domingo, 20 de febrero de 2011

Fly me to the moon


¿Les conté que tuve una paloma? Se lastimó el ala y cayó un día en el patio.  La metimos en una caja de zapatos tapizada de periódico, le pusimos nombre y la alimentamos hasta que sanó. Yo la recuerdo caminando muy alegre en el jardín. 
Algo le pasó, a lo mejor se recuperó y se fue tranquilamente o la mató un gato, ya no me acuerdo. 

Si los pájaros insisten en echarse a volar a la menor provocación existe una solución muy sencilla: comprar uno de fieltro. Es rojo, se llama Christopher Pedro y vive en mi pared. ¿Alguien recuerda los pajaritos de unicel cubiertos de plumas con ojitos de plástico que le ponían a las flores artificiales? Creo que sería bueno tener uno de esos.  Parte aterrador y parte melancólico, como todo.

3 comentarios:

  1. Una vez vivi a un lado de una casa donde criaban palomas y en una semana estaba toda llena de piquetes de gorupos, ho-rri-ble. Brrr.

    Por otra parte, claro que amamos a los pajaritos! Nos enseñara fotos?

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  2. Creo que sería mejor contar con muchos de esos pajaros, sólo se le quedaría lo aterrador y uno ya no se acordaría de lo que andaba pensando.

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  3. Señora Ek!!! Hola, cómo está usted? piquetes? qué cosa tan extraña, suena muy feo. Oh, claro, le sacaré una foto a Christopher Pedro, un pajarito de lo más coqueto. Muchos gusto saludarla, gracias por pasar.

    Señor Cortte: ¿Una especie de pequeña tribu de pajaritos de ojitos de plástico? Sería aterrador al principio, claro que sí, pero después llegaría la sensación de ser Blancanieves. En una de esas cobran vida y empiezan a ayudar con las tareas del hogar, como cocinar o coser. Sería padrísimo.

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