¿Sabían que había fiesta del libro? Yo no, por eso cuando iba caminando rumbo a la biblioteca descubrí que había sido una decisión muy idiota haberme gastado lo que tenía tan estúpidamente. En serio ¿necesito otro puto vestido de flores? ¡NO! De hecho es lo último que necesito, podría ahogarme en flores si quisiera. Tiene que ser un hábito muy poco saludable no poder dejar de comprar. Algunas cosas valieron la pena, por supuesto, como el portaretratos más bonito del mundo.
¡Oh! Una pequeña alegría inesperada que tendría que desperdiciarse. Ni modo, me fui a buscar a los leprosos. Sobre todo el asunto de la hemeroteca digital tengo dos dudas:
1.- ¿Cómo putas esperen que guarde lo que vaya encontrando? ¿con la magia de mi memoria?
2.- Si la única solución es imprimir lo que encuentres... ¿no sería deseable que la señorita a la que se le puede preguntar fuera amable y explicara bien cómo tienes que pedirlo? No, decirte que leas la página principal no es una solución, en especial cuando ahí dice que le pidas la información a ella. ¿Sería mucho pedir que me diera una hojita o formatito? Que ni siquiera tenía que imprimir nada porque las notas eran chiquitas y las pude copiar en mi libreta de princesas pero de haber tenido que sacar algo habría sido una experiencia muy desagradable.
¿Valió la pena? Pues en realidad fue mucho menos cansado que ir al archivo pero no puedo evitar sentirme en territorios hostiles. Supongo que cuenta como avance, nada más para aligerar la conciencia y no sentir que ando vagando sin hacer nada. Hoy averiguamos que al administrador le robaron el reloj... de su propio cuarto, que ya hacia el final de los tiempos estaban vendiendo la piedra de las columnas en el aviso oportuno y que la celda de castigo era macabra, macabra, inhumanamente macabra, casi de Castillo de If. Pobres desgraciados. No sé qué pensar de mi amado Dr. Lucio, si de veras era capaz de usarla tan ojetemente, cómo podré seguir amándolo?
Pero cuando la conexión empezó a fallar cedí a la tentación y me fui a la otra fiesta.
Hasta ahí estábamos emocionados. No tenía mucho dinero pero decidimos dar una vuelta, fue inevitable.
Creo que no fue lo mejor. El sol asesino y el gentío estaban en su máximo esplendor, no se podía ver nada y si no me pegaban con una gran mochila de estudiante yo terminaba empujando a un inocente con mi gran bolso. La parte simpática fueron los dos personajes sobre el escenario que contaron leyendas y las cantaron con particular emoción y encanto. Hasta había disfraces. Lo único que me da miedo de ese tipo de representaciones es que quieran involucrar al público, en cuanto la bruja bajó del escenario a pasear entre la multitud me fui.
Abrumador y extraño, pero lo peor fue el final, cuando tuve que tomar una de esas decisiones extrañas que indican que estamos a punto de dejar morir lo que nos queda de alma. Tenía en las manos un libro con portada malvada de cuentos góticos y uno infantil que tenía de protagonistas a un niño y su perrito callejero. ¿Les he contado que amo con desesperación los libros infantiles? Cuando estaba a punto de convencer a Miss Crawford de ir a buscar libros para su pequeño retoño, la niña se adelantó y ya ve usted... decidió llegar al mundo. ¡Cuarentena! Y yo que no tengo más niños que agarrar de excusa. "Es que no es para mí, no soy una persona extraña con problemas emocionales en la sección infantil. No me robaré a nadie, no soy "un robachicos."
Si de mí dependiera los coleccionaría sin parar, pero son muy caros y me hacen sentir culpable. Nada más son bonitos y probablemente no los leeré más de una vez. De hecho creo que el único cuento que sí releo es Piel de oso... que por cierto me parece muy perturbador, pero ese viene en uno de los pocos libros de juventud que se salvaron de los huérfanos rateros, es clásico y si tiene un pacto con el diablo y villanas que se suicidan puedo decir que estoy buscando arquetipos de la religiosidad indoeuropea y como tal es un tema serio e importantísimo.
