miércoles, 27 de octubre de 2010

Ya casi al final del mes

 Me siento extraña... es que, yo sólo quería ver la Bella y la Bestia, que es la película de la infancia, y la verdad es que en tercera dimensión sí es mucho más absorbente el asunto. Yo les iba a hablar de eso, de la película, de las expectativas creadas por Disney donde está bien ser la vieja rara del libro que no tiene amigos porque no es malo, al contrario, es aceptable y hasta especial, aunque las admiradoras de Gastón tengan sex-appeal y uno sea un dibujito animado. Ya si nunca encontramos a la bestia, pues ya ni modo, pero es que el mundo está plagado de un Gastón tras otro que a fuerza de evitar toda tu vida termina sumiendo a la protagonista en la sospecha de lesbianismo porque no puede ser que se llegue a semejante edad y todavía se esté esperando la bondad y gentileza del otro personaje, al final de cuentas un mito. Yo tenía traumas que compartir, pero la cosa se complicó porque hubo mucha primaria en la tarde. Aparte de que hablar con Miss Crawford ya es inusual por sí mismo, nos encontramos a cuatro (¿o eran tres?) señoras de la primaria. Me sentí como la que solía ser hace muchos años, cuando no estaba segura de ser algo,cualquier cosa de algún tipo, una persona viviendo en su propia cabeza tal vez, una que nadie conocía y que ahora, después de haberla hecho real, conocerla y darme encontronazos con ella, vuelve a la clandestinidad porque ha quedado comprobado que no era una buena persona. Ser yo, como soy o descubrí que era, así de expuesta, está mal y debe suprimirse por el bien de todos. Ahí estaba, tratando de hablar sin ser así, era aquella, tratando de fingir que soy un personaje, quién sabe de qué tipo. Como si tuviera una doble vida, la del asesino serial y la funcional chafa con la que me mentí yo solita hoy.  Nadie me conoce y no saben quién soy, pero de nuevo ¿por qué lo sabrían? Ya ni yo sé.
Nos encontramos a una señora que yo agregué a lo pendejo y que ya hemos mencionado que cada vez se parece más al pingüino de Batman, no nos saludó, ni nosotras nos detuvimos. La verdad es que yo soy tan cínica y estoy tan empecinada en sobrevivir los días que lo habría hecho, pero parece que Miss Crawford terminó muy pelada con todo el colegio y prefirió pasar de largo. Casi afuera nos encontramos a otra, y después otra más, pero a esa sí que no la dejaba pasar. La fui a saludar y todo, en nombre de la amistad que yo casi ni había notariado en mi registro de vida personal.
Es que... me siento en un completo mundo desconocido y tiemblo.
¿Qué hago con mi vida? ¿qué estoy haciendo? ¡Lo que puedo, eso hago! Y me asombra hacer tanto esfuerzo para no sentarme a chillar como estúpida, sola en la cocina, rememorando y ahogándome en culpa aunque yo misma me comprenda un poquito, añorando y extrañando y chillando más. Dice mi papá que deje de desgastarme, pero no sé cómo. Lo intento, de verdad lo intento, y termino en el cine pasando un día de personalidad desdoblada. Al final se trata de agarrarse de la tabla que se pueda. Eso es, somos náufragos. Soy un naufrago, y parada entre dos señoras muy reales, con maquillaje alrededor, haciendo plática casual con mucho esfuerzo porque no sé cómo se hace eso, me pierdo. Yo sé, si no me agarro de algo, lo que sea, me voy a ahogar, y entonces sí que ya no quedara nada, podría seguir viviendo tal como voy y llegar a los treinta años sin que nadie pueda dar testimonio de que sí estuve viva durante ese tiempo. Tiemblo mucho y me estreso, con todo y el consuelo de pensar que afortunadamente todo es casual y de posible corta duración,  digo, si la Sra. Boss me mandara a trabajar pasaría menos días miserables y vacíos donde no hago otra cosa más allá de copiar párrafos que quién sabe si me vayan a servir de algo, tratando de organizar copias en supuestas imitaciones de expedientes como si eso me fuera a hacer sentir más tranquila con algo al final del día, menos triste.
Y ahora, para sentirnos menos hipócritas, y menos en peligro si alguien llega alguna vez a este blog  (aunque se supone que ya no debe salir ni en buscadores ni en las listas de blogger), intentaré ser más moderada. Que no es como si importara, nada importa tanto para nadie, digo, yo no soy una buena persona y ya comprobamos que puedo ser bastante falsa y que aprendí a mentir y disimular qué clase tan mala de individuo soy, pero todo mundo es igual. Yo solía detestar la plática casual y cortés, la sentía insultante para todos, pero es necesaria. Es más, tenía la mala costumbre de contestar de verdad  a la pregunta “cómo estás”, y ahí estaba yo: “Ay, pues muy rara porque me levanté sintiendo que la vida nos lleva a caminos extraños y blah blah blah”. Y no, el “cómo estás” es algún tipo de función del lenguaje que precede al “vamos a” o “te cuento esto”. Ja, qué rara soy. Lo peor es que no le veo gran futuro a este plan de actuación a largo plazo. Lo intentaré, por supuesto, pero a la mera hora buscaré escapar de regreso a mi cabeza. Ahí estoy bien, estaré bien, una vez que logre encerrarme en ella por completo, con todo y el blindaje que solía tener en esos años de primaria-secundaria, todo volverá a estar seguro. Estaremos a salvo y estaremos bien… TODOS!  

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