miércoles, 18 de enero de 2012

Reporte diario

Acabo de hacer una cosa horrible. Descubrí que me faltó anotar dónde terminaban un par de hojas en un programa de estudios. La opción era regresar al archivo a revisar o calcular cuántas lineas había en cada página para ubicar el numerito en un punto aproximado. ¿Y si lo dejo vacío, como que no me di cuenta?
Soy una mal, mala, mala historiadora. Oh well. No tengo la menor intención de regresar al archivo. Otro viaje en metro ya no lo aguantan mis nervios.

Me acaba de dar otro ataque de pánico, duró poquito pero se sintió horrible. Por un momento consideré la lobotomía química. Es que se siente horrible, ya desde que el pensamiento se fija en la cabeza, empieza a faltar el aire y se sienten raros los oídos es que viene uno feo. Ese momento en el que crees que el corazón va a detener su carrera loca y vas a explotar. La presión que se vuelve intolerable y de repente, se desinfla la llanta y vuelves a respirar. Este mundo sí es peligroso pero lo ha sido siempre, no hay motivos para andar viendo fatalidades en mi destino y sufrir por anticipado. ¿Qué más puedo hacer? Debería hablarle a la señora doctora. "¡HAGA ALGO SEÑORA!" ¿O no? Realmente, tengo que aceptar que esto es algo con lo que viviré para siempre y no quiero vivir obesa y drogada para siempre, entonces tendré que aprender a controlarlo.
Estamos siendo fuertes. Ya, vamos a terminar lo que le debemos a Mrs. Boss y ver tele o hacer algo útil. Dice mi hermana que si me preocupo lo atraigo. ¡Y no queremos eso!

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