¿En qué estaba? Ah, sí, en el librito del niño y el perro. En cualquier otra circunstancia lo habría comprado, pero hoy tenía que elegir y pensé que es un buen momento para empezar a matar esta poco saludable conexión con los perros callejeros que sólo me ha traído problemas, dolores y desfalcos innecesarios. Volví a soñar a Dolores, esta vez no era ella la que llegaba a la reja, era yo, pero ya no estaba y no sabía a dónde se la habían llevado. ¿Qué putas con el veterinario que no la opera?
Me pregunto si aquello que decía la Sra. Doc sobre la identificación y todo aquello de las carencias afectivas tendrá la culpa, pero sea como sea tiene que morir. No importa si es una cosa de tripas o sólo está en mi confundida cabeza, tiene que morir.
Es más, muchas cosas tienen que morir. Me encontré otra ex-compañerita de primaria, pero a diferencia de las otras terminé platicando con ella por alguna razón. Ah, sí, ella empezó...
El punto es que me dijo una cosa muy extraña, me recordó esa época en la que estaba enferma, o al menos yo creía estar enferma, si lo estaba o no, es irrelevante. La época en la que "faltaba mucho a la escuela" y siempre traía suero o té o cosas de esas que no le podía dar a nadie porque eran medicina, pero no le podía decir de qué estaba enferma. Le inventé algo gracioso, no me iba a poner a explicarle la verdad sobre la depresión infantil y la gran ruptura con el mundo cuando mis padres decidieron suspender su matrimonio de la peor manera posible. Le dije que era la hipocondria y que no le podía decir para no echar de cabeza a mi mamá y al doctor que me echaban la mano con justificantes falsos. Que no es mentira, es completamente cierto, pero no radica ahí mi locura o aquello de andar llorando por los rincones de la escuela aterrorizada porque toda la gente me está observando y quieren disfrutar mi sufrimiento. A veces de verdad creía estar enferma y a veces de verdad tenía ganas de no ir a la escuela. En las mañanas, convencía a mi mamá de ir a desayunar o pasar a la iglesia a rezar un ratito antes de ir a la escuela. Mi esperanza es que se distrajera o se dejara llevar por el misticismo el tiempo suficiente para que me cerraran la puerta y tuviera que regresarme a la casa. A veces funcionaba y a veces no. Chale, de todo lo que se han acordado hasta ahora (la nueva mamá que se acuerda de aquel asunto con la egiptología, la que habla de travesuras que yo no recuerdo o la de las fotonovelas de Alondra), tenía que haber una que se acordara del gran colapso nervioso de mi joven mente. Lo que me recuerda...
Petición especial a todas aquellas madres que estén atravesando un proceso de separación:
Hablen con sus hijos, aventar ropa por la ventana no se traduce como "tu papá y yo vamos a pasar un tiempo separados pero no significa que ya no nos queramos o que no los queramos a ustedes". Lo mismo con las hogueras y las amenazas de muerte, absténganse. Es más, les voy a dar un consejo, cuando los niños (que no se supone que sean metralla) estén alrededor, mientan y sean todo lo hipócritas que puedan. Gracias.
Y 20 años después, cuando parezcan escena de "Escuela de Vagabundos" tengan la decencia de no preguntarse qué salió mal con sus hijos. ¡Y por eso compro!
Pero es momento de regresar al problema de los libros infantiles y el porqué es una de esas cosas que he decidido matar junto con mi obsesión poco saludable por agarrar en brazos perros callejeros y echarme a correr a un lugar seguro. No hay lugares seguros y lo mejor que puedo hacer por el pobre es dejarlo ir. Lo único que nos queda es rezar porque la muerte sea rápida y que si lo agarran, no lo torturen mucho. Por eso no podía soltar el libro del perro y el niño, pero al final lo hice. No más libros infantiles, sin importar lo bonitos y conmovedores que sean.
