¿Recuerdan que había prometido dejar de portarme como una maniaca en cuanto a Dolores se refiere? Bueno, parece que es una de esas promesas que no puedo cumplir, igual que limitar las entradas a una por día.
Ya la operaron, ya me despedí de ella y seguramente a estas horas ya se fue. Y por supuesto no pude manejarlo con un poquito de elegancia. ¡No! Y de veras lo intenté, tenía todas las intenciones de ser razonable, calmarme y no llorar. ¿Usted cree que se pudo? ¡No! ¡Lloré como fuente! Y claro, primero el veterinario me veía con cara de espanto y extrañeza y luego la señora que adoptó a Dolores me veía igual. Hasta me abrazó. Es que despedirme fue... la pura tristeza. Parece que la gente no reacciona bien al llanto descontrolado, ponen cara de desconcierto. Lo mismo con los dos sujetos que se encargan de bañar a los perros y a los que pasé alegremente por alto cuando me metí como por mi casa a buscar a Dolores. La vi en la jaula y empezó a brincar y a tratar de abrir la puerta con la patita mientras que yo intentaba acariciarla un poco con la mano y ella me daba lenguetazos y movía la cola. ¡Se puso toda loca! Dolores no se olvidó de mí, aunque no la había visto en varios meses (y fue a propósito, porque sabía que estaba mal encariñarme con ella aunque al final la precaución no sirvió de nada), se acordó de mí. ¡La quería abrazar pero pensé que si la sacaba de la jaula me iba a costar más trabajo irme entonces esperé hasta que se cansara un poco y regresara a lamerse la herida de la operación. Entró el doctor y me fui. Ya no la voy a volver a ver. ¡Y por eso chillo! Porque ya se fue y aunque sí estoy contenta porque lo logramos, encontró una casa, creo que no la voy a volver a ver... lo más probable es que no la vuelva a ver y se siente refeo. Le dejé la cama y la cobija a la señora, y me fui. Claro, seguí chillando todo el camino de regreso y todavía llegando a mi casa, me habría ido a alguna otra parte a esparcir públicamente mi miseria pero tenía que cargar mi estúpido teléfono para mandarle un mensaje a la señora con mi número. ¡Es que todavía no me lo sé, es ridículo! Como excusa le dije a mi mamá que todavía me sentía mal, claro, no iba a confesar lo que había estado haciendo. Ya sabe, andar perdiendo el tiempo por culpa de esos "roñosos y pulgosos animalejos callejeros que tanto asco dan". Y mejor ni confesar nunca lo que gasté en el asunto, que no fue tanto, considerando que el veterinario no me cobró la pensión aunque él se retrasó en el operación entonces fue asunto suyo. Al menos ya está operada, si se va y se escapa o se pierde al menos no terminará sola, en la calle, con una camada de perritos que algún ojete tiraría a la basura o algo así. La gente está enferma, por eso no me gusta. No, no se va a perder, va a dormir cómoda y abrigadita para siempre. Y ya no le va a llover ni va a tener hambre. ¿Y si se pelea con la otra perra de la señora? ¿la echará a la calle? No, no va a pasar. Todo va a salir bien... Carajo!
¡Adiós Dolores!
No sé si ya estará en su nueva casa o dónde dormirá, pero quiero pensar que el Conde tiene razón. "Confiar y esperar"... Ya no puedo hacer otra cosa.
Se fue.

Felicidades Doña Jimena, porque lo logro! ;)
ResponderEliminarJe, muchas gracias!!!
ResponderEliminarParece que ha sido todo, siento que lo que le haya dejado esta experiancia es muy valioso, usted sabrá qué. Ya ni es bueno fijarse el los dramas eso sí ;p
ResponderEliminarJa, chale, la verdad no sé bien qué aprendí, a lo mejor a la próxima que me meta en un asunto de estos lo haré en secreto, creo que es la lección más valiosa de todo el asunto. Sí, eso es: El secreto es la mejor opción y hacer las cosas solo, y jamás, jamás, buscar a los albergues y a los protectores masivos, dan mucho miedo y regañan a la gente. Sí, creo que eso es lo que recomendaría al público.
ResponderEliminarJa, sí, hay que dejar a la gente sufrir en paz... públicamente pero en paz, yo lo hago todo el tiempo si veo llorar a un niño procuro dejarlo ser. Que se exprese el chamaco!