Me pregunto si mañana podré salir de la cama, hoy quería hacerlo pero no pude... es que no pude. No sé si fue el frío, la idea de que tendría que bañarme, y de ahí todas esas molestias que trae bañarse como es poner los pies en los azulejos fríos en lo que sale el agua caliente y justo cuando ya estas cómodo, el agua está perfecta y todo huele a gel exfoliante de naranja, resulta que ya es hora de salir y hay que secarse y ponerse ropa, ropa seguramente fría, muy fría... qué desgracia y qué horror. Seguramente fue eso, o tal vez lo bonito que se veía Rito roncando, hecho bolita con las patas metidas en la sudadera, cómo lo iba a despertar, no podía y no quería. No tenía razones para levantarme y no lo hice. Me quedé en la cama hasta que pensé que los pobres mellizos Céspedes no podían meter más la pata en sus desgraciadas vidas y después, a fuerza de abrazar a Rito hasta la asfixia, se me ocurrió algo bueno que podía hacer: bañarlo.
Y lo bañé y le puse acondicionador y perfume.
Espero poder salir de la cama mañana... dudoso, pero la esperanza muere al último, ya sabe, por aquello de la cajita con el pajarito resistente que se quedó hasta el fondo y la fregada.
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