lunes, 17 de octubre de 2011

Toto es el verdadero protagonista de la película

Podría ser mi imaginación pero creo que Toto es el verdadero motor en la trama del mago de Oz. Huir con tu perro... caray ¿dónde escuché eso antes? Ah, claro, en mi cabeza desde que me entró la sospecha de que fuerzas universitarias misteriosas  podrían haber acabado con todas mis expectativas de paz y felicidad  sin que yo me enterara o me lo mereciera. ¡No sería justo! Agarrar a tu perro, cambiarte el nombre y huir. No quiero nada, no quiero nada.

Qué feas son las noches. Me asombran las ideas que me cruzan por la cabeza. ¿Cómo le hace la gente para vivir tranquilos consigo mismos? Sin paranoias, culpa o recuerdo tergiversados... no sé, pero les tengo muchísima envidia. ¿Cómo le voy a hacer para seguir con esto? Tengo que levantarme mañana. 
Lo más probable es que la rutina sea la misma. Hoy logré ocupar bien el día, casi todo, pero después queda la noche que es la parte más difícil. Lo más probable es que algún día, cuando me vea obligada a ganarme la vida de verdad recuerde esta época y diga "caray, cómo no aproveché para ser feliz cuando tenía tiempo libre". La peor parte es que lo intento, desde que abro los ojos lo intento pero en algún momento me atacan los pensamientos exagerados, la paranoia y los inventos, tienen que ser inventos o al menos recuerdos tergiversados. ¿Qué hacer?
Cuando regresé intenté descansar, después de todo fueron unas cuantas horas de color de espalda y otra más de camino, pero me empezó a entrara la intranquilidad y esa cochina sensación de estar cuestionando pequeños eventos aislados para sacarlos de proporción. Tomé la mitad de mi pastilla desde las siete, cuando empezaron a aparecer los dolores de estómago y esperé. Vi dos capítulos de Raising the bar, controlé el ataque de llanto, me soné y pensé "ya casi se acaba el día, ya casi lo logramos". 
Me pasé la mayor parte del día en la biblioteca copiando una cosa que quería Mrs. Boss. Copiaba con trabajos, la vista no me daba y las letras bailaban de vez en cuando por culpa de la luz fluorescente. Eran las cinco cuando comprendí que no terminaría hoy pero había logrado ocupar la mayor parte del día en lo que se supone que debo hacer o estoy haciendo, aunque mi vida haya perdido toda noción del tiempo, espacio, lugar... lo que sea. En el largo camino de regreso de la biblioteca me permití fantasear un poco. Me casaba con un sujeto amable y decente, hecho de pura gentileza y buen corazón, que amaba a los niños y a los perros, y con el que terminaba armando una casita acogedora donde yo me dedicaba a coser botones, comprar milanesas en la cocina económica de la esquina porque no planeo cocinar carne y preocuparme por los desayunos y los uniformes de nuestros dos hijitos. Yo ya no era yo y no me acordaba de nada que no fueran los festivales de primavera del kinder de mis hijos. Mi marido, que nunca se enteraba de aquellos detalles de la ansiedad y las mañanas autodestructivas, se tragaba el cuento de que soy pura alegría, salud y optimismo, y con la bellísima base de la deshonestidad vivíamos felices para siempre gracias a que nunca más volvía a sentir esta maniaca necesidad de confesarlo todo.  Sonreí como idiota todo el camino. 
Después regresé a la realidad, encerré mi coche y cuando estaba otra vez en mi cuarto regresé a ser yo en la vida que me formé tal como es, como fue, como se convirtió... no sé. Ya no distingo entre épocas. 
Había intentado resistir la toma de la pastilla, no quiero que se me acaben, pero en cuanto sentí el primer movimiento en el estómago supe que la noche iba a estar difícil.
Ni modo, lo estamos intentando. Mañana, supongo que todo volverá a suceder. Abriré los ojos como a las siete de la mañana y prenderé la televisión. La otra vez descubrí que estaba la Reportera del Crimen a una de esas horas extrañas de la madrugada y me emocioné mucho. Tal vez no eran las siete, podrían haber sido las tres o las cuatro, ya no sé, pero a las ocho empieza Criminal minds y es en ese momento en el que me pregunto qué debería estar haciendo y qué haré con el día. ¿Cuál es mi chamba? Ah, si, tesis y beca. ¿Archivo o biblioteca? ¿metro o coche? O tal vez decida quedarme en cama, como el domingo que no me pude parar como hasta las dos o tres de la tarde, a pesar de haber abierto los ojos como a las ocho. No sacan fotocopias en libros anteriores a 1955... y chale, era de 1900. ¿Qué más me quedaba que copiar y copiar? En el fondo me alegré, tenía mucho material para entretenerme, pero entre página y página regresaba la angustia. Se me hace que copié todo mal porque en algún momento me dolían las manos.La vi, estaba extrañamente huesudas y me asusté. En algún punto tengo que regresar de Oz, es completamente necesario.

No salir es buena idea, después de todo "no hay lugar como el hogar", a menos que una bruja quiera secuestrar y asesinar a tu perro, en ese caso, la huida es buena opción. Toto es un verdadero héroe, estoy convencida.

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