Me pregunto si esa última resolución tendrá que ver con la sospecha que nos ha estado atacando últimamente: ¿y si tengo quistes en lo ovarios?
Todo mundo los ha tenido, Mrs. Palmer, Miss Crawford... y seguramente muchas personas más.
¿Puedo tener quistes en los ovarios? No sé, pero si los tengo ahí se quedarán porque antes de ir a un ginecólogo prefiero masticar vidrio. Aparte no tengo ninguno de los síntomas que google dice que me deberían preocupar y supongo que ya después de haberlo leído todo no tengo buenas razones para creerlo, nada más allá de una extraña inquietud que me atacó de repente. ¿Nunca les ha pasado, estar seguros de que hay algo mal con el cuerpo sin mayor razón ni motivo?
Tal vez no le mentí del todo a la ex-compañerita de primaria. Creo que sí soy hipocondriaca.
Yo digo que más libros y perros de la calle, hasta que mejore la situación económica, claro.
ResponderEliminarJaja, que Dios lo oiga, esperemos que sea pronto... es que están muy caros de veras y pues, más perros? con milagro nada más, eso sí vamos a intentar evitarlo. De veras lo prometo, me controlaré, es mi propósito de año nuevo.
ResponderEliminarLa feria del libro y la rosa! Yo estuve ahorrando para ir y hoy se me olvido el dinero jajaja me regalaron una rosa y me alegraron el día, en verdad había demasiada gente fue una cosa insufrible, hubiera comprado el infantil y escogido alguno con cuentos góticos en el stand de libros libres.
ResponderEliminarUno escucha tantas cosas que es imposible librase de ser hipocondriaco
A usted sí le dieron rosa? a mí no, fue tristísimo! Hasta di una vuelta a ver si me regalaban algo pero me dieron un folleto y una pulsera nomás. ¿Cómo le hizo? La verdad es que sí me arrepentí de haber dejado el infantil pero de veras creí que debía empezar a alejarme de los perros. Al menos le queda la satisfacción de haber ahorrado para el evento, yo me gaste lo que tenía en babosadas, es que no sabía que lo iba a necesitar.
ResponderEliminar¿Cuál stand de libros libres? Chale, ni lo vi. Es que había demasiada gente y el calor estaba asesino. No se crea no se me ha quitado la idea de que estoy enferma de algo, debería dejar de hablar con señoras pero últimamente tengo la extraña necesidad de ponerme a platicar con ellas.Todo mundo tiene algo! (ay, me hubiera dicho que iba a ir para dejar su kit de comentarista con postal incluida en algún lugar donde pudiera recogerlo, ahí pa' la próxima)Muchos saludos!
A usted le dieron una pulsera? Me siento desplazado.
ResponderEliminarLibros libres era un stand que estaba a la entrada y uno podía tomar un libro si se comprometía a dejarlo libre después de leerlo mire: http://www.bookcrossing.com/ si caray yo tampoco sabría que usted iría será pa´la otra.
Pero le dieron rosa! Libros viajeros, oh, qué bonito, así se podría difundir la palabra de Jane! (eso cada día suena más grave)¡Un extraño amigable sería ideal! Espere, se me está ocurriendo un problema: ¿y si cae en manos de un villano y luego descubrimos que lo vendieron en Donceles a 5 pesos o algo así? Creo que no vi el stand porque estaba evitando las aglomeraciones que no prometieran rosas. Ya sé, a la próxima le cambio su kit de comentarista distinguido por la rosa!Disculpe usted, es que nunca superaré tanta discriminación.
ResponderEliminarEl kit por la rosa, lo considero un intercambio justo, usted disponga.
ResponderEliminarQue conste, ya quedamos!
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