Por lo general no tengo muchos problemas con los cambios, a menos que pasen en el archivo, entonces me causan angustia.
Así es, por alguna extraña razón desde ayer me salieron con que todo el procedimiento había cambiado, bueno tal vez estoy exagerando, no es tanto "tooodo" el proceso, pero me parece muy desagradable tener que entregarle mi credencial a una policía con cara de reguetonera y la soltura de gorrearme un cigarro para encima de todo verme obligada a buscar la hojita de registro con mis propias manos. Ya ni quejarme de tener que quedarme ahí a esperar a que salga alguien para recibirla y sacar mis cosas. Bastante molesto en general, pero hoy de plano ya fue el colmo.
Un policía que quién sabe de dónde fregados salió llegó a informarme que tenía que quitarme los audífonos porque no estaban permitidos... WTF? Llevo paseando ahí más de un año y jamás me lo habían informado, tal vez porque no está contemplado en ninguna parte. Ahí dice bien claro que no se permite a más de dos personas consultando una sola cosa, está prohibido fumar, usar el teléfono celular y consumir cualquier tipo de bebida, pero no dice nada de mi pobre iPod, Lazarito, y me parece una arbitrariedad someterme al silencio. Ni modo, puse cara de sorpresa y me los quité, pero aparte de todo el tipo tuvo el descaro de pedirme que me colocara más arriba el tapabocas y decidió pasar el resto de la puta mañana vigilándome como si me fuera a robar algo. Admito que una vez me robé un recibo de los libros de la Asociación aquella de la que hice el inventario en el servicio social, pero fue un completo accidente y lo devolví en cuanto me di cuenta. Fue muy molesto, daba vueltas una y otra vez y siempre terminaba parado enfrente de mi puta mesa. ¿Qué creía, que en cuanto se fuera me iba a poner los audífonos otra vez o que se me iban a desacomodar los guantes? Y ultimadamente, qué fregados le importa a ese patrullero de tránsito cualquiera. ¡Hijo de policía, eso es lo que es! Nótese que me moría de ganas por usar ese insulto desde que se lo robé a las historias de juventud revolucionarias de mi papá. Bueno, alguna ventaja debía tener haber padecido tanta ignominia durante la mañana. ¡Me estaba vigilando el estúpido!
Lo peor del asunto es que el libro de limosnas estuvo a punto de fallarme. Bueno, hoy nos enteramos de lo miserable que puede ser la gente. Mire usted que donarle carne echada a perder a los leprosos nada más porque son feos y nadie los quiere es el colmo de la mezquindad, otra buena razón para odiar a la gente. Parecía que aparte de pequeñas limosnitas, como una pieza de pan o algunos reales en cigarros de contrabando para compartir, no iba a encontrar nada bueno... pero como este blog y la vida ñoña está llena de sorpresas, ya cuando me había aburrido y estaba a punto de irme, pasé rápido las páginas para ver más o menos cuantas me faltaban y de repente se deslizaron unas hojas dobladas que resultaron ser un informe, de los más completito y coqueto, hasta bonita letra tenía. ¿Ya vio usted el momento del descubrimiento emocionante? ¡Estaba muy bueno! No sé bien si me vi tan emocionada como me sentía pero me pareció una compensación del cielo... lo malo es que faltaba media hora para que nos corrieran del archivo y no me iba a dar tiempo de copiarlo. No había forma de que terminara, en especial porque habló Jane y yo me salí muy tranquila a platicar hasta que de repente me quedaban diez minutos nada más y tuve que regresar el libro ante las groseras indicaciones del mismo policía molesto que decidió que empezar a cerrar las ventanas con un azotón era la mejor forma de comenzar el desalojo.
Oh bueno, ya será otro día.
Yo tenía que hacer cosas importantes, como por ejemplo enterarme de qué diablos hará Gabriela con tanto pretendiente. Perros todos, con todo el respeto que me merecen esas criaturas de Dios a las que en verdad amo, los perros no los hombres, claro. Será que yo soy cursi, pero yo sería muy feliz si el árabe Nacib se casara con Gabriela. ¿Es mucho pedir que se casen y vivan felices para siempre? Parece que sí, o al menos eso decían en la página en la que me quedé al bajarme del camión y correr hasta mi casa, es que el hambre me estaba matando.
