lunes, 11 de octubre de 2010

Una por el equipo

Cadáveres, me tocaron dos. ¿Saben que es raro? que estén tan duros y sean tan ligeros, extrañamente ligeros, aunque en teoría cueste trabajo moverlos, se siente que ya no hay nada adentro. Es como una cosa de cartón, con pelo, o con plumas, en forma completa todavía, enteritos, a pesar del charco de sangre o de los ojitos cerrados. 

Me duele el hombro, mucho, mi bolso ahora sí estaba demasiado pesado, más que de costumbre y aparte de la llegada al archivo después me fui a ver los vestidos antiguos a  Palacio de Hierro, fue una gran caminata, creo, en especial porque di vueltas de más, como acostumbro. Los vestidos fueron maravillosos, claro que sí, y hasta me tomé la libertad de comentarle a una señora desconocida que lo que hacía falta en este mundo moderno es usar un corsé. Me duele la espalda, pero me estoy adelantando, ahí todavía no me encontraba al segundo cadáver, vamos con el primero.
El primero fue ayer, claro, cuando regresaba con mi mamá de pasear a Sibila, ahí estaba, un pajarito, en la calle. Estaba a la mitad de la nada, bajo un árbol, entero, tieso, como petrificado. Todavía estaba caliente y le busqué un latido, a lo mejor todavía estaba vivo, pensé que se podía revivir como revivía a mi pato, Lucas, cada vez que los gatos lo asustaban y se congelaba. Se le ponía el pico azul y parecía muerto, pero no lo estaba, lo metía en una cubeta con agua caliente y le iba frotando la cabecita, las alas, las patitas, hasta que reviviera, siempre funcionaba, claro, hasta que "se fue a la granja", pero ni modo.
Me pregunto el porqué estaba caliente si ya debía llevar muerto un ratito, estaba muy tieso  y varios animalitos se le empezaban a meter entre las plumas. ¿Había sol? No me acuerdo. Me dio cosa dejarlo ahí a media calle y había planeado dejarlo a que se descompusiera con un poquito de más dignidad en el parque pero mi mamá me dijo que si quería lo podía enterrar, aunque el jardinero empiece a sospechar que hacemos brujería por la enorme cantidad de huesos de animales que se encuentra en las jardineras siempre. Lo enterré, total, me inquieta que mueran solos, también me perturba que les pasen por encima los coches. Al menos en la tranquilidad de una jardinera no los pierdo de vista. Me asomo, salgo a que Rito tome un poco de sol, y ahí están.  Tal vez lo hago por mí, como los asesinos seriales que entierran a sus víctimas en sus casas para que nunca los dejen, sólo que yo no los maté. No lo podía dejar a la mitad de la calle,  lo tenía que mover, igual con el de hoy, es que, nadie debería morir solo.

¿Recuerda usted a los soldados muertos? Pues no eran soldados, hoy me puse a leer bien como Dios manda, y no eran soldados... eran transeúntes incautos. Y a un tejedor inocente le dieron con una bala de fusil en la mejilla por casualidad, a un arriero de noventa años le atravesaron el brazo y se lo amputaron, a un zapatero le metieron un machetazo, otro sobrevivió cuatro heridas de bayoneta y a un sirviente que quién sabe qué andaba haciendo por la calle en el momento equivocado le cayó una bala perdida y aunque intentaron hacer algo, se murió. Todos heridos por pura mala suerte. Para nuestro consuelo casi ninguno estaba solo, tenían padres o esposa, al menos alguien que les llorara. Yo con eso me conformo.

Por eso saqué al perro del camino, al principio, cuando lo vi, pensé "¿y si no está muerto?" se veía muy completito, y pensé que a lo mejor, podía ser... pero no, cuando llegué estaba bien muerto, igual de duro y vacío que el pajarito de ayer, la sangre estaba medio espesa, en algunas parte seca, y me asombra que no estuviera completamente coagulada cuando el perro ya debía haber estado ahí un tiempo.  No sabía qué podía hacer, ya estaba muerto, y sí estaba pesado, apenas pude levantarlo de las patitas y subirlo a la banqueta, al menos para que no lo destriparan. 
Ya después de mucho rato, descubrí que donde lo dejé, era imposible no verlo, desde varias partes, y decidí que era bueno: ¡VEANLO! Por ahí pasaba un perro y un hijo de puta lo aventó y lo dejó ahí. Cuando están abajo, como que se confunden en el pavimento y nadie los ve, pero sobre el camellón quedaba muy expuesto. ¿Sirve de algo? No, de todos modos a nadie le importa, vaya, a lo mejor ni a mi me importa, yo qué sé. He pasado de largo a muchos en mi vida, o no? Manejando por el periférico, o por Río San Joaquín. Soy una hipócrita para tantas cosas que ya ni sé qué parte de mí tiene al menos un par de rastros de mínima veracidad. Las mentiras, las mías y las de todos. Qué agradable puede ser vivir en ficciones creadas inconscientemente.
A lo mejor yo quería chillar a gusto  mientras caminaba de regreso a la tintorería donde mi hermana mentaba madres porque destruyeron los cinturones de su gabardina nueva. No me atropellaron, me asombra.

