Advertencia: en la siguiente entrada experimentaremos un severo retroceso a la adolescencia, de hecho, es muy posible que suene como episodio de Blossom o alguna otra serie parecida.
¿Es que por qué nadie me entiende? Está bien que no lo entiendan, no tienen que hacerlo, pero no hay que verme como si estuviera loca.
You're not a teenager, so don't act like one (Camera obscura)
¿Es que por qué nadie me entiende? Está bien que no lo entiendan, no tienen que hacerlo, pero no hay que verme como si estuviera loca.
Fue mi culpa. ¿Pa' qué llevo a mis padres a mis pequeñas cacerías de antigüedades? Ah sí, no sé llegar yo sola. Me cae de madres que ya lo voy a intentar.
Creo que en realidad no es frustración, es tristeza. La señora del único puesto interesante que encontramos me estaba dando todo deliberadamente caro. ¿Cómo lo sé? Muy sencillo, me quería vender en 180 el mismo espejo que compré en otro lado a 100. Me gustaba un pastillero que se me hizo perfecto para guardar los clips que me regalaron en el archivo pero la verdad es que no sabía qué tanto se pondría amable si le compraba otra cosa. Había unos aretes de migajón de veras interesantes y otros también simpáticos que desafortunadamente no tenía la menor intención de comprar porque insisto, estaba muy caro. Me cae muy gorda la pausa que hacen cuando están inventando el precio. Te ven, lo piensan tantito y te salen con una mamada. ¿Debí haber cedido? Me hubiera gustado tener a quién preguntarle, alguien que supiera por qué sería chistoso traerlos puestos en un día normal en el que nos sintiéramos de ánimo para jugar a ser María Antonieta, pero no había nadie. De pronto llegó mi mamá y escogió otros sin chistar (otros que definitivamente no tenían más de unos pocos años de vida), me dio el dinero y se fue. Al final mi pastillero salió más barato gracias a los aretes y como no me pidieron el cambio hasta salió gratis.
Hubieran visto la cara de mis padres cuando les dije que había una tienda de segunda mano por ahí que quería buscar. Me preguntaron con cara de incredulidad si eran usadas. Pues claro que lo eran, por eso le dicen así.
"¿Usadas?" (Favor de insertar mueca de asco)
"¿Usadas?" (Favor de insertar mueca de asco)
Pero después la cosa se puso peor. De la nada mi mamá vio de lejos la cerámica que hacen los amigos de Jane, se le hizo "original" y por supuesto la alenté a que fuera a comprarse algo bonito. Intenté quedarme lejos pero me llamó para que la viera y ni modo, fui... en parte para asegurarme de que lo comprara. Lo hizo, pero cuando caminábamos sacó que sólo la había comprado porque yo quería ayudar al chavito... ¿QUÉ?
Me ofendí, no sé si todavía estoy sentida por aquel asunto de querer matar a Dolores, pero me ofendí y me entró el mal humor. Le expliqué que él y su novia eran amigos de la escuela de Jane y no tenían 15 años como para que me diera ternura su entusiasmo, pero salió peor porque empezaron a fregar que por qué no lo saludé y que me regresara y demás cosas parecidas sobre mi falta de amabilidad. Yo tenía ganas de explicarles que no los conozco realmente, son amigos de Jane, no míos. Ay, qué burlones son mis padres cuando de mi retraso social se trata. Es como tener cinco años otra vez y estar en las fiestas de sus amigos temiendo el momento en el que me manden con los otros niños al jardín.
¿Qué diablos?
¿Por qué siento la necesidad de explicarme? No hice nada malo. A ella le había gustado la taza, pensé que para un artesano/persona/artista más que el dinero es alentador ver que a la gente le gustan sus piezas y que al final todos saldríamos ganando porque Dios sabe que no nos caería mal comprar algo que no se venda en Plaza Satélite y que de veras tenga un poquito de personalidad de vez en cuando... pero cuando se ponen pesados/chistosos es imposible detenerlos. Me puse de mal humor.
¿Qué diablos?
¿Por qué siento la necesidad de explicarme? No hice nada malo. A ella le había gustado la taza, pensé que para un artesano/persona/artista más que el dinero es alentador ver que a la gente le gustan sus piezas y que al final todos saldríamos ganando porque Dios sabe que no nos caería mal comprar algo que no se venda en Plaza Satélite y que de veras tenga un poquito de personalidad de vez en cuando... pero cuando se ponen pesados/chistosos es imposible detenerlos. Me puse de mal humor.
Yo sólo quería buscar cosas bonita. A pesar del pastillero y una pequeña sorpresa que me encontré ya casi en el colmo de la decepción salí de ahí con una sensación muy fea. ¿De veras es una tontería? Cada vez siento que me arrastran un poco más hacía alguna parte de la que ya había salido.
"Ay, la niña". Creo que nadie sabe lo desagradables que son las burlitas cariñosas de las madres, tías y demás personajes por el estilo. ¿Qué hay con las críticas?
Al final del día las cosas se hacen porque se tienen que hacer pero si hay alguna forma de hacerlas más alegres no veo por qué no adornarlo todo. Uno tiene que bañarse, vestirse y desayunar pero todo puede ser más agradable si se le pegan unas cuantas piedritas de colores al proceso. No saben con qué emoción me desenredo el pelo desde que compré un cepillo con dibujito de japonesa. Y eso que es más fácil conseguir esas cosas.
