sábado, 18 de diciembre de 2010

La crónica de la epidemia

Satélite es mi hogar, con todo su color y  drama suburbano. Nadie se queja.
Los satelucos somos una clase especial, chistosa, se nota que somos diferentes a la gente del sur, aunque no sepa bien en qué, pero lo somos. Lo raro es que me tardé en descubrirlo, sí, a pesar de los largos viajes que representaba ir a la oficina de mi papá o a visitar a mi abuela, como que no me quedó claro hasta que entré a C. U.
Sí, la gente del sur es muy diferente, se ve, habla y se viste diferente. Fueron a colegios extraños, de esos donde no van a misa ni tienen clases de manualidades femeninas, Biblia y moral. Lugares desconocidos donde los estudiantes pueden traer el pelo largo y no necesitan permiso para ir al baño. No hay "feria de las mariconerias", vaya, hasta les dan clases muy informativas de educación sexual de donde nadie sale pensando "¿de veras te queman?", muertos de miedo y confusión. 
En otros aspectos, creo que otra diferencia casi imperceptible sería el color o la falta de pequeños toques innecesarios de fantasía. Los del sur parece que van a lo que van, no se detienen a disfrazarse de personajes de telenovela para salir a la calle.
Por eso, cada vez que me abruma todo el asunto de ese trabajote que no puedo hacer y me confundo y todo parece muy difícil, "dificilísimo" como diría Angélica María en Romeo contra Julieta, ir a sentarse a la mitad de Plaza Satélite siempre nos reconforta y nos hace sentir mejor. Caminar entre el gentío es una cosa muy agradable, aunque a veces (como por ejemplo la locura navideña) el mar de gente se pone particularmente primitivo, mire usted:

1.- Señor padre de familia, yo entiendo que está aburrido y hasta la madre porque le enjaretaron el cuidado de los niños, pero me parece excesivo que para entretenerlos les de una pelota para que jueguen futbol  en pleno pasillo. ¡Es ridículo, su escuincle casi me da en la cara! ¡Y se lo advierto, si me rompe la nariz hago que me la pague, aunque tenga que mandar a trabajar al niño, me la paga como si fuera nueva!

2.- Mi estimada señora compradora, usar una falda corta, una gabardina y mallas suena como una buena combinación para pasear tranquilamente por la calle durante el invierno, pero me parece que a usted se le olvidó usar la falda y creyó que las medias de red contaban como mallas. No, no cuentan, y si le pone usted semejantes plataformas de teibolera en horas extra, empeora terriblemente su precaria situación, le aviso que da usted el mal ejemplo y que me parece ofensivo que ande paseando tan quitada de la pena enfrente de niños inocentes. No mancille la pureza de su juventud, se lo suplico.

3.- Querido tapón de alberca que me pisó al salir de Sanborns, yo entiendo que lleva prisa, pero considerando que abrí la puerta para mí y que usted se atravesó para aprovecharse de mi esfuerzo muscular y pasarme por encima, lo menos que podía hacer después de pisarme y sacarme el tennis era detenerse a ofrecer una disculpa. Claro, para eso necesitaría usted un poco de conciencia social, decencia básica o mínimos rastros de cortesía. No se apure, no tiene por qué disculparse, pero le sugiero que mejor se regrese al monte, he conocido guajolotes más educados que usted.

Ni modo, nuestros paseos terapéuticos tendrán que suspenderse hasta que haya pasado la época navideña. Es cuestión de seguridad personal, no es que no quiera morir joven, nada más no quiero que sea en una estampida de compras navideñas. Pa' todo hay formas.

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