Y en la mañana cantaban covers de los Beatles en el metro, y había un sombrero abandonado sobre las vías.
Cuando estaba a punto de reventar en Letras, a punto de echar a correr pero todavía tratando de resistirme, los escuchaba mucho, pero mucho, y a veces cantaba un poco sin darme cuenta, creo que era parte del proceso de evasión. La gente me veía raro, hasta me tocaron risitas, claro que esa gente era particularmente rapaz y creo que ni con las monjas, ni con los hermanos, ni con los legionarios mamones de la Thatcher había conocido gente que fuera más despectiva con las personas que ellos, en particular las viejas de cabellos esponjosos y gran bigote. Para protegerme un poco, de ellos y de todos los demás, me ponía los audífonos lo más alto posible, y me perdía. Supongo que son malos momentos en los que se está completamente solo, y la repetición, o la noción de supervivencia tal vez, me animó un poco. Por eso agradecí profundamente con una gran moneda de cinco pesos (la misma cuota ofrecida para matar a Mana o a Ricardo Arjona), que me cantaran cachitos de mis favoritas. 

Yo tenía decidido alejarme lo más posible de internet, es demasiado destructivo, pero me estoy acabando mi pequeña reserva de Rivotril y la aromaterapia no funciona. Claro, el olor  a perro se va poco a poco, pero relajada no estoy.

8 comentarios:

  1. Tiene usted toda la razón! Las gentes son muy extrañas no entiendo por qué les incomoda que otros tratemos de tener pequeños momentos felices mientras cantamos.

    Eso de los cadáveres es muy fuerte y cualquiera debe de morir con un poco de compañía y si, se sienten como vacíos.

    Yo una vez vi un globo abandonado sobre las vías y no se rompía! Aunque pasara el metro.

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  2. Yo tampoco lo sé! Digo, yo me hago sorda cuando la gente se va contando intimidades en el metro o en lugares así, y si uno se avienta los detalles sobre los ovarios, partos y/o deudas de los demás no deberían vernos feo por cantar, porque es bajito, malo que sacara uno un concierto.
    Ah, un globo solito en el metro, qué bonito, o triste? por aquello del niño imaginario que lo dejó ir, o ahora que lo pienso también podría ser muy angustioso si nos acordamos del payaso diabólico de la película, pero no queremos pensar en él. No, mejor vamos a quedarnos con la parte padre… whoa, no se rompía! Yo no esperé a ver qué pasaba con el sombrero, pensé sacarle una foto pero me dio miedo sacar el teléfono, luego me lo roban por andar haciendo esas cosas.

    Vacíos, es que eso es, de ahí que sea tan triste.

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  3. En verdad no se rompía! yo estaba tan impresionado que perdí como 5 trenes para ver qué pasaba, hasta que lo perdí de vista en el túnel. Creo que fue bonito ver que algo tan frágil resistía esas cosas.

    Ni me diga, mire que andar oyendo la vida íntima de las señoras no es algo agradable cuando se intenta dormir en el metro.

    Pd: ya sabemos el por qué de mi nombre?

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  4. Lo sabemos, fíjese que pregunté y su nombre fue producto de la inspiración divina, osea namas se le ocurrió, pero como doña Sebastiana es muy cercana a Dios y sus misterios yo creo que fue iluminación, eso fue! Yo estoy segura.

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  5. Pues no se crea, es decir, sí estaba un poquito pesado, pero yo creo que vivo hubiera estado más pesado, o al menos se habría sentido así, quién sabe por qué.

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  6. wow!! con esa explicación puedo deducir entonces... que mi nombre me lo puso Dios! ahora me siento un elegido e iluminado.

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  7. Por supuesto! A poco lo dudaba? En este blog hay pura inspiración divina, claro que sí!

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