"Ay, la niña". Creo que nadie sabe lo desagradables que son las burlitas cariñosas de las madres, tías y demás personajes por el estilo. ¿Qué hay con las críticas?
Al final del día las cosas se hacen porque se tienen que hacer pero si hay alguna forma de hacerlas más alegres no veo por qué no adornarlo todo. Uno tiene que bañarse, vestirse y desayunar pero todo puede ser más agradable si se le pegan unas cuantas piedritas de colores al proceso. No saben con qué emoción me desenredo el pelo desde que compré un cepillo con dibujito de japonesa. Y eso que es más fácil conseguir esas cosas.
De regreso mi mamá preguntaba qué tienen de especial las cosas viejas. Ah, muy sencillo:
Lo que sea que haya llegado a mis manos, pasó por muchos lugares, muchas personas y mucho azar antes de que lo encontrara. Es un pequeño sobreviviente al que vendieron, regalaron, tiraron y rescataron por décadas antes de que yo estuviera en proyecto siquiera y llegó hasta mí en uno de esos momentos de pura casualidad que se parecen mucho al destino y al amor. Podría haber salido otro día, podría haberme quedado a dormir o pasado de largo, pero no fue así.
Y entonces llegó la postal. ¿Sabe usted la emoción al leer lo que decía? Anastasia, Yul Brynner, Ingrid Bergman y los óscares de 1956. Por cierto, Los diez mandamientos también es de ese año.
Como mero dato cultural les confesaré que yo estaba enamoradísima (así, como canción de boy band) de Yul Brynner, una de las muchas razones por las que veía Los diez mandamientos y Anastasia una y otra vez. ¿Por qué? No lo sé, decían mis amigas que tengo gustos muy raros. ¿Será el tabaquismo o la mirada desorbitada de locura? Entre Yul y Vincent Cassel creo que no hay uno que me guste y que al mismo tiempo sea popular entre la tropa, o al menos no me acuerdo.
En esa época pasaban películas en Fox como a las siete de la mañana y se me hacía la cosa más triste del mundo tener que dejarlas a medias para hacer una cosa tan poco educativa como ir a la escuela. De Anastasia, casi nunca alcanzaba la mejor parte:
"¡Y que tengo razón!" En mis tiempos la pasaban traducida con un gran estruendo de la orquesta que ensayaba para hacer la transición entre las dos escenas. La película con la que le perdonaron la infidelidad a Ingrid Bergman. Una actriz casada se embaraza de su director, también casado, y se arma un escándalo.
¿Qué le veía a Rossellini? No lo sé, supongo que también tenía gustos raros. Y ya que estamos en Rossellini, nos pasamos (por obvia asociación) a su hija Isabella y a Terciopelo azul. ¿Qué creen que vi la otra vez? ¡Un vestido largo de terciopelo azul! ¡Como el de la película! A pesar de la tentación no me le acerqué. Ese tipo de vestidos son para cierto tipo de mujeres, el tipo que se enreda en misterios con jovencitos curiosos y se ve acechada por la maldad de un mafioso perverso, no para mí. Compré otro de terciopelo verde que no les había podido presumir porque olvidé su existencia hasta hace ratito.
Creo que nunca superaré la pérdida de mis cortinas infantiles y tendré que conseguir todo el terciopelo verde que pueda para llenar el vacío. No sé dónde usaré ese vestido, tal vez nunca lo haga... pero haberlo dejado solito era imposible.
Podría usarlo para ver la tele o recoger mi cuarto, después me pondría guantes, sombrero y entonces mis papás considerarían aquello de buscarme "ayuda" otra vez, aunque lo dijeran en broma. "Ayuda" es la palabra clave para "atención psiquiátrica". Lo que me recuerda, la próxima semana le mandaremos la postal a Sra. Doc, si tenemos mucha suerte, en unos sesenta años terminará en un mercado de pulgas y alguien muy extraño la comprará y será feliz.
Algún raro del futuro será feliz, como yo.
Algún raro del futuro será feliz, como yo.
Pues no entiendo por que no entienden?! Amo las antiguedades, puedo pasarme horas viendo cosas en internet, maravillosas...aunque creo que nunca me atrevere a comprar algo, me dan miedo todas esas personas que los usaron antes...es que, una nunca sabe!
ResponderEliminarJajaja, tiene usted un punto, por eso creo que a lo que sí le saco en cuanto a cosas viejas es a las cosas tejidas, como que tienen cara de que se les pudo pegar algo, eso si hablamos de enfermedades, gérmenes y cosas de esas, porque si hablamos de vibras ese creo que es otro de los problemas, aquello de que quién sabe qué cosa traiga adentro, por eso hay que evitar las muñecas creo, uno nunca sabe si el demonio las atrapó. Pero las coquetadas como espejitos, joyeros, pastilleros, cigarreras y joyería creo que no hay peligro, a menos que sean anillos de compromiso, como que se me hace que traen mala suerte. A menos que sean heredados, en ese caos no pasa nada, pero comprados nunca!
ResponderEliminarTiene usted razón, uno nunca sabe!