Estoy acostumbrada a que me discriminen. Desde siempre, la familia de mi mamá, en la escuela, en las tiendas. La gente siempre encuentra una razón para hacer menos a los demás. En la escuela, si no te peinas y usas ropa de hombre eres de las feas y nadie quiere ni formarse detrás de ti, si al contrario, pasas mucho tiempo maquillándote y usas zapatos con moñitos, seguro eres una pendeja y no saber ni leer. En la vida, si no bebes ni fumas eres una ñoña, y luego, cuando fumas, eres una viciosa malvada y no falta la escuincla que hace ademán de no poder respirar por culpa del humo aunque esté parada a cinco metros de distancia. Y así nos vamos. La gente siempre se va a meter en lo que no le importa. Ah... y para comprar también. En algunos lugares me ven y me suben el precio, mientras que en otros suelen ignorarme de una forma tal que a veces me cuesta trabajo que reconozcan mi presencia. Ninguna de las dos me sorprende ya.
A mi hermana no le pasa, por eso hoy se sintió especialmente ofendida, sin mencionar que la pinche vieja que casi nos fastidió el día le dio en su punto débil: el peso.
Si algo le ha causado problemas a mi hermana es el peso. Desde la adolescencia osciló entre ser ligeramente cachetona y los bordes de la obesidad, pasando por todos los niveles intermedios. Mis padres lo intentaron todo: doctores, gimnasios, entrenadores, dietistas, inyecciones y demás remedios mágicos. Al final yo creo que ella controla su peso como manifestación de su situación interna, como todos. Por otro lado, es como diría la gente "de huesos anchos", creo que porque tiene la espalda más ancha o algo así, ya sabes, una cosa de la constitución pero ahorita según yo se ve bien. No es una flaca, pero es una saludable talla diez, según mis cálculos, porque nunca sabremos la verdad. El peso de mi hermana y la edad de mi mamá son buenos ejemplos de lo que significa un "tabu" en mi casa. No se menciona, a menos que sea de forma velada y en boca del involucrado.
Por eso, hoy que buscábamos vestidos especiales por aquello de que su señor (peor-es-nada, tormento, sujeto involucrado en especie de relación interpersonal, movida, clinch, novio, etc.) va a venir a verla, la vendedora cagante que decidió no dejarla probarse nada en la tienda porque "todo viene muy chiquito" la sacó de quicio. ¡No la dejaba! Fue increíble ver cómo le decía "no" a cada cosa que mi hermana señalaba y la regresaba a su lugar. Le dio un vestido spandex espantoso y le dijo que era lo que le recomendaba, yo le dije que nos fuéramos pero se lo probó, le dijo que no le quedaba bien y nos despedimos con toda ecuanimidad. Al final, lo que más me sorprendió fue el que mi hermana nada le dijera "gracias" y se fuera sin la violencia usual. Supongo que fue porque le dio donde le duele. La he visto mentarle la madre a quien se le meta en la fila, a las vendedoras que me tratan mal por fachosa, a los meseros que no te atienden bien, a los cajeros y a todo tipo de empleados de mostrador que no quieren cooperar, pero a esta la dejó viva y lo que siguió fue un coraje interno.
¡Tan bien que la habíamos pasado!
Me levanté a las siete y media de la mañana en una vorágine de ansiedad-entusiasmo muy extraña, como si hubiera tomado 200 tazas de café y me hubiera metido cinco kilos de azúcar. Me levanté, me vestí, pinté un poco esa imagen ideal donde Richard Wolsley y yo huimos hacia el atardecer en compañía de Rito y Dolores, inventé dos temas nuevos para investigar en un escenario alterno de optimismo en el que puedo dedicarme a escribir de epidemias y hacer una carrera de ello, desayuné, preparé el té de apio y perejil que mi hermana toma todas las mañanas y corrí a su cuarto a consultar la locura de ideas en mi cabeza. Me dijo que necesitaba un vestido y quedamos en que buscaríamos su vestido y luego iríamos a cazar antigüedades. Fuimos a la construcción, metí la pata preguntándole al arquitecto cuántos riñones tendremos que vender para terminar la casa cuando él tiene (o tuvo) un tipo de cáncer relacionado (se me olvidó, perdón) y terminamos consumiendo enormes cantidades de comida árabe. En la tarjetitas de comentarios critiqué un poco al valet parking pero al final escribí: "El café turco tiene que ser lo mejor que le ha pasado al mundo".
Sonreíamos, éramos felices, estaba contenta y emocionada... hasta que la abuela perversa de la bruja del mago de Oz amenazó con destruir el día. Aparte de todo era una viejita de esas que se sienten señoras hip and cool pero tienen cara de bruja y el cabello blanco camuflajeado entre el tinte rubio.
Abandonamos el lugar y fuimos a las tiendas de rigor donde esperaba encontrar algo que arreglara el malestar, pero la cara de incomodidad, enojo y tristeza de mi hermana no se componía. Primero me conmovió (hice todo lo posible buscando el vestido ideal que no encontré) y después me enojó. ¡¿Acaso ELLA se iba a sentir mal por lo que opinara una pinche vieja ojete que seguramente mandaron a trabajar porque no la aguantaban en su casa?! La opinión retardada de la gente absurda no constituye la realidad.
No, no, ella le dice a las personas quienes son, no al revés.
Al final, cuando ya me había resignado a que la bruja había arruinado el día mi hermana recobró el ánimo y el paseo siguió.
Mañana se pintará los pies con henna y espero que el buen ánimo seguirá.
Si en unos días descubro que sigue sintiéndose mal, regresaré a esa tienda a buscar a esa bruja desgraciada y la voy a matar. ¿Me oyen? ¡La voy a matar!
Nota: La amenaza de muerte es una mera herramienta de higiene mental. Este blog no apoya el uso de la violencia y su autora no pretende cometer ningún acto ilícito. Gracias.
Eso de la discriminacion a todos nos pasa por eso cuando voy a "tiendas bien" trato de ir en mis peores fachas y si puedo mugroso, tengo la extraña idea de que con eso le recuerdo a la gente que lo importante no son las apariencias, lo gracioso es ver la cara de las vendedoras cuando se dan cuenta de que realmente puedo pagar, tal vez no sea la mejor manera de darle a entender al mundo mi punto de vista pero almenos me divierto.
ResponderEliminarsuena feo lo que le paso a su hermana y tiene todo la razon al quere matar a esa mujer... matela!! nadie se merece que tengan ese tipo de actitudes tan hirientes.
esa parte es padrísima!!! A mí me encanta, pasar el desprecio y luego ver la cara de la vendedora que me hizo el feo al principio cuando salgo comprando cosas y la venta se la queda algún otro vendedor que pensó "bueno, estoy aburrido, voy a atender a la fachosa", es padrísimo!
ResponderEliminarSí, estuvo refeo y ahora se puso a dieta relámpago de tres días, que es malísimo, entonces creo que sí tendré que regresar a matar a la desgraciada. Le juro que no la dejó, cada cosa que iba a sacar decía "no, eso está muy chiquito", fue horrendo. Quiero matarla! Si un día de estos ando por ahí yo creo que voy a matarla, pero ahorita tengo que ir al archivo. Yo le cuento.