por eso necesitamos un pulpo mascota. Si Agapito cobrara vida sería una cosa de lo mas útil, aunque tendría que enseñarle a moverse por cañerías porque en estos suburbios agua no hay.

Pobre Agapito, bueno, al menos tiene un nombre. Es una tragedia que los pobres monstruos no se merezcan un nombre nada más porque quieren matar gente y destruir al mundo, como la pobre criatura de la laguna negra. Nunca le dieron uno. 

¡Eso es lo que yo llamo una verdadera tragedia... una monstruosidad!

2 comentarios:

  1. Yo preferiría un tiburon, claro, equipado con su respectiva ametralladora y sus lentes de sol. El nombre que le pondría parecería muy trillado pero le agregaría un toque muy mexicano, "Espaic". Quizá uno de estos días salga su pulpo y mi tiburon a destruir la ciudad. XD

    ResponderEliminar
  2. Oh, sería encantador! Yo creo que su amigo Espaic sería muy buena influencia para Agapito, es un pulpo muy talentoso pero todavía no sabe cómo usar armas de disparo automático adecuadamente, si su tiburón pudiera orientarlo durante sus primera jornadas de ruina y devastación por la ciudad sería un gran detalle de su parte. Qué emoción, ahora sólo necesitamos que nuestros amigos animales cobren vida y comiencen con la destrucción... claro, bajo las ordenes de buenos amigos como nosotros, no se nos vayan a rebelar y luego quieran hacer lo que se les antoje. Yay, fiesta!

    ResponderEliminar