martes, 7 de diciembre de 2010

Curso básico de complicidad

Archivo cerrado hasta el 10 de enero... bueno, yo tenía buenas intenciones. Salir a la calle tiene múltiples encantos, eso sí, pelear con granaderos para que me dejen pasar, bajarme en una estación extraña para evadir al joven fármaco dependiente que canta, se tambalea y amenaza con caerle encima a personas inocentes (mi corazón está contigo muchacho, eres víctima de la desigualdad social, la burocracia, la corrupción, la explosión demográfica, desempleo,  deficiencia educativa y muchas cosas más, pero sí me das miedo y mejor me bajo), pensar que me podría caer bien un librito coqueto en Donceles pero recordar que gracias a la Sra. Palmer me quedé sin dinero para regalarme cosas esta semana y tomar café malo del oxxo.

Tal vez no son encantos pero es mejor que padecer el frío en mi congelada casa y pasar el tiempo contestando el teléfono y tomando el recado porque nunca es para mí. Tal vez debería empezar a organizarme expediciones extrañas de una persona, nada más salir a pasear sin razón alguna, lo malo es que no se me ocurre nada, y me da flojera, y no tengo dinero, y me da miedo la calle, y que me asesinen… y hoy no circulo. Bueno, planes descartados. Regresaré a mis leprosos, aprovechando que este lugar está solo y creo tener un rato libre en lo que llegan las señoras que requieren mis cuidados y atención, lo extraño es que ella dicen que son las que me cuidan a mí, pero no les crean. Mi mamá llegó muy seria a preguntarme si mi hermana “no andará metida en la droga”… a los 30 años! Nada más me reí, claro. No madre, está ahogada en endorfinas, pero no en drogas.

Está bien, es más o menos lo mismo, pero hasta donde yo sé no es ilegal, es malo pero no es ilegal.

2 comentarios:

  1. Jajajaja en serio le pregunto eso!? jajajaja

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  2. jajaja, SI!! parece que eso es lo que piensan las madres cuando los hijos se ponen soñadores... a cualquier edad.

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