jueves, 2 de diciembre de 2010

Supongo que debería ser como la gente de la tele

"Pues la verdad no creo que tú vayas a tener hijos... al paso que vas."

... 

Vamos a repetir la misma línea hasta el cansancio hasta entender por qué diablos me diría eso Marina. Sí, me lo dijo Marina, la secretaría consentida de archivo, mientras desenvolvía tranquilamente su tamal en la mañana. Ella me preguntó qué había hecho últimamente y después de contarle con lujo de detalles las desgracias laborales de Jane le conté que había visto a Miss Crawford y que tocar su panza fue la cosa más extraña del mundo, es que... se mueve! Por el amor de Dios, su madre y todos los santos, se mueve! y parece que eso fue lo único que se le ocurrió comentar, al menos su hija escuchó la parte en la que me quejaba de la esclavitud en las televisoras, pero  Marina no me dijo nada más que eso, y me sentí muy mal. 

Pero como a mí me encanta usar todo aquello del "para esto", recurso que en la escuela me decían que era horrible y que jamás debía usar, me tengo que regresar un par de días, justo a la parte en la que descubrí que tenía que hacer algo o me iba a morir en pijamas. La parte triste es que lo único que se me ocurrió fue ir a meterme a la biblioteca (risas de programa cómico/triste) y aparte de encontrarme a una de las historiadoras más cagantes que he conocido en (vaya usté a saber) la HISTORIA!, terminé metida en el fondo reservado quién sabe cómo, les hice creer que iba a tramitar mi credencial y salí a los 20 minutos pensando "¿qué diablos? ¿qué acabo de hacer?" Era una paginita lo que necesitaba copiar, pero me sentí elegante mientras lo hacía, hasta tienen atriles sólidos. No me jodí la espalda, es bueno no fastidiarse así la joroba, por eso he pensado seguir el consejo de Miss Crawford y ponerme un poco de masking tape en la espalda a ver si me enderezo. Que ahora que me acuerdo, en primaria, nuestras respectivas madres nos pusieron chalecos para corregirnos la postura, creo que ella sí lo usaba, yo me lo quitaba en el baño. Dolía y me dejaba marcas...

Supuse que si ya que me había bañado podía hacer algo más, ir al super, abastecer a mi madre de café y cocas, como todo hijo debe hacer, pero ya cuando regresaba dispuesta a consumir el tiempo  que faltaba para que dieran las seis de la tarde y Mrs. Palmer se dignara a llegar a su casa para entregarme los boletos que justo ahora considero fueron un robo en despoblado, de repenté apareció Miss Crawford, y me fui a comer galletas y tomar café. Lo gracioso es que me había estado preguntando dónde andaba y todo por un momento de esos de flash back que bien amerita que la pantalla se disuelva para llevarnos al pasado por un ratito.

Escena insertada sin razón alguna
Me cepillaba los dientes compulsiva y locamente (se me van a caer en cualquier momento, son frágiles, se caerán, se caerán) cuando noté que uno de los de abajo se enchuecó un poco. "Ujule, tantos brackets para nada", uno debería pensar eso cuando se los pone a escuinclas adolescentes e inseguras, algún día les saldrán las muelas del juicio y todo se irá al carajo, todavía peor porque yo no tenía brackets normales, una vez la dentista de mi mamá me puso fluor y cuando abrí la boca dijo "por Dios, mujer, traes aquí toda la ferretería".  De ahí que me acordara de haber ido a tomar un café con Miss Crawford en un momento lejano de la juventud, tendríamos como 14 o 15 años, tal vez menos, porque ese mismo día me platicaba del que fue su novio de secundaria,  aunque el acontecimiento importante fue que le habían quitado los brackets, mientras que yo no tenía para cuando y  mi relación con el dentista estaba cada día peor.  No le caí bien, ni modo, siempre me criticaba por ir fachosa a su consultorio y al final ocasionaba que mi mamá que regañara por lo mismo. Me fui con el doctor de Miss Crawford y arregló el asunto rápido, con mucho dolor, pero rápido. El primer momento en el que te pasas la lengua por los dientes después de muchos años de usar esas madres, se queda en la memoria como uno de las mejores sensaciones que se pueden experimentar en la vida. 
Miss Crawford, la del bebé, la que anda cargando con un inquilino de cinco meses que según la sala de desarrollo humano ya tiene pestañas, aunque todavía no haya abierto los ojos.
Fin de la escena insertada sin razón alguna

