Es muy probable que usted nunca haya pasado por la sección de interiores y demás lencería de cierta tienda departamental muy conocida. Y digo "probable" porque hay una sola mujer entre nuestros lectores, pero quién sabe, a lo mejor ha caído usted en algún lugar parecido por accidente. Hoy pasábamos por el departamento recién remodelado y, aparte de la nueva decoración con aspiraciones a "boudoir" de prostituta francesa, descubrimos que había un montón de libros despastados y amarrados con listones por todos lados. Ahí están los pobres, maltratados y escondidos entre flores secas, perlas y listones, como huerfanitos optimistas trapeando pisos en un burdel a cambio de techo y comida.
Lo bonito del asunto está en qué libros son.
A ver, adivinen... ¿qué libros esperarían que adornen la sección de lencería?
¡Ahora lo entiendo! Eso hacen las mujeres en baby doll cuando se retiran a "ponerse algo más cómodo", que por cierto dudo que lo sea. Por eso tardan tanto acicalándose, no es que se estén perfumando ni poniendo batas ransparentes y pantuflas de plumas, lo que pasa es que se fueron a leer sobre los orígenes del capitalismo moderno antes de dormir... en ligueros!


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