miércoles, 22 de diciembre de 2010

Base de cuello (si yo fuera millonaria...)

Coser es una cosa muy complicada. Lo intenté otra vez, pero maldición, armar ropa tiene muchos pasos y numeritos. 
¿Es un lugar  extraño? No, nada más está más allá de la vías del tren, algo así como en el escenario donde se acabaría el mundo y  que se parece mucho a una experiencia de "Mujer casos de la vida real".  La casa es una  especie de vecindad, pero no vive nadie adentro, entonces no entiendo si rentan los cuartos para negocios, o es una cuestión de la señora que cocinaba o algo así, tal vez los rentan para diferentes cosas, hasta podría vivir alguien ahí, detrás de las cortinas estampadas con peces japoneses, quién sabe. Hoy que salía a tomar el aire (me asfixio fácil, creo que mis pulmones ya no son lo que eran), vi que había un par de cuartitos vacíos y  que en el horno del  patio habían puesto un puestito (¿puestecito?) improvisado con sillas y una mesa de esas largas.  
Por el olor a carbón supongo que la señora estaría haciendo quesadillas o gorditas de algún tipo, pero no se me había ocurrido preguntarme qué era. Qué extraño,  pasé enfrente varias veces. ¿Me habré  programado para evadir la carne en todas su presentaciones?O sería que me da angustia pasar tiempo entre desconocidos... sí, eso es, porque adentro del cuarto donde daban las clases de costura había otras dos jóvenes señoras, eran primas y debo confesar que me cayeron mal de madrazo.  Silencios incómodos y gente cosiendo, bueno, ellos, yo sólo aprendía las maravillas de hacer patrones con un ¿modelo universal? o ¿método de corte universal? Ya no me acuerdo, debo comprar el libro y la gran plantilla, eso sí. 

Coser ropa, coser ropa... tan bonito que es comprar ropa ¿para qué quiero coser ropa? Le voy a contar mis planes, pero le suplico que no se burle de mí queridísimo (y seguramente muy guapo, porque este blog sólo tiene belleza) lector. Mi plan de costura maestro (bueno aparte de esa falda cincuentera que no he logrado encontrar) se relaciona con la confección en serie de ropa para perros. ¡Suéteres para perros! Es que, son muy caros, hasta en el centro (¿caros y malhechos?), por eso cuando ha habido colecta para los albergues, al final no hay mucho que pueda comprar  el presupuesto  para cuestiones de abrigo, se va entre las croquetas, las carnazas, los limpiadores... y al final, dos suéteres tal vez, no más.  Ay, por qué no soy millonaria? Dios le da el dinero a quién no sabe qué hacer con él. ¡El dinero se creó para hacer regalos a la gente, toda la gente! Como decía mi bisabuela, "es redondo pa' que ruede y de papel pa' que vuele".

Ahora que lo escribo creo que me cayó de golpe la ingenuidad de mi plan maestro. Recordemos la cobija que le hice a Sibila la perra de mi hermana, la verdad es que sólo le cosí el bies, pero de todas formas salió remal y creo que está guardada y no la usa.  Vaya, es que en mi cabeza tenía sentido. Todo fue culpa del archivo y de una señora (me encantaría decirles más datos, pero me pregunto si no  estaría violando mi contrato) que mandaba ropa cosida por ella misma con sus elegantes manitas al Hospital de Maternidad e Infancia. El asunto es que lo hacía locamente,  no era una cosa o dos, eran muchas: Sábanas, enagüas, calzones, paños, camisas, pañales;  en cantidades de 60, 120, 200. Supongo que en mi cabeza tenía mucho sentido:  La tela es más barata, tengo una máquina y mucho tiempo libre. ¿Por qué no llevé nada a las colectas de este mes? No sé si fue de veras la necesidad de ahorrar mi sueldo para eventualmente regresarlo o vil y asquerosa depresión. Creo que el problema es que ya no estamos en la depresión, creo que lo nuestro es melancolía, que yo recuerdo que la Sra. Doc decía que era peor, supongo que por las connotaciones de desilusión y desesperanza que se carga el estado. ¿Para qué levantarse o para qué hacer el esfuerzo que no le sirve a nadie? Un saco más o un saco menos no importa.  Me despierto entre nueve y diez y ando vagando, como no-muerto, namas buscando qué consumir. Y ayer compré regalos, claro, supuse que todo estaba en el detalle. Al menos estoy segura de que mi papá se botará de risa con su playera de Mauricio Garces (que dice "arrooooooz") y su foto de Miroslava en traje de baño. No sé si mi hermana apreciará la parafernalia de Harry Potter y los Little twin stars, pero espero que aunque los arrumbe o los guarde en su cofre para no volver a pensar en ellos, al menos por un momento lo note... ya sabe, eso que dice "¿Ves? me acuerdo."  Por eso, Jane y yo pasamos a comprarle regalos de Kitty a nuestras hermanas femeninas y risueñas de 30 años. ¿Qué mejor?  La cosa terminó en una libreta y una carterita, nuestros presupuestos no estaban para más.  Lo que me recuerda: Si duda entre dos artículos para regalarle a su señor padre, pregunte al vendedor o interrogue a una completo extraño, así puede desligarse de la responsabilidad.
A falta de elegancia en los regalos navideños, un poco de humor, espero que funcione.  Así se van los días, entre las calles del centro, los retenes de granaderos, el camión más cómodo y elegante al que me he subido en mi vida y la realidad de la vida sateluca. Quien no jugó en el símbolo de la plaza, que a los cinco años parecía un laberinto, no es un sateluco de verdad. Qué grande y qué tenebroso se veía entonces.