Mi querido Nacib: te suplico que te cases con Gabriela, te lo suplico, me faltan como cien páginas para saber que no lo harás, pero te aseguro que no quieres casarte con una de esas flores de pared estiradas que se quedan resguardaditas en su casa como señoritas de castidad incuestionable sólo para descubrir con el paso de los años que han sido manipuladas por sus colegios y sus madres y lo que les espera es pagar con amargura y frustración lo que les queda de vida. No, no, corre y cásate con tu mulata, serás feliz. ¿Es parte del encanto de esas mulatas, no? Aquello de que son libres y relajadas y saben cocinar. Las estiradas flores de pared nunca son realmente felices, a menos que se dediquen a una tarea monumental como armar enormes nacimientos con recortes de revistas, en ese caso pueden convertirse en felices solteronas. Pobres, pobres flores de pared.
Que si vamos a hablar del dichoso libro al que llegué supongo por algún tipo de secuela tropical, permítame decirle que contiene mucha sabiduría que Jane y yo hasta el momento sólo habíamos sospechado. ¿Qué pasa con la multitud de hombres casados que odian a sus esposas y dedican la mayor parte de su tiempo a perseguir mujeres más jóvenes que piensan que con dinero, halagos y comodidades pueden conseguir sólo para cansarse rápido y sustituirlas con una nueva?
Yo creí que era parte del aburrimiento de estar estancado en un mismo trabajo, espacio, oficina, durante muchos años, pero estos otros señores tienen muchas actividades como para estar aburridos, por eso me asombra la importancia que tiene su persecución. Con ellos queda explicado el asqueroso adulterio del administrador del Palacio, el de mantenimiento y todos los constantes coqueteos del señor archivista con quien se deje, como por ejemplo la traductora y las investigadoras que le den chance.
Ahora todo tiene sentido.
Incluyendo el verdadero problema de hoy.
ADVERTENCIA: estamos a punto de meternos en lo que no nos importa.
Este es el asunto. Jane averiguó hoy que el difunto Mr. Bingley, al que tantas veces le deseamos lo peor, ha estado en el hospital desde Octubre. Y a ella le afecta y no quiere que sufra y de pronto le entra la cosa de "¿y si se muriera?", en especial después de la muerte súbita e inesperada de un amigo suyo del que jamás se lo esperó. Ya ve usted, la bondad de Jane, aunque la existencia de este nuevo Mr. Bingley, que parece que está tan entusiasmado que hasta habla de boda alegremente, es el verdadero problema. Ella está más preocupada por el original, ahora hospitalizado. Lo que yo digo es... uno no puede meterse por iniciativa propia en la vida de nadie. Si una persona elige por su propia voluntad excluirte de ella, de forma clara y contundente, no hay forma de que uno vaya a preocuparse y participar sin haber sido invitado, como los vampiros.
¿Qué se puede hacer? En mi muy personal y retorcida opinión, las personas conservan a las personas que quieren a su alrededor, no siempre las mejores, pero son su elección y contra ella no puede hacerse nada, por más equivocados que estén. Supongo que yo no tengo corazón, pero yo digo que se preocupe por él la otra insípida que hablaba mal de Jane. ¿Por qué tendría que hacerlo mi querida Miss Bennet? Afortunadamente, Jane no tiene mi vocación de perra rencorosa y no puede evitar sentirse conmovida por la situación. Pues claro, cuando se ha querido a alguien no se deja de preocupar uno de madrazo, pero insisto, ella hizo todo lo que estaba en su poder, y hasta más, el decidió otra cosa y contra eso no se puede insistir.
¿Qué se puede hacer? En mi muy personal y retorcida opinión, las personas conservan a las personas que quieren a su alrededor, no siempre las mejores, pero son su elección y contra ella no puede hacerse nada, por más equivocados que estén. Supongo que yo no tengo corazón, pero yo digo que se preocupe por él la otra insípida que hablaba mal de Jane. ¿Por qué tendría que hacerlo mi querida Miss Bennet? Afortunadamente, Jane no tiene mi vocación de perra rencorosa y no puede evitar sentirse conmovida por la situación. Pues claro, cuando se ha querido a alguien no se deja de preocupar uno de madrazo, pero insisto, ella hizo todo lo que estaba en su poder, y hasta más, el decidió otra cosa y contra eso no se puede insistir.
¿Luchar contra la corriente? ¿Como pa' qué? Lo que me recuerda, qué bonito es ponerse de espaldas y esperar a que la ola te regrese a la orilla. Pelearse con la vida es muy cansado, y no sé usted, pero al menos yo necesito mi sueño de belleza.
No, retiro lo dicho. Sí sé, todos necesitamos nuestro sueño de belleza y, como he estado durmiendo bien, lo mejor que puedo hacer es dejar de escribir continuamente sin censura ni sentido para ver la tele a gusto.
Vamos a dormir todos, mañana amaneceremos más guapos.
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