A propósito de Black Swan:
Quiero agradecerle de todo corazón a la Miss Charlotte (la que siempre sospeché podía ser la hija perdida de Mumm-Ra) por correrme de su salón de clases con tanta rapidez. Es más, ya ni siquiera recordaré con amargura sus excelentes razones para pedirle a mi mamá que me sacara de las clases... con "razones" me refiero a aquello de tener "la gracia de un pato". Gracias Miss Charlotte, gracias... a su aterradora figura vestida de gris, con todo y calentadores rosas, le debo un feliz escape de lo que parece el camino perfecto para enloquecer por completo, de muchas y muy creativas formas distintas. No necesito más razones.
Por otro lado, si todos los directores y bailarines fueran como Vincent Cassel, me cae de madres que sí me iría a dar mis vueltas, aunque fuera de escenógrafa.
Las personas que estaban en la fila de enfrente parecían muy confundidas pero yo sólo pude decir: "¿No es Vincent un sueño?"
Jane no me dio la razón, pero está bien... yo estoy muy mal de la cabeza. No tanto como Nina, la de Black Swan, eso sí está muy difícil.
Ballet, Dios de mi vida... qué miedo. ¿Lo ven? ¡Es aterrador! Yo siempre lo supe, y eso que a mí me corrieron antes de que pasara a las zapatillas de madera. Mi hermana sí llegó ahí, pero cuando la Miss Charlotte intentó ponerla a dieta por las malas, las cosas no salieron bien. La mandó al carajo y no regresó. Ahora que lo pienso, las zapatillas aterradoras deben estar guardadas por ahí.
Madera.
¿Qué hay con la extraña necesidad de padecer dolor en los pies? Entre zapatillas y tacones estamos todas jodidas (eso no significa que no me comprara otro par hace ratito, pero no son tan altos).
Esto de ser vieja es profundamente doloroso, por una razón o por otra, siempre duele algo. Una cosa de lo más triste, en especial porque me gusta tener dedos en los pies.
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