Tal vez fue el residuo de la notita conmovedora que mandó Miss Crawford y  el pasar la tarde sonando en cada tienda porque quién sabe que traía puesto Jane que no le habían desactivado, que me permití regodearme en mi pequeña fantasía de la costura.

Pequeñas fantasías alegres, 30 suéteres para los perritos enfermos y maltratados de Iztapalapa. Tal vez medio chaquetones, pero que de algo podrían servir. Ya no tengo efectivo para donar,  creo que tendré que regresar mi beca eventualmente. Ay, qué cosas se me ocurren...
 En primer lugar no sé cómo llegar sola a ese lugar, intenté fijarme pero no creo poder reproducir la travesía yo solita. En segundo lugar, tengo que ser muy sincera y admitir que la zona si está muy fea. Mi coche no tiene vidrios, ni techo sólido, es plástico y lona!! Y digo, no es que yo quiera ser prejuiciosa, pero hoy que salí a fumar un poco de repente vi a mi alrededor y  me dije "No puede ser bueno el camión de pasajeros abandonado, el indigente que aspira algo sospechoso de una bolsa todavía más sospechosa, y la tienda tapizada de rejas desde el piso hasta el techo, tal vez no debería estar en la calle sola".  Ya sin fijarme en el detalle del baño: "Oh ¿se supone que uno llene esa cubetita colgante con agua de ese lavadero tan amigo del moho y la ponga en el tanque de ese mueble de cerámica tan... cuestionable?"

(Momento de duda)

"Creo que puedo aguantar, tal vez si olvido que me tomé esa jarrota de café en la mañana y evito pensar en cascadas y lluvias, todo estará bien".

No sé si pueda ir a clase seguido. 
Copiar patrones puede ser agotador, y en un cuarto tan chiquito, sin aire... SIN AIRE! Una vez un patán que supuso que tenía una posibilidad de agenciarse mis huesitos (Ja, as if!) dijo que "me princeseo".  Creo que la anécdota la publiqué en su momento porque tuve que preguntarle a mi papá si era cierto (en caso de dudas siempre recurrir al padre), y dijo: "pues claro, eres mi hija",  dándole sentido a todo y todo otra vez. Sí, soy delicada y sí, me princeseo. No puedo evitarlo. Necesito aire, espacio e instalaciones sanitarias decorosas. Me oyen scouts? Prefiero la deshidratación y dañarme severamente la vejiga!!!
Podría buscar clases en otro lugar, pero cuál sería el encanto de coser sola, sin Jane. Ninguno... bueno, tal vez podría hacer ropita para perro. Es que, los albergues! Dibujé muchos patrones para camisas de hombre, eso sí. También sé cómo se ve una manga del estilo japonés. O al menos lo sabía en la mañana... no, ya se me olvidó.

 Bueno, era un buen plan.

Que por cierto,  esas señoras de la costura  hablaban de vestir a los perros por el invierno, una decía que era muy necesario, pobrecitos, pero que su perro no se dejaba, otra señora, una muy extraña y muy malvada que me cayó rebien, platicaba que le compró un suéter al suyo y que se veía muy chistoso pero al final siempre se lo quitaba.
¿De veras  sus perros no se dejan? ¿Soy la única que cambia a su perro de ropa compulsivamente y guarda sus diferentes atuendos en un beliz adornado con un perrito coronado?

¿Acaso es Rito el único perrito con espíritu deportivo/casual?

Insisto, para tener una mascota la única opción aceptable es la adopción, ya sea que estén en un albergue o en situación de calle. La perra de raza elegante de mi tía no  sólo tiene mal carácter y unos dientotes como de criminal, tampoco se deja vestir, en cambio, vea usted como Rito, un mestizo muy orgulloso de su origen, despliega percha y galanura con cada atuendo y cambio de look.

 Rito el perrito, se toma una momento antes de salir a ejercitarse, para mostrarnos una chamarra en tela de gabardina gris y forrada de polar azul cielo, ideal para ocasiones que requieran uso rudo (como acampar) o simplemente para realizar sus caminatas habituales. En caso de necesitar más libertad para explorar terrenos difíciles, se le puede quitar la capucha y las mangas, asegurando al perro deportista, máximo estilo y confort.

Veamos ahora a Rito modelarnos un abrigo en color negro con espalda y detalles a cuadros. Útil y cómoda opción para el perro casual que necesita bolsillos para guardar sus múltiples pertenencias, celular, encendedor o comida robada de la mesa.Aunque en realidad no cabe nada y son de adorno pero se entiende el concepto de elegancia tan necesaria para el perro contemporáneo de vida agitada y múltiples ocupaciones.  Al abrocharse únicamente con un cinturón, este hermoso abrigo deja al perro en total libertad para restregarse contra los sillones o atacar impunemente al repartidor de agua. No se atorará ni desvestirá mientras corre sin control.
 Clásico y pulcro es el perro de hoy, preocupado un poco por el deporte y un poco por la vida social. Se sabe superior y se viste para sobresalir. Se trata de un perrito preppy que se distingue por su conservadora, pero fresca apariencia. Se ve tan confiado y elegante, que es perfectamente capaz de adueñarse de todas las almohadas a voluntad. La personalidad lo es todo.

¿Amor o abuso? Ya no lo sé.

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