Dejé a Miss Crawford sana salva y vi la hora, justo a tiempo para recoger los boletos y regresar a mi casa a ver la repetición de mi telenovela.  A menos que Mrs. Palmer tuviera la gran idea de hacerme una porquería. Tal vez exagero, pero si le pregunté desde el lunes si podía recoger los putos boletos, que yo ni quería, el miércoles y claramente me dijo que estaba supermegamaravilloso mientras fuera después de las seis, por qué chingados se largó a clase de canto sin tener la más mínima decencia de avisarme.  Eso si es que de veras estaba en clase de canto, yo no soy nadie para sospechar una mentira destinada a esconder sus depravadas actividades extracurriculares. 
Y ahí estaba, en la sala de una casa que no había visitado en unos diez años, y que la verdad yo recuerdo como una especie de escenario suburbano de pesadilla (nunca sabré el porqué), pensando que la perra de Mrs. Palmer me cae mal, una chihuahueña, no me malinterprete, y que no era posible que su papá fuera tan mamón, con razón tiene tantos problemas buscando aprobación masculina la pobre, mientras que su mamá buscaba los boletos.
Ahora imagínese usted que habla mi madre y me dice que Jane llegó desde hace un rato y yo no sabía. Me fui en friega loca, de hecho espero no haber sido grosera con la pobre madre de Mrs. Palmer, pero estuve a punto de ir a buscar los putos boletos yo misma para regresar a mi casa rápido: acelerador pa' qué te quiero, a correr.
Un completo robo en despoblado, pero  en compañía de Jane mejorará. "Va a ser raro verla" dijo en la mañana, y la verdad es que creo que se va a sorprender. Bueno, a menos que las personas jefes de Jane decidan arruinarlo todo. Por el amor de Dios personas, no pueden hacerle esto (y a mí en especial), no sólo la hacen trabajar desde las siete de la mañana hasta las nueve, diez de la noche, o doce del día siguiente, le quitan sus días libres y no le proveen un medio laboral seguro y agradable. ¿Qué les cuesta darle un día? La van a matar. ¿Sabe usted qué necesitaba Jane? un día de sueño y salón de belleza, bueno, después de haber cumplido con sus obligaciones fiscales. 

Siguiente momento y cambio de escenario, por favor
Ahí estábamos hoy, formadas afuera de Hacienda a las siete de la mañana, esperando ficha y de alguna forma inocente pensé que el día que había empezado tan bien no podía darme una fea sorpresa. Claro, estábamos rodeadas de personas con cara de profesionistas con trabajos de verdad y vi el par de botas más feas que he visto en un buen tiempo, pero fue extrañamente reconfortante, el frío, salir corriendo a buscar un lugar que vendiera discos a esas horas de la mañana.
Y viéndolo  en retrospectiva, si no contamos al estacionamiento de oro, el metro para ir a buscar mi cheque al palacio y pasar casi una hora esperando al contador que no quiso aparecer, fue un día divertido de señoras, con muchas revistas y comida. 
Jane es una señora contribuyente y yo sigo preguntándome qué diablos pasó con Marina, o será que soy muy sensible, que sí lo soy, me siento, me ofendo, lloro hasta el cansancio y luego guardo rencor, pero ese comentario sí estuvo ojete, o de lo contrario Jane no habría dicho que "esa señora es una estúpida, ni te conoce" entre otras cosas que yo agradecí bastante porque no entiendo el que me soltara una cosa así.
No, estoy enloqueciendo, ella no tiene que saber nada de mi paranoia sobre el fin de la vida, el útero vacío y el toque mágico de la muerte que hace que mate todo lo que intento cuidar.

Ya no sé.

Y yo que hasta le mentí a su hija diciéndole que se le veía bien el pelo corto, de haber sabido habría hecho una mueca  de angustia y horror, gritado "Ah, pareces un hombre muy malo y fornido!" y después me habría echado a correr, justo como planeo hacer mañana...

Ya no tengo ganas de ver gente, gracias, pero no más.

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