martes, 13 de diciembre de 2011

Sunny

Todo está bien. ¿Cierto? No tengo ningún motivo para sentirme mal. Todo está bien, como siempre. No pasó nada. No puedo estar angustiada y sufriendo por un susto de tres pinches minutos que realmente no fue tan grave. Unos minutitos de terror sin consecuencia material no me pueden acabar. ¿Verdad? Todo va a regresar a la normalidad. Veré tele, leeré algo divertido y no me levantaré de la cama en todo el día. Abrazaré mucho a Rito, tal vez ponga algunos capítulos viejos de Raising the Bar o el resúmen de Corazón Salvaje y en unos días todo volverá a la normalidad. Digo, no fue bonito, no fue agradable y definitivamente es algo que no me hubiera gustado experimentar pero al final no pasó nada y no tengo nada que lamentar. No tengo más daño aparte del moretón en el brazo y el susto. No sé por qué me siento así, como diferente, como si fuera una persona distinta en un programa distinto, un lugar distinto. ¿Qué me pasa? No me pasó nada. ¿Por qué me porto como si me hubiera pasado algo peor? Me siento incapaz de ir al archivo, de caminar hasta la esquina a tomar el camión, subirme al metro, leer en el camino, caminar las calles que llevan hasta el archivo.
¿Qué me pasa? Todo está bien. Como dice Jane, lo más feo ya pasó. Se supone que la parte fea son esos momento entre que te agarran del brazo, jalas y peleas con todas tus fuerzas para soltarte y por fin sientes el brazo libre y corres gritando y viendo sobre tu hombro para ver que no te siga. Son momentitos, poquititos minutos que sólo deberían sufrirse en el momento en el que están pasando, no después. ¡No puedo salir de mi cama! No sé qué pasa. Se tiene que pasar, necesito ayuda. Todo va a estar bien. Podré bañarme, ponerme ropa bonita, tal vez ir al cine con Jane y reirme de algo. Por el momento no me quiero mover de mi cama, ni cambiarme las pijamas, pero todo va a estar bien. De cualquier forma ya le pedí a mi papá  que me consiga un doctor. Lo acepto, iré a ver al psiquiatra, otra vez. No quiero ir con la Sra. Doc, supongo que no es sano el que la vea más como figura materna que como psiquiatra. A ver que tal sale todo. Pero necesito ayuda, eso sí. Yo sé que tengo la funesta tendencia a distorsionar recuerdos y reconstruir pedazos del pasado de formas espantosas y tengo que buscar ayuda si no quiero empezar a convencerme a mí misma de que me pasó algo peor de lo que me pasó. Es que me conozco, mi mente es capaz. Por eso tengo que repetirlo y al menos dejarlo bien escrito, con todas sus letras, la narración exacta de los acontecimientos.  No sea si sea bueno, o por el contrario me sirva para revivir el momento, pero  lo primero que hice tras el incidente (después del jugo "Acapulco" para el susto, de venta en las aguas de la zona azul) fue escribir en el blog. Tal vez me sirva para no perder la cabeza o empezar a tergiversar el recuerdo.

Unas horas después no sé qué pasó. Aunque he estado pensando en los mismo todo el día, logré unos ratitos de tranquilidad con ayuda de la tele pero de repente vi un anuncio de una película donde clavaban un cuchillo en la mesa y me pregunté si habría hecho lo mismo si la navajita hubiera sido un cuchillo más grande, algo más aterrador o no sé.  ¿Habría cambiado algo? Lo estuve pensando un rato, torturándome, ya saben pero después de que llegó mi papá y pude platicar con alguien creo que habría peleado y gritando exactamente igual. Nada más me acuerdo y me empieza a palpitar el corazón y siento esa extraña sensación de estar jalando aire para gritar. Le pregunté a mi papá y él cree que habría gritado y huido exactamente igual si hubiera sido un cuchillo más grande o me hubiera dicho cualquier otra cosa en lugar de que no gritara, habría hecho lo mismo y también me habría soltado.No sé si lo dice sólo para calmarme o en verdad lo cree. A ver, vamos a pensarlo racionalmente; la sensación de urgencia y terror no habría cambiado porque fue la amenaza, no tanto los instrumentos para hacerla, lo que desató la imperiosa necesidad de escapar. Como esa vez en que vi la serpiente en el piso de la juguetería de plaza satélite, no sé cuándo fue que empecé a mover las piernas pero de pronto ya estaba en el segundo piso. La vi y de pronto ya estaba hasta arriba de las escaleras eléctricas en el segundo piso.
Sea cual fuera el instrumento la reacción habría sido la misma. ¿No? Sí, quiero pensar que con cualquier otra variante habría peleado y huido exactamente igual. ¿Verdad? Total, uno realmente no controla los impulsos del cuerpo, es la adrenalina y todas esas cosas las que aceleran el corazón y hacen que salgan los gritos y las fuerzas para huir. ¿Verdad?
Disculpe, es que de pronto se me ocurren esas cosas y tengo que sacarlas en algún lado.  Sigo sin levantarme de la cama. Creo que me estoy volviendo loca otra vez.

(Si se me ocurre otra locura a lo largo de la noche regreso a editar el post. Si no hay enmendaduras después de estas líneas es porque la calma llegó)

2 comentarios:

  1. yo creo que aun con variantes usted se hubiera portado igual de valiente, los impulsos convinados con la razón logran ese tipo de hazañas

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  2. ja, pues fíjese que lo extraño es que ahora ando muy cobarde, pero al menos ya me voy a bañar, digo, eso implica salir de la cama y es un avance no. Ay, ya no sé don Fulgencio, nada más lo repaso y lo repaso en mi cabeza, a veces se ve menos grave y hasta ridículo y luego se ve enorme y aterrador y me duele el estómago y no sé si fue pura suerte, a lo mejor fue pura suerte, pero esperemos que no y que nunca vuelva a pasar. Es usted pura amabilidad, gracias por las porras, le voy a creer,sí, y voy a intentar salir al sol aunque sea un ratito.Todo va a estar bien.

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