Bien, todavía me duele la garganta y tengo esta extraña sensación de que el aire entra y sale con dificultad, moverse también es raro... pero acaso debería permitir que el mero malestar físico se interponga entre mi temporada de compras y yo? ¡NUNCA! Tengo tennis, ropa cómoda, cartera, kleenex, botella de agua... ah, me falta San Benito. ¿Me importa contagiar al resto de Satélite y sus alrededores? Por supuesto que no. Oh, me falta mi coca de dieta.
Ahora sí, ya lo tengo todo.
Ahí les voy.
Update
Regresamos con los informes de la travesía.
He sobrevivido a las baratas... y con éxito. En el proceso aprendí varias cosas:
1.- La gente es salvaje. Me explico, aparte del gentío y las pilas de ropa que alguna vez (hacía unas tres horas) estuvieron dobladas y apiladas ordenadamente, la desesperación por alcanzar tallas no tiene comparación.
La anécdota no la vi yo (que conste mi honestidad) la escuché en la fila para pagar que debió durar algo así como una hora porque terminé de leer mi libro y se me durmió el brazo. Los jóvenes que estaban atrás de mí comentaban muy alegremente que había una señora tirada en el piso, con un montón de ropa que iba a comprar esparcida a su alrededor, tratando de ponerse unos zapatos que no le quedaban, a huevo. Llegó una señorita a decirle muy amablemente "que no podía estar en el piso y que la ropa no podía estar tirada", pero a la señora le valió madres y en cambio se puso a gritarle que en lugar de estarla regañando le consiguiera esos zapatos en 38. Sobra decir que no se levantó. En una segunda ocasión apareció un joven a pedirle que se levantara porque no podía haber ropa en el suelo, pero este pobre infeliz no sólo se llevó el reclamo de que nadie la atendía y que en lugar de estarla molestando deberían estar consiguiéndole los zapatos que quería, también se fue con advertencia porque "¿cómo se llama? lo voy a reportar" a lo que el joven no tuvo más remedio que responder "como guste señora". Ni modo, la gente es salvaje.
2.- Soy un pan de Dios. Me estaba probando un suéter cuando una escuincla, de esas que usan grandes moños y chapitas como de japonesa, salió de la nada y con voz chillona de adolescente emocionada me asaltó con "¿oh, por dios dónde encontraste eso?" Le dije, pero cuando la pobre llegó no debió encontrar nada porque regresé a cambiar una talla y me la volví a encontrar. Su mamá y ella buscaban todas confundidas el dichoso suéter. Como soy un amor me compadecí de su angustia y saqué una gran pila (ya puedo trabajar en cualquier tienda con toda la gracia del mundo) desde el fondo del caos. "Bendita seas" me dijo la señora, y aunque me vi tentada a responder "¿entre las mujeres o el fruto de mi vientre, Jesús?" me reí, dije otra mamada y me fui. Qué encanto de señora...
3.- Ya perdí toda noción de mis proporciones. ¿Entro en eso? y luego parece hasta que me queda grande. ¿A dónde se fue mi cuerpo? No me malinterpreten, es padrísimo buscar tallas menos en lugar de tallas de más, pero me confunde mucho ya no tener una idea acertada de qué número soy, más o menos, antes de empezar a buscar, termino dando muchas vueltas.
4.- ¿A qué edad se deben abandonar las playeras chistosas de monitos paras siempre? No lo sé, de todas formas es más fuerte que yo: Mientras exista una playera de Barbie, yo la usaré.
5.- Una vez que se saca la ropa que se supone que estábamos sustituyendo podemos decir que mi hermana tenía razón (aunque no se lo vamos a decir a ella), algunas cosas necesitaban cambio urgente. "Adiós playera de la naranjita feliz llena de hoyos, fuiste buena conmigo". Lo mismo con los suéteres que efectivamente estaban agujereados y a punto de morir, la blusa que, aceptémoslo, nunca iba a usar o esa chamarra que de veras nos quedaba muy grande.
Adiós amigos, me protegieron del frío y aguantaron las manchas de catsup con valor.
Los recordaré con amor.
Chale, ya empiezo a extrañar a la naranjita.
En verdad no entiendo como es que las mujeres soportan las compras sobre todo las baratas en las que hay ofertas de todo tipo.
ResponderEliminarSe ponen agresivas, se pelean con sus hijas etc.
En fin… espero que la perdida de la naranjita no le afecte demasiado.
Feliz año!
Fíjese que yo tampoco lo entiendo, creo que es aquello de la adrenalina súbita, como las señoras que de pronto pueden levantar coches para rescatar a sus hijos o cosas de esas, pero en lugar de niños hay ropa con descuento, la verdad es que hasta se me olvidó comer.
ResponderEliminarLo que yo no entiendo es la paciencia de los novios y esposos para hacer fila y sostener bolsos mientras sus señoras se prueban cosas. Digo, qué útil, pero eso se me hace más extraño.
Son los misterios de Dios!!! (Feliz año